Ignorar los problemas es una estrategia que no sirve.

Ignorar los problemas es una estrategia que no sirve.

Horacio Jaume: «Juan Castillo no cumple como ministro de Trabajo y el presidente Orsi no ejerce su autoridad».

Horacio Jaume | Montevideo | Todo El Campo | Se puede pasar distintos tipos de crisis, motivas por distintas razones.

Puede haber una crisis bancaria y se sabe perfectamente qué es lo que hay que atacar para poder superarla. Se puede vivir una crisis climática, y tener claro dónde hay que hacer el esfuerzo para poder superarla; lo mismo ante una crisis sanitaria. En definitiva, temas específicos que detrás de su gravedad son claros los caminos a recorrer que no quiere decir que sean uno solo, pero sabemos qué es lo hay que superar.

Distinto es cuando los que se alteran son los valores: que las iglesias tengan que estar enrejadas a las 3 de la tarde porque corren peligro de ser profanadas, o que las escuelas en campaña sean robadas.

Podemos seguir dando ejemplos, porque abundan.

Frente a estos hechos claros de desorden uno debe aspirar a tener soluciones también claras como son los caminos a recorrer.

Si extrapolamos esa situación y la comparamos con la administración de Yamandú Orsi vamos a encontrar ciertas similitudes ya que frente a determinadas situaciones las respuestas demoran, llegan tarde, o se ignoran, que es peor.

Los casos se acumulan y los daños muchas veces son irrevocables.

El caso de los barcos de pesca es uno de ellos, el conflicto duró 80 días y perdió una zafra. Primero se ignoró, luego el ministro de Trabajo y Seguridad Social esquivó el tema; cuando se tomó conciencia del mismo el daño ya era grave.

Igual el problema con la playa de contenedores en el puerto de Montevideo. Barcos que siguen de largo, exportaciones que no salen y productos que no entran, y la pérdida de categoría del propio puerto.

¿Dónde está el problema?, ¿cuál es la solución?

En la administración Orsi hay ideologías diferentes. No es ninguna novedad. Lo que sí se puede pedir es que estas no se manifiesten en los conflictos. Que comunistas y tupamaros no tomen el país de rehén.

El señor Juan Castillo no cumple como ministro de Trabajo y el presidente Orsi no ejerce su autoridad.

Que las diferencias del Frente Amplio se diriman dentro del partido y no en el gobierno.

¿Hasta donde llegan las dudas o los errores del Ejecutivo?

Se llamó a un dialogo social, se supo con anticipación que no iban a estar todos los que tenían que estar, por lo tanto era lógico pensar que de lo que ahí surgiese de acuerdo a los participantes, el resultado iba a ser sesgado.

El resultado de dicho desorden es que el Ejecutivo no puedo cumplir las sugerencias de los que resolvieron, y éstos se sintieron traicionados. Y los otros que nunca fueron escuchados se sintieron ignorados.

En definitiva, si a los problemas se les ignoran ellos solos no se solucionan, solamente se agravan.

Relevo generacional: una cuestión de futuro para el campo uruguayo.

Relevo generacional: una cuestión de futuro para el campo uruguayo.

La pregunta que debemos hacernos es simple, pero profunda: ¿por qué nuestros jóvenes no quieren quedarse en el campo?

Fernando Sanabia Viscoski | Canelones | Todo El Campo | En el marco del Primer Congreso Nacional de Gremiales Granjeras, realizado en INIA Las Brujas, tuve la oportunidad de participar junto a representantes de gremiales de distintos puntos del país en una instancia de intercambio sobre uno de los temas que considero centrales para el futuro del sector: el relevo generacional.

Fue interesante comprobar que, desde diferentes realidades productivas, existe una coincidencia: cada vez son menos los jóvenes que deciden continuar con la actividad de sus familias. Y la pregunta que debemos hacernos es simple, pero profunda: ¿por qué nuestros jóvenes no quieren quedarse en el campo?

Una de las respuestas aparece rápidamente: la rentabilidad.

Durante años, muchos productores granjeros han trabajado con enormes esfuerzos y, en determinadas etapas, con márgenes económicos muy reducidos. Esa realidad también es observada por sus hijos. Cuando un joven ve que sus padres han trabajado durante toda su vida y que muchas veces el resultado económico no acompaña ese esfuerzo, es lógico que busque otras alternativas.

Pero el problema no termina allí. Cuando un joven abandona el medio rural, también se pierde población, conocimiento, cultura productiva y capacidad de continuar una actividad que es fundamental para el país. Así comienza un proceso de despoblamiento y envejecimiento de nuestra población rural.

Por eso creo que el relevo generacional debe dejar de ser solamente un problema de las familias rurales y pasar a ser una verdadera política de Estado.

El gobierno que esté en cada momento debería trabajar con una mirada de largo plazo, generando condiciones que permitan que un joven pueda ver en la producción agropecuaria una oportunidad real. Acceso al financiamiento, capacitación, tecnología, infraestructura, mejores condiciones comerciales y políticas específicas para quienes quieran iniciar o continuar una empresa familiar pueden ser herramientas importantes.

También debemos mirar el problema desde la soberanía alimentaria. Muchas veces quienes vivimos en las ciudades conocemos el producto cuando llega a la góndola, pero desconocemos todo lo que existe detrás: quién lo produce, cuánto tiempo lleva producirlo, cuál es su ciclo biológico y cuánto esfuerzo implica llevarlo hasta el consumidor.

Un ejemplo muy claro es el de la papa. Hace algunos años Uruguay tenía alrededor de 12.500 hectáreas destinadas a este cultivo y actualmente se encuentra en el entorno de las 3.500 hectáreas. Parte de esa disminución se compensa mediante la importación de productos destinados al consumo. Esto debería llevarnos a reflexionar sobre qué modelo productivo queremos para nuestro país.

Lo mismo ocurre cuando analizamos el contrabando o determinadas importaciones de frutas y verduras. No se trata simplemente de discutir un producto que entra o sale del país: detrás de cada hectárea que deja de producir hay una familia que puede dejar de vivir de la producción, un joven que puede decidir no continuar y una comunidad rural que pierde actividad.

También considero importante que el sistema financiero comprenda mejor las particularidades de la producción agropecuaria. Un productor no fabrica un producto de un día para otro: trabaja con ciclos biológicos, tiempos productivos y riesgos climáticos que deben ser contemplados cuando se analiza una inversión o un financiamiento. Facilitar el acceso de los jóvenes al crédito, con herramientas adecuadas a esas características, podría ser otro elemento para favorecer el desarrollo de nuevos emprendimientos.

Porque el campo ofrece cosas que muchas veces no aparecen en una planilla económica: tranquilidad, contacto con la naturaleza, independencia, identidad y la posibilidad de construir un proyecto propio.

El relevo generacional no se va a solucionar de un día para otro. Requiere políticas sostenidas, compromiso de las organizaciones, productores, instituciones educativas, sistema financiero y gobiernos.

Pero, sobre todo, requiere que volvamos a convencer a nuestros jóvenes de que el campo también puede ser futuro.

Porque si no logramos que las nuevas generaciones encuentren motivos para quedarse, no estaremos perdiendo solamente productores. Estaremos poniendo en riesgo una parte fundamental de la identidad, la producción y la soberanía alimentaria del Uruguay.

Hablar de soberanía alimentaria también implica hablar del papel que cumple el agro en nuestro país. Tanto la producción granjera como la producción agropecuaria son mucho más que una actividad económica: son parte de la base productiva que sostiene al Uruguay y constituyen uno de los motores fundamentales de su desarrollo.

Por eso, cuando hablamos de relevo generacional, no estamos hablando solamente de que los jóvenes continúen trabajando en el campo. Estamos hablando de asegurar que el país pueda seguir produciendo sus propios alimentos, generando empleo, movimiento económico y desarrollo en nuestros territorios.

En este contexto, también deberíamos preguntarnos qué modelo de país queremos construir. ¿Es conveniente que, mientras cada vez más productores tienen dificultades para continuar y muchos jóvenes no encuentran las condiciones necesarias para quedarse en el medio rural, sigamos aumentando la dependencia de productos importados? Frutas, verduras y otros alimentos pueden llegar desde el exterior, pero detrás de cada producto que dejamos de producir dentro del país también existe una familia productora, un trabajador, una empresa y una comunidad que pierde actividad.

No se trata de plantear que las importaciones sean necesariamente negativas, sino de preguntarnos qué equilibrio queremos alcanzar. Porque si con el paso de los años las importaciones continúan creciendo mientras nuestra producción granjera y agropecuaria disminuye, estaremos debilitando nuestra propia capacidad de producir alimentos. Y ahí es donde el relevo generacional adquiere una dimensión todavía mayor. Si queremos soberanía alimentaria, necesitamos jóvenes que quieran y puedan quedarse en el campo, pero también necesitamos políticas que hagan posible que producir en Uruguay sea una actividad viable, digna y con futuro.

El agro no puede ser visto solamente como un sector más de la economía. Es parte del motor del país y, al mismo tiempo, una garantía de nuestra capacidad de producir lo que consumimos. Defender su continuidad, fortalecer a las familias productoras y generar oportunidades para las nuevas generaciones es también defender el futuro productivo del Uruguay.


EL AUTOR. Fernando Sanabia Viscoski es licenciado en Gestión Agropecuaria. Posgrado en agronegocios. Productor agropecuario.

Merino superfino, precisión productiva para un nicho de alto valor.

Merino superfino, precisión productiva para un nicho de alto valor.

Producir lana Merino Australiano superfina de calidad no depende únicamente del potencial genético animal. Es el resultado de un sistema de decisiones integradas.

Gianni Bianchi Olascoaga | Montevideo | Todo El Campo | En las últimas semanas he venido compartiendo intervenciones que pueden realizarse en momentos estratégicos del ciclo productivo ovino. Antes de continuar con la próxima entrega, dedicada al parto, quisiera hacer una pausa para referirme a un sistema de producción que, por su creciente importancia en Uruguay y por sus características particulares, merece un abordaje específico: el Merino Australiano superfino.

Durante las últimas dos décadas, este tipo de producción ha tenido un desarrollo creciente en Uruguay, asociado a la búsqueda de una fibra de alto valor, destinada a un nicho específico dentro de la industria textil internacional. La producción de lanas de muy baja finura ha permitido posicionar nuevamente a la lana en segmentos de mercado de alto valor, particularmente aquellos vinculados a prendas livianas y de contacto directo con la piel, donde la calidad de la fibra resulta determinante.

La lana Merino superfina representa una categoría muy particular dentro de las fibras textiles. Su valor no radica solo en la reducción de finura, sino en la combinación de características que la hacen única: suavidad, confort térmico, capacidad de regular la temperatura corporal, absorción y liberación de humedad, resistencia natural a los olores, elasticidad, durabilidad y su condición de fibra natural, renovable y biodegradable. Estas propiedades le han permitido competir en los segmentos más exigentes de la industria textil, conservando atributos que ninguna otra fibra logra reunir en conjunto.

Sin embargo, producir lana Merino Australiano superfina de calidad no depende únicamente del potencial genético de los animales. Es el resultado de un sistema de decisiones integradas que comienza con la definición del objetivo productivo y continúa con el mejoramiento genético, la formación y manejo del plantel, nutrición, sanidad —con especial énfasis en enfermedades podales— y estrategias destinadas a maximizar el valor de la lana, incorporando además alternativas para potenciar el ingreso por carne sin comprometer el progreso genético ni la reposición del sistema. En el esquema, las ovejas destinadas al cruzamiento terminal son el remanente del total luego de asegurar las 68 ovejas Merino paridas, de modo que una fertilidad global del 90–95% genera las 22–27 ovejas paridas con Southdown (ver lámina 2).

Las láminas que comparto tienen el objetivo de integrar aquellos aspectos que contribuyen significativamente al resultado económico de un sistema Merino Australiano fino.

La mayor parte de esta información no es nueva. Sin embargo, pocas veces aparece reunida en un mismo material. La intención es ordenar conceptos y mostrar cómo interactúan los distintos componentes de un sistema que requiere precisión en cada una de sus decisiones.

Espero resulte útil para productores, técnicos, estudiantes, y que sirva como punto de partida para el intercambio de experiencias y discusiones técnicas que contribuyan a seguir mejorando este tipo de sistemas productivos.

EL AUTOR. Gianni Bianchi Olascoaga es ingeniero agrónomo doctor técnico en producción ovina.

Sus comentarios, análisis y publicaciones, se pueden seguir en la cuenta Gianni Bianchi Olascoaga | LinkedIn

El campo como proyecto de vida: una elección para las nuevas generaciones.

El campo como proyecto de vida: una elección para las nuevas generaciones.

En este nuevo artículo continúo con una reflexión que vengo desarrollando: cómo transformar el campo en un verdadero proyecto de vida para las nuevas generaciones.

Fernando Sanabia Viscoski | Canelones | Todo El Campo | Cuando hablamos de relevo generacional en el medio rural, generalmente pensamos en una pregunta: ¿cómo hacemos para que los jóvenes no se vayan del campo?

Pero quizás deberíamos hacernos otra pregunta, mucho más profunda:

¿Qué debemos hacer para que un joven quiera quedarse?

Porque no alcanza con pedirle a una nueva generación que continúe con el trabajo de sus padres o que permanezca en el establecimiento familiar simplemente porque allí nació. El verdadero desafío es conseguir que, cuando mire hacia adelante, encuentre en el campo una vida que valga la pena elegir.

El campo no debería ser visto solamente como un lugar donde se trabaja y se produce. También puede ser un proyecto de vida.

Para muchas personas, vivir en el medio rural significa tener espacio, tranquilidad y contacto permanente con la naturaleza. Significa levantarse cada mañana sin tener edificios alrededor, vivir con mayor independencia y disfrutar de un entorno donde todavía existen tiempos y espacios diferentes a los de una gran ciudad.

También existe una forma distinta de vivir la familia y de criar a los hijos. El contacto con la naturaleza, los animales, el espacio abierto y la posibilidad de crecer en un ambiente menos condicionado por el ritmo acelerado de las ciudades son valores que muchas familias siguen buscando.

No se trata de decir que la vida rural es mejor que la vida urbana. Son formas diferentes de vivir, cada una con sus ventajas y dificultades. Tampoco debemos idealizar el campo. La distancia, la falta de determinados servicios, las dificultades de conectividad, el acceso a la educación, la salud, el transporte y las oportunidades laborales siguen siendo desafíos importantes.

Porr eso, el desafío no es convertir el campo en una ciudad, sino conseguir que el campo tenga las condiciones necesarias para que una persona pueda vivir bien sin dejar de ser campo.

Un joven que decide quedarse debería poder producir, pero también estudiar, capacitarse, acceder a tecnología, comunicarse, tener una vivienda digna, desarrollar un emprendimiento, formar una familia y disponer de tiempo para disfrutar de su vida.

Y aquí aparece una cuestión fundamental: el relevo generacional no puede depender únicamente de la herencia.

No todos los jóvenes tendrán la posibilidad de recibir una explotación productiva, ni todos querrán continuar exactamente con la actividad que desarrollaron sus padres. Algunos podrán encontrar oportunidades en la ganadería, la agricultura o la lechería; otros podrán incorporar turismo rural, servicios, tecnología, transformación de alimentos, comercialización o nuevas formas de emprendimiento.

Lo importante es que exista la posibilidad de construir un proyecto propio.

Porque un joven difícilmente se entusiasme con la idea de permanecer en el campo si lo que encuentra es solamente la obligación de continuar haciendo lo mismo que hicieron las generaciones anteriores, bajo las mismas condiciones y con las mismas limitaciones.

El campo necesita jóvenes, pero los jóvenes también necesitan un campo que les ofrezca futuro.

Por eso las políticas destinadas al relevo generacional deberían mirar mucho más allá del acceso a la tierra o de una determinada ayuda económica. Deben contemplar vivienda, conectividad, educación, capacitación, infraestructura, acceso a tecnología, financiamiento y servicios.

Pero también debemos recuperar algo que muchas veces olvidamos: el valor de vivir en el campo.

En una sociedad donde muchas personas viven rodeadas de cemento, tránsito, ruido y edificios, el espacio, la naturaleza, la tranquilidad y la posibilidad de criar una familia en contacto con el entorno rural pueden convertirse nuevamente en una fortaleza.

El desafío está en lograr que esas ventajas no sean anuladas por el aislamiento.

Necesitamos un medio rural conectado, con servicios y oportunidades, pero que conserve aquello que lo hace diferente.

Porque quizás el futuro del campo no dependa solamente de cuántos jóvenes conseguimos que se queden.

Dependa de cuántos jóvenes conseguimos que quieran quedarse.

Y esa diferencia es enorme.

No tenemos que convencer a los jóvenes de quedarse en el campo. Tenemos que conseguir que, cuando miren hacia adelante, encuentren en el campo una vida que valga la pena elegir.

Ese debería ser uno de los grandes desafíos para construir el medio rural del futuro.

EL AUTOR. Fernando Sanabia Viscoski es productor agropecuario, licenciado en Gestión Agropecuaria, posgrado en Agronegocios.

El discurso climático del senador Antonini choca con Casupá.

El discurso climático del senador Antonini choca con Casupá.

La represa de Casupá desata tensiones políticas y sociales, mientras el discurso climático de Antonini expone contradicciones con la estrategia del Ministerio de Ambiente.

Hébert Dell’Onte Larrosa | Montevideo | Todo El Campo | Se está desarrollando un fuerte debate ambiental debido a la iniciativa del gobierno de realizar la represa de Casupá. En la discusión intervienen todos los sectores políticos y de diferentes grupos sociales, de trabajo o vecinos, aunque se nota el silencio de organizaciones y activistas a los que les gusta presentarse y verse a sí mismas como “ambientalistas”.

Ayer mismo, en una jornada teñida de gris, se realizó la movilización de vecinos contra la represa de Casupá.

Quien se expresó hace unos días, con afirmaciones y dichos que bien pueden sumarse a quienes se oponen a la realización de la represa de Casupá, fue el senador Eduardo Antonini del Frente Amplio al presentar el primer foro Uruguay frente al desafío del metano: Acción Climática y rol estratégico del Parlamento del que además fue su organizador.

Con muy buen nivel y excelente desarrollo y resultado, el foro fue realizado el 29 de julio y sobre el mismo Todo El Campo informó oportunamente (*).

LA COLUMNA VERTEBRAL DEL DISCURSO DE ANTONINI.

Hoy queremos centrarnos y poner atención al discurso de apertura del mencionado legislador, quien sin referirse a Casupá, que no era el tema del evento, realizó afirmaciones que el propio Poder Ejecutivo y el ministro de Ambiente, Edgardo Ortuño, debería escuchar y actuar en consecuencia, en especial las siguientes tres afirmaciones que son la columna vertebral de su exposición.

1. Antonini señaló que el cambio climático es “uno de los más trascendentes que enfrenta la humanidad”, y como tal “interpela instituciones, economías, sistemas productivos y sobre todo nuestra responsabilidad con las generaciones presentes y futuras”.

2. El cambio climático “ya forma parte de nuestra realidad cotidiana: los eventos climáticos extremos, la presión sobre los recursos hídricos, las trasformaciones de los ecosistemas y los impactos sobre las actividades productivas, nos recuerdan que la acción climática exige respuestas urgentes, coordinadas y sostenidas en el tiempo”, agregó.

3. En ese contexto -continuó el legislador-, “los parlamentos desempeñan un papel insustituible. Las respuestas al cambio climático no pueden depender únicamente de los gobiernos de turno, requieren marcos legales sólidos, instituciones fuertes y políticas públicas que trasciendan los ciclos políticos contraídas mediante amplios acuerdos democráticos”.

“Esa es una de las grandes fortalezas de este Parlamento”, donde “confluye la pluralidad de ideas y la búsqueda permanente de consensos”, enfatizó; en este Parlamento “el debate democrático se transforma en leyes, en mecanismos de control y decisiones que contribuyen al desarrollo del país”.

“El cambo climático nos desafía también a repensar la forma que legislamos. Cada norma vinculada a la energía, la producción, el ordenamiento territorial, la infraestructura, el transporte, la educación, la innovación o la gestión del agua tiene hoy una dimensión climática que no puede ser negada”. De ahí el valor de un foro como el que se realizó en el Parlamento, ya que “genera espacios de encuentro entre el conocimiento científico, la experiencia parlamentaria, la gestión pública, el sector privado y la ciudadanía organizada”.

Además, permite que se compartan “nuevas prácticas, conocer experiencias, comparar, fortalecer capacidades institucionales, y nos recuerdan que ninguna institución, ningún país, ni ningún parlamento puede enfrentar en soledad un desafío de alcance global”, concluyó.

INTERFERENCIAS CON LA FORMA DE PROCEDER DEL MA.

Cada una de las afirmaciones realizadas por Antonini merecen ser aplaudidas, sin embargo, al escucharlo, parece haber interferencias importantes con la forma de proceder del Ministerio de Ambiente respecto a Casupá.

Aquí van tres ejemplos:

1. El ministro Ortuño y su equipo, lejos de lo que planteó el senador Antonini, parece no pensar en las generaciones presentes ni futuras, en cuanto piensa avanzar en una cuenca que está sobreexplotada y que ya se sabe obligará nuevas intervenciones e inversiones en pocos años. Como se expresó ayer uno de los voceros de la movilización en rechazo a la represa, ésta causa “daños ecológicos, ambientales, económicos y humanos”

2. Antonini también expresó que se deben desarrollar “respuestas urgentes, coordinadas y sostenidas en el tiempo”. Asegurar el agua a la población, es urgente, pero lo que se propone el Ministerio de Ambiente no cumple con la coordinación ni la sostenibilidad dado que desplaza a familias, daña gravemente la naturaleza y, otra vez, por un tiempo acotado luego del cual se deberá volver a actuar en búsqueda de soluciones reales y más a largo plazo.

3. Y quizá la afirmación más importante para un legislador. Las respuestas nunca puedendepender únicamente de los gobiernos de turno”, se requieren “políticas públicas que trasciendan los ciclos políticos contraídas mediante amplios acuerdos democráticos”, dijo Antonini, nada más lejos de lo que está pasando respecto a Casupá, donde hay un gobierno que parece asumir la estrategia de negarse a escuchar opiniones contrarias sobre el tema.

Foto de portada de X Senado.

(*) El Parlamento debatió el desafío del metano y su rol estratégico en la acción climática. | Todo El Campo

Asegurar el relevo generacional: una política para el futuro de la producción de alimentos en Uruguay.

Asegurar el relevo generacional: una política para el futuro de la producción de alimentos en Uruguay.

Asegurar el relevo no significa obligar a los hijos a quedarse en el campo, sino crear condiciones para que quedarse sea una opción atractiva, rentable y compatible con la vida moderna.

Fernando Sanabia Viscoski | Canelones | Todo El Campo | Uruguay enfrenta un desafío silencioso pero decisivo: el envejecimiento de los productores rurales y la falta de relevo generacional. En muchas explotaciones agropecuarias, especialmente en la horticultura, la fruticultura, la apicultura y la producción familiar, los hijos de los productores no encuentran razones suficientes para continuar el camino de sus padres. El resultado es un proceso gradual de abandono de predios, concentración de la tierra y despoblamiento del medio rural.

No se trata únicamente de un problema demográfico. Es un problema de sostenibilidad productiva, de seguridad alimentaria y de desarrollo territorial. Si las nuevas generaciones no asumen el rol de productores, Uruguay perderá capacidad para generar alimentos, empleo y arraigo en el interior del país.

El potencial existe. Las empresas familiares agropecuarias poseen un activo que no aparece en los balances: conocimiento acumulado durante décadas, infraestructura instalada, vínculos comerciales y una cultura de trabajo profundamente ligada al territorio. La pregunta no es si los jóvenes pueden continuar; la pregunta es qué herramientas necesita el Estado y la sociedad para que quieran hacerlo.

El primer factor es el acceso real a un proyecto propio. Muchos jóvenes participan en la empresa familiar, pero no tienen autonomía para tomar decisiones ni para desarrollar una actividad que los motive. Programas específicos que financien emprendimientos dentro del predio familiar -por ejemplo, un módulo apícola, una unidad de producción ovina, un invernáculo, un sistema de recría o un emprendimiento avícola- permitirían que el relevo comience antes de la sucesión patrimonial. El joven necesita sentirse protagonista y no solamente ayudante.

El segundo aspecto es la rentabilidad y la gestión del riesgo. Las nuevas generaciones observan cómo una sequía, un exceso de lluvias, una granizada o una caída de precios puede comprometer años de esfuerzo. Pretender que permanezcan en el campo sin ofrecer mecanismos modernos de cobertura es poco realista. Seguros agrícolas y ganaderos accesibles, fondos de estabilización para pequeños productores, incentivos para sistemas de riego y tecnologías de adaptación al cambio climático deben formar parte de una estrategia nacional de relevo generacional.

También es imprescindible incorporar innovación. El joven rural de hoy no rechaza el trabajo; rechaza la falta de perspectivas. La agricultura de precisión, los drones, los sensores, la gestión digital, el comercio electrónico de productos agropecuarios y la trazabilidad representan oportunidades para transformar la forma de producir. Cuando el campo se vincula con la tecnología, deja de ser visto como un espacio de atraso y pasa a ser un ámbito de desarrollo profesional.

Otro elemento clave es la formación empresarial. Muchos hijos de productores estudian agronomía, veterinaria o tecnicaturas agropecuarias, pero pocos reciben herramientas en administración, comercialización, planificación financiera o liderazgo de empresas familiares. La continuidad de un establecimiento depende tanto de producir bien como de gestionar correctamente. Programas de capacitación orientados específicamente al relevo podrían reducir uno de los principales motivos de abandono: la percepción de que el negocio no tiene futuro económico.

La dimensión familiar tampoco puede ignorarse. En numerosas explotaciones nunca se habla de la sucesión hasta que surge un problema de salud o un fallecimiento. La ausencia de planificación genera conflictos entre hermanos, incertidumbre y, muchas veces, la venta del campo. Promover procesos de planificación sucesoria, con apoyo técnico y jurídico, ayudaría a que las familias transformen una situación potencialmente conflictiva en un proyecto compartido.

Además, el arraigo no depende solo de la producción. Los jóvenes necesitan acceso a vivienda, conectividad, educación, salud, actividades culturales y espacios de participación. Un productor de 25 años no decide únicamente en función del precio del ganado o de la miel; también piensa dónde vivirán sus hijos, qué oportunidades tendrá su pareja y qué calidad de vida podrá construir. Las políticas rurales deben dejar de mirar exclusivamente el predio y comenzar a mirar a la comunidad.

En este proceso, las organizaciones de productores, las cooperativas, los grupos de cambio y los agentes territoriales de desarrollo rural pueden desempeñar un papel fundamental. Los jóvenes necesitan redes, mentores y ejemplos de otros que lograron innovar y vivir dignamente de la producción agropecuaria. El entusiasmo también se construye a través del intercambio y del sentido de pertenencia.

Asegurar el relevo generacional no significa obligar a los hijos a quedarse en el campo. Significa crear condiciones para que quedarse sea una opción atractiva, rentable y compatible con un proyecto de vida moderno. Uruguay invierte recursos importantes en infraestructura, sanidad animal, investigación y promoción de exportaciones. Ha llegado el momento de invertir con la misma decisión en quienes producirán los alimentos de las próximas décadas.

Porque el verdadero patrimonio del agro uruguayo no es solamente la tierra. Son las personas capaces de trabajar esa tierra, adaptarse a los cambios y transmitir el conocimiento a la generación siguiente. Si logramos que un joven vea en el campo una oportunidad y no una condena, estaremos haciendo mucho más que sostener una empresa familiar: estaremos asegurando el futuro de la producción de alimentos y del interior del Uruguay.

EL AUTOR. Fernando Sanabia Viscoski es productor agropecuario, licenciado en Gestión Agropecuaria, posgrado en Agronegocios.

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