Una aplicación amena y de fácil acceso y uso para que cada uno pueda profundizar sus conocimientos sobre la garrapata. Es gratuita y ya está disponible para su utilización.
Montevideo | Todo El Campo | Misión Garrapata es una plataforma en formato trivia, un juego, de los denominados serious game, juego serio, que propone de manera amena desafiar nuestros conocimientos sobre la garrapata, corregirlos o validarlos.
La iniciativa y sus impulsores Carlos Guinnovart y Andrés Usera buscan acercar conocimiento sobre el tema de la garrapata con respaldo de la academia lo que asegura el nivel de las preguntas y de las respuestas que allí se plantean.
Guinnovart dijo en el programa Diario Rural – CX4 Radio Rural, que la garrapata “es un tema complejo” del que “se nos escapan algunas aristas de su biología como de la dinámica de la toma de decisiones sobre el tema”. Atendiendo esa complejidad es que crearon una aplicación que no está en los sitios de aplicación como AppStore, sino que “se distribuye a través del WhatsApp por un enlace”, lo que constituye “una manera de mayor facilidad para difundir”.
La aplicación cuenta con preguntas como si fuera una trivia y un sistema similar al Duolingo que se usa para aprender idiomas, explicó.
“Está pensada en que se pueda abrir por ejemplo una vez al día, contestar algunas preguntas y de esa manera ir recorriendo el amplio rango de aspectos que hay que tener en cuenta para el combate de la garrapata”, explicó.
La aplicación es de acceso gratuito y la inscripción es con el rol que cada uno tiene en la cadena de la carne: colaborador de campo, productor, veterinario, técnico en veterinaria, estudiante y consignatario. El participante recibirá preguntas específicas para ese rol ya que no son iguales los aspectos en puede accionar un productor que un vendedor de veterinaria, estudiante o consignatario, explicó.
En definitiva, se trata de una aplicación para capacitar al usuario y lo hace “de manera blanda, fácil, en la intimidad porque no queda registro” de lo que se responda, por lo tanto queda en reserva lo que cada uno ignora o del nivel de conocimiento que tenga.
“Es un juego para ir aprendiendo de manera metódica toda la complejidad del sistema”, señaló.
La aplicación tiene el apoyo de toda la institucionalidad de la cadena cárnica, frigoríficos, consignatarios, bancos, forestales, asociaciones, federaciones, especialmente el Instituto Nacional de Carnes, y se va a firmar un convenio con UTU, todo para cumplir con “el objetivo de saber más” sobre la temática.
Se puede ingresar a la aplicación ahora misma, ya está en práctica y se puede entrar por las redes sociales de Misión Garrapata, sino todas las instituciones tienen los links para ingresar.
El proceso es simple: se envía u WhatsApp, se ingresa y registran. Desde ese momento se pueden dedicar un par de minutos diarios. Al llegar a determinado punto se puede acceder al sorteo de premios importantes que funcionan como un aliciente extra para seguir participando.
“El principal motivo es aprender más”, definió, y para hacerlo “tenemos que encontrar un poco de fuerza de voluntad para romper con la primera pereza que nos da, pero tenemos que entenderlo en el contexto, porque es un problema muy grande el que tenemos y todos deberíamos dedicarnos a solucionarlo entre todos”.
Asimismo, cada una de las preguntas hace que evaluemos cuánto sabemos y qué pensemos en esa situación que platea cada interrogante.
Si a alguien le parece que la pregunta está mal formulada, o su respuesta, el usuario tiene la posibilidad de hacer el comentario y los responsables de la aplicación lo consultarán con la academia.
Análisis de Rosgan. Se observa un contexto potencialmente favorable para la inversión en producción.
Rosario, Santa Fe, Argentina | Todo El Campo | El último análisis de Rosgan indica que el endeudamiento de las empresas ganaderas argentinas alcanzó un récord histórico al superar los US$ 1.562 millones, con un crecimiento acelerado tanto en volumen como en la proporción de préstamos en dólares. La estabilidad cambiaria y el diferencial de tasas reales entre pesos y moneda extranjera impulsaron la toma de crédito, aunque el contexto electoral agrega incertidumbre sobre su sostenibilidad. En paralelo, la suba del valor del ternero -68% en el último año- mejora la ecuación de rentabilidad y refuerza el atractivo de apalancar inversiones productivas, siempre que los plazos de financiación se adapten a los ciclos largos de la actividad ganadera.
Los cinco puntos destacados del análisis Rosgan son:
1) La deuda ganadera alcanzó un récord histórico: US$ 1.562 millones, el nivel más alto en 20 años.
2) Creció la proporción de préstamos en dólares: hoy 43% frente al 22% en 2024.
3) Tasas en pesos: 53% anual con inflación al 33%, costo real positivo cercano al 15%.
4) Tasas en dólares: 6% anual con inflación del 7,5%, costo real negativo (-1,6%).
5) Rentabilidad: el ternero subió 68% en un año, superando el costo financiero y favoreciendo inversión productiva.
Informe Rosgan – Según se desprende de los datos publicados por el Banco Central de la República Argentina (BCRA), los saldos de deuda provenientes de préstamos contraídos por empresas ganaderas alcanzan -medidos en dólares- su nivel máximo de los últimos 20 años, superando incluso los registros alcanzados entre fines de 2017 y comienzos de 2018, cuando se registró otro de los momentos de mayor expansión del crédito bancario.
Esta situación surge al analizar la evolución de los pasivos contraídos por las empresas ganaderas con entidades financieras, a partir de los saldos pendientes por actividad económica publicados por el BCRA al cierre del segundo trimestre del año.
Como primer punto a destacar, desde comienzos de 2024 hasta la actualidad se observa un crecimiento prácticamente ininterrumpido de los saldos adeudados por las empresas del sector. Según la estadística publicada al 30 de junio de este año, los préstamos bancarios otorgados a empresas ganaderas -específicamente aquellas dedicadas a la cría de ganado vacuno, excepto cabañas- ascienden a un total de US$ 1.562 millones. Esto representa una expansión del 38% durante los primeros seis meses del año y del 47% respecto de los saldos registrados doce meses atrás.
A priori, los números absolutos muestran que, desde comienzos de 2024, los saldos de deuda contraídos por las empresas del sector se han más que triplicado, al pasar de menos de US$ 500 millones a los actuales US$ 1.562 millones. No obstante, es válido aclarar que, puesto que los saldos se expresan en dólares a efectos de homogeneizar la comparación, la variación de los montos mencionados puede reflejar tanto cambios en el volumen de crédito como movimientos en el tipo de cambio y en la composición monetaria de dichos préstamos.
A su vez, otro aspecto a destacar es el fuerte crecimiento observado en la proporción de préstamos nominados en moneda extranjera. Actualmente, el 43% de los saldos adeudados corresponde a este tipo de operaciones, frente al 30% registrado un año atrás, el 22% en junio de 2024 y menos del 10% durante los dos años previos.
Si bien la estabilidad cambiaria registrada durante el último año, junto con el menor costo nominal de las financiaciones en dólares, favorecieron las condiciones para la toma de este tipo de préstamos, también se observa una ventaja muy clara al comparar las tasas reales de las financiaciones nominadas en dólares y en pesos.
Según la estadística publicada por el BCRA correspondiente al segundo trimestre del año, la tasa promedio a la que accedía al crédito el sector ganadero rondaba el 53% anual para los préstamos en pesos. Si bien es cierto que la historia reciente nos remite a tasas de hasta tres dígitos, especialmente durante el último tramo de 2023, previo al cambio de gobierno, la realidad es que, por entonces, la inflación en pesos llegaba a duplicar ese costo, por lo que el costo real del dinero resultaba negativo.
Hoy, con una inflación promedio fluctuando en torno al 33% anual, la diferencia simple es efectivamente 20 puntos porcentuales. Un año atrás, aún con una tasa nominal más baja, del 47%, pero con una inflación que todavía fluctuaba en torno al 39% anual, arrojaba una diferencia de apenas 8 puntos porcentuales, brecha que prácticamente se duplicó durante el último año.
En términos reales, considerando la relación entre ambas tasas, el costo financiero se ubica en torno al 15% anual frente al 6% resultante, un año atrás.
Distinto es el caso de las tasas nominadas en moneda extranjera. Según la estadística publicada por el BCRA correspondiente al segundo trimestre del año, la tasa promedio a la que accedía al crédito el sector ganadero rondaba el 6% anual para los préstamos en dólares, apenas 2 puntos porcentuales por debajo de lo registrado un año atrás. Sin embargo, al considerar la variación del tipo de cambio, tenemos que la inflación en dólares durante este último periodo fue del 7,5% anual, lo que se traduce en una tasa real negativa, para préstamos contraídos en moneda extranjera.
En este contexto, mientras que dos años atrás la inflación en pesos licuaba gran parte del costo financiero de la deuda contraída en moneda nacional, hoy este costo real aumentó significativamente. En tanto, la mayor estabilidad del tipo de cambio frente a la variación del resto de los precios nominados en moneda nacional genera una inflación en dólares superior al costo de contraer financiación nominada en moneda extranjera. De este modo, la ecuación se invierte y la tasa real en dólares se torna ligeramente negativa, (-1,6% anual).
Claro está que, a medida que nos acerquemos al período electoral, estas alternativas de financiación vuelven a tornarse más riesgosas ante eventuales movimientos del tipo de cambio, en un contexto en el que la incertidumbre política tiende a crecer, más allá de la contención que genera la estabilidad de las variables macroeconómicas.
No obstante, más allá del costo real que naturalmente debe tener el dinero en un contexto en el que las tasas pagadas por tomar financiación vuelven a ser positivas para cualquier actividad productiva, lo que el productor ganadero no debería dejar de contrastar es qué rendimiento genera efectivamente esa financiación dentro de su actividad.
En este sentido, el valor del ternero —por tomar la categoría de hacienda más representativa de la cría— creció durante el último año un 68% en términos nominales, frente a un costo de tomar dinero que, en promedio, se ubicó en el 53% anual. Si bien esta comparación no implica por sí misma que toda inversión financiada resulte rentable, sí refleja una relación de precios que, en principio, mejora el atractivo de apalancar determinadas decisiones productivas.
Esta relación favorable, que se viene registrando de manera prácticamente ininterrumpida durante los últimos tres años, genera un contexto potencialmente favorable para la inversión en producción.
Sin embargo, todavía existe un amplio margen para seguir afianzando el financiamiento del sector. La ganadería tiene ciclos productivos largos y una fuerte inmovilización de capital en hacienda. Por eso, no alcanza con que exista crédito: el plazo debe ser compatible con el ciclo biológico y comercial de la actividad. Esto será determinante para transformar las actuales condiciones favorables de la actividad en mayor inversión, crecimiento y oferta ganadera.
La ausencia de fiebre aftosa durante más de dos décadas produjo otra consecuencia: “Quedamos pocos sobrevivientes de la última epidemia”, señaló uno de los veterinarios durante la devolución final.
Montevideo | Todo El Campo | Uno de los mayores logros sanitario del país es que hace más de 25 años que no enfrentamos una epidemia de aftosa, destacó el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) en una crónica sobre jornadas formativas de decisiones sobre cómo actuar ante un hipotético escenario aftósico, que, aunque indeseable, estar preparados es parte de la estrategia para evitarlo. Sin embargo, ese éxito “también abrió una brecha: buena parte de los productores, veterinarios y funcionarios que hoy deberían responder ante una eventual emergencia nunca vio la enfermedad en el campo”.
En dos jornadas de trabajo, “esa distancia dejó de ser una abstracción” y actores de toda la cadena cárnica “fueron enfrentados a distintos escenarios hipotéticos pero posibles”. El primero, “la aparición de un foco de fiebre aftosa en un país vecino que elevaba el riesgo para Uruguay”; y segundo, “la confirmación de la enfermedad dentro del territorio nacional. La consigna no era comprobar cuánto sabían. Era obligarlos a decidir”.
El siguiente es reporte completo del MGAP sobre la actividad.
Representantes del sector público, productores, industria, veterinarios de libre ejercicio, academia y organismos internacionales fueron enfrentados a distintos escenarios hipotéticos. Primero, la aparición de un foco de fiebre aftosa en un país vecino que elevaba el riesgo para Uruguay. Después, la noticia que nadie quiere recibir: la confirmación de la enfermedad dentro del territorio nacional.
La consigna no era comprobar cuánto sabían. Era obligarlos a decidir.
¿Qué hacer antes de que el virus llegue? ¿Cuándo una amenaza externa debe modificar las medidas que adopta el país? ¿Quién debe actuar? ¿Qué ocurre con los mercados? ¿Alcanza con vacunar? ¿Cómo se comunica una situación capaz de afectar en pocas horas a una de las principales actividades económicas de Uruguay?
Las respuestas mostraron capacidades. También dejaron preguntas abiertas.
Y de las distintas mesas surgió una conclusión que atravesó prácticamente todo el trabajo: una emergencia de fiebre aftosa no puede empezar a prepararse cuando aparece el primer foco.
UN CONTINENTE DIFERENTE AL DE 2001.
El escenario regional también cambió.
Durante el encuentro, Manuel Sánchez, de Panaftosa, repasó la evolución de la enfermedad en el continente. América del Sur se encuentra hoy libre de fiebre aftosa, con la excepción de Venezuela, una situación muy diferente a la que rodeaba a Uruguay cuando enfrentó la epidemia de 2001.
El cambio reduce la presencia de la enfermedad en la región, pero no elimina el riesgo de una eventual reintroducción. Por el contrario, obliga a revisar dónde están hoy las amenazas, cómo prevenirlas y qué herramientas debería activar el país si la situación sanitaria regional cambiara.
Ese fue precisamente el punto de partida de los ejercicios.
PENSAR LA EMERGENCIA ANTES DE LA EMERGENCIA.
Uruguay cuenta con un Plan Nacional de Contingencia para responder ante la aparición de fiebre aftosa. Sin embargo, uno de los primeros vacíos que detectaron los participantes apareció un paso antes.
¿Qué debería ocurrir cuando la enfermedad todavía no ingresó al país, pero un cambio en la situación regional aumenta significativamente el riesgo?
Los grupos identificaron la necesidad de contar con un esquema de actuación específico para esos escenarios de amenaza externa: medidas previamente definidas, responsabilidades claras y decisiones basadas en una evaluación del riesgo.
También surgió la necesidad de actualizar el actual Plan de Contingencia.
Desde la última epidemia cambiaron los sistemas productivos, la trazabilidad, las herramientas informáticas y las condiciones del comercio internacional. Cambió, además, buena parte de las personas que deberían ejecutar ese plan.
En las mesas aparecieron diferencias sobre conceptos como zonas de protección temporal, zonas de contención, zonificación y otras herramientas disponibles actualmente. También hubo distintas percepciones acerca del nivel de riesgo que supondría un foco en un país vecino.
Las diferencias fueron parte del resultado.
Permitieron identificar algo que se repetiría durante el resto del taller: no alcanza con disponer de un plan; quienes eventualmente deberán aplicarlo tienen que conocerlo, comprenderlo y haber discutido antes cómo actuar.
UNA GENERACIÓN QUE NUNCA VIO LA ENFERMEDAD.
La ausencia de fiebre aftosa durante más de dos décadas produjo otra consecuencia.
“Quedamos pocos sobrevivientes de la última epidemia”, señaló uno de los veterinarios durante la devolución final.
No haber vuelto a atravesarla es una enorme fortaleza sanitaria. Pero al mismo tiempo supone un desafío: la percepción del riesgo disminuye mientras generaciones enteras de profesionales y productores nunca tuvieron contacto directo con la enfermedad.
Por eso, capacitación y comunicación fueron dos de las palabras que más se repitieron.
Los participantes plantearon la necesidad de profundizar la preparación dentro de los Servicios Ganaderos y extenderla a productores, veterinarios privados, industria y otros actores de la cadena.
La experiencia de 2001 apareció varias veces en las conversaciones.
Durante aquella emergencia, cuando la capacidad del Servicio Veterinario Oficial fue superada por la magnitud de la respuesta necesaria, numerosos veterinarios de libre ejercicio se incorporaron al trabajo. Lo hicieron muchas veces aportando tiempo, vehículos y recursos propios.
Veinticinco años después, el planteo fue que una futura respuesta no debería depender nuevamente del voluntarismo.
Entre las propuestas surgió desarrollar mecanismos de capacitación —e incluso evaluar una acreditación específica— para disponer de veterinarios privados previamente preparados, con protocolos conocidos y capaces de incorporarse rápidamente a una emergencia cuando el Servicio Veterinario Oficial los necesite.
Desde la academia también se manifestó disposición para trabajar en la preparación de las nuevas generaciones de profesionales.
LA VACUNA NO PUEDE HACERLO TODO.
Hubo otro concepto que atravesó buena parte de las discusiones: la vacunación.
Uruguay vacuna sistemáticamente contra la fiebre aftosa y nadie puso en cuestión su importancia como herramienta sanitaria. Pero el ejercicio dejó expuesta una tendencia que varios participantes y especialistas señalaron: frente a una amenaza, la primera reacción suele ser pensar en la vacuna.
El problema es lo que puede quedar detrás de ella.
Evitar el ingreso del virus, fortalecer las barreras sanitarias, evaluar riesgos, aplicar medidas de bioseguridad, detectar rápidamente una sospecha, notificarla y disponer de capacidad de respuesta son también componentes de la defensa sanitaria.
La vacuna es una herramienta, pero no es la única herramienta, fue una idea que se repitió durante las jornadas.
Los grupos discutieron incluso la contracara de la protección: en determinadas circunstancias, la vacunación puede modificar la presentación clínica de la enfermedad y volver más compleja la vigilancia necesaria para demostrar posteriormente que no existe circulación viral.
El debate, por tanto, dejó de ser simplemente “vacunar o no vacunar”.
La pregunta pasó a ser qué combinación de herramientas necesita el país para reducir la posibilidad de ingreso del virus y, si esa primera barrera falla, detectarlo y controlarlo con rapidez.
Los especialistas y observadores regionales reforzaron esa mirada: primero evitar el ingreso; después impedir que la enfermedad se establezca mediante bioseguridad, vigilancia y detección temprana; y, finalmente, disponer de todas las herramientas necesarias para responder a una emergencia.
CUANDO UN PROBLEMA SANITARIO SE CONVIERTE EN COMERCIAL.
La primera jornada separó deliberadamente a los participantes en grupos de Sanidad y de Mercados.
La decisión permitió mostrar otra dimensión del problema.
Un foco de fiebre aftosa no termina en el establecimiento donde se detecta. Puede alterar en cuestión de horas las condiciones de acceso de los productos uruguayos a los mercados internacionales.
Y esos mercados no son piezas intercambiables.
Desde la industria se advirtió que, si un destino se cierra, no existe la posibilidad de trasladar inmediatamente las ventas hacia otro. Construir una relación comercial, conseguir habilitaciones y desarrollar clientes puede llevar años.
Por eso, los grupos plantearon que Uruguay debería trabajar también en un plan de contingencia para la protección de mercados, acompañado de una estrategia previa de diversificación.
La comunicación fue considerada parte de esa estrategia. Frente a una amenaza o una emergencia, informar rápidamente, con transparencia y con mensajes coordinados puede ser tan relevante para conservar la confianza de los socios comerciales como las propias medidas sanitarias.
LAS PRIMERAS HORAS.
Hubo discusiones sin consenso.
Una de ellas fue el sacrificio sanitario. Algunos participantes plantearon la sensibilidad que hoy genera una medida de esas características. Otros recordaron su función estratégica: eliminar animales potencialmente expuestos puede facilitar posteriormente la demostración de ausencia de circulación viral y acelerar el proceso para recuperar el estatus sanitario.
También hubo diferentes miradas sobre vacunación, riesgo y prevención.
El taller no buscó eliminar esas diferencias.
Buscó hacerlas visibles antes de una emergencia.
Porque cuando aparece un foco, los tiempos para decidir dejan de medirse en semanas o meses. Se miden en horas.
No es entonces cuando un país debería comenzar a discutir quién actúa, qué medidas adopta, qué recursos necesita o quién conduce la respuesta.
Ese fue uno de los resultados más concretos de la primera jornada: identificar qué conversaciones todavía deben darse mientras Uruguay continúa libre de la enfermedad.
LA ZONIFICACIÓN DEJA DE SER UN CONCEPTO.
El segundo día cambió el foco.
Después de identificar las brechas, los participantes comenzaron a trabajar sobre algunas de las herramientas internacionales disponibles para enfrentarlas.
Especialistas de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) presentaron las normas y herramientas disponibles para proteger el estatus sanitario, facilitar el comercio y gestionar los cambios que puede provocar una emergencia. La jornada incluyó además el análisis del reconocimiento de zonas libres y ejercicios sobre amenaza, introducción y zonificación.
Una de esas herramientas concentró buena parte de la discusión: la zonificación.
Sobre el papel, permite reconocer subpoblaciones con situaciones sanitarias diferentes dentro de un mismo país y, bajo determinadas condiciones, limitar el impacto de un problema localizado sobre el resto del territorio y sobre el comercio.
Llevada al territorio uruguayo, la idea se volvió bastante menos sencilla.
Los grupos analizaron qué implicaría establecer una zona de protección ante una amenaza proveniente de Brasil. Aparecieron entonces preguntas muy concretas: cuánto debería abarcar, dónde instalar controles, cómo gestionar el movimiento de animales, personas y maquinaria, qué recursos humanos y financieros serían necesarios y cómo contemplar el impacto sobre productores afectados por restricciones impuestas incluso antes de que exista un foco en Uruguay.
La frontera, además, no puede pensarse únicamente como una línea en un mapa.
Los participantes plantearon la necesidad de identificar rutas, movimientos de riesgo, establecimientos con vínculos a ambos lados de la frontera y puntos donde reforzar vigilancia, controles y desinfección.
Uruguay cuenta para ello con herramientas que hace 25 años no tenía, entre ellas la trazabilidad y los sistemas de control de movimientos. Pero el ejercicio mostró que disponer de información no equivale todavía a tener preparado el protocolo para utilizarla frente a una amenaza.
También se puso a prueba un escenario más ambicioso: dividir eventualmente al país en zonas sanitarias independientes para preservar parte del comercio internacional ante un brote localizado.
La discusión mostró posibilidades, pero también importantes dificultades logísticas, económicas y comerciales.
La conclusión no fue que Uruguay deba zonificarse.
Fue anterior a esa decisión: antes de pensar en una zonificación permanente, el país necesita estar preparado para implementar correctamente zonas de protección y de contención cuando las circunstancias lo requieran.
UN PLAN QUE EMPIEZA AHORA.
Al cierre de las dos jornadas quedó una agenda de trabajo que va bastante más allá de la fiebre aftosa como enfermedad.
Actualizar y ejercitar el Plan Nacional de Contingencia. Diseñar un esquema específico para amenazas externas. Preparar a veterinarios de libre ejercicio. Fortalecer barreras sanitarias y vigilancia. Trabajar anticipadamente sobre mercados. Definir mecanismos de comunicación de riesgo y de crisis. Analizar las herramientas de zonificación y contención con criterios sanitarios, económicos y comerciales. Y trasladar estos ejercicios al territorio.
También quedó planteada la necesidad de convertir los aportes del taller en una hoja de ruta y mantener el trabajo conjunto entre el Servicio Veterinario Oficial, productores, industria, profesión veterinaria, academia y organismos internacionales.
En el marco de las jornadas, Uruguay formalizó además su adhesión al Banvaco, el banco regional de vacunas para emergencias de fiebre aftosa, incorporando una herramienta adicional de preparación ante una eventual contingencia.
Uruguay tiene hoy capacidades que no tenía cuando enfrentó la epidemia de 2001.
Tiene trazabilidad, sistemas de información, herramientas internacionales más sofisticadas y una estructura sanitaria que ha logrado mantener al país libre de la enfermedad durante más de dos décadas.
Pero ese mismo éxito produce una paradoja: cada año quedan menos personas con memoria directa de una emergencia de fiebre aftosa.
Prepararse ahora significa transformar aquella experiencia en procedimientos, capacidades y decisiones que no dependan de haberla vivido.
Porque una emergencia sanitaria puede comenzar con un animal sospechoso.
La capacidad de responder, en cambio, se construye mucho antes.
La fiebre aftosa no desapareció del mundo. En África, Oriente Medio y buena parte de Asia el virus continúa presente, algunas cepas están desplazándose entre regiones.
Montevideo | Todo El Campo | El director del Centro Panamericano de Fiebre Aftosa (Panaftosa), Dr. Manuel Sánchez, destacó los avances sanitarios alcanzados por América del Sur, pero advirtió que la fiebre aftosa continúa circulando en distintas regiones del mundo. Durante su visita a Uruguay habló de prevención, vigilancia, trazabilidad y de por qué prepararse en tiempos de normalidad es una de las principales defensas frente a una eventual reintroducción.
Cuando se creó Panaftosa, hace 75 años, la situación sanitaria era tan compleja que la fiebre aftosa había sido identificada como una prioridad regional e internacional. Combatirla fue, precisamente, la razón de ser del organismo que nació bajo la órbita de la Organización Panamericana de la Salud. Tres cuartos de siglo después, el mapa es otro.
“En la región ha evolucionado muy bien el proceso de erradicación”, explicó Manuel Sánchez durante una visita a Uruguay. Hoy, Venezuela es el único país sudamericano que todavía no cuenta con reconocimiento como libre de fiebre aftosa.
Pero el éxito regional tiene una contracara. La fiebre aftosa no desapareció del mundo. En África, Oriente Medio y buena parte de Asia el virus continúa presente. Algunas cepas incluso están desplazándose entre regiones acompañando los movimientos de animales.
Y en un mundo donde también se mueven personas, mercancías y equipamientos, miles de kilómetros ya no constituyen por sí solos una barrera sanitaria.
“Estamos en un mundo muy globalizado”, señaló Sánchez. Un viajero que haya estado en contacto con animales infectados, ejemplificó, puede transportar material contaminado en ropa o equipamiento e introducir el virus en un territorio libre. Por eso, para los países que consiguieron erradicar la enfermedad, el desafío cambió. Ya no se trata solamente de combatir la aftosa. Se trata de evitar que vuelva.
ANTES DE LA VACUNA ESTÁN LAS BARRERAS.
Uruguay mantiene la vacunación sistemática de sus vacunos contra la fiebre aftosa. Pero para Sánchez, pensar la prevención exclusivamente desde la vacuna deja fuera una parte fundamental de la estrategia.
La primera pregunta debe ser otra: ¿por dónde podría entrar el virus? Eso requiere análisis de riesgo capaces de identificar dónde existe una amenaza, cuáles son las posibles vías de ingreso y, a partir de esa información, orientar las medidas de prevención y los controles fronterizos.
Después viene una segunda capacidad: detectar una eventual introducción lo antes posible. “Cuanto antes lo detecta, antes me va a permitir reaccionar y contenerlo”, explicó.
Y existe todavía una tercera: estar preparado para responder. Planes de contingencia, mecanismos de contención y herramientas de emergencia no se improvisan cuando aparece un foco. “Eso se ensaya en época sin brotes”, sostuvo Sánchez.
Esa lógica estuvo detrás de las jornadas de trabajo desarrolladas en Uruguay con participación del sector público, productores, industria, academia, veterinarios privados y organismos internacionales.
Los participantes discutieron qué debería hacer el país si apareciera fiebre aftosa en Brasil y qué ocurriría si, finalmente, el virus ingresara a Uruguay.
Para Sánchez, preparar esas respuestas antes de necesitarlas es especialmente importante después de 25 años sin una epidemia.
Quienes enfrentaron aquella crisis van dejando la actividad y con ellos puede desaparecer parte de la experiencia acumulada.
La respuesta, sin embargo, no consiste en reproducir exactamente lo que se hizo entonces.
Porque Uruguay tampoco es el mismo país sanitario que era en 2001.
UNA HERRAMIENTA QUE URUGUAY NO TENÍA EN 2001
Hay un ejemplo que Sánchez destaca especialmente: la trazabilidad. “El sistema de trazabilidad es excelente”, afirmó.
Hace 25 años esa herramienta no existía. Ante una eventual introducción del virus, hoy permitiría reconstruir movimientos, identificar contactos y aportar información decisiva para contener la propagación.
También existen nuevas herramientas previstas en las normas internacionales, como las zonas de protección y las zonas de contención, que permiten diseñar respuestas específicas frente a una amenaza o una emergencia.
A ellas se sumó durante estas jornadas la adhesión de Uruguay al Banvaco, el banco regional de antígenos y vacunas para emergencias de fiebre aftosa. Su utilidad responde a un problema que puede resultar contraintuitivo: un país que vacuna también puede enfrentarse a un virus contra el que su vacuna habitual no proteja adecuadamente.
Existen diferentes serotipos y cepas. Si ingresara una variante que no estuviera cubierta por la vacuna utilizada en el país, explicó Sánchez, el virus podría propagarse incluso entre animales vacunados.
En ese escenario, disponer rápidamente de un antígeno adecuado permitiría utilizar la vacunación de emergencia como una herramienta adicional para contener la transmisión.
LAS MUESTRAS QUE AYUDAN A DEMOSTRAR QUE URUGUAY SIGUE LIBRE.
Prepararse para una emergencia es solo una parte del trabajo. La otra ocurre todos los años, aun cuando no hay enfermedad.
Uruguay realiza estudios serológicos para aportar evidencia de ausencia de circulación viral y evaluar la inmunidad de la población vacunada.
Para un productor seleccionado, puede significar simplemente recibir una llamada y permitir que técnicos ingresen a su establecimiento para extraer muestras. Detrás de esa intervención existe un sistema de vigilancia que contribuye a sostener el estatus sanitario del país.
Los establecimientos no son elegidos a criterio de los técnicos. El muestreo es probabilístico y selecciona predios al azar. Según explicó Sánchez, alrededor de 300 establecimientos participan en cada muestreo.
En bovinos vacunados se buscan, entre otros elementos, anticuerpos frente a proteínas no estructurales del virus. Estos estudios permiten diferenciar la respuesta generada por la vacuna de señales compatibles con una posible circulación viral.
Esto es especialmente relevante porque la vacunación puede reducir la expresión de los signos clínicos. Por eso la vigilancia no puede depender únicamente de esperar que alguien encuentre un animal enfermo.
Los muestreos serológicos complementan la vigilancia pasiva, los controles realizados sobre movimientos y otras herramientas del sistema sanitario. (MGAP).
Se implementará un mecanismo automático para impedir el envío a faena de animales que no hayan cumplido los tiempos de espera de medicamentos declarados en Despachos de Tropa.
Montevideo | Todo El Campo | El Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesa (MGAP) comunicó que a partir del miércoles 19 de agosto se implementará un nuevo mecanismo automatizado de restricción sanitara para vacunos con destino a faena.
La medida se aplica para promover el buen uso de los medicamentos veterinarios y fortalecer la prevención de hallazgos de residuos en alimentos de origen animal.
La implementación de esta nueva herramienta estará a cargo del Sistema Nacional de Información Ganadera (SNIG), en coordinación con la Dirección General de Servicios Ganaderos (DGSG).
Se utilizará la información disponible en el SNIG sobre tratamientos con medicamentos veterinarios declarados en Despachos de Tropa Digital (DTD), Controles Oficiales de Tropa Digital (COTD) y Permisos Especiales, y a partir de esa información, el sistema evaluará en tiempo real la aptitud sanitaria de cada vacuno identificado individualmente.
Cuando se determine que el tiempo de espera correspondiente a un medicamento veterinario aún se encuentra vigente, se impedirá automáticamente la validación de documentos para su envío a faena.
Así, aquel vacuno que todavía no haya cumplido completamente el tiempo de espera establecido para el medicamento veterinario aplicado no podrá integrar un certificado sanitario ni una Guía de Propiedad y Tránsito con destino a faena.
La medida tendrá alcance exclusivamente sobre el animal identificado individualmente que se encuentre dentro del período de espera, lo que significa que no afectará la movilidad de ese animal hacia otros destinos ni la comercialización o movimiento del resto de los animales del establecimiento que cumplan con los requisitos sanitarios correspondientes.
Una vez cumplido completamente el período de espera establecido para el medicamento veterinario utilizado, la restricción será levantada automáticamente por el sistema, quedando nuevamente habilitado el animal para su eventual envío a faena.
CONSULTA PREVIA PARA PRODUCTORES.
Con el objetivo de facilitar la planificación de los movimientos y brindar a los productores una herramienta preventiva, el SNIG pondrá asimismo a disposición un simulador de aptitud sanitaria.
A través de este instrumento, los productores podrán consultar previamente la situación de los vacunos e identificar si alguno de ellos presenta una restricción vigente por encontrarse dentro del período de espera de un medicamento veterinario registrado en el sistema.
Esta consulta permitirá verificar la aptitud sanitaria de los animales antes de iniciar el procedimiento de certificación o preparar su envío a faena, evitando inconvenientes al momento de generar la documentación correspondiente.
El objetivo es continuar fortaleciendo las garantías de inocuidad de los alimentos producidos en Uruguay y contribuir al cumplimiento de los requisitos sanitarios establecidos tanto a nivel nacional como por los mercados internacionales.
RESPETAR LOS TIEMPOS DE ESPERA ES RESPONSABILIDAD DE TODOS.
El MGAP recuerda que el correcto uso de los medicamentos veterinarios implica respetar las dosis, condiciones de utilización y, especialmente, los tiempos de espera establecidos para cada producto.
Los productores deben mantener un adecuado registro de los tratamientos realizados, identificar correctamente los animales tratados y verificar, antes de su envío a faena, que haya transcurrido la totalidad del período de espera correspondiente.
La incorporación de esta nueva herramienta al SNIG forma parte del conjunto de acciones que el MGAP viene desarrollando para reforzar la prevención de residuos de medicamentos veterinarios y fortalecer permanentemente las garantías del sistema sanitario nacional.
Cumplir los tiempos de espera protege la inocuidad de los alimentos, la salud de los consumidores y la confianza de los mercados en la producción ganadera uruguaya. Producir bien también es saber esperar.
El 45% de los productores identifica al clima como el factor decisivo para el negocio, relegando a segundo plano la estabilidad de precios y la eficiencia productiva.
Hébert Dell’Onte Larrosa | Montevideo | Todo El Campo | Opciones Consultores puso la mirada sobre los productores y se preguntó que es lo que más pesa a la hora de mejorar la rentabilidad ganadera: ¿el entorno o la gestión?
La respuesta recabada llevó a “los factores externos concentran el 53,6% de las primeras menciones, frente al 23,1% vinculado a desafíos de gestión. El clima lidera con 32,9%” informó Opción Consultores.
ANÁLISIS DE LA INFORMACIÓN RECABADA POR LA EMPRESA DE OPINIÓN.
De acuerdo al siguiente gráfico del Monitor Agropecuario 2026 el tema clima domina la agenda con 45,1% de las menciones totales y 32,9% como primera respuesta, lo que lo convierten en el desafío central por encima de otros de los cuales mucho se ha hablado en los últimos meses, como la garrapata o el tipo de cambio.
Un dato que obviamente no es nuevo, que todos conocemos y que se manifiesta en el Monitor es la dependencia del sector respecto a la ocurrencia de lluvias, sequías y temperaturas, factores que hacen a la vulnerabilidad estructural de la ganadería, en especial cuando comenzamos a transitar por El Niño.
Además, el clima con el 32,9% como primera mención y 45,1% en la suma de las menciones, no solo lidera como desafío, sino que es muy superior a que se mantengan los precios que está en el segundo escalón con el 7,5% en primera mención y 17% en la suma de las menciones. Eso refleja que los productores priorizan sobrevivir a la variabilidad climática antes que a la volatilidad de los mercados. Eso se puede deber a los buenos precios en el mercado de haciendas y, otra vez, a la presencia de El Niño.
Productividad y reproducción están en los escalones siguientes, y aunque son factores valiosos y necesarios para la continuidad, el crecimiento y desarrollo de las empresas ganaderas, su peso en las respuestas a aparecen en tercer y cuarto lugar, uno y otro ítem con menos del 9% de las menciones. Aquí volvemos a ver que la urgencia climática desplaza la mirada hacia lo más inmediato. En resumen, el gráfico de Opción Consultores funciona como un termómetro de las preocupaciones rurales; los productores no están discutiendo tanto de mercados o eficiencia, sino de sobrevivir a un escenario climático adverso. La sequía reciente y la amenaza de un nuevo ciclo de El Niño explican por qué el clima se transformó en el eje de la rentabilidad.