El calor europeo impacta implacable sobre productores, producción e industrias.

El calor europeo impacta implacable sobre productores, producción e industrias.

Europa se está calentando más rápido que cualquier otro continente. Según la Organización Meteorológica Mundial y el Servicio de Cambio Climático Copérnico de la UE.

Montevideo | Todo El Campo | Mientras las guerras hacen lo suyo afectando y restringiendo el mercado, ya sea por la invasión rusa a Ucrania y el impacto que eso tiene en la producción y la logística, o en Irán con el cierre del estrecho de Ormuz y el cierre de un pasaje clave para el funcionamiento del mundo y la seguridad alimentaria y energética global, la ola de calor hace lo suyo haciendo tambalear a la industria cerealera de la Unión Europea.

La ola de calor del verano de 2026 en el norte, prácticamente paralizó Europa con temperaturas que superaron los 40°C en zonas de España, Francia e Italia, además del calor implacable que afectó gravemente a casi todos los aspectos de la vida en todo el continente.

Para la industria cerealera, el impacto financiero del calor extremo de este año ya ha alcanzado miles de millones. Un análisis de la Energy and Climate Intelligence Unit (ECIU), un think tank o laboratorio de ideas sin ánimo de lucro con sede en Reino Unido, estima que la industria cerealera europea perdió alrededor de 2.000 millones de euros en ingresos debido a la reducción de la producción, basándose en cifras de déficit de cultivos y datos de producción de Coceral.

Tom Lancaster, responsable de Tierra, Alimentación y Agricultura en ECIU, señaló que existen datos históricos limitados para determinar con precisión cuán peores fueron las pérdidas de este año en comparación con años anteriores. La ECIU no había realizado previamente análisis similares comparando las previsiones de producción de Coceral con las cifras finales de cosecha, lo que dificulta establecer un referente histórico directo.

Sin embargo, hay indicios crecientes de que el clima se está volviendo más hostil para los agricultores en toda Europa.

“En el Reino Unido, donde hemos realizado análisis, se han producido tres de las cinco peores cosechas registradas desde 2020, tras periodos de fenómenos meteorológicos extremos que han alterado los planes de cultivo, reducido los rendimientos o ambas cosas”, dijo Lancaster.

Pequeños productores de toda Europa se han expresado en igual sentido: aunque el calor ha sido durante mucho tiempo un factor a tener en cuenta, este año el impacto fue devastador.

“Este es el verano más caluroso y seco registrado”, afirmó Peter Schön, un agricultor del este de Austria, estimando que su zona solo recibió 100 milímetros de lluvia este año, frente a los habituales 300 milímetros de los años anteriores, que ya no eran suficientes.

Lo que antes se consideraba una amenaza lejana vinculada al cambio climático se está convirtiendo cada vez más en una realidad, afectando directamente a los agricultores de cereales.

La Coordinación Europea La Vía Campesina advirtió que muchos de sus miembros han perdido cosechas, ganadería e infraestructuras agrícolas, y enfrentan cortes de electricidad, sistemas de riego dañados y otras consecuencias de esta emergencia climática, que requieren ayuda urgente.

Las temperaturas récord están afectando cada vez más a las decisiones de siembra, la calidad de los cultivos, la logística, el almacenamiento y los flujos comerciales.

Una cosecha de cereales por debajo de la media y los problemas de crecimiento con los cultivos otoñales son solo una de las formas en que la ola de calor de este año afectó a la industria cerealera europea, dijo Joachim Rukwied, presidente de la Asociación Alemana de Agricultores.

Potencialmente aún más importante, la ola de calor récord puso en peligro el suministro de alimento para animales, quemando pastos: “En muchas regiones, los rendimientos de pastizales han caído significativamente y las pérdidas sustanciales de rendimiento son especialmente evidentes en el maíz de silado”, dijo Rukwied. “En las regiones especialmente afectadas, como Baden-Wurtemberg y Baviera, la hierba ya no vuelve a crecer en las praderas tras los primeros cortes”.

Los productores ganaderos podrían tener que depender más de las raciones, lo cual “plantea enormes desafíos — tanto en términos del suministro actual para sus animales como para formar suficientes reservas de forraje para el invierno”, advirtió Rukwied.

Incluso en partes de Europa tradicionalmente consideradas con un clima bastante templado, la ola de calor de este año resultó ser una prueba de estrés. Roos Saat, un agricultor de los Países Bajos entrevistado por La Via Campesina, dijo que su granja está situada en tierras bajas, por debajo del nivel del mar, por lo que es una de las últimas zonas del país en sufrir los efectos de la sequía. «Sin embargo, incluso aquí la hierba ha dejado de crecer, y ya estamos alimentando a nuestro ganado con nuestras reservas de invierno», dijo Saat.

La ola de calor de 2026 ha ejercido una presión adicional sobre la agricultura italiana, lo que ha provocado una mayor incertidumbre en el mercado, según Lara Sanfrancesco, directora general de Unaitalia, la Unión Nacional Italiana de Cadenas de Suministro Alimentario para la Carne y los Huevos.

Para Italia, así como para el sur de Europa en general, la reciente ola de calor no es una llamada de atención, sino más bien un nuevo capítulo en la larga historia que los agricultores han estado enfrentando. Durante los últimos años, las regiones agrícolas italianas han estado lidiando con la escasez de agua.

“En los últimos años, algunos de los episodios de sequía más severos en Italia han afectado la cuenca del río Po, en el norte de Italia, una de las principales zonas agrícolas y agroindustriales del país”, dijo Sanfrancesco. “La reducción de las precipitaciones, la menor acumulación de nieve en los Alpes y las olas de calor prolongadas han contribuido a niveles excepcionalmente bajos de agua en el río Po durante varias temporadas de verano”. Esas condiciones han incrementado la presión sobre los recursos hídricos para la agricultura y la producción ganadera, lo que ha generado preocupaciones más amplias sobre la resiliencia hídrica a largo plazo en el sector agroalimentario, agregó.

La ola de calor del verano de 2026 solo agravó esas preocupaciones. Como resultado, la disponibilidad de agua es ahora un factor mucho más importante en la planificación de inversiones agrícolas y proyectos ganaderos que antes, señaló Sanfrancesco. Los cambios en los patrones meteorológicos ya están obligando a los productores europeos de cereales a replantearse dónde y cómo cultivan los cultivos. El cambio climático está influyendo en los patrones de producción de cultivos en toda Europa.

Lancaster, de ECIU, afirmó que hay cada vez más evidencia de que las inversiones en agricultura regenerativa o favorable a la naturaleza pueden ayudar a los agricultores a adaptarse a fenómenos meteorológicos extremos, como lo que la industria experimentó durante los peores días de junio de 2026.

Pero prácticamente todas las medidas de adaptación tienen un costo, lo que crea un dilema para los agricultores que ya operan con márgenes cada vez más ajustados.

“El riego puede ayudar, aunque no puede aplicarse lo suficiente para muchos cultivos y no es financieramente viable dado el rendimiento”, consideró.

Explicó que, para garantizar un suministro sostenible de agua, cualquier aumento en el riego tendría que ir acompañado de un aumento en el almacenamiento de agua en las granjas, lo que conlleva costes de capital significativos, lo que nuevamente puede no ser viable para muchos sectores y regiones.

Pero a medida que aumenta la escala y frecuencia de los fenómenos meteorológicos extremos, los agricultores podrían descubrir pronto que su margen de maniobra se está reduciendo.

“En realidad, estamos luchando por adaptarnos a un calentamiento global de 1,4 grados Celsius”, dijo Lancaster, añadiendo que, con Europa calentándose más rápido que esto, un mayor calentamiento hará que la adaptación sea aún más difícil y costosa. “Eso debería llamar mucho más la atención sobre la necesidad de mitigar el clima y reducir las emisiones hacia la neutralidad neta como la única forma de limitar el daño que hemos visto repetirse este año con mayor severidad y frecuencia”.

Europa se está calentando más rápido que cualquier otro continente. Según la Organización Meteorológica Mundial y el Servicio de Cambio Climático Copérnico de la UE, las temperaturas en Europa han subido más del doble de la media global desde los años 80, convirtiendo al continente en la región con más calentamiento del mundo.

La magnitud del desafío ha empujado a algunos gobiernos europeos más allá de las estrategias climáticas a largo plazo y a entrar en modo de emergencia.

Fuente World Grain con modificaciones para Todo El Campo.

El queso se posiciona como protagonista del comercio mundial de lácteos

El queso se posiciona como protagonista del comercio mundial de lácteos

El comercio mundial de lácteos continúa creciendo, aunque con cambios importantes en su dinámica.

Montevideo | Todo El Campo | La Unión Europea se mantiene como el mayor exportador, aunque pierde participación frente al crecimiento de la producción de EE.UU.

Los jugadores más pequeños están ganando terreno: Argentina y Uruguay alcanzaron 4,3% cuando unos años atrás era 3%.

China continúa siendo el principal importador, aunque la disminución de sus compras está llevando a los exportadores a buscar nuevas oportunidades en el Sudeste Asiático, Oriente Medio y Brasil.

Brasil emerge como uno de los principales compradores y gana relevancia en los flujos internacionales de lácteos.

El queso se consolida como el principal motor del crecimiento del comercio mundial.

La leche en polvo presenta una dinámica más moderada.

La manteca registró un crecimiento en 2025, impulsado principalmente por el aumento de la producción de EE.UU.

Por su parte, el suero mantiene un mercado estable, pero gana relevancia por la creciente demanda de aplicaciones con alto contenido proteico y por su contribución a una mayor rentabilidad del portafolio lácteo.

De cara a la próxima década, se espera que el comercio mundial de lácteos continúe creciendo a una tasa estructural cercana al 2% anual: los mayores cambios vendrán dados en:

EE.UU. y Argentina serían los principales contribuyentes al crecimiento.

La Unión Europea registraría un crecimiento limitado de su producción, lo que restringiría naturalmente el aumento de los flujos comercializados internacionalmente.

Nueva Zelanda mantendría una evolución relativamente estable.

Fuente: Inale en base a Rabobank World Dairy Map

Vietnam: un mercado asiático a seguir con atención.

Vietnam: un mercado asiático a seguir con atención.

Un reciente informe del USDA sobre Vietnam ofrece algunas ideas interesantes para las empresas lecheras.

Montevideo | Todo El Campo | Vietnam es un mercado de unos 101 millones de habitantes, con una economía de rápido crecimiento: en 2025 el PIB aumentó un 8%. Los ingresos, la clase media, la distribución moderna y el servicio de alimentos están creciendo, y con ellos la demanda de productos alimentarios con mayor valor añadido.

Una cifra significativa: en 2025, las exportaciones lácteas estadounidenses a Vietnam crecieron un 18%, alcanzando los 149 millones de dólares. Sin embargo, Estados Unidos es solo el tercer mayor proveedor, solo por detrás de Nueva Zelanda (424 millones de dólares) y la Unión Europea (358 millones).

Esos número muestran que el mercado de Vietnam ya cuenta con una fuerte presencia europea de importantes proveedores, que en el caso de la Unión Europea se basa principalmente en leche envasada, suero en polvo y leche descremada en polvo (SMP), aunque aún tiene margen de crecimiento.

Particularmente interesante es la evolución del consumo y la distribución. En 2025, los supermercados representaron un crecimiento del 13% y comercio electrónico de alimentos un salto positivo de del 29% en 2025. La industria de procesamiento de alimentos de Vietnam también creció un 11%, alcanzando un valor de producción de unos 88.000 millones de dólares.

En Vietnam, el consumidor está desarrollando un mayor poder adquisitivo y una mayor atención a la calidad, el origen y las características del producto.

Por tanto, no solo es un mercado para lácteos de primera calidad, sino también una posible salida para quesos, ingredientes, productos premium y especialidades de alto valor añadido.

O sea que Vietnam podría ser uno de los mercados asiáticos a seguir más de cerca en los próximos años.


Artículo publicado por Clal.it, sitio web italiano especializado en mercado lácteo; sus autores son Lucrecia Miguel y Mirco De Vincenzi, analistas de Clal.it; escrito en base a un reporte del Dpto. de Agricultura de Estados Unidos (USDA) – Servicio Agrícola Exterior, Expandiendo las exportaciones agrícolas de EE. UU. en el mercado emergente de Vietnam, 9 de julio de 2026 (*).

(*) Documento completo del USDA: Expansión de las exportaciones agrícolas de EE. UU. en el mercado emergente de Vietnam | Servicio Agrícola Exterior del USDA

25 años sin aftosa, el desafío permanente de estar preparados.

25 años sin aftosa, el desafío permanente de estar preparados.

La ausencia de fiebre aftosa durante más de dos décadas produjo otra consecuencia: “Quedamos pocos sobrevivientes de la última epidemia”, señaló uno de los veterinarios durante la devolución final.

Montevideo | Todo El Campo | Uno de los mayores logros sanitario del país es que hace más de 25 años que no enfrentamos una epidemia de aftosa, destacó el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) en una crónica sobre jornadas formativas de decisiones sobre cómo actuar ante un hipotético escenario aftósico, que, aunque indeseable, estar preparados es parte de la estrategia para evitarlo. Sin embargo, ese éxito “también abrió una brecha: buena parte de los productores, veterinarios y funcionarios que hoy deberían responder ante una eventual emergencia nunca vio la enfermedad en el campo”.

En dos jornadas de trabajo, “esa distancia dejó de ser una abstracción” y actores de toda la cadena cárnica “fueron enfrentados a distintos escenarios hipotéticos pero posibles”. El primero, “la aparición de un foco de fiebre aftosa en un país vecino que elevaba el riesgo para Uruguay”; y segundo, “la confirmación de la enfermedad dentro del territorio nacional. La consigna no era comprobar cuánto sabían. Era obligarlos a decidir”.

El siguiente es reporte completo del MGAP sobre la actividad.

Representantes del sector público, productores, industria, veterinarios de libre ejercicio, academia y organismos internacionales fueron enfrentados a distintos escenarios hipotéticos. Primero, la aparición de un foco de fiebre aftosa en un país vecino que elevaba el riesgo para Uruguay. Después, la noticia que nadie quiere recibir: la confirmación de la enfermedad dentro del territorio nacional.

La consigna no era comprobar cuánto sabían. Era obligarlos a decidir.

¿Qué hacer antes de que el virus llegue? ¿Cuándo una amenaza externa debe modificar las medidas que adopta el país? ¿Quién debe actuar? ¿Qué ocurre con los mercados? ¿Alcanza con vacunar? ¿Cómo se comunica una situación capaz de afectar en pocas horas a una de las principales actividades económicas de Uruguay?

Las respuestas mostraron capacidades. También dejaron preguntas abiertas.

Y de las distintas mesas surgió una conclusión que atravesó prácticamente todo el trabajo: una emergencia de fiebre aftosa no puede empezar a prepararse cuando aparece el primer foco.

UN CONTINENTE DIFERENTE AL DE 2001.

El escenario regional también cambió.

Durante el encuentro, Manuel Sánchez, de Panaftosa, repasó la evolución de la enfermedad en el continente. América del Sur se encuentra hoy libre de fiebre aftosa, con la excepción de Venezuela, una situación muy diferente a la que rodeaba a Uruguay cuando enfrentó la epidemia de 2001.

El cambio reduce la presencia de la enfermedad en la región, pero no elimina el riesgo de una eventual reintroducción. Por el contrario, obliga a revisar dónde están hoy las amenazas, cómo prevenirlas y qué herramientas debería activar el país si la situación sanitaria regional cambiara.

Ese fue precisamente el punto de partida de los ejercicios.

PENSAR LA EMERGENCIA ANTES DE LA EMERGENCIA.

Uruguay cuenta con un Plan Nacional de Contingencia para responder ante la aparición de fiebre aftosa. Sin embargo, uno de los primeros vacíos que detectaron los participantes apareció un paso antes.

¿Qué debería ocurrir cuando la enfermedad todavía no ingresó al país, pero un cambio en la situación regional aumenta significativamente el riesgo?

Los grupos identificaron la necesidad de contar con un esquema de actuación específico para esos escenarios de amenaza externa: medidas previamente definidas, responsabilidades claras y decisiones basadas en una evaluación del riesgo.

También surgió la necesidad de actualizar el actual Plan de Contingencia.

Desde la última epidemia cambiaron los sistemas productivos, la trazabilidad, las herramientas informáticas y las condiciones del comercio internacional. Cambió, además, buena parte de las personas que deberían ejecutar ese plan.

En las mesas aparecieron diferencias sobre conceptos como zonas de protección temporal, zonas de contención, zonificación y otras herramientas disponibles actualmente. También hubo distintas percepciones acerca del nivel de riesgo que supondría un foco en un país vecino.

Las diferencias fueron parte del resultado.

Permitieron identificar algo que se repetiría durante el resto del taller: no alcanza con disponer de un plan; quienes eventualmente deberán aplicarlo tienen que conocerlo, comprenderlo y haber discutido antes cómo actuar.

UNA GENERACIÓN QUE NUNCA VIO LA ENFERMEDAD.

La ausencia de fiebre aftosa durante más de dos décadas produjo otra consecuencia.

“Quedamos pocos sobrevivientes de la última epidemia”, señaló uno de los veterinarios durante la devolución final.

No haber vuelto a atravesarla es una enorme fortaleza sanitaria. Pero al mismo tiempo supone un desafío: la percepción del riesgo disminuye mientras generaciones enteras de profesionales y productores nunca tuvieron contacto directo con la enfermedad.

Por eso, capacitación y comunicación fueron dos de las palabras que más se repitieron.

Los participantes plantearon la necesidad de profundizar la preparación dentro de los Servicios Ganaderos y extenderla a productores, veterinarios privados, industria y otros actores de la cadena.

La experiencia de 2001 apareció varias veces en las conversaciones.

Durante aquella emergencia, cuando la capacidad del Servicio Veterinario Oficial fue superada por la magnitud de la respuesta necesaria, numerosos veterinarios de libre ejercicio se incorporaron al trabajo. Lo hicieron muchas veces aportando tiempo, vehículos y recursos propios.

Veinticinco años después, el planteo fue que una futura respuesta no debería depender nuevamente del voluntarismo.

Entre las propuestas surgió desarrollar mecanismos de capacitación —e incluso evaluar una acreditación específica— para disponer de veterinarios privados previamente preparados, con protocolos conocidos y capaces de incorporarse rápidamente a una emergencia cuando el Servicio Veterinario Oficial los necesite.

Desde la academia también se manifestó disposición para trabajar en la preparación de las nuevas generaciones de profesionales.

LA VACUNA NO PUEDE HACERLO TODO.

Hubo otro concepto que atravesó buena parte de las discusiones: la vacunación.

Uruguay vacuna sistemáticamente contra la fiebre aftosa y nadie puso en cuestión su importancia como herramienta sanitaria. Pero el ejercicio dejó expuesta una tendencia que varios participantes y especialistas señalaron: frente a una amenaza, la primera reacción suele ser pensar en la vacuna.

El problema es lo que puede quedar detrás de ella.

Evitar el ingreso del virus, fortalecer las barreras sanitarias, evaluar riesgos, aplicar medidas de bioseguridad, detectar rápidamente una sospecha, notificarla y disponer de capacidad de respuesta son también componentes de la defensa sanitaria.

La vacuna es una herramienta, pero no es la única herramienta, fue una idea que se repitió durante las jornadas.

Los grupos discutieron incluso la contracara de la protección: en determinadas circunstancias, la vacunación puede modificar la presentación clínica de la enfermedad y volver más compleja la vigilancia necesaria para demostrar posteriormente que no existe circulación viral.

El debate, por tanto, dejó de ser simplemente “vacunar o no vacunar”.

La pregunta pasó a ser qué combinación de herramientas necesita el país para reducir la posibilidad de ingreso del virus y, si esa primera barrera falla, detectarlo y controlarlo con rapidez.

Los especialistas y observadores regionales reforzaron esa mirada: primero evitar el ingreso; después impedir que la enfermedad se establezca mediante bioseguridad, vigilancia y detección temprana; y, finalmente, disponer de todas las herramientas necesarias para responder a una emergencia.

CUANDO UN PROBLEMA SANITARIO SE CONVIERTE EN COMERCIAL.

La primera jornada separó deliberadamente a los participantes en grupos de Sanidad y de Mercados.

La decisión permitió mostrar otra dimensión del problema.

Un foco de fiebre aftosa no termina en el establecimiento donde se detecta. Puede alterar en cuestión de horas las condiciones de acceso de los productos uruguayos a los mercados internacionales.

Y esos mercados no son piezas intercambiables.

Desde la industria se advirtió que, si un destino se cierra, no existe la posibilidad de trasladar inmediatamente las ventas hacia otro. Construir una relación comercial, conseguir habilitaciones y desarrollar clientes puede llevar años.

Por eso, los grupos plantearon que Uruguay debería trabajar también en un plan de contingencia para la protección de mercados, acompañado de una estrategia previa de diversificación.

La comunicación fue considerada parte de esa estrategia. Frente a una amenaza o una emergencia, informar rápidamente, con transparencia y con mensajes coordinados puede ser tan relevante para conservar la confianza de los socios comerciales como las propias medidas sanitarias.

LAS PRIMERAS HORAS.

Hubo discusiones sin consenso.

Una de ellas fue el sacrificio sanitario. Algunos participantes plantearon la sensibilidad que hoy genera una medida de esas características. Otros recordaron su función estratégica: eliminar animales potencialmente expuestos puede facilitar posteriormente la demostración de ausencia de circulación viral y acelerar el proceso para recuperar el estatus sanitario.

También hubo diferentes miradas sobre vacunación, riesgo y prevención.

El taller no buscó eliminar esas diferencias.

Buscó hacerlas visibles antes de una emergencia.

Porque cuando aparece un foco, los tiempos para decidir dejan de medirse en semanas o meses. Se miden en horas.

No es entonces cuando un país debería comenzar a discutir quién actúa, qué medidas adopta, qué recursos necesita o quién conduce la respuesta.

Ese fue uno de los resultados más concretos de la primera jornada: identificar qué conversaciones todavía deben darse mientras Uruguay continúa libre de la enfermedad.

LA ZONIFICACIÓN DEJA DE SER UN CONCEPTO.

El segundo día cambió el foco.

Después de identificar las brechas, los participantes comenzaron a trabajar sobre algunas de las herramientas internacionales disponibles para enfrentarlas.

Especialistas de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) presentaron las normas y herramientas disponibles para proteger el estatus sanitario, facilitar el comercio y gestionar los cambios que puede provocar una emergencia. La jornada incluyó además el análisis del reconocimiento de zonas libres y ejercicios sobre amenaza, introducción y zonificación.

Una de esas herramientas concentró buena parte de la discusión: la zonificación.

Sobre el papel, permite reconocer subpoblaciones con situaciones sanitarias diferentes dentro de un mismo país y, bajo determinadas condiciones, limitar el impacto de un problema localizado sobre el resto del territorio y sobre el comercio.

Llevada al territorio uruguayo, la idea se volvió bastante menos sencilla.

Los grupos analizaron qué implicaría establecer una zona de protección ante una amenaza proveniente de Brasil. Aparecieron entonces preguntas muy concretas: cuánto debería abarcar, dónde instalar controles, cómo gestionar el movimiento de animales, personas y maquinaria, qué recursos humanos y financieros serían necesarios y cómo contemplar el impacto sobre productores afectados por restricciones impuestas incluso antes de que exista un foco en Uruguay.

La frontera, además, no puede pensarse únicamente como una línea en un mapa.

Los participantes plantearon la necesidad de identificar rutas, movimientos de riesgo, establecimientos con vínculos a ambos lados de la frontera y puntos donde reforzar vigilancia, controles y desinfección.

Uruguay cuenta para ello con herramientas que hace 25 años no tenía, entre ellas la trazabilidad y los sistemas de control de movimientos. Pero el ejercicio mostró que disponer de información no equivale todavía a tener preparado el protocolo para utilizarla frente a una amenaza.

También se puso a prueba un escenario más ambicioso: dividir eventualmente al país en zonas sanitarias independientes para preservar parte del comercio internacional ante un brote localizado.

La discusión mostró posibilidades, pero también importantes dificultades logísticas, económicas y comerciales.

La conclusión no fue que Uruguay deba zonificarse.

Fue anterior a esa decisión: antes de pensar en una zonificación permanente, el país necesita estar preparado para implementar correctamente zonas de protección y de contención cuando las circunstancias lo requieran.

UN PLAN QUE EMPIEZA AHORA.

Al cierre de las dos jornadas quedó una agenda de trabajo que va bastante más allá de la fiebre aftosa como enfermedad.

Actualizar y ejercitar el Plan Nacional de Contingencia. Diseñar un esquema específico para amenazas externas. Preparar a veterinarios de libre ejercicio. Fortalecer barreras sanitarias y vigilancia. Trabajar anticipadamente sobre mercados. Definir mecanismos de comunicación de riesgo y de crisis. Analizar las herramientas de zonificación y contención con criterios sanitarios, económicos y comerciales. Y trasladar estos ejercicios al territorio.

También quedó planteada la necesidad de convertir los aportes del taller en una hoja de ruta y mantener el trabajo conjunto entre el Servicio Veterinario Oficial, productores, industria, profesión veterinaria, academia y organismos internacionales.

En el marco de las jornadas, Uruguay formalizó además su adhesión al Banvaco, el banco regional de vacunas para emergencias de fiebre aftosa, incorporando una herramienta adicional de preparación ante una eventual contingencia.

Uruguay tiene hoy capacidades que no tenía cuando enfrentó la epidemia de 2001.

Tiene trazabilidad, sistemas de información, herramientas internacionales más sofisticadas y una estructura sanitaria que ha logrado mantener al país libre de la enfermedad durante más de dos décadas.

Pero ese mismo éxito produce una paradoja: cada año quedan menos personas con memoria directa de una emergencia de fiebre aftosa.

Prepararse ahora significa transformar aquella experiencia en procedimientos, capacidades y decisiones que no dependan de haberla vivido.

Porque una emergencia sanitaria puede comenzar con un animal sospechoso.

La capacidad de responder, en cambio, se construye mucho antes.

“Estar libres de fiebre aftosa no significa que podamos dejar de prepararnos”.

“Estar libres de fiebre aftosa no significa que podamos dejar de prepararnos”.

La fiebre aftosa no desapareció del mundo. En África, Oriente Medio y buena parte de Asia el virus continúa presente, algunas cepas están desplazándose entre regiones.

Montevideo | Todo El Campo | El director del Centro Panamericano de Fiebre Aftosa (Panaftosa), Dr. Manuel Sánchez, destacó los avances sanitarios alcanzados por América del Sur, pero advirtió que la fiebre aftosa continúa circulando en distintas regiones del mundo. Durante su visita a Uruguay habló de prevención, vigilancia, trazabilidad y de por qué prepararse en tiempos de normalidad es una de las principales defensas frente a una eventual reintroducción.

Cuando se creó Panaftosa, hace 75 años, la situación sanitaria era tan compleja que la fiebre aftosa había sido identificada como una prioridad regional e internacional. Combatirla fue, precisamente, la razón de ser del organismo que nació bajo la órbita de la Organización Panamericana de la Salud. Tres cuartos de siglo después, el mapa es otro.

“En la región ha evolucionado muy bien el proceso de erradicación”, explicó Manuel Sánchez durante una visita a Uruguay. Hoy, Venezuela es el único país sudamericano que todavía no cuenta con reconocimiento como libre de fiebre aftosa.

Pero el éxito regional tiene una contracara. La fiebre aftosa no desapareció del mundo. En África, Oriente Medio y buena parte de Asia el virus continúa presente. Algunas cepas incluso están desplazándose entre regiones acompañando los movimientos de animales.

Y en un mundo donde también se mueven personas, mercancías y equipamientos, miles de kilómetros ya no constituyen por sí solos una barrera sanitaria.

“Estamos en un mundo muy globalizado”, señaló Sánchez. Un viajero que haya estado en contacto con animales infectados, ejemplificó, puede transportar material contaminado en ropa o equipamiento e introducir el virus en un territorio libre. Por eso, para los países que consiguieron erradicar la enfermedad, el desafío cambió. Ya no se trata solamente de combatir la aftosa. Se trata de evitar que vuelva.

ANTES DE LA VACUNA ESTÁN LAS BARRERAS.

Uruguay mantiene la vacunación sistemática de sus vacunos contra la fiebre aftosa. Pero para Sánchez, pensar la prevención exclusivamente desde la vacuna deja fuera una parte fundamental de la estrategia.

La primera pregunta debe ser otra: ¿por dónde podría entrar el virus? Eso requiere análisis de riesgo capaces de identificar dónde existe una amenaza, cuáles son las posibles vías de ingreso y, a partir de esa información, orientar las medidas de prevención y los controles fronterizos.

Después viene una segunda capacidad: detectar una eventual introducción lo antes posible. “Cuanto antes lo detecta, antes me va a permitir reaccionar y contenerlo”, explicó.

Y existe todavía una tercera: estar preparado para responder. Planes de contingencia, mecanismos de contención y herramientas de emergencia no se improvisan cuando aparece un foco. “Eso se ensaya en época sin brotes”, sostuvo Sánchez.

Esa lógica estuvo detrás de las jornadas de trabajo desarrolladas en Uruguay con participación del sector público, productores, industria, academia, veterinarios privados y organismos internacionales.

Los participantes discutieron qué debería hacer el país si apareciera fiebre aftosa en Brasil y qué ocurriría si, finalmente, el virus ingresara a Uruguay.

Para Sánchez, preparar esas respuestas antes de necesitarlas es especialmente importante después de 25 años sin una epidemia.

Quienes enfrentaron aquella crisis van dejando la actividad y con ellos puede desaparecer parte de la experiencia acumulada.

La respuesta, sin embargo, no consiste en reproducir exactamente lo que se hizo entonces.

Porque Uruguay tampoco es el mismo país sanitario que era en 2001.

UNA HERRAMIENTA QUE URUGUAY NO TENÍA EN 2001

Hay un ejemplo que Sánchez destaca especialmente: la trazabilidad. “El sistema de trazabilidad es excelente”, afirmó.

Hace 25 años esa herramienta no existía. Ante una eventual introducción del virus, hoy permitiría reconstruir movimientos, identificar contactos y aportar información decisiva para contener la propagación.

También existen nuevas herramientas previstas en las normas internacionales, como las zonas de protección y las zonas de contención, que permiten diseñar respuestas específicas frente a una amenaza o una emergencia.

A ellas se sumó durante estas jornadas la adhesión de Uruguay al Banvaco, el banco regional de antígenos y vacunas para emergencias de fiebre aftosa. Su utilidad responde a un problema que puede resultar contraintuitivo: un país que vacuna también puede enfrentarse a un virus contra el que su vacuna habitual no proteja adecuadamente.

Existen diferentes serotipos y cepas. Si ingresara una variante que no estuviera cubierta por la vacuna utilizada en el país, explicó Sánchez, el virus podría propagarse incluso entre animales vacunados.

En ese escenario, disponer rápidamente de un antígeno adecuado permitiría utilizar la vacunación de emergencia como una herramienta adicional para contener la transmisión.

LAS MUESTRAS QUE AYUDAN A DEMOSTRAR QUE URUGUAY SIGUE LIBRE.

Prepararse para una emergencia es solo una parte del trabajo. La otra ocurre todos los años, aun cuando no hay enfermedad.

Uruguay realiza estudios serológicos para aportar evidencia de ausencia de circulación viral y evaluar la inmunidad de la población vacunada.

Para un productor seleccionado, puede significar simplemente recibir una llamada y permitir que técnicos ingresen a su establecimiento para extraer muestras. Detrás de esa intervención existe un sistema de vigilancia que contribuye a sostener el estatus sanitario del país.

Los establecimientos no son elegidos a criterio de los técnicos. El muestreo es probabilístico y selecciona predios al azar. Según explicó Sánchez, alrededor de 300 establecimientos participan en cada muestreo.

En bovinos vacunados se buscan, entre otros elementos, anticuerpos frente a proteínas no estructurales del virus. Estos estudios permiten diferenciar la respuesta generada por la vacuna de señales compatibles con una posible circulación viral.

Esto es especialmente relevante porque la vacunación puede reducir la expresión de los signos clínicos. Por eso la vigilancia no puede depender únicamente de esperar que alguien encuentre un animal enfermo.

Los muestreos serológicos complementan la vigilancia pasiva, los controles realizados sobre movimientos y otras herramientas del sistema sanitario. (MGAP).

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