Una visión transformadora es clave para avanzar hacia un modelo de producción sustentable.
Manuel Otero | Una crisis de múltiples dimensiones nos acecha y un sector ofrece las herramientas para enfrentarla de forma eficaz. El mundo demanda más alimentos sanos y nutritivos, producidos con un uso responsable de los recursos naturales.
Una agricultura intensiva en conocimientos, con rostro humano, construida en un marco de cooperación múltiple y con fuertes vínculos con la salud y en armonía con el ambiente, es la respuesta a esos retos.
El marco adecuado para construir esa agricultura es el que permitirá agregar valor en la ruralidad y promover el desarrollo sostenible, apuntando a saldar una deuda con nuestras sociedades: la de una industrialización inteligente que convierta a nuestros campos en una gran fábrica de alimentos, de bioenergías y biomateriales, generando empleos, progreso y bienestar en la ruralidad.
Si desde el origen de la vida humana la actividad agrícola ha sido entendida como un conjunto de técnicas y conocimientos para el cultivo de la tierra y durante siglos la agricultura y la alimentación fueron consideradas como dos caras de una misma moneda, las enormes posibilidades de agregado de valor y generación de riqueza a partir del aprovechamiento del capital natural las han convertido hoy en fenómenos cada vez más diferenciados.
Se trata de un cambio de importancia mayúscula que, con la consolidación de la bioeconomía, los cambios en la geografía poblacional, la globalización del consumo de alimentos, la transnacionalización de cadenas de valor, la conexión entre los sistemas agroalimentarios de distintos países y regiones, y el papel del comercio internacional, afecta positivamente la relación entre la agricultura y el resto de los sectores de la economía y ofrece una oportunidad única para dinamizar y valorizar los territorios rurales, construyendo puentes con los centros urbanos.
La profunda interacción con la ciencia y la tecnología ha convertido a la agricultura en un eje esencial para cualquier estrategia de desarrollo sostenible.
Este contexto alienta la formulación de una nueva generación de políticas públicas capaz de impulsar una mirada estratégica hacia el agro, en acción conjunta entre gobiernos, sector privado, la academia, la cooperación técnica y los organismos internacionales de crédito, y contribuir para superar la visión del sector como un mero proveedor de materias primas para las cadenas globales de valor.
Esta concepción renovada permitirá reconfigurar el papel y la tradición de la agricultura para posicionarla, junto a los sistemas agroalimentarios y los territorios rurales, como activos estratégicos de los países de América Latina y el Caribe, y aprovechar a pleno su capacidad para reactivar las economías golpeadas por la pandemia, impulsando oportunidades y una mejor calidad de vida.
Una visión transformadora es clave para avanzar hacia un modelo de producción sustentable apoyado en la gran base de recursos naturales de los países latinoamericanos y caribeños.
Es una nueva agricultura, responsable -además de la producción de materias primas- de la generación de energías renovables, insumos para la industria y la provisión de servicios ecosistémicos. Es el camino para que el agro sea considerado como una verdadera industria de la biomasa y no como un sector extractivista y generador de bienes primarios.
Las agendas prioritarias de una cooperación técnica moderna y en plena sintonía con las prioridades de los países y la necesidad de dejar atrás la destrucción causada por la pandemia deben enfocarse en el combate a la degradación de los suelos, la promoción de buenas prácticas agrícolas, la inclusión digital y la innovación en el campo, apuntando también a impulsar la acción colectiva entre países y regiones que favorezcan consensos que protejan, apuntalen y expandan sus intereses.
CAMBIO CLIMÁTICO.
Esa cooperación técnica actualizada, que escucha a los países, propone y actúa, ha dado muestras de su capacidad para articular, crear y sostener coaliciones efectivas, como se verificó en la última Cumbre de Sistemas Alimentarios organizada por las Naciones Unidas, en la que las Américas, partiendo desde la heterogénea realidad de su agricultura, supo construir un consenso sobre el funcionamiento de sus sistemas agroalimentarios.
Esa capacidad también se manifestó en la reciente Conferencia Mundial sobre Cambio Climático (COP 26), en Glasgow, Escocia, en la que se consolidó la Coalición de Acción para la Salud de los Suelos (CA4SH) y se ratificó la vital importancia de contar con suelos vivos para la mitigación del cambio climático y la resiliencia y sostenibilidad de los sistemas agroalimentarios.
Es una concepción moderna, en la que la agricultura propicia, como ningún otro sector, la creación de oportunidades de progreso en la ruralidad, al tiempo que consolida la posición de las Américas como garante de la seguridad alimentaria y nutricional del planeta, así como de la sostenibilidad ambiental.
(*) El Dr. Manuel Otero es el director general del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA).
Hay que “responder a los desafíos actuales y futuros, procurando diversificar las fuentes de insumos, de producción, de mercados, de cadena de suministros y actores, apoyando la creación de pequeñas y medianas empresas, cooperativas, consorcios y otras agrupaciones para mantener la diversidad en las cadenas de valor agroalimentarias”.
El uruguayo Mario Lubetkin, subdirector general de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), consideró que “una de las principales estrategias” que deben asumir los gobiernos es el de la “resiliencia en los sistemas agroalimentarios”, para de esa forma “responder a los desafíos actuales y futuros, procurando diversificar las fuentes de insumos, de producción, de mercados, de cadena de suministros y actores, apoyando la creación de pequeñas y medianas empresas, cooperativas, consorcios y otras agrupaciones para mantener la diversidad en las cadenas de valor agroalimentarias”.
Agrega que “los sistemas agroalimentarios globales, relacionados con la compleja producción de productos agrícolas alimentarios y no alimentarios, así como su almacenamiento, elaboración, transporte, distribución y consumo producen anualmente 11.000 millones de toneladas de alimentos y dan empleo a miles de millones de personas, ya sea en forma directa o indirecta”.
En la columna de opinión titulada “2021, el año que puso a dura prueba los sistemas alimentarios” *, Lubetkin resalta que este año quedó demostrada “la fragilidad de los sistemas alimentarios cuando se enfrentan a perturbaciones repentinas como las observadas durante la pandemia del Covid-19”, y precisa que hubo “un crecimiento del hambre en el mundo”, y que los datos recientes indican que hay “más de 811 millones de personas padeciendo hambre”.
“Tres mil millones de personas no pueden permitirse dietas saludables, mientras otros mil millones pasarían a engrosar las filas de quienes padecerían esta dificultad si la crisis redujera sus ingresos en un tercio”, agregó citando un estudio de la FAO (SOFA2021).
Hay vulnerabilidad alimentaria, y se agravará: “El costo de los alimentos podría sufrir un incremento que afectaría a 845 millones de personas en caso se siguiera produciendo una alteración en las rutas de transporte de los productos alimentarios, como se viene verificando desde el inicio de esta pandemia hace ya casi dos años”, advierte.
PERTURBACIONES.
Esas perturbaciones tendrán su efecto “a largo plazo en el sistema de alimentación, en el estado de bienestar de las personas, sus activos, sus medios de vida, seguridad y además en la difícil capacidad de soportar perturbaciones futuras a partir de fenómenos meteorológicos extremos, así como el recrudecimiento de enfermedades y plagas en las plantas y animales”.
Por otra parte, destaca que “los sistemas agroalimentarios globales, relacionados con la compleja producción de productos agrícolas alimentarios y no alimentarios, así como su almacenamiento, elaboración, transporte, distribución y consumo producen anualmente 11.000 millones de toneladas de alimentos y dan empleo a miles de millones de personas, ya sea en forma directa o indirecta”.
Sin embargo, la FAO pudo observar que hay una “tendencia” respecto a los países de bajos ingresos que “afrontan dificultades mayores”, pero a su vez, “los países de ingresos medios y altos no están excluidos de estas fragilidades”.
Un caso de país con ingreso medio es Brasil, “donde el 60% del valor de sus exportaciones proviene de un solo socio comercial, lo que hace que sus opciones disminuyan si su principal contraparte se ve perturbado por las injerencias generadas por el Covid-19. Lo mismo puede suceder en países con altos ingresos como Canadá o Australia en caso quedaran expuestos a las variantes del transporte debido a las largas distancias necesarias para cubrir la distribución de los alimentos”.
Para fortalecer a los países, Lubetkin propone que “la resiliencia en los sistemas agroalimentarios” sea “una de las principales estrategias” que desarrollen los gobiernos “para responder a los desafíos actuales y futuros, procurando diversificar las fuentes de insumos, de producción, de mercados, de cadena de suministros y actores, apoyando la creación de pequeñas y medianas empresas, cooperativas, consorcios y otras agrupaciones para mantener la diversidad en las cadenas de valor agroalimentarias.
A su vez, se debería hacer lo mismo con los hogares vulnerables, escribió.
IMPACTO AMBIENTAL, MAYORES PRECIOS DE LAS MATERIAS PRIMAS, HAMBRE Y MALNUTRICIÓN.
Sobre el final de su columna, Lubetkin reviere al aumento de la temperatura global y los efectos atmosféricos radicales en la agricultura, lo cual está “determinando un aumento en los precios de las materias primas como registran las recientes tendencias, y consecuentemente agravando las condiciones de hambre y malnutrición”.
Si todo sigue así, en 2050, la producción agroalimentaria caería un 10%, coincidiendo con “un fuerte aumento de la población mundial”.
Eso no tiene por qué ser así, puede cambiar, pero “pero para que esto ocurra deberían generarse fuertes aumentos de inversiones en este sector”.
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El artículo “2021, el año que puso a dura prueba los sistemas alimentarios” fue publicado por la agencia IPS y el matutino El Economista.
La opinión pública comienza a aceptar los transgénicos, luego de muchos años de información tergiversada sobre el tema la realidad se impone. Alianza para la Ciencia lo explica en cinco puntos.
Alianza para la Ciencia | Aunque todavía escuchamos algunos gemidos sobre los transgénicos (u organismos genéticamente modificados – OGM), provienen principalmente de un grupo pequeño y ruidoso. La mayoría de las personas simplemente no están preocupadas por los OGM, ya que se centran en problemas reales y apremiantes, como la crisis climática y la pandemia mundial de Covid-19. Incluso los grupos anti-OGM están dirigiendo su atención a otros lugares a medida que redirigen sus modelos de negocio impulsados por conflictos a temas más lucrativos, como teorías conspirativas del Covid y vendiendo curas milagrosas. Si bien el debate sobre los OGM se ha estado filtrando durante casi tres décadas, los datos indican que ahora ha terminado.
Aquí hay cinco hechos para apoyar esa conclusión.
1) LOS TRANSGÉNICOS SON SEGUROS.
Casi todas las instituciones científicas del mundo reconocen la seguridad de los cultivos genéticamente modificados. Unos 3.000 estudios científicos han evaluado la seguridad de estos cultivos, en términos de salud humana y ambiental, y 284 instituciones a nivel mundial reconocen que los cultivos transgénicos son seguros. Estos incluyen la Royal Society of Medicine, la American Medical Association, la Academia Mundial de Ciencias, la Organización Mundial de la Salud, la Comisión Europea y la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, entre muchos otros.
El estudio más sólido fue de las Academias Nacionales de Ciencias, que convocaron expertos de una amplia gama de disciplinas alimentarias y agrícolas para observar los datos compilados a lo largo de los años. Todos llegaron a la misma conclusión: no hay evidencia fundamentada de una diferencia en los riesgos para la salud humana entre los cultivos transgénicos convencionales y los actualmente disponibles comercialmente y no hay evidencia concluyente de causa y efecto de los problemas ambientales de los cultivos transgénicos.
2) LA CONVERSACIÓN EN TORNO A LOS TRANSGÉNICOS SE ESTÁ REDUCIENDO Y TIENE UN TONO CADA VEZ MÁS POSITIVO.
Como parte de nuestro trabajo en Alliance for Science, hemos estado utilizando las herramientas de monitoreo de medios de Cision desde 2018 para rastrear la conversación global sobre los OGM. En 2020, descubrimos que la visibilidad de los OGM disminuyó en un 26 por ciento desde 2019 y el volumen de publicaciones en las redes sociales sobre el tema disminuyó en un 39 por ciento. Además, los datos muestran que la favorabilidad mensual promedio de la conversación sobre OGM tanto en las redes tradicionales como en las redes sociales aumentó del 68 por ciento en 2019 al 78 por ciento en 2020. El cambio fue más pronunciado en las redes sociales gratuitas, donde la favorabilidad aumentó de solo el 60 por ciento en 2019 al 78 por ciento en 2020. Las redes sociales también vieron una disminución en el contenido conspirativo anti-OGM en 2020, probablemente debido a las cuentas que tienden a promover tales mensajes centrándose cada vez más en varias conspiraciones de Civid. Mientras tanto, los medios de comunicación de primer nivel como Reuters, CGTV, CNN y New Scientist reemplazaron a los incondicionales anti-OGM, como GM Watch y GMO-Free USA, como los principales influyentes de Twitter en el tema en 2020. Los periodistas informan cada vez más sobre los OGM en un tono positivo o neutral que refleja la ciencia y el consenso científico sobre la seguridad.
3. LOS JÓVENES APOYAN LA BIOTECNOLOGÍA.
Los jóvenes adoptan la tecnología en general como una herramienta para alimentar a muchos mientras salvan el planeta. La receptividad entre este grupo demográfico también está mejorando a medida que crece la conciencia sobre el papel de los cultivos transgénicos en la reducción del impacto ambiental de la agricultura y las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas con el calentamiento global. Una encuesta reciente no publicada por el Centro para la Integridad de los Alimentos encontró que la Generación Z y los millennials tienden a aceptar más la tecnología agrícola que sus contrapartes mayores y a verla como una oferta de soluciones poderosas a los problemas de la humanidad.
4. A LOS AGRICULTORES LES ENCANTAN LOS CULTIVOS TRANSGÉNICOS.
Los agricultores de todo el mundo pueden ver valor en cada cosecha, ya que logran mayores rendimientos con menos inversión en fertilizantes, pesticidas y otros insumos. Esto es cierto tanto para los pequeños agricultores como para aquellos con operaciones mucho más grandes. Por ejemplo, los pequeños agricultores en Bangladesh redujeron su uso de pesticidas en un 62 por ciento y aumentaron sus ganancias seis veces cultivando berenjena (berenjena) que ha sido modificada genéticamente para resistir el destructivo barrenador de frutas y brotes. Debido a estos beneficios, la biotecnología es la tecnología de cultivos más rápidamente adoptada en el mundo, aumentando 112 veces de 1996 a 2019. Unos 29 países, el 56 por ciento de ellos países en desarrollo, cultivaron 190,4 millones de hectáreas de cultivos transgénicos en 2019.
En particular, la adopción de cultivos transgénicos se está acelerando en el sur de Asia y África. Después de años de debate, Filipinas aprobó este año el cultivo de arroz dorado y la berenjena Bt se está moviendo a través del proceso regulatorio. Nigeria, a menudo llamado el Gigante de África, ya ha aprobado el caupí y el algodón transgénicos resistentes a los insectos. Ahora se está moviendo para adoptar maíz (maíz) tolerante a la sequía y resistente a los insectos y arroz transgénico NEWEST que es eficiente en el uso de agua y nitrógeno y tolerante a los suelos salados. Kenia, a pesar de tener una moratoria de OGM en vigor, ha adoptado el algodón transgénico y se espera que apruebe el maíz transgénico en 2022. Es probable que esta tendencia continúe a medida que los científicos africanos se dedican cada vez más a la investigación que aplica las herramientas de la biotecnología a los cultivos que son clave para asegurar los medios de vida de los pequeños agricultores y apoyar la seguridad alimentaria.
Brasil, cuyo sector agrícola está dominado por pequeños agricultores, está emergiendo como otra potencia de transgénicos. Además de cultivar cultivos básicos como el maíz transgénico y la soja, los investigadores del sector público brasileño desarrollaron un Frijol pinto GM que resiste una enfermedad devastadora de las plantas. Ahora se vende en las tiendas de comestibles del país. Brasil este año también se convirtió en el primer país en aprobar la importación de harina elaborado a partir de trigo transgénico, dando un impulso a un cultivo desarrollado en la vecina Argentina, que también ha abrazado la biotecnología agrícola. Es emocionante ver a los líderes gubernamentales dejar de lado la política y centrarse en lo que sus naciones y sus agricultores necesitan.
Aunque los consumidores se han beneficiado de los cultivos transgénicos sin siquiera darse cuenta, a través de mayores rendimientos que mantienen los precios bajo control y la reducción de las cargas de pesticidas que hacen que los alimentos sean más saludables, casi todos los cultivos transgénicos desarrollados hasta la fecha han atendido las necesidades de los agricultores. Es probable que los consumidores lleguen a amar de manera similar los cultivos transgénicos a medida que nuevos productos ingresen al mercado con rasgos que los beneficien directamente y / o reflejen sus valores, como una nutrición mejorada, un mejor sabor y enfoques más sostenibles para la agricultura.
5. LA OPOSICIÓN EN EUROPA HA DISMINUIDO.
Aunque los europeos son ampliamente percibidos como incondicionales anti-OGM, la preocupación por los OGM allí es cayó del 66 por ciento en 2010 a solo el 27 por ciento en 2019. Ese cambio en el sentimiento es una buena noticia para los países que están influenciados por las ONG europeas y las políticas que se interponen en el camino de los agricultores para acceder a los beneficios de los cultivos transgénicos.
El uso de la biotecnología para desarrollar vacunas eficaces y seguras contra la COVID-19 ha tenido un efecto halo en los cultivos transgénicos, mejorando la conciencia pública sobre la tecnología y sus beneficios tanto en aplicaciones sanitarias como agrícolas. Del mismo modo, es probable que el advenimiento de nuevas herramientas como Crispr y la biología sintética, que son muy prometedoras para hacer que la agricultura sea más sostenible y producir productos alimenticios con beneficios para el consumidor, refuerce las tendencias positivas. De hecho, nuestro monitoreo de medios ya está mostrando que la conversación sobre la edición de genes es aún más favorable que la de los OGM, tanto en los medios sociales como en los tradicionales.
TIEMPO E IMPULSO PERDIDOS.
Si bien es alentador ver que el debate sobre los OGM disminuye, se ha perdido mucho tiempo e impulso para abordar a la oposición. Solo 13 cultivos transgénicos están actualmente en el mercado a nivel mundial, la mayoría de ellos cultivos internacionales de productos básicos que apoyan la producción industrial y ganadera. Solo cinco (caupí, papaya, berenjena, frijoles pintos y arroz dorado) son cultivos de nicho y alimentos básicos. Esta parodia se debe principalmente a la desinformación (alarmismo) difundida por los opositores a los transgénicos y los obstáculos regulatorios que defienden que dificultan y encarecen a los científicos del sector público y a las nuevas empresas desarrollar cultivos con los rasgos que son útiles para las personas en sus sociedades.
El debate sobre los transgénicos, impulsado en gran medida por la oposición mal informada u ociosa del Occidente bien alimentado, ha terminado. En un mundo devastado por un virus mutante y el aumento de las temperaturas, la acción y las respuestas importan más que las opiniones y la retórica. La conversación que necesitamos tener ahora es sobre ampliar el acceso a las herramientas de la biotecnología. En pocas palabras, los agricultores necesitan un mayor acceso a semillas mejoradas y los jóvenes científicos necesitan más acceso a herramientas innovadoras.
Se estima que la agricultura necesitará aumentar la producción en un 70 por ciento para alimentar a los 9.000 millones de ciudadanos del mundo para 2050. Y necesita hacer esto mientras frena en gran medida sus impactos actuales. La agricultura actualmente representa el 50 por ciento de toda la pérdida mundial de tierra vegetal, el 33 por ciento de las emisiones mundiales de GEI, el 75 por ciento de las emisiones de nitrógeno y el 80 por ciento de la deforestación en todo el mundo. La biotecnología ofrece esperanza para reducir la huella de la agricultura mientras se producen más y mejores alimentos. Dejemos la charla y usemos las herramientas de hoy para salvar el planeta mañana.
Las lluvias han sido dispares, pero en las zonas donde se han dado sirvieron para atender la falta de agua existente hasta entonces. Además, las precipitaciones tienen un efecto tangible en los cultivos y en los productores.
Davy Dufour, director de Dufour Commodities, comentó cómo el productor tomó las últimas precipitaciones y el estado de los cultivos.
Las lluvias de las últimas horas han servido para “bajar la tensión” de los productores que han tenido la suerte de recibirlas. “Se esperaba un año Niña y sigue anunciado, pero venimos mejor de lo que pensábamos”.
Agregó que con las circunstancias actuales “da para empezar con los maíces de segunda” para los cuales “mucha gente estaba esperando tener buena humedad”.
Respecto a las cosechas dijo que “ya están casi terminadas” y en su caso particular “sólo queda una chacra de cebada que se sembró tarde”.
“Este fue año muy particular porque se sembró más, pero en el caso del trigo los precios de hoy están en el eje de US$ 265 / 270 al productor puesto en Nueva Palmira”. Pero es un grano que “no hay en el mundo” y tiene “mucha volatilidad”, cualquier noticia al respecto tiene su incidencia.
El trigo tiene “dos etapas”: antes y después de las lluvias. Los productores que pudieron cosechar antes de la lluvia sacaron buena calidad, y si bien los rindes no son como los del año pasado los promedios son de 3.800 o 4.000 kilos y hay alguna chacra con 6.000 kilos”, describió.
La otra etapa es después de las lluvias que “pegó en el Ph y pasamos de tener 78 o 79 Ph a trigos de 73 o 74 específico, y si bien eso se vende y la exportación lo toma, tiene los descuentos correspondientes”.
COLZA.
En cultivos de invierno “la colza fue la que más se destacó porque agarró precios impensados”, dijo. “Tuvimos productores que cuando la colza comenzó a tomar fuerza en el precio vendieron en el eje de los US$ 470/480, después fueron US$ 500/550 con otra ola de venta, y llegamos a US$ 730/740 y más, o sea que el precio fue para arriba”.
“También pasó que como el precio siempre subía hubo productores quedaron esperando que siguiera subiendo, pero después comenzó a cambiar”. Los precios siguen altos pero “el matiz fue la relación del dólar con el euro”, dijo Dufour.
En la actualidad, prácticamente ya no quedan productores con colza sin vender.
SOJA.
“Las sojas están espectaculares, estamos mucho mejor de lo que se pensaba en un primer momento”, señaló, y estimó que en “antes de Navidad se terminan las siembras en buenas condiciones”.
LOS COSTOS.
Sobre los costos, Dufour comentó que “en el corto plazo no van a bajar, incluso en agroquímicos se espera una suba en marzo y eso presiona los cultivos porque la urea pasó de US$ 400 a US$ 900 y eso es complicadísimo” de llevar.
“El nivel de equilibrio va a ser con rindes más altos, pero también los precios son muy buenos y deberían aflojar demasiado” para que tengan un efecto negativo.
Investigadores de China, Estados Unidos, Brasil, Indonesia, India, Uruguay y de varios institutos internacionales evaluaron los rendimientos del arroz y la eficiencia en el uso de agua, fertilizantes, pesticidas y mano de obra en 32 sistemas de cultivo que aportan la mitad del arroz que se cosecha a nivel mundial, informó el sitio noticioso Pueblo en Línea.
China | Pueblo en Línea | En busca de oportunidades para mejorar la producción actual, un grupo internacional de científicos ha realizado una evaluación mundial de los sistemas de cultivo de arroz.
El arroz es el principal alimento para casi la mitad de la población mundial. Y aunque se espera que la demanda de arroz crezca, su producción enfrenta serios riesgos como el cambio climático, la falta de energía y la degradación de los recursos.
Investigadores de China, Estados Unidos, Brasil, Indonesia, India, Uruguay y de varios institutos internacionales evaluaron los rendimientos del arroz y la eficiencia en el uso de agua, fertilizantes, pesticidas y mano de obra en 32 sistemas de cultivo que aportan la mitad del arroz que se cosecha a nivel mundial.
De acuerdo a los resultados publicados en Nature Communications, existe un espacio sustancial para aumentar la producción de arroz y reducir el impacto ambiental negativo.
La evaluación demostró que el rendimiento promedio mundial de arroz representa el 57% del potencial de su rendimiento.
El potencial de rendimiento se define como el resultado de un cultivo cuando crece en ambientes a los que está adaptado, sin limitaciones de nutrientes o agua, enfrentando plagas, enfermedades, invasión de las malezas y otras tensiones que se controlan de manera efectiva.
Los sistemas de arroz de regadío en Egipto, en el norte de China, en Australia y en California han alcanzado más del 75% del potencial de su rendimiento. Sin embargo, alrededor de dos tercios del área total productora de arroz entre los 32 sistemas de cultivo evaluados tiene rendimientos inferiores al 75% del potencial. Los bajos resultados, entre un 20 y un 40% del potencial, se ubican en África subsahariana y en Brasil.
Los investigadores consideran que aumentar el rendimiento promedio a un nivel igual al 75% del potencial de rendimiento en 19 sistemas de cultivo aumentaría la producción mundial anual de arroz en un 32%, suficiente para satisfacer la demanda mundial de arroz proyectada para el 2030.
El balance de nitrógeno es un fuerte indicador del uso ineficiente de fertilizantes y las posibles pérdidas reactivas de nitrógeno en el medio ambiente, lo que sugiere un alto riesgo de degradación de la calidad del suelo.
Los resultados muestran que reducir el gran balance de nitrógeno actual, que se observó en ocho sistemas de cultivo, equivale a una reducción del 95% en los 32 sistemas de cultivo.
Los autores también indicaron que el nuevo estudio proporciona una visión estratégica de la brecha de rendimiento y la eficiencia del uso de los recursos, valores esenciales para priorizar las inversiones nacionales y mundiales en investigación y desarrollo agrícola que busque garantizar un suministro adecuado de arroz y minimizar el impacto ambiental negativo.
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En la foto: Agricultores cargan el arroz cosechado en el municipio de Gangkou, en el condado de Yueyang, en la provincia central china de Hunan, el 11 de julio de 2020 | Foto Xinhua. Pueblo en Línea es un sitio de información de China.
En términos de promedio, el sector que tuvo mayor crecimiento respecto al período anterior fue el sector agrícola ganadero (68%), seguido del sector lechero (44%). La ganadería tuvo una caída del 5%.
Hébert Dell’Onte | El ejercicio 2020-2021 (1° de julio de 2020 al 30 de junio de 2021) fue un año positivo para las empresas agropecuarias de Fucrea según los resultados presentados el martes 14 de diciembre en la habitual conferencia de prensa de fin de año que organiza la institución.
En la conclusión presenta por Fucrea se seña que en el período mencionado “los costos siguen consistentemente altos, y algunos se disparan”, pero los resultados ganaderos fueron “muy buenos influenciados por un incremento en la producción y leve caída en los precios del kilo producido”.
Los resultados agrícolas “de invierno fueron muy buenos y variables (los) de verano, con precios al alza” aunque éstos “no fueron totalmente captados” por los productores.
En la lechería, los resultados “mejoraron fuertemente, con gran influencia del gerenciamiento”.
De todas formas y “a pesar de un muy buen año, hay un porcentaje muy significativo de empresas que no logran remunerar todos los factores”.
DETALLE POR SECTOR PRODUCTOR.
Hay que aclarar que cuando Fucrea se refiere a “ingreso de capital” (IK) no considera el costo de la tierra, ni del capital. O sea que equivale a asumir que todo el capital y la tierra utilizados en el proceso productivo son propios, y que no se paga ningún costo por ellos.
Otra aclaración importante es que el dólar tomado en la presentación corresponde a noviembre de 2020.
El sector que tuvo mayor crecimiento respecto al período anterior fue el sector agrícola ganadero (68%), seguido del sector lechero (44%). La ganadería tuvo una caída del 5%.
EL AGRÍCOLA GANADERO FUE EL SECTOR QUE MÁS CRECIÓ.
El Ing. Agr. Martín Aguirrezabala, coordinador general de Fucrea dijo que los resultados agrícolas ganaderos rompieron la tendencia de los últimos años: el producto bruto fue de US$ 881 por hectárea, los gastos fueron por US$ 548 y el ingreso de capital por hectárea quedó en US$ 333.
La variación sobre el ejercicio anterior (2019-2020) fue del 68% al alza con lo cual se “rompió la tendencia de los cuatro o cinco años anteriores que fueron muy complejos debido a los temas climáticos”, explicó.
El rango de resultados Crea fue de US$ 66 a US$ 1.057 por hectárea. Esa variación se explica por la gran “dispersión” que tuvo la zafra de verano “desde el punto de vista de los rendimientos”.
La variación del ingreso de capital sobre los promedios de los últimos 10 años fue del 40%; y la rentabilidad fue del 4,3%.
CRECIMIENTO DEL SECTOR LECHERO.
La lechería es un sector con dificultades, sin embargo tuvo un importante crecimiento según los datos de los productores Crea.
Aguirrezabala dijo que la lechería “ha venido creciendo a pesar de las caídas de precios.
En el periodo 2020-2021 el producto bruto fue de US$ 2.043 por hectárea, los costos US$ 1.621, lo que implica un ingreso de capital de US$ 422 por hectárea.
Hay una importante variabilidad en los resultados según el establecimiento, que va de un rango de -US$ 60 por hectárea a US$ 920.
Respecto al ejercicio 2019-2020 la variación fue de un crecimiento del 44%.
El resultado del último ejercicio, comparado con los últimos 10 años fue de un alza del 17%; y la rentabilidad del 5,1%.
LOS GANADEROS FUERON LOS MÁS DEPRIMIDOS.
Los productores ganaderos Crea lograron los resultados más modestos con un ingreso de capital promedio de US$ 104 por hectárea; el producto bruto fue de US$ 265 y los gastos de US$ 161.
El rango fue de US$ 42 a US$ 456; y la variación respecto al ejercicio anterior cayó 5% menor, y en comparación con los promedios de los últimos 10 años la variación fue 7% superior. La rentabilidad alcanzó el 2,9%.
Aguirrezabala dijo que el promedio de los ganaderos “es razonablemente bueno dentro del histórico”. Más adelanta agregó: “Si bien es bueno no lo es tanto en relación al conjunto de la serie, pero son buenos”.