La ganadería en América Latina tiene parte de la solución al cambio climático.

La ganadería en América Latina tiene parte de la solución al cambio climático.

La evidencia disponible en Uruguay y en América Latina y el Caribe muestra que es perfectamente posible impulsar modelos ganaderos sostenibles sobre pasto natural que aumentan la producción y reducen al mismo tiempo sus emisiones de gases.

Andrés González | FAO | La evidencia disponible en Uruguay y en América Latina y el Caribe muestra que es perfectamente posible impulsar modelos ganaderos sostenibles sobre pasto natural que aumentan la producción y reducen al mismo tiempo sus emisiones de gases.

Uno de los grandes anuncios hechos durante la Cumbre de las Naciones Unidas sobre el cambio climático (COP26), fue el compromiso de más de 100 países de reducir en un 30% sus emisiones de gas metano para el año 2030.

Hacer realidad el acuerdo -el cual incluye a 19 países de América Latina y el Caribe- requiere acciones concretas e integrales. Una de ellas es la reducción de las emisiones de metano de la ganadería, a través de innovación tecnológica, incentivos y alianzas con productores.

El metano, con el potencial de generar un calentamiento global considerablemente más alto que el dióxido de carbono (aproximadamente 80 veces mayor), tiene una vida media en el aire de solo 8 años, lo que se considera una corta duración comparada con la del dióxido de carbono que puede permanecer décadas en la atmósfera.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) está apoyando 30 proyectos ganaderos en 12 países de la región, los cuales han tenido resultados asombrosos, generando, en algunos casos, incrementos superiores al 50% en el rendimiento productivo y reduciendo, al mismo tiempo, en 20% las emisiones de gases de efecto invernadero.

En Uruguay, los resultados del primer año de trabajo de campo del proyecto Ganadería y Clima muestran en promedio un aumento del ingreso neto en un 20%, de la producción de carne en un 10% y en un 15 % en la producción de carne ovina, además de una reducción del 16 % de la intensidad de emisiones por kilo de carne producido y un descenso del 5% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero.

La presentación de estos datos se realizó el pasado 10 de junio, en la Expo Sostenible que organizó el Ministerio de Ambiente en Montevideo, demostrando que la ganadería sobre pastizales y el cuidado del ambiente pueden ir de la mano.

Estos logros y otros alcanzados en la región han sido fruto de mejoras en la gestión del ganado, en el cuidado de los pastos y en el tratamiento de residuos orgánicos y desechos para generar energía a través de la biomasa.

También son producto de la recuperación de nutrientes, donde los residuos orgánicos se utilizan como fertilizantes para abonar el suelo. Esto no solo permite cambios sustantivos a nivel de emisiones, sino también una mayor rentabilidad, beneficiando directamente a familias de pequeños productores. Los proyectos apoyados por la FAO también han mejorado la sanidad del ganado y han minimizado los gastos en agroquímicos, lo que permite generar ahorros económicos significativos.

En los últimos dos años, hemos trabajado con productores, asociaciones gremiales, gobiernos, comercializadores, consumidores, ambientalistas, científicos y organizaciones internacionales para demostrar que la ganadería sostenible es beneficiosa para todos.

Para la FAO, el objetivo final es lograr emisiones cero a nivel neto; es decir, lograr que la producción de la ganadería no emita más gases de efectos invernadero que lo que logran capturar los árboles y pastizales utilizados para dicha producción.

América Latina y el Caribe aporta hoy el 44% de las exportaciones globales de carne de res y el 42% de las exportaciones de pollo. En países como Argentina, Brasil, México, Paraguay y Uruguay, la industria ganadera hace un aporte clave a sus economías.

La FAO estima que la demanda mundial de carne aumentará 14% en la próxima década. Este aumento puede ser muy positivo para los 14 millones de hogares de pequeños productores, para quienes la ganadería es su sustento. Pero para responder a esa demanda y ser amigable con el medioambiente, sostenibilidad es una precondición.

Durante la 37ª Conferencia Regional de la FAO, los países de la región  plantearon la necesidad de transformar los sistemas agroalimentarios para que sean más eficientes, inclusivos, resilientes y sostenibles. Para lograrlo, será clave mejorar la producción de alimentos de nuestra región.

La evidencia disponible en Uruguay y en América Latina y el Caribe muestra que es perfectamente posible impulsar modelos ganaderos sostenibles sobre pasto natural que aumentan la producción y reducen al mismo tiempo sus emisiones de gases.

Tal como dijo el ministro de Ganadería Agricultura y Pesca, Fernando Mattos, en una instancia de trabajo regional sobre producción ganadera sostenible en la que Uruguay ejerce la presidencia, la ganadería de América Latina “está dispuesta y preparada para dar respuesta a los retos actuales” planteados por la crisis que afecta la disponibilidad y precio de los alimentos. La FAO lo sabe.

Estos modelos no solo permiten ganancias económicas, sociales y medioambientales, sino también una mayor resiliencia frente a eventos climáticos extremos y la restauración de los servicios ecosistémicos. Es más que urgente dar a conocer y tener en cuenta esta realidad y -sobre todo- actuar cada vez más en función.

Fuente FAO – Columna originalmente publicada en Montevideo Portal. Foto principal de establecimiento El Baqueano.

(*) EL AUTOR – Andrés González, oficial de Ganadería, Sanidad Animal y Biodiversidad de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Uruguay realizó el primer taller sobre ganadería climáticamente inteligente.

Uruguay realizó el primer taller sobre ganadería climáticamente inteligente.

El tipo de ganadería que el país apunta a impulsar a nivel nacional es una ganadería que aumente la productividad y los ingresos de los productores a la vez que disminuya la vulnerabilidad climática y participe de la mitigación del cambio climático.

Para acordar el objetivo general y las áreas temáticas de la estrategia de ganadería climáticamente inteligente de Uruguay se realizó un primer taller de trabajo el martes 2 de agosto en Torre Ejecutiva, en presencia de autoridades de las instituciones involucradas.

El Proyecto Ganadería y Clima, coordinado por un equipo de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), tiene entre sus objetivos el fortalecimiento del marco institucional y de las capacidades nacionales para implementar la ganadería climáticamente inteligente a escala. En ese marco, una de sus tareas es diseñar una Estrategia de Ganadería Climáticamente Inteligente (GCI) en forma participativa.

El tipo de ganadería que el país apunta a impulsar a nivel nacional es una ganadería que aumente la productividad y los ingresos de los productores a la vez que disminuya la vulnerabilidad climática y participe de la mitigación del cambio climático.

Por lo tanto, la estrategia estará focalizada en una producción eficiente en cuanto a emisiones de gases de efecto invernadero, a la mitigación del cambio climático y el cumplimiento del potencial de secuestro de carbono en el suelo del pastizal.

Esta iniciativa se alinea con los compromisos internacionales de los cuales Uruguay es signatario y con otras experiencias que ya se están desarrollando.

Además, el proceso de elaboración que comenzó este martes es una oportunidad para el diálogo e intercambio entre los actores relevantes del sector de manera de garantizar la coordinación de iniciativas a largo plazo en todos los niveles de la cadena.

EL TALLER.

En este primer taller de trabajo, destinado a trazar las grandes líneas de la futura estrategia, participaron direcciones del Ministerio de Ganadería Agricultura y Pesca (MGAP), Ministerio de Ambiente, Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria, Instituto Nacional de Carnes, Instituto Plan Agropecuario, el Instituto Plan Agropecuario, Secretariado Uruguayo de la Lana, la Mesa de ganadería sobre campo natural, Facultad de Agronomía y la FAO.

La apertura estuvo a cargo del ministro del MGAP, Fernando Mattos, quien manifestó la importancia del taller: “Uruguay tiene compromisos importantes a nivel internacional, y sabemos que el sector agropecuario tiene un rol protagonista porque emitimos, pero también capturamos”.

Para el diseño de la estrategia se estableció una metodología de trabajo que garantiza una amplia participación y consenso entre los actores clave de los sectores público, privado y académico, incorporando un enfoque intergeneracional y una perspectiva de género.

Se utilizaron como insumos de referencia los resultados del trabajo de campo del Proyecto Ganadería y Clima y el plan estratégico del MGAP, Senda Agroecológica. En base a los datos objetivos que se desprenden de ellos se pudo cuantificar el posible impacto de la implementación de la futura estrategia.

Una vez realizadas la presentación de los datos de referencia, los asistentes trabajaron en grupos para definir un objetivo general y las áreas temáticas a abordar antes de encontraron consensos y puntos en común en un plenario final.

El ministro Mattos afirmó que “Uruguay está en las mejores condiciones en función de los bienes públicos construidos a lo largo del tiempo, como la trazabilidad y el plan de uso del suelo, donde tenemos oportunidad de certificar procesos que permiten generar valor agregado ambiental”.

El plenario se enfatizó la importancia de incluir el concepto de “sostenibilidad” en el objetivo general y de desarrollar un marco conceptual que defina nociones como la de Ganadería Climáticamente Inteligente.

En cuanto a las áreas temáticas hubo acuerdos que serán validados por los participantes en un documento que los sistematiza, antes de continuar con el proceso de elaboración de la estrategia.

Una vez que se hayan establecido las líneas de acción está prevista la realización de otros talleres en los que se profundizará en la implementación de cada una de ellas en particular.

La facilitación del proceso está a cargo de un equipo del Instituto Plan Agropecuario, contratado a través de un llamado abierto.

El proceso finalizará cuando las autoridades de Gobierno reciban un documento consensuado y validado.

FAO corrigió el índice de precios de los alimentos de julio a la baja.

FAO corrigió el índice de precios de los alimentos de julio a la baja.

La disminución de julio representó la mayor caída mensual del valor del índice desde octubre de 2008, liderada por importantes descensos en los índices de los aceites vegetales y los cereales.

En julio el índice promedio de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) bajo en el entorno de los 13 puntos al pasar de 154,3 en junio a 140,9 en julio (8,6% menos). Es la cuarta baja consecutiva de este indicador.

La disminución de julio representó la mayor caída mensual del valor del índice desde octubre de 2008, liderada por importantes descensos en los índices de los aceites vegetales y los cereales. También bajaron, pero en menor medida, el azúcar, los lácteos y la carne.

CEREALES.

El índice de cereales de la FAO de julio, bajó a 147,3 puntos, una baja de 19,1 puntos (-11,5%) desde junio.

Disminuyeron los precios internacionales de todos los cereales representados en el índice.

El preció global del trigo encabeza la disminución (-14,5%) en parte como reacción ante el acuerdo alcanzado entre Ucrania y Rusia para desbloquear los principales puertos ucranianos del mar Negro, lo que indica la inminente reanudación de las exportaciones de cereales procedentes de Ucrania.

La disponibilidad estacional debida a las cosechas en curso en el hemisferio norte también deprimió los precios. No obstante, los precios internacionales del trigo siguieron estando un 24,8% por encima de los valores alcanzados en julio del año pasado.

Los precios internacionales de los cereales secundarios disminuyeron por cuarto mes consecutivo, un 11,2%, pero se mantuvieron un 12,1% por encima de los valores de hace un año.

El acuerdo para desbloquear los puertos ucranianos también fue el principal responsable de la caída del 10,7% registrada en los precios mundiales del maíz.

El aumento de las disponibilidades estacionales en la Argentina y el Brasil, donde las cosechas de maíz avanzaron a un ritmo superior al del año pasado, también contribuyó a aliviar la presión sobre los precios.

El efecto indirecto de la debilidad de los mercados del trigo y del maíz también ejerció una presión a la baja sobre los precios del sorgo y la cebada, en un -12,8% y un -12,6%, respectivamente.

En julio, los precios internacionales del arroz descendieron por primera vez desde el comienzo de 2022, influidos por la inconsistencia de la demanda y las fluctuaciones de los tipos de cambio en los principales países exportadores.

ACEITES VEGETALES.

El índice de los aceites vegetales de la FAO se situó en un promedio de 171,1 puntos en julio, con un descenso de 40,7 puntos (-19,2%), marcando el nivel más bajo en 10 meses.

El pronunciado descenso obedeció a la caída de los precios mundiales de los aceites de palma, soja, colza y girasol.

Cayeron las cotizaciones mundiales de los aceites de soja y colza, respectivamente, a raíz de la prolongada atonía de la demanda y las expectativas de abundantes suministros de cosecha reciente.

En el caso del aceite de girasol, los precios internacionales se redujeron marcadamente ante la débil demanda mundial de importaciones, pese a la continua incertidumbre logística en la región del mar Negro.

El descenso de los precios del petróleo crudo también ejerció una presión a la baja sobre los valores de los aceites vegetales.

LÁCTEOS.

El índice de lácteos tuvo una caída de 2,5% al ubicarse el promedio en 146,4 puntos, esto es, 3,8 puntos menos que en junio, pero aun así 29,7 puntos (un 25,4 %) por encima del valor alcanzado en julio del año pasado.

Las cotizaciones internacionales de la leche descremada en polvo registraron el descenso más pronunciado, seguidas de las de la manteca y la leche entera en polvo, lo que obedece principalmente a la escasa actividad en los mercados europeos con motivo de las vacaciones de verano.

Además, la mayoría de los compradores tenían bien cubiertas sus necesidades inmediatas, lo cual, sumado a la débil demanda de China y a los elevados precios de los productos lácteos, hizo que descendiera la demanda de suministros al contado, lo que deprimió las cotizaciones internacionales.

Por su parte, los precios mundiales del queso se mantuvieron estables, al verse compensada la menor demanda mundial de importaciones con el gran volumen de ventas internas en los destinos turísticos europeos.

Pese a la debilidad general de la actividad comercial, la escasez de la oferta mundial mantuvo los precios mundiales de los productos lácteos en niveles elevados.

CARNE.

El promedio FAO de la carne en julio fue de 124,0 puntos, es decir, 0,6 puntos (-0,5%) menos que en junio, lo que representa el primer descenso intermensual tras seis meses consecutivos de aumentos.

En julio, las cotizaciones mundiales de la carne de ovino disminuyeron de forma pronunciada, debido al aumento de las disponibilidades exportables de Australia en un contexto caracterizado por un gran número de sacrificios y las expectativas de incremento de los suministros de carne de cordero ante la menor demanda de importaciones.

Los precios internacionales de la carne de vacuno registraron una caída como consecuencia de unas mayores disponibilidades exportables procedentes de las principales regiones productoras en comparación con la demanda mundial, mientras que la debilidad general de la demanda de importaciones mantuvo estables los precios de la carne de cerdo, pese a la escasez de la oferta de cerdos para sacrificio, especialmente en los Estados Unidos de América.

Por el contrario, los precios internacionales de la carne de aves de corral alcanzaron un máximo histórico, a causa de la firme demanda mundial de importaciones y la escasez de la oferta mundial por los brotes de gripe aviar en el hemisferio norte, pese al reciente aumento de las exportaciones procedentes de Ucrania.

AZÚCAR.

El índice de precios del azúcar de la FAO registró en julio un promedio de 112,8 puntos, es decir 4,4 puntos menos (3,8%) menos que en junio, lo que constituye el tercer descenso mensual consecutivo y el nivel más bajo en cinco meses.

La guerra y la situación alimentaria mundial.

La guerra y la situación alimentaria mundial.

Artículo del representante de la FAO en Paraguay: El mundo no pudo recuperarse aún de la pandemia del Covid-19 pero ya ha entrado a otra preocupación humanitaria: la situación alimentaria mundial.

Jorge Alberto Meza Robayo | Asunción, Paraguay | El mundo no pudo recuperarse aún de la pandemia del Covid-19 pero ya ha entrado a otra preocupación humanitaria: la situación alimentaria mundial. Aunque es un tema en el que se viene trabajando desde hace bastante tiempo con la intención de lograr el hambre cero, nuevas aristas hacen que este drama esté en el centro de discusión.

De acuerdo con las proyecciones del World Economic Outlook de enero 2022 del Fondo Monetario Internacional (FMI), las prospectivas de crecimiento a nivel mundial han ido a la baja en el 2022, principalmente como consecuencia de la guerra en curso en Ucrania y las sanciones a Rusia.

Tras una fuerte recuperación en 2021, siempre según la misma fuente, se prevé que el crecimiento mundial estimado disminuya 0,8% en 2022 y 0,2% en 2023 de lo estimado en enero de 2022, para dichos años.

El índice de precios de los alimentos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) registró en mayo de 2022 un promedio de 157,4 puntos; esto es, un 0,6% menos que en abril. Sin embargo, el índice, que refleja la variación mensual de los precios internacionales de una cesta de los productos alimenticios más comercializados, seguía estando un 22,8 % por encima del nivel de mayo de 2021.

El índice de precios de los cereales aumentó un 2,2 % respecto del mes anterior, impulsado por los del trigo, que subieron un 5,6% desde abril y un 56,2% respecto de su valor de hace un año. Además, los costos internacionales del trigo, que en promedio se ubicaron apenas un 11% por debajo del récord alcanzado en marzo de 2008, subieron como consecuencia de la prohibición de las exportaciones anunciadas por la India y de la preocupación por la situación de los cultivos en varios de los principales países exportadores, así como de las perspectivas de disminución de la producción en Ucrania, debido a la guerra.

Los precios internacionales del arroz también aumentaron de manera generalizada, mientras que los de los cereales secundarios disminuyeron un 2,1%. El descenso fue aún mayor en el caso del maíz, cuyos precios cayeron en vista de la ligera mejora de la situación de los cultivos en los Estados Unidos de América, los suministros estacionales en la Argentina y el comienzo inminente de la cosecha principal de maíz en el Brasil.

El conflicto entre Rusia y Ucrania está afectando tanto la economía como la producción de alimentos para el mundo, debido a los incrementos sustanciales de los costos de insumos agrícolas como los fertilizantes. El aumento del costo de los fertilizantes, como es de esperarse, genera el incremento de la inseguridad alimentaria, en varias regiones del mundo, y desde luego, también en América Latina y el Caribe.

El economista jefe de la FAO, Máximo Torero, advirtió hace poco tiempo que, como Rusia es uno de los principales proveedores de fertilizantes a nivel global, está considerando suspender indefinidamente las exportaciones de agroquímicos, lo que ahondará aún más la crisis.

Este año, los precios de los fertilizantes se incrementarán junto con las tensiones geopolíticas, y el uso de estos, a nivel global, podría bajar un 3% según la Asociación Internacional de Fertilizantes. A decir de Torero, la caída en la demanda podría ser aún más pronunciada. Para 2022/2023 se tendría un menor uso de fertilizantes, lo que significará una menor producción de cultivos y una menor calidad de alimentos.

Otro dato no menor es que Ucrania y la Federación Rusa producen el 30% de los cereales y oleaginosas del mundo y, al paralizar las exportaciones de estos países, automáticamente eso se verá reflejado en el precio de los alimentos que es lo que actualmente se está viendo, según la explicación del economista jefe de la FAO.

Es probable que el conflicto tenga un impacto prolongado en los precios de las materias primas, afectando al petróleo y los precios del gas más severamente en 2022 y los de los alimentos hasta bien entrado 2023 (debido al impacto rezagado de la cosecha en 2022), según vaticina el FMI. Para 2022, la inflación se proyecta en 5,7% en economías avanzadas y 8,7% en economías de mercados emergentes y en desarrollo (1,8 y 2,8 puntos porcentuales más que las proyecciones de enero 2022).

La FAO viene observando esta situación y ha planteado un amplio debate sobre las acciones que se podrían implementar para tratar de evitar un fuerte impacto. Entre ellas se encuentran: mantener el comercio abierto para evitar las restricciones de importaciones; contar con mejores datos para hacer una mejor inteligencia de mercado; mantener una energía verde a bajo precio y considerar nuevas fuentes de energía sostenible bajas en carbono; mejorar la eficiencia en el uso de los fertilizantes; revisar los subsidios a los fertilizantes, así como mejorar las prácticas agronómicas, la calidad de la tierra y trabajar en servicios de extensión rural dirigida.

El director general de FAO, Sr. Qu Dongyu, en la pasada 37ª Conferencia Regional de la Organización realizada en Ecuador, fue claro al mencionar que “¡La paz es esencial para proteger a las personas del hambre!” y que “ningún país es lo suficientemente grande, o poderoso, para solucionar este problema por sí solo”. Es preciso, entonces, identificar medidas multilaterales claves que puedan adoptarse para reducir las repercusiones de esta nueva crisis.

América Latina y el Caribe es considerada como la canasta de alimentos del mundo, por lo cual tiene que analizar esta situación alimentaria no solo por su efecto para la región, sino por su impacto global. Este conflicto, que pareciera ser lejano, se está convirtiendo en una crisis de alimentos a escala global.

Más allá de cómo se siga desarrollando el enfrentamiento armado, es imperioso que empecemos a poner sobre la mesa una serie de ideas en relación a qué acciones se pueden prever y consensuar. El desafío es enorme. Hay que enfrentar y superar la más compleja crisis económica y social de las últimas décadas.

EL AUTOR – Jorge Alberto Meza Robayo | Representante de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en Paraguay.

El uruguayo Mario Lubetkin es el nuevo representante regional de la FAO.

El uruguayo Mario Lubetkin es el nuevo representante regional de la FAO.

Es uruguayo y se desempeña como subdirector general de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) desde el 2017.

El director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Qu Dongyu, nombró a Mario Lubetkin como nuevo representante regional de la FAO para América Latina y el Caribe.

Lubetkin, periodista uruguayo de larga trayectoria, es experto en comunicación internacional sobre el desarrollo sostenible.

El funcionario se incorporó a la FAO en 2014 como director de la Oficina de Comunicación Institucional, desde el 2015 dirigió el gabinete del director general, y en el 2017 fue nombrado subdirector general.

“Tenemos ante nosotros desafíos extraordinarios. Los efectos de la pandemia del Covid- 19, la guerra en Ucrania, así como otros conflictos en diferentes partes del mundo, han agravado aún más la ya existente tendencia negativa al aumento del escenario del hambre de los últimos años. Basta pensar que desde el 2019, 13 millones de personas se han sumado a la situación de hambre en la región, y 4 de cada 10 habitantes viven en situación de inseguridad alimentaria, según los recientes informes que la FAO, junto a otras agencias de las Naciones Unidas, han hecho público. A su vez, esta región, cuenta con un potencial extraordinario para la transformación de los sistemas agroalimentarios que mejoren sustancialmente estas tendencias negativas”, señaló Lubetkin al asumir su nuevo cargo en la Oficina Regional de la FAO, en Santiago de Chile.

El nuevo representante regional destacó el apoyo que la FAO seguirá prestando intensamente a los gobiernos de la región, trabajando en forma conjunta con otras agencias de las Naciones Unidas, Instituciones internacionales y regionales, así como con otras Organizaciones no gubernamentales y Centros de Estudio que focalizan su atención en la transformación de los sistemas agroalimentarios, estimulando los procesos de innovación.

UNA DISTINGUIDA CARRERA.

Lubetkin inició su carrera profesional en la agencia de noticias Inter Press Service (IPS) en 1979, y ejerció como director general desde 2002 hasta 2014.

En tal función, ha coordinado proyectos con los gobiernos de Brasil, España, Finlandia, Italia y Uruguay, junto con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma).

En 2012, fue nombrado miembro del Grupo Asesor de las Naciones Unidas para el Año Internacional de las Cooperativas (IYC), y colaboró ampliamente con la sociedad civil y los medios de comunicación en Argentina, Brasil, Ecuador, Italia, y Uruguay, entre otros países.

Lubetkin se ha desempeñado como consultor de comunicación de alto nivel para diversas organizaciones en América Latina y la Unión Europea, y para entidades del sector privado en los Estados Unidos.

Antes de unirse a la FAO en 2014, Lubetkin fue profesor de Comunicación para Relaciones Internacionales y de Desarrollo en la Universidad IULM de Milán (Italia), y director de Seminarios sobre Comunicación para el Desarrollo en la Universidad Menéndez Pelayo (UIMP), en Santander (España).

En abril de 2016 fue nombrado “Commendatore Ordine al Merito della Repubblica Italiana” por el presidente de la República Italiana, Sergio Mattarella.

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