La lactancia debe ser una etapa a manejar, pero también a medir.
Gianni Bianchi | Montevideo | Todo El Campo | En publicaciones anteriores he compartido algunos momentos del ciclo productivo de la oveja en los que vale la pena intervenir y medir para tomar decisiones que impacten en el ingreso.
Ahora le toca el turno a la lactancia y, en particular, a la señalada.
La producción de leche comienza a definirse en el preparto, pero durante el posparto se determina buena parte de su productividad. Durante las primeras 8 semanas existe una estrecha relación entre producción de leche y ganancia de peso del cordero.
La oveja alcanza su máxima producción de leche antes de alcanzar su máximo consumo. Por eso, además de llegar con reservas al parto, es fundamental asegurar calidad y disponibilidad de alimento en el posparto inmediato.
El desafío productivo es llegar al destete con al menos 25 kg. Con pesos al nacer conservadores, esto implica ganancias de 150–190 g/día, según se destete a los 150 o 120 días. Aunque los pesos promedio al destete difícilmente superen los 18–20 kg, los 25 kg permiten dimensionar la brecha. Para tener una referencia, estamos hablando aproximadamente del peso que alcanza un cordero a los 9–10 meses de edad en Uruguay, cuando comienza su invernada para cordero pesado.
No se trata solamente de producir más kilos, sino de producirlos durante la lactancia, cuando el crecimiento es más eficiente y de menor costo.
Difícilmente podamos resolver la brecha esperando al destete: corregirla durante la recría será más caro.
Por eso, la lactancia debe ser una etapa a manejar, pero también a medir.
La señalada es una excelente oportunidad para comenzar: identificar y pesar una muestra representativa de corderos permite construir una trayectoria de crecimiento y saber anticipadamente si avanzamos hacia el peso objetivo. Esa misma muestra puede servir para el seguimiento productivo y sanitario posterior.
También existen decisiones con impacto productivo. Si los machos serán faenados antes de la pubertad, mantenerlos enteros puede permitir alrededor de 10% más de peso que los castrados. La criptorquidia inducida es una alternativa, pero requiere precauciones y, después del destete, separar machos y hembras.
En esta lámina comparto las actividades que considero pertinentes en la unidad oveja–cría y nuevamente el Manual de Buenas Prácticas de Producción Ovina.
Ojalá logremos que llegue a muchos más colegas, productores y estudiantes y se transforme en una guía para mejorar la producción de carne ovina.
EL AUTOR.
Gianni Bianchi Olascoaga es ingeniero agrónomo, doctor, técnico en Producción Ovina.
27 de agosto: una fecha para reconocer, pero también para reflexionar sobre el arraigo, el relevo generacional y la soberanía alimentaria.
Fernando Sanabia Viscoski | Canelones | Todo El Campo | Cada 27 de agosto, Uruguay conmemora el Día de la Juventud Rural, una fecha establecida por el Decreto N.º 250/994 con el propósito de reconocer a nuestros jóvenes del medio rural y promover su arraigo y permanencia en el campo.
Pero más que una fecha en el calendario, debería ser una oportunidad para detenernos a pensar qué país queremos construir y qué lugar le estamos dando a quienes tienen en sus manos una parte importante de nuestro futuro productivo.
Venimos hablando del relevo generacional y de la necesidad de que el campo vuelva a ser visto por nuestros jóvenes como un verdadero proyecto de vida. Hoy quiero poner el foco en ellos: en esos jóvenes que, muchas veces sin grandes recursos, deciden permanecer, producir, innovar y seguir apostando por el medio rural.
Porque cuando un joven permanece en el campo, no solamente está continuando una actividad familiar. Está generando producción, trabajo, movimiento económico y, fundamentalmente, alimentos.
Puede ser un productor ganadero que cría un novillo. Un joven que mantiene una majada de ovejas. Un apicultor que produce un kilo de miel. Un avicultor que produce pollos o huevos. Un horticultor que planta papas, boniatos, lechugas, tomates o cebollas. Puede producir leche, frutas, cítricos o tantos otros alimentos que diariamente llegan a nuestras mesas.
Y detrás de cada uno de esos productos hay algo que muchas veces olvidamos: hay una persona que decidió quedarse y producir.
Cuando en una ciudad alguien levanta una lechuga de una góndola, compra un kilo de papas, una docena de huevos, leche, naranjas o limones, pocas veces se detiene a pensar quién estuvo detrás de ese alimento.
Cuántas horas de trabajo hubo. Cuántas decisiones. Cuánto conocimiento. Cuánta inversión. Cuánta incertidumbre climática. Y, especialmente, cuánta voluntad de seguir viviendo y produciendo en el campo.
Por eso, hablar de juventud rural también es hablar de soberanía alimentaria.
Cada joven que permanece en el medio rural representa una posibilidad más de que Uruguay continúe produciendo sus propios alimentos. No importa solamente si hablamos de una pequeña explotación familiar, de una producción mediana o de una empresa de mayor escala. Todas forman parte de una misma realidad productiva y todas tienen un rol dentro del sistema agroalimentario nacional.
A veces se mira al sector agropecuario únicamente desde sus grandes cifras de exportación, pero el campo es mucho más que eso. También es la producción que abastece diariamente nuestro mercado interno y sostiene una enorme cantidad de actividades económicas y sociales.
Por eso, el arraigo rural no puede ser solamente una responsabilidad de las familias productoras. Tiene que ser una prioridad de toda la sociedad y, especialmente, de las políticas públicas.
Necesitamos políticas de Estado que miren a los jóvenes rurales con una perspectiva de futuro. Que faciliten el acceso a la tierra, al financiamiento, a la tecnología, a la capacitación y a la infraestructura. Que permitan que quien quiera quedarse en el campo pueda hacerlo en condiciones dignas y con posibilidades reales de crecer. Porque no alcanza con decirles a nuestros jóvenes que se queden.
Tenemos que generar las condiciones para que quieran quedarse.
Y también tenemos que trabajar en sentido contrario: acercar el campo a la ciudad.
Que quienes viven en las ciudades comprendan que detrás de cada alimento hay una cadena productiva y, muchas veces, una familia. Que entiendan que el campo no es algo lejano ni ajeno a su vida cotidiana. El campo está presente todos los días en nuestras mesas.
Cuando compramos un kilo de papas, una docena de huevos, una botella de leche, una miel, una fruta o una verdura, estamos viendo solamente el producto final. Pero detrás existe un Uruguay productivo que merece ser reconocido y valorado.
El verdadero desafío del relevo generacional no consiste solamente en evitar que los jóvenes abandonen el campo. Consiste en construir un medio rural donde puedan imaginar su futuro.
Un lugar donde puedan estudiar, producir, emprender, incorporar tecnología, generar ingresos y formar una familia sin sentir que para progresar necesariamente deben abandonar su lugar de origen.
El 27 de agosto nos recuerda que debemos mirar a nuestra juventud rural.
Pero también nos recuerda algo mucho más profundo: si queremos un Uruguay con capacidad de producir sus propios alimentos, necesitamos jóvenes que quieran seguir produciendo.
El futuro del campo está en sus jóvenes.
Y, en buena medida, el futuro alimentario del Uruguay también.
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EL AUTOR.
Fernando Sanabia Viscoski es licenciado en Gestión Agropecuaria. Posgrado en Agronegocios. Productor agropecuario.
Sequías y olas de calor exponen la fragilidad estructural de la agricultura europea.
Evaristo de Miranda | Brasil | Todo El Campo | En Europa, la sequía y las intensas olas de calor del verano de 2026 están provocando una grave crisis agrícola. Aproximadamente el 38% del territorio de la Unión Europea (UE) se ha visto afectado por la sequía, con numerosos incendios forestales. Los cultivos de verano, como el maíz y el girasol, sufren importantes pérdidas de productividad. Solo la sequía ya ha destruido casi 9 millones de toneladas de grano. La ganadería cárnica y láctea se ve gravemente afectada por la escasez de forraje.
Algunos denominan a este fenómeno inflación climática. Se trata de una inflación causada directamente por fenómenos meteorológicos adversos, capaz de reducir la oferta, aumentar los costes de producción y encarecer la logística y los alimentos. En realidad, la intensidad del fenómeno depende de la adaptación tecnológica y la resiliencia de los sistemas agrícolas. Dado el récord de seguros, subvenciones, políticas de emergencia y ayudas gubernamentales de la UE, ¿por qué invertir en tecnologías de mitigación? El término inflación climática conviene a burócratas, gobiernos y discursos alarmistas para eludir responsabilidades. Como la invocación del mantra del “Super El Niño” en Brasil.
Aunque las lluvias invernales fueron relativamente abundantes, el calor temprano provocó la sequedad de los pastos y redujo la disponibilidad de agua para los cultivos. La disminución del caudal de los ríos dificultó la navegación e incrementó los costes logísticos en la UE.
En 50 años, Europa ha sufrido repetidos episodios de sequía, exacerbados por intensas olas de calor, especialmente en 1976, 1989, 1990, 2003, 2015, 2018, 2019, 2020, 2022 y 2026. Estos episodios marcan los ecosistemas y la economía del continente. No son ni una sorpresa ni una excepción. Ilustran la falta de resiliencia estructural de la agricultura europea.
Durante la sequía de 1976, estudiaba agronomía en Lyon, Francia. Recuerdo las pérdidas sufridas por la fruticultura debido a la reducción del riego en el valle del Ródano. Visité sofisticados sistemas de riego que quedaron paralizados. Los árboles perdían hojas y frutos. Presencié, en las cooperativas, los impactos en los pastos, la producción lechera, la región de Bresse y los cereales. Se produjo escasez de agua para el ganado. Todo se abordó con ayuda gubernamental, sin cambios significativos ni dudas sobre la resiliencia de los sistemas de producción.
Las famosas Piedras del Hambre (Hungersteine) en el lecho del río Elba, en la frontera entre Alemania y la República Checa, reaparecieron este año, como ya lo hicieron en 2022. Llevan la inscripción «Si me ves, llora» (Wenndumichsiehst, dannweine), que data de la sequía de 1616. Muchos vestigios de años de hambruna y crisis en Europa Central provienen del período de 1816 y 1817, causado por el «año sin verano» resultante de la erupción del monte Tambora en 1815. Esta famosa frase servía como marcador hidrológico, una severa advertencia de sequía y escasez. Cuando el nivel del agua descendía y dejaba al descubierto estas piedras, indicaba malas cosechas y hambruna. Hoy en día, la hambruna no es la solución. Las malas cosechas, sí.
ESCASEZ, AUMENTO DE PRECIOS Y DIFICULTADES LOGÍSTICAS EN DIVERSOS CULTIVOS.
En Europa Occidental, se prevé una mala cosecha de cereales, principalmente maíz y trigo. Las altas temperaturas también han favorecido la proliferación de plagas y enfermedades. En Francia, la cosecha de maíz se encamina hacia su nivel más bajo desde 1980, con una caída estimada de entre el 35% y el 40%. Se espera que la producción de trigo disminuya entre un 10% y un 20%. En Alemania, la Confederación Alemana de Agricultores ya registró una caída del 7% en la producción de cereales en agosto. En España, la cosecha de cereales se ha desplomado, con una reducción del 35% en las regiones de Castilla y León. El cultivo de arroz también se ha visto afectado. En Italia, la cuenca del río Po se encuentra en alerta máxima. Los arrozales de Lomellina sufren restricciones en el riego. Las pérdidas ya superan los 100 millones de euros.
El secado prematuro de los pastos ha reducido la disponibilidad de zonas de pastoreo en toda la UE y ha obligado a los ganaderos a utilizar prematuramente sus reservas de invierno. Las malas cosechas de cereales y paja en España, Francia y otras regiones han incrementado los costes de la alimentación animal. En el sector ganadero irlandés, fuertemente subvencionado, y ante la preocupación por el suministro de forraje invernal, el gobierno ha pedido a los productores que calculen sus necesidades para evaluar las medidas de ayuda complementaria. Los ganaderos están comprando piensos alternativos (maíz, salvado, tortas de semillas oleaginosas), cuyos precios se han disparado.
Algunos ganaderos están sacrificando prematuramente parte de sus rebaños porque no pueden alimentarlos. Esto podría saturar temporalmente el mercado de la carne y estabilizar los precios internos en la UE, a pesar de la suspensión de las importaciones de carne de Brasil. Para 2027, la reducción general del tamaño del hato bovino europeo provocará escasez de suministro y precios más altos para la leche, la mantequilla, el queso y la carne de vacuno.
La sequía no siempre es perjudicial para la viticultura. A menudo reduce la producción, mejora la calidad de la uva y, por consiguiente, del vino. Un aspecto que habrá que seguir de cerca. En España, la federación vitivinícola prevé una caída del 20% en la producción de vino. En Rumania y Hungría, los viñedos y los cultivos de regadío sufren estrés térmico y restricciones hídricas debido al nivel críticamente bajo del río Danubio.
¡Oh tiempos, oh costumbres! En Baviera, Alemania, las autoridades han flexibilizado las normas para las granjas ecológicas. Ahora, la leche, los productos lácteos, los huevos y la carne se consideran ecológicos, incluso con el uso de piensos convencionales, debido a circunstancias “catastróficas”. Esta posibilidad está contemplada en la legislación europea. El mismo espíritu rige la legislación europea sobre la generalización obligatoria de los coches eléctricos. Se contemplan excepciones para algunos motores de combustión interna. Se mencionan Ferrari, Lamborghini, Bugatti, Rolls-Royce, Aston Martin, Bentley, etc.
Las dificultades logísticas agravan las pérdidas agrícolas. El descenso del nivel del agua en ríos como el Rin y el Danubio está paralizando el transporte de mercancías por barcazas y dificultando la refrigeración de las centrales eléctricas. El auge del transporte por carretera, sumado a los altos precios del combustible (debido a los conflictos en Oriente Medio), ha disparado los costes de transporte, especialmente para productos pesados y de bajo valor añadido como el agua embotellada.
Las tensiones geopolíticas, sobre todo en el estrecho de Ormuz, han incrementado los precios de los fertilizantes entre un 20% y un 30%. Los agricultores europeos se enfrentan a un doble golpe: la reducción del volumen de ventas debido al mal tiempo y unos costes de producción récord. Esto está afectando gravemente a sus márgenes y amenaza con elevar los precios de los alimentos para los consumidores.
LA CRISIS PONE DE MANIFIESTO LA DEPENDENCIA EXTERNA, AGRAVADA POR LAS SUBVENCIONES Y EL PROTECCIONISMO.
Se prevé que unas malas cosechas durante el verano afecten a los precios de otoño, cuando se notará la escasez de diversos productos alimenticios en los supermercados. Según Evaristo, los países del este y del sur de Europa tienden a experimentar una mayor inflación.
La caída de la producción de cereales y oleaginosas acentúa la dependencia de la UE de las importaciones externas, sobre todo de Ucrania u otros mercados mundiales, como Brasil. Esto continúa la presión alcista sobre los índices mundiales de precios de las materias primas. Esta situación preocupa al sector agroindustrial brasileño. Las olas de calor y la escasez de agua han reducido las cosechas, lo que ha generado una importante crisis de suministro. Los productos frescos (frutas, hortalizas de verano, verduras de hoja verde) y las patatas han sufrido un rápido aumento de precio. Las pérdidas de cosechas han reducido la oferta en los supermercados. En el caso de los productos procesados (pan, pasta, aceites, azúcar), el mayor impacto se producirá en el primer semestre de 2027.
El índice mundial de precios de los alimentos de la FAO ha alcanzado su nivel más alto en tres años y medio. El trigo ha subido casi un 10% en un año, y el maíz más de un 23%. Esto debería provocar aumentos de precios en el pan, la pasta y los piensos. Los precios del azúcar subieron debido al temor a las bajas cosechas de remolacha azucarera en la UE.
El impacto de la sequía del verano de 2026 en la inflación de los precios de los alimentos en Europa se utiliza incluso como excusa, dada la baja resiliencia de los sistemas de producción, para describirla como “inflación climática”. La inflación alimentaria no afecta a los países europeos con la misma intensidad. Varía según su dependencia de las importaciones y el peso que los alimentos representan en el presupuesto familiar.
En Europa Occidental (Francia, Alemania), la inflación se mantiene moderada (entre el 2,4% y el 2,8%, según Eurostat). La histórica sequía que sufren los agricultores está preparando el terreno para un otoño de tensión en los supermercados. Europa del Este y del Sur (Rumania, Bulgaria, Estados bálticos) registra la mayor inflación alimentaria de la UE: 8,2% en Rumanía y 4,4% en Bulgaria. Dado que el porcentaje del presupuesto destinado a la alimentación es mayor en estas zonas, estas poblaciones sufren una fuerte pérdida de poder adquisitivo.
Este escenario representa una oportunidad para Brasil en las negociaciones comerciales con el bloque.
Crisis como esta aumentan el poder de negociación de Brasil con los europeos, especialmente en un momento en que el acuerdo del bloque Mercosur, recientemente ratificado, sigue siendo objeto de fuertes controversias. Sin embargo, esto exige atención y rapidez por parte de las autoridades, concluye el columnista. Crédito: Archivo SNA
La agricultura europea combina un complejo conjunto de tecnologías modernas con sistemas de producción tradicionales y sofisticados. Los subsidios y el proteccionismo obstaculizan la innovación y la competitividad. Para 2030, se prevé una reducción adicional de una cuarta parte de las propiedades rurales francesas, debido a la jubilación de productores sin sucesión. El envejecimiento de la población rural continúa: el 78,5% de los productores tienen más de 50 años. De cada tres jubilaciones, solo dos tienen sucesor. Proyección para 2050: menos de 200.000 agricultores en Francia (Rev.Oeste, Ed. 303).
Durante más de medio siglo, la agricultura francesa ha evolucionado bajo la influencia de la Política Agrícola Común (PAC) de la Unión Europea, creada en 1962 para impulsar el sector y su industrialización. El valor de la PAC aumenta y provoca distorsiones adicionales en el mercado, con aranceles a la importación, garantías de precios mínimos y remuneración para los agricultores. La otra cara de la moneda es la burocracia y el laberinto de normas impuestas por Bruselas. La continua vulnerabilidad ante la recurrencia de estos eventos climáticos no sorprende.
Europa sufre porque sus sistemas productivos, económicos y regulatorios no logran transformar la tecnología y los subsidios en una resiliencia suficiente. La crisis provocada por la sequía expone esta vulnerabilidad y abre una oportunidad para un mejor ajuste de las exportaciones agrícolas brasileñas.
Esta vulnerabilidad no se limita a la soja. El maíz, el azúcar, las frutas, los zumos, la celulosa e incluso la carne pueden ganar cuota de mercado. Europa necesita proveedores capaces de responder a la inestabilidad climática, a pesar de sus medidas proteccionistas contra un sector de la agricultura brasileña y del Acuerdo Unión Europea-Mercosur. Brasil posee escala, diversidad productiva, tecnología tropical y capacidad exportadora. Lo que falta es transformar esta ventaja comparativa en una estrategia comercial.
La creciente fragilidad de la agricultura europea genera demanda externa, incrementa los precios de las materias primas y ofrece a Brasil la oportunidad de consolidarse como proveedor confiable de alimentos, fibra y energía. ¿Quién está considerando esto a ambos lados del Atlántico?
Evaristo Eduardo de Miranda (São Paulo, 17 de julio de 1952) es un profesor, académico, ecólogo, ingeniero agrónomo, escritor e investigador brasileño de Embrapa, que trabaja en el campo del medio ambiente.
Un ejemplo, profesor y fuente de inspiración para ODConsulting. La agroindustria brasileña no sería la potencia que es hoy sin él y sin Embrapa.
El presente texto fue traducido al inglés por ODConsulting utilizando inteligencia artificial.
Con el escritorio Manuel F. Porta, las colocaciones fueron totales.
Carlos Sabatini | Minas, Lavalleja | Todo El Campo | Se llevó a cabo el pasado lunes 31 de agosto la feria mensual -aplazada por las condiciones climáticas- que el escritorio Manuel F. Porta organizó en el local La Querencia.
Más que interesante oferta anunció la firma con 250 vacunos en todas las categorías sobre la base de una liquidación de ganados de mucha calidad, entrando lindos lotes de terneros, terneras, vaquillonas, vacas de invernada y una destacada fila de vacas preñadas; completaron la oferta algunos ovinos de consumo.
La conducción de las ventas estuvo a cargo del martillero Juan Antonio Vizoso, trabajando en pista Manuel Núñez Porta, Alvaro Tolosa y personal de la firma.
La feria se desarrolló con una numerosa concurrencia y mostró una pista muy ágil con precios destacados para muchos de los lotes.
Los terneros se colocaron con buenos promedios; las vaquillonas y terneras estuvieron bien pagas; los vacajes de invernada mostraron demanda y buenos números finales; la escalera de vacas preñadas logró valores buenos; y los pocos ovinos que se pudieron arrimar al local fueron bien pagos.
En la oportunidad las colocaciones fueron totales.
LOS VALORES. VACUNOS.
Terneros entre US$ 575 y US$ 720.
Terneras entre US$ 512 y US$ 592.
Vaquillonas entre US$ 648 y US$ 952.
Vacas de invernada entre US$ 825 y US$ 890.
Vacas preñadas entre US$ 1.072 y US$ 1.165.
Toros de industria US$ 1.200.
GANADO GORDO.
Vacas gordas US$ 1.085.
OVINOS.
Ovinos de consumo entre US$ 73 y US$ 93.
PRÓXIMA ACTIVIDAD.
La firma está anunciando que su próxima actividad en el local La Querencia -ubicado en ruta 60, km. 41, entre Minas y Pan de Azúcar, en el departamento de Lavalleja será el día sábado 19 de setiembre. Por informes e inscripciones 4440.96.71 – 4440.21.93.
Queda aún mucho más por seguir andando, el camino es largo y los escalones se van subiendo de a uno.
Montevideo | Todo El Campo | El filósofo alemán Friedrich Nietzsche, en su libro “Humano, demasiado humano”, escribió que “no es la simpatía en el sufrimiento, sino la simpatía en la alegría lo que hace al amigo”, pues entendía que compartir los triunfos ajenos exige grandeza de espíritu.
Si lo pensamos, su reflexión es absolutamente humana y real. Para muchos es más fácil sentir simpatía o compasión por el desconocido que sufre, que alegría por el conocido que ha alcanzado un objetivo. Esto que parece tan complejo es absolutamente humano, y también tiene una explicación lógica.
El sicólogo estadounidense León Festinger lo explicó diciendo que la compasión nos coloca intuitivamente en una posición de neutralidad o incluso de relativa seguridad o superioridad respecto a quien sufre, además de que no constituye una amenaza a nuestra autoestima. Por el contrario, el éxito del otro activa la comparación social, en especial si es alguien -un igual o un desconocido- que se desempeña en nuestro mismo campo de acción, ya que su logro funciona como un espejo que nos muestra nuestras carencias y limitaciones.
Lo que Nietzsche o Festinger escribieron con tanta claridad sobre el comportamiento humano tiene un valor superior si lo bajamos del marco teórico y lo llevamos a la vida cotidiana, en el vínculo con los demás, aquí y ahora.
En esta jornada, Todo El Campo celebra que Estela Apollonio, periodista de esta casa y de la emisora amiga CX4 Radio Rural desde larga data, recibió el título “Analista en Periodismo en la Era Digital” de la Universidad de la Empresa (UDE), uno de esos logros personales que de alguna forma también enriquecen -por la alegría compartida, diría Nietzsche- a quienes tienen la fortuna de tenerla cerca, ya sea por lazos de familia, de amistad o vínculo laboral.
El diploma, cuya copia compartimos, seguramente ya ocupa un lugar de privilegio en su oficina u hogar, junto a otros elementos de valor, sin embargo, quienes la escuchamos o leemos no notaremos cambio alguno en su tono ni estilo a la hora de hacer una entrevista o brindar información sobre los diferentes asuntos, porque en realidad lo que prevalecerá será su modo sencillo y claro, no por eso superficial, al momento de ejercer el buen periodismo al que nos tiene acostumbrados.
Por ese estilo característico y porque todos aquí somos sus compañeros de ruta, desde Todo El Campo nos tomamos la libertad de este reconocimiento a la profesional y mejor persona, sabiendo que su camino comenzó lejos en el tiempo, desde Ciudad del Carmen, que lleva un trecho enorme recorrido, y que queda aún mucho más por seguir andando. El camino es largo y los escalones se van subiendo de a uno.
Lleguen nuestras felicitaciones y la oportunidad de poder compartir y celebrar tus logros como si fueran nuestros, porque “es la simpatía en la alegría lo que hace al amigo”.
Mientras Uruguay y varios países de la región reducen el hambre a menos del 2,5%, Haití y Cuba siguen atrapados en la inseguridad alimentaria.
Montevideo | Todo El Campo | Permanentemente escuchamos hablar de la seguridad alimentaria, de lo importante que es y cuánto deberíamos valorarla. En este portal de noticias solemos hacer referencia a ese concepto porque creemos que la capacidad de producir y acceder a los alimentos es fundamental a la hora de satisfacer las necesidades de la población.
Entendemos por seguridad alimentaria aquella situación en la que todas las personas tienen acceso en todo momento a alimentos suficientes, seguros y nutritivos, adecuados a sus costumbres y necesidades, para llevar una vida saludable y activa.
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), la seguridad alimentaria requiere el cumplimiento de cuatro dimensiones principales, estas son: disponibilidad, acceso, utilización bilógica y estabilidad.
Disponibilidad, es que haya alimentos en cantidad y calidad suficiente, pero (y esto es clave) dependiendo principalmente de la producción nacional y las reservas. También de las importaciones, sin embargo, esto último constituye un talón de Aquiles.
Se entiende por acceso que todas las personas puedan comprar o producir esos alimentos; en este punto influyen otras variables como los precios, el ingreso y las condiciones sociales imperantes.
La utilización biológica es que cada consumidor, su organismo, debe poder aprovechar los nutrientes, entrando a regir el acceso y uso de agua potable, la higiene de los productos y la diversidad en la dieta, además de la buena salud de quien consume.
Estabilidad es mantener en el tiempo las dimensiones anteriores, y que cualquier situación adversa no la rompa, como por ejemplo sequías, inundaciones, crisis económicas, problemas sanitarios o cualquier tipo de conflictos.
Nuestro país cumple con la seguridad alimentaria y lo hace de verdad, porque ante diferentes crisis los alimentos no dejan de estar en la mesa de los hogares uruguayos. Esto es mérito de todos.
En la región no hay país que sufra inseguridad alimentaria, aunque no se puede decir lo mismo cuando ampliamos la mirada e incluimos Centroamérica y el Caribe.
El 3 de agosto, el Ec. Máximo Torero Cullen, economista jefe de la FAO, escribió en un artículo (*) que “Brasil, Chile, Costa Rica, República Dominicana, Guyana y Uruguay han reducido el hambre a menos del 2,5%”.
Otros países han tenido mejoras considerables, aunque superan ese 2,5%: “Desde mediados del decenio de 2000, Bolivia ha reducido su tasa del 27,6% al 19,5%; Colombia, del 11,0% al 4,1%; el Perú, del 17,9% al 5,7% y Panamá, del 14,8% al 4,7%.
En el párrafo siguiente Torero agregó: “El hambre disminuye cuando las políticas agrícolas, económicas y sociales se refuerzan mutuamente. La protección social preserva el poder adquisitivo. Las inversiones en el sector agrícola incrementan la productividad. Las infraestructuras rurales conectan a los agricultores con los mercados. Las comidas escolares y las transferencias monetarias protegen a las familias vulnerables al tiempo que generan demanda de alimentos producidos localmente”.
INSEGURIDAD ALIMENTARIA EN EL CONTINENTE: HAITÍ Y CUBA.
En el continente, los problemas más serios de inseguridad alimentaria están en el Caribe, y Haití es el caso más serio con el hambre que pasó del 47,7% al 51,4% y más del 50% de la población enfrenta una inseguridad alimentaria aguda.
También Cuba arrastra inseguridad alimentaria desde hace décadas. Un informe de la BBC (**) publicado el 25 de agosto puntualiza que la isla “cuenta con abundante tierra fértil, temperaturas cálidas, frecuentes lluvias, acceso al mar por los cuatro costados y una población relativamente pequeña”, sin embargo casi no tiene alimentos propios.
En Uruguay hay miles de cubanos que se han instalado y han asumido muchas de nuestras costumbres y formas de vida, pero cuando uno habla con ellos, muchos expresan que al llegar una de las cosas que más les llamó la atención es la libertad de poder comprar los alimentos que desean consumir en cualquier supermercado y sin ningún tipo de libreta que los limite.
Sin decirlo claramente, lo que expresan es que aquí ven -quizá por primera vez en sus vidas- la seguridad alimentaria de la que tanto hablamos y de la gozamos sin valorarla debidamente.
Nuestro país ha demostrado que asegurar los alimentos en la mesa de las familias es posible, mientras que otros países nos recuerdan que sin políticas coherentes, sin voluntad política, y sobre todo sin productores trabajando en el campo, eso nunca será posible.