IRGA cumplió 86 años en la innovación del arroz en Rio Grande do Sul.

IRGA cumplió 86 años en la innovación del arroz en Rio Grande do Sul.

Fundado en 1940, el Instituto Riograndense del Arroz consolida su trayectoria como pilar de la seguridad alimentaria, la investigación científica y el protagonismo económico en el estado.

Porto Alegre, Río Grande do Sul, Brasil | Todo El Campo | El sábado 20 de junio el Instituto Rio Grande do Arroz (IRGA) cumplió 86 años de una historia profundamente entrelazada con el desarrollo económico, social y tecnológico de Rio Grande do Sul.

Desde su creación, el 20 de junio de 1940, la autosuficiencia ha sido la gran brújula de los productores de Rio Grande do Sul, transformando al estado en el mayor productor de arroz de Brasil y en una referencia global de productividad y sostenibilidad en el sector.

Durante casi nueve décadas, IRGA ha dejado de ser solo una agencia de desarrollo para convertirse en uno de los centros de investigación y extensión rural más respetados de América Latina. El trabajo desarrollado en las Estaciones Experimentales – especialmente la de Cachoeirinha- permitió el lanzamiento de cultivares de alto rendimiento, adaptados al clima local, resistentes a plagas y con excelente calidad de grano para el consumidor final.

La celebración del 86º aniversario tiene lugar en un momento de resiliencia para la agroindustria de Rio Grande do Sul. En los últimos años, el sector ha enfrentado desafíos meteorológicos extremos, desde sequías severas hasta las inundaciones históricas que han devastado el estado. Más que nunca, la asistencia técnica de Irga ha demostrado ser indispensable, guiando a los productores en la gestión del suelo, la gestión de los recursos hídricos y la recuperación de las zonas afectadas.

EL ARROZ NO ES UN GRANO MÁS, ES LA BASE DE LA SEGURIDAD ALIMENTARIA.

Alexandre Azevedo Velho, presidente de IRGA destacó: “Celebrar el 86º aniversario es reconocer la fortaleza del productor de Rio Grande do Sul y la dedicación de nuestro equipo técnico”.

“El arroz no es solo un grano -continuó-, es la base de la seguridad alimentaria del país y del sustento de miles de familias. Miramos hacia el futuro centrados en la innovación digital, la sostenibilidad medioambiental y la diversificación e integración de culturas”.

Fuente: Página Rural | Foto de portada de IRGA.

Fortalecer sistemas agroalimentarios de las Américas es esencial para el continente y para el mundo.

Fortalecer sistemas agroalimentarios de las Américas es esencial para el continente y para el mundo.

La afirmación pertenece al director de IICA en un debate en el que también participaron académicos de la Universidad de San Pablo y de la Universidad Agrícola de China.

Cork, Irlanda | Todo El Campo | Fortalecer los sistemas agroalimentarios de las Américas es un objetivo de interés global y no apenas una prioridad del continente, afirmó el director general del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), Muhammad Ibrahim, en una de las mayores conferencias internacionales del agro, celebrada este año en Irlanda.

Se trató de la Conferencia Mundial 2026 de la International Food and Agribusiness Management Association (Ifama); este año se desarrolló durante cinco días en la University College, de la ciudad irlandesa de Cork, y contó con la participación de más de 40 países.

Ibrahim afirmó que “las Américas desempeñan un papel sistémico para el planeta” y tolo “lo que sucede en el continente afecta la disponibilidad mundial de alimentos, los precios internacionales, los flujos comerciales, las cadenas de suministro, la producción de energía y la seguridad alimentaria de muchos países importadores”.

El encuentro de Ifama de este año exploró estrategias para revitalizar los sistemas agroalimentarios en el actual contexto de cambios geopolíticos, tecnologías innovadoras, variabilidad climática, volatilidad de los precios, nuevas demandas de los consumidores y riesgos de salud alimentaria.

Participan agricultores, empresarios, formadores de políticas públicas, académicos, investigadores y estudiantes, con una agenda de trabajo colaborativa que incluye estudio de casos y busca contribuir a fortalecer las respuestas y la adaptación de los sistemas agroalimentarios a los desafíos, de manera que sirvan mejor a la humanidad.

CONTINENTE CLAVE PARA LA ESTABILIDAD.

“El mundo todavía debe entender de manera acabada que el continente americano no es solo un gran productor y exportador de alimentos, sino que es también uno de los pilares de la estabilidad global alimentaria, energética y ambiental”, afirmó Ibrahim, en una de las exposiciones que atrajo más interés en el evento.

El director general del IICA fue uno de los oradores en un debate de dos continentes acerca de cuáles son los caminos actuales para lograr resiliencia, en un mundo donde la escala, la velocidad y la simultaneidad de las disrupciones están haciendo cada vez más compleja la tarea de garantizar alimentos sanos y accesibles para todos. Participaron también Marcos Fava Neves, de la Universidad de San Pablo y Fu Wenge, académico de la Universidad Agrícola de China.

Durante la discusión se puso en primer plano que América Latina y el Caribe es la mayor región exportadora neta de alimentos del mundo. Representa alrededor del 23% de las exportaciones agroalimentarias mundiales y cerca del 13% del valor neto mundial de la producción agrícola y pesquera. La región también es líder mundial en mercados estratégicos como soja, maíz, carne vacuna y aviar, café, azúcar, frutas, pesca, productos forestales y biocombustibles.

Ibrahim sostuvo que la región también puede proporcionar bioenergía, bioinsumos, biomateriales, servicios ecosistémicos, soluciones de carbono y nuevos productos derivados de la biomasa y la biodiversidad, si los activos se transforman en valor sostenible mediante ciencia, tecnología, innovación, inversión y uso responsable de los recursos naturales.

En ese sentido, advirtió que el principal riesgo no es que el continente deje de producir, sino que no se transforme con la suficiente rapidez para adaptarse al nuevo contexto global.

“La región -afirmó- no podrá mantener su rol esencial en el futuro únicamente expandiendo las tierras agrícolas o aumentando el uso de insumos. Necesita generar más valor por hectárea, por trabajador, por unidad de agua, por unidad de fertilizante y por unidad de energía, para reducir la presión sobre los bosques, los suelos, el agua y la biodiversidad”.

En ese escenario puso en primer plano el papel de la ciencia y las nuevas tecnologías: “Para las Américas, la innovación es el puente entre el potencial natural y el liderazgo global. Es lo que puede permitir que la región pase de producir más a producir mejor; de exportar materias primas a generar más valor; y de contar con casos de éxito aislados a llevar adelante una transformación más productiva, sostenible, resiliente e inclusiva de la agricultura y los sistemas agroalimentarios”.

Con ejemplos concretos, Ibrahim explicó en detalle el trabajo del IICA junto a los países de las Américas, que no solo se focaliza en la promoción de tecnologías específicas, sino también en el desarrollo de capacidades, instituciones, marcos regulatorios, alianzas y mercados que permitan el uso seguro y eficaz de la ciencia, la tecnología y la innovación. Concluyó que “en las Américas ya está demostrado que la ciencia no solo mejora las tecnologías, sino que también puede transformar las trayectorias productivas. El reto ahora es pasar de experiencias exitosas a una transformación sistémica, lo que requiere inversión a largo plazo, sistemas de investigación e innovación más sólidos, mejores regulaciones, infraestructura digital, financiación, extensión, participación del sector privado, confianza del consumidor y más cooperación regional”.

Frigoríficos argentinos enfrenta caída de la faena, menor consumo y costos en alza.

Frigoríficos argentinos enfrenta caída de la faena, menor consumo y costos en alza.

Los factores que complican a los frigoríficos que están expectantes del trabajo que encara la Secretaría de Agricultura para controlar la informalidad. Opinión del vicepresidente de Fifra.

Daniel Urcía* | Buenos Aires, Argentina | Fifra | Todo El Campo | La cadena de ganados y carnes atraviesa una etapa de importantes transformaciones. Los primeros meses del año vienen confirmando una reducción de la faena cercana al 10%, un comportamiento que habíamos anticipado y que responde, en buena medida, a un proceso de retención de hacienda que consideramos saludable para el futuro de la actividad. A la vez, observamos una mejora en el peso promedio de faena, lo que permite incrementar la producción de carne medida en kilos aun con menores niveles de actividad.

Sin embargo, este escenario plantea desafíos significativos para la industria frigorífica. La menor faena implica una utilización más reducida de la capacidad instalada y, por lo tanto, un incremento de los costos unitarios. Los frigoríficos, el transporte, la logística comercial y los servicios asociados fueron concebidos para operar con determinadas escalas de actividad. Cuando esas escalas disminuyen, toda la estructura se vuelve más costosa.

A ello se suma el impacto de los aumentos en combustibles y energía, dos componentes que han ganado una participación creciente dentro de la estructura de costos. En muchos establecimientos, los combustibles no solo inciden en el traslado de hacienda y carne, sino también en el funcionamiento de calderas y en procesos vinculados a la generación de energía. Frente a esta realidad, las empresas realizan permanentes esfuerzos de reorganización y eficiencia para sostener su actividad y preservar los niveles de empleo.

En este contexto, resulta importante destacar que los precios de la hacienda continúan siendo favorables para la producción ganadera. Los valores actuales sostienen el proceso de retención y generan incentivos para la inversión. Sin embargo, esa situación no se ha trasladado al consumidor. Durante los últimos meses los precios de la carne mostraron una marcada estabilidad y tuvieron una incidencia mínima sobre los índices generales de inflación. La realidad es que la capacidad de consumo de la población establece límites claros a cualquier posibilidad de recomposición de precios en el mercado interno.

La situación se complejiza aún más por la evolución de los subproductos. Históricamente, la comercialización de cueros, grasas, menudencias y otros derivados contribuyó a equilibrar los resultados económicos de la industria frigorífica. Actualmente, tanto la menor actividad como las dificultades de esos mercados reducen ese aporte, generando una presión adicional sobre los márgenes de las empresas.

En escenarios de rentabilidad ajustada, la informalidad se convierte en uno de los principales problemas que enfrenta la cadena. Las prácticas evasivas, la faena clandestina, el incumplimiento de obligaciones fiscales, laborales o sanitarias y las distintas formas de competencia desleal afectan a quienes realizan sus actividades dentro de las reglas establecidas. Por eso, desde Fifra sostenemos que avanzar en mayores niveles de transparencia no es solamente una cuestión de legalidad, sino también una condición indispensable para la sustentabilidad económica del sector.

En este sentido, valoramos el trabajo que viene desarrollando la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, particularmente a través de la Dirección de Control Comercial Agropecuario. Los avances en los sistemas de monitoreo y la implementación del nuevo controlador electrónico de faena representan herramientas que permitirán mejorar la fiscalización y contar con información más oportuna para detectar irregularidades. También destacamos el trabajo conjunto con el Senasa y las autoridades provinciales para fortalecer los controles sanitarios y garantizar condiciones equitativas para todos los operadores.

La modernización de los sistemas de control constituye una oportunidad para reducir espacios de informalidad y mejorar la competitividad de toda la cadena. La tecnología aplicada al seguimiento de la actividad permitirá actuar con mayor rapidez frente a incumplimientos y brindar más transparencia a un sector que necesita reglas claras y previsibilidad.

Por otra parte, seguimos convencidos de que el desarrollo de la cadena cárnica argentina requiere una mirada equilibrada entre mercado interno y exportaciones. Ambos destinos son complementarios y necesarios. Mientras el consumo doméstico continúa absorbiendo alrededor del 70% de la producción, las exportaciones generan valor, diversifican riesgos y permiten aprovechar la creciente demanda mundial de proteínas animales.

Argentina cuenta con oportunidades concretas en mercados de volumen, como China, y en mercados de alto valor, como la Unión Europea, Estados Unidos, Israel y Chile. La demanda internacional por carne argentina continúa vigente y representa una plataforma de crecimiento que debemos preservar mediante competitividad, eficiencia y cumplimiento de las exigencias sanitarias y ambientales que hoy exigen los principales compradores.

Finalmente, es necesario comprender que el consumidor actual presenta hábitos diferentes a los de décadas anteriores. La carne vacuna mantiene una posición de liderazgo y una fuerte preferencia por parte de los argentinos, pero convive con una oferta cada vez más importante de carne aviar y porcina. Lejos de considerar esta situación como una amenaza, entendemos que refleja una evolución natural de los patrones de consumo y una mayor disponibilidad de proteínas animales.

El desafío para la cadena vacuna consiste en sostener y fortalecer el lugar que históricamente ha ocupado en la mesa de los argentinos. Para ello resulta fundamental continuar trabajando en la promoción de sus atributos nutricionales, en la mejora permanente de la calidad y en la construcción de una cadena cada vez más eficiente, transparente y competitiva.

Desde Fifra seguiremos impulsando todas aquellas iniciativas que contribuyan a fortalecer a la industria frigorífica, promover la formalidad, ampliar los mercados y generar las condiciones necesarias para el crecimiento sostenible de toda la cadena de ganados y carnes.

(*) Daniel Urcía es el vicepresidente de Fifra, la Federación de Industrias Frigoríficas Regionales Argentinas.

Versalles y la tregua: el cierre de la guerra con Irán.

Versalles y la tregua: el cierre de la guerra con Irán.

Estados Unidos e Irán sellaron en Versalles una tregua frágil que agrega nuevas definiciones al poder económico y militar global.

Nueva York, EE.UU. | Todo El Campo | Tras tres meses y medio de enfrentamientos, Donald Trump firmó en el Palacio de Versalles un alto el fuego con Irán. La tregua, frágil y cuestionada, deja lecciones estratégicas: drones baratos contra misiles millonarios, un petróleo menos determinante en la economía global, mercados financieros con secuelas en deuda soberana y una guerra económica que terminó volviéndose contra Estados Unidos.

Analistas internacionales de Reuters redactaron el siguiente análisis en el que destacan los cuatro puntos más importantes dejados tras el conflicto bélico cuya paz aún no se sabe si será duradera o fugaz.

Análisis de Reuters:

EL MUNDO: INVERSIÓN PERSA.

Así termina todo. El conflicto que comenzó con Donald Trump instando a los iraníes a “tomar el control de su gobierno” llegó a su fin tres meses y medio después, cuando el presidente estadounidense firmó un acuerdo de alto el fuego en el Palacio de Versalles , nada menos. La tregua es precaria y puede que no dure. Aun así, es hora de sacar algunas conclusiones.

En primer lugar, la dinámica del conflicto ha cambiado. Al igual que Ucrania en su momento, Irán demostró que un país decidido y con recursos puede hacer frente a un adversario mucho más grande y mejor equipado. Los drones baratos fueron cruciales. El hecho de que los Emiratos Árabes Unidos dispararan misiles Patriot de 4 millones de dólares para interceptar aeronaves iraníes no tripuladas, cuyo coste era mucho menor, puso de manifiesto el desequilibrio financiero. Los futuros agresores tendrán que replantearse su estrategia.

En segundo lugar, el petróleo importa menos que antes. La Agencia Internacional de Energía declaró que el cierre del Estrecho de Ormuz a los envíos de petróleo y gas fue la peor crisis energética de la historia. Sin embargo, el precio de los futuros del crudo Brent nunca superó los 120 dólares por barril, un precio inferior al registrado tras la invasión rusa de Ucrania en 2022. Las reservas ayudaron. También lo hicieron los operadores de petróleo que apostaron correctamente a que Trump se acobardaría. Pero, en el fondo, subyace la constatación de que el petróleo desempeña un papel menos crucial en la economía global. En 1974, la gasolina representaba alrededor del 5% del gasto de los consumidores estadounidenses. Esa cifra ahora es del 2%.

En tercer lugar, los mercados financieros sufrirán consecuencias duraderas. El precio del petróleo ha vuelto a caer por debajo de los 80 dólares por barril, y el índice S&P 500 ha subido un 10% desde que Estados Unidos e Israel comenzaron a bombardear Irán. Sin embargo, los bonos gubernamentales presentan una situación diferente. La rentabilidad de la deuda soberana a 10 años emitida por Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y Japón es aproximadamente medio punto porcentual superior. Los tipos de interés a largo plazo deberían bajar si disminuyen los temores inflacionarios. Aun así, el impacto se reflejará en un mayor coste de los préstamos.

En cuarto lugar, la guerra económica se ha vuelto en contra de Estados Unidos. Las sucesivas administraciones estadounidenses reforzaron sus puntos débiles económicos y financieros para presionar a sus adversarios, empezando por Irán. Sin embargo, el memorando de entendimiento firmado por Trump ofrece la posibilidad de que Estados Unidos levante todas las sanciones contra la República Islámica. Convencer a los bancos, preocupados por la situación, para que cumplan será complicado. Aun así, Irán convirtió en arma su propio punto débil en el estrecho de Ormuz. Es de esperar que otros países aprovechen al máximo cualquier oportunidad de influencia económica.

Plaza Rural marcó estabilidad.

Plaza Rural marcó estabilidad.

El remate fue transmitido por Todo El Campo.

Montevideo | Todo El Campo | Plaza Rural cerró otro muy buen remate, realizado el jueves 18 y viernes 19, en el que colocó 13.042 vacunos, el 94,85% de la voluminosa oferta.

Los comentarios generales destacan la estabilidad del mercado, con valores que se mantienen respecto a la subasta anterior, con una leve caída en el porcentaje de cabezas vendidas.

Vendedores, compradores y operadores, expresaron conformidad.

La próxima subasta será los días 23 y 24 de julio que estará acompañada del festejo por los 25 años de Plaza Rural.

LOS VALORES.

112 terneros menos 140 kg, máximo US$ 4,74, mínimo US$ 4,41, promedio US$ 4,59, promedio bulto US$ 619,22 (porcentaje de ventas 100%).

1.533 terneros entre 140 y 180 kg, máximo US$ 4,87, mínimo US$ 3,86, promedio US$ 4,15, bulto US$ 677,26 (100%).

1.733 terneros más de 180 kg, máximo US$ 4,11, mínimo US4 3,60, promedio US$ 3,95, bulto US$ 792,84 (93,17%).

3.378 terneros, máximo US$ 4,87, mínimo US$ 3,60, promedio US$ 4,05, bulto US$ 734,63 (96,46%).

832 terneros y terneras, máximo US$ 4,27, mínimo US$ 3,60, promedio US$ 3,85, bulto US$ 654,36 (84,13%).

1.144 novillos 1-2 años, máximo US$ 3,79, mínimo US$ 3,08, promedio US$ 3,31, bulto US$ 969,66 (88,07%).

267 más de un año enteros, máximo US$ 3,22, mínimo US$ 3,18, promedio US$ 3,19, bulto US$ 783,63 (100%).

1.342 novillos 2-3 años, máximo US$ 3,35, mínimo US$ 2,50, promedio US$ 2,98, bulto US$ 1.190,93 (100).

219 novillos más de 3 años, máximo US$ 2,90, mínimo US$ 2,70, promedio US$ 2,83, bulto US$ 1.278,18 (87,25%).

191 Holando, máximo US$ 2,70, mínimo US$ 2,40, promedio US$ 2,60, bulto US$ 882,79 (100%).

1.454 terneras, máximo US$ 4,44, mínimo US$ 3,50, promedio US$ 3,91, bulto US$ 647,85 (90,31%).

356 vaquillonas 1-2 años, máximo US$ 3,60, mínimo US$ 2,83, promedio US$ 3,11, bulto US$ 916,96 (83,96%).

100 vaquillonas más de 2 años, máximo US$ 2,96, mínimo US$ 2,70, promedio US$ 2,82, bulto US$ 840,48 (74,63%).

2.302 vacas de invernada, máximo US$ 2,60, mínimo US$ 2,19, promedio US$ 2,40, bulto US$ 980,47 (100%).

1.160 vientres preñados, máximo US$ 1.500, mínimo US$ 940, promedio 1.238,76, bulto US$ 1.238,76 (100%).

127 vientres entorados, máximo US$ 1.190, mínimo US$ 900, promedio US$ 1.001,26, bulto US$ 1.001,26 (100%).

180 piezas de cría, máximo US$ 765, mínimo US$ 695, promedio US$ 724,28, bulto US$ 724,28 (100%).

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