Además de la autonomía, son máquinas capaces de controlan las tasas de aplicación y las velocidades de pulverización en campos enteros y terrenos variables con parámetros de software ajustables.
La pandemia, la guerra, los puertos colapsados, la inflación como principal preocupación de las economías en todos los países del mundo. Un sinfín de problemas graves, pero la tecnología agrícola no se detiene.
Uno de esos avances son los pulverizadores John Deere autónomos fabricados en Estados Unidos.
En Kingsburg, California, John Deere se asoció y conformó una empresa conjunta con GUSS Automation LLC, (Global Unmanned Spray System) una compañía pionera en pulverizadores semiautónomos para huertos y vides, informó Farm Connexión.
De esa unión y porque la unión hace la fuerza, nacieron varios pulverizadores GUSS supervisados remotamente por un solo operador, y que permiten a los productores rociar huertos y viñedos de forma más rápida y consistente, utilizando menos recursos y reduciendo costos al eliminar errores del operador y tiempo de inactividad.
Las máquinas también son capaces de controlan las tasas de aplicación y las velocidades de pulverización en campos enteros y terrenos variables con parámetros de software ajustables.
Chris Davison, director de Small Tractor & HVC Production Systems (John Deere), dijo que “a medida que aumenta la demanda de cultivos de alto valor, vemos oportunidades significativas para ayudar a los productores a ser más productivos al tiempo que se enfrentan los desafíos del aumento de los costos laborales y se encuentra una fuerza laboral calificada para operar el equipo”.
El personal de GUSS está calificado y tiene “un profundo conocimiento del sistema de producción de cultivos de alto valor agregado, así como sólidas relaciones con los clientes y experiencia comprobada en la implementación de tecnologías innovadoras”, agregó.
Hay países en los que los cultivos de alto valor como los huertos y viñedos, generan un valor significativamente mayor por área equivalente que los cereales o las semillas oleaginosas.
Juan C. Moreno (foto) es sanducero e integra la Comisión de Ganadería, Agricultura y Pesca de la Cámara de Diputados, este año como presidente.
A comienzos de abril el diputado sanducero Juan Carlos Moreno (Partido Colorado, sector Ciudadanos), presentó un proyecto de ley sobre la faena de animales de granja en establecimientos familiares de todo el país.
Moreno es el presidente de la Comisión de Ganadería, Agricultura y Pesca de la Cámara de Diputados.
En declaraciones al diario El Telégrafo dijo que al presentar el proyecto se busca dar facilidades en la comercialización de la faena de los animales de granja aumentando directamente la rentabilidad en las escalas productivas familiares del país.
El legislador señaló que en la agropecuaria hay una diversidad de actores, entre ellos los productores pequeños que “cumplen un rol importante y fundamental en la cadena” generando “un impacto positivo e inmediato en la colectividad social a la que pertenecen y contribuyen en la identidad de los pueblos rurales”.
Sin embargo, “desde hace mucho tiempo existe una problemática que se vincula a las limitaciones de comercialización de los animales que producen y que por escala productiva afrontan dificultades en los costos”.
El proyecto de ley consta 6 artículos.
El primero habilita “la faena de animales de producción (cerdos, corderos, aves, conejos u otros animales de granja que el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca entienda pertinente habilitar) a aquellos productores que se encuentren inscriptos en el Registro de Productor Familiar de la Unidad Ejecutora 007 Dirección General de Desarrollo Rural”.
En el artículo segundo se limita la faena estableciendo que “solo podrán ser faenados en esta modalidad los animales declarados aptos para el consumo humano” lo que deberá hacer la Unidad Ejecutora 005 Dirección General de Servicios Ganaderos”.
En tercer lugar, “las cantidades y/o cuotas habilitadas de faena deberán ser autorizadas por la Unidad Ejecutora 006 Dirección General de la Granja”. A su vez, “bajo ningún concepto el productor podrá faenar luego de las 72 horas de expedida la autorización”.
“El productor familiar deberá contar con la declaración Jurada de Dicose vigente, así como también, respetar las disposiciones de la ley N° 18471 del 27 de marzo de 2009 referida al bienestar animal a los efectos de ser habilitado para la realización de la faena de los animales bajo este mecanismo”, dice el artículo 4.
El artículo 5 determina que “el productor familiar, en el momento de la comercialización de los animales faenados, deberá emitir una constancia al comprador para garantizar el origen de los animales, la cual será definida por el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca en la reglamentación de la presente ley.
Por último, el artículo 6 estable que el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca reglamentará la iniciativa y allí “definirá los requisitos mínimos de inocuidad necesarios a cumplir en la faena de los animales”.
MÁS DE 20 PROYECTOS DE LEY. De acuerdo a la ficha de la Cámara de Representantes, el legislador ha trabajado o colaborado en más de 20 proyectos de ley ingresados sobre temas variados, entre ellos referidos al bienestar animal, exoneración fiscal a micros y pequeñas empresas localizadas en zonas fronterizas, programa piloto en obra rurales de Mevir.
En Uruguay se producen dos tipos de boniato: el criollo, que es de piel violeta y pulpa amarilla; y el zanahoria, que es de piel cobriza y pulpa naranja. Dentro de cada tipología hay múltiples variedades.
El boniato es un alimento tradicional en la mesa de los uruguayos y ha alcanzado ese lugar, quizás, por ser un producto accesible, nutritivo, versátil y que está disponible casi todo el año. Para lograr que reúna todas esas características los científicos del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) trabajan hace más de tres décadas desarrollando nuevas variedades que acompañen las necesidades de los productores y de los consumidores.
En Uruguay se producen dos tipos de boniato: el criollo, que es de piel violeta y pulpa amarilla; y el zanahoria, que es de piel cobriza y pulpa naranja. Dentro de cada tipología hay múltiples variedades que, si bien no se comercializan de manera diferenciada, presentan cualidades distintas y en su mayoría han sido desarrolladas por INIA.
Al momento de generar una nueva variedad, los investigadores del instituto deben considerar aquellas características que son más valoradas por el consumidor y los productores. “En el tipo criollo, por ejemplo, se busca el sabor del boniato tradicional, que sea muy cremoso, que se conserve por más tiempo y que presente una piel violeta atractiva y la forma alargada que facilitan su identificación”, explica la Ing. Agr. Joanna Lado, investigadora de la Plataforma de Agroalimentos de INIA.
Atendiendo a esto, el instituto ha desarrollado distintas variedades de tipo criollo, como INIA Cuarí, que destaca por su calidad externa y productividad; INIA Arapey, de buen sabor y productividad, aunque limitada conservación; INIA Cambará, que resalta por su calidad externa, sabor y textura, y más recientemente, INIA Rubí 63. Este último “se acerca a lo que sería un boniato criollo ideal”, dice Lado, ya que reúne las cualidades de conservación, productividad, calidad y sabor más buscadas.
“Su principal diferencia es que se puede conservar por un periodo de siete meses o más, lo que significa que los productores pueden cosecharlo en abril y conservarlo, llegando a octubre y noviembre con una oferta de calidad, cosa que hasta ahora no era posible con otras variedades criollas. Además, es muy productivo, se adapta a distintos ambientes y tiene textura muy cremosa y sabor bien típico a boniato criollo”, afirma Lado.
En el caso de los tipo zanahoria, las características más buscadas para su consumo tienen que ver con el color, dulzor, el aporte nutricional, la cocción más rápida, la textura más húmeda y la versatilidad de uso. En esta categoría el instituto ha desarrollado variedades como INIA Cuabé, que presenta buen sabor y textura semi húmeda; INIA Chapicuy, que destaca por su calidad para el consumo de mesa y congelado, e INIA Ayuí, de textura húmeda y cocción rápida, entre otras. Además, se encuentra la variedad extranjera Beauregard, que combina textura, sabor y conservación.
Tradicionalmente en las recomendaciones de consumo diario de frutas y verduras se excluye a la papa y al boniato. No obstante, “es importante diferenciar al boniato zanahoria, que tiene un importante contenido de fibra y antioxidantes que son claves para cuidar nuestra salud”, señala Lado.
En este sentido, desde INIA se desarrolló la variedad INIA Kuará que, entre otras cualidades, destaca por su alto contenido de betacaroteno, un antioxidante con importante aporte pro- vitamina A. Asimismo, el instituto prevé profundizar las líneas de trabajo en este tipo de boniato para alcanzar resultados igualmente exitosos que los de INIA Rubí 63 en calidad y conservación.
“En boniatos criollos alcanzamos casi un ideal con INIA Rubí 63. Ahora la meta es orientar con más fuerza la investigación en los boniatos zanahoria, donde vemos múltiples oportunidades de mejora en lo que hace a la conservación, el contenido de antioxidantes y la cremosidad, que son cualidades que el productor y el consumidor valoran”, afirma Lado.
Para seguir incrementando la oferta hortícola con productos de calidad, entre las líneas de trabajo a futuro el instituto está comenzando a evaluar boniatos de pulpa violeta, que presentan aportes nutricionales complementarios a los de tipo zanahoria. Además, este año iniciará el estudio del comportamiento de las variedades frente a diferentes métodos de cocción para poder realizar recomendaciones de uso a los consumidores.
“Hace más de tres décadas que INIA trabaja para lograr hortalizas que combinen lo que busca el consumidor y lo que quieren los productores. Con el boniato tenemos la posibilidad de mejorar la dieta de los uruguayos con un producto accesible, disponible todo el año y que está arraigado en nuestra sociedad. Ese es nuestro cometido y vamos a seguir apostando a superarlo desde la ciencia y la tecnología”, concluye Lado.
“Alternaria es un hongo de difícil control, demanda monitoreos intensivos y aplicaciones sucesivas de fungicidas como método preventivo-curativo ante la presencia de nuevos brotes”.
El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) informó sobre la presencia del hongo que afecta la citricultura. En el país vecino se registró en el noreste y constituye una amenaza cuando se dan las variables meteorológicas adecuadas para su desarrollo.
Las tres condiciones meteorológicas que favorecen la aparición y diseminación de la alternaría o mancha marrón de las mandarinas son: i) temperaturas medias diarias entre 20ºC y 28ºC, ii) precipitaciones abundantes y frecuentes, y iii) sucesivos días con rocío.
“Alternaria es un hongo de difícil control, demanda monitoreos intensivos y aplicaciones sucesivas de fungicidas como método preventivo-curativo ante la presencia de nuevos brotes”, explicó Juan Manuel Roncaglia, investigador del INTA Chajarí (Entre Ríos).
En estos días, la región citrícola argentina está cursando condiciones ideales para las infecciones sobre brotes en desarrollo y frutos. Además, a partir de enero, la Estación Agrometeorológica del INTA Concordia (Entre Ríos) registró abundantes precipitaciones, luego de sufrir durante meses sequías generales con escasas caída de agua, situación que favorece a otros riesgos como el rajado de frutos.
“Los lotes que tienen mayor presión de esta enfermedad son aquellos en los que hay plantas con copas más cerradas con poca aireación, donde hay mucho movimiento de bines, cosechadores, herramientas y quintas vecinas que son las principales vías de diseminación”, indicó Roncaglia. “Afecta principalmente a mandarinas de las variedades Murcott y Nova”, añadió.
Uno de los síntomas más característicos de la alternaria es una mancha marrón de forma redondeada sobre la corteza de los frutos que, con el tiempo, se vuelve más clara y se forma una costra que puede caerse y dejar una cicatriz.
INTA recomienda a los productores citrícolas de su país que realicen los monitoreos pertinentes de los lotes de mandarinas Murcott y Nova, y se consulte a un profesional especialista que prescriba la estrategia de prevención y control adecuada, en los casos en que se requieran.
Se analizaron las 500 principales empresas hortofrutícolas de Europa occidental, su crecimiento, beneficios y facturación. El impulso más importante para el sector hortofrutícola resultó del mayor interés por parte de los consumidores en llevar un estilo de vida saludable.
Perú | Agraria.pe | Han pasado dos años desde el comienzo del Covid-19 y las consecuencias de la epidemia son cada vez más evidentes; también en el sector de las frutas y hortalizas, donde las empresas se han visto obligadas a adaptarse. Los confinamientos o el acaparamiento por parte de los consumidores, pero también la escasez de materias primas, ejercieron presión sobre el mercado.
A-Insights ha analizado los datos de las 500 principales empresas hortofrutícolas de Europa occidental y ha estudiado, entre otras cosas, su crecimiento, beneficios y facturación. «La intuición y la experiencia no bastan para tomar las decisiones estratégicas correctas, se necesitan datos fiables. Con cifras de 2015 a 2020, se analizó el mercado y se registraron los avances más importantes en un nuevo informe de tendencias. Compartimos aquí algunas de las conclusiones más llamativas».
CRECIMIENTO IMPULSADO POR LOS CONSUMIDORES.
La pandemia ha hecho que tendencias que ya existían se magnifiquen. El impulso más importante para el sector hortofrutícola resultó del mayor interés por parte de los consumidores en llevar un estilo de vida saludable. Los confinamientos, en particular, han hecho que este interés crezca, y en los hogares las existencias se reponen sin escatimar, lo cual ha conllevado un crecimiento de la venta de frutas y verduras congeladas y en conserva.
LA CADENA BAJO PRESIÓN.
No se observa solo crecimiento. La creciente complejidad de la legislación y la normativa en la cadena está aumentando la presión sobre los márgenes para casi todos los actores. Los agricultores, en particular, se están llevando la peor parte. Si a ello se añade la actual escasez de materias primas y el aumento de la inflación, cada vez les resulta más difícil salir adelante.
NUEVOS ACTORES EN EL MERCADO.
Sin embargo, son precisamente los nuevos actores del mercado quienes se han beneficiado. Las empresas que han invertido en un enfoque minorista han podido crecer a pesar de la pandemia. También ha quedado claro que es importante que las empresas sigan innovando. Ejemplos de esto son los aguacates extramaduros, o los kits para preparar determinados platos que ahora se pueden encontrar en los supermercados. El valor añadido de un producto y disponer de oferta más exclusiva o diversa son cada vez más importantes.
El informe profundiza en este aspecto:
Qué empresas obtuvieron los mejores resultados en el año 2020, y por qué.
En qué eslabón de la cadena se generaron más ingresos, pero por qué los márgenes también están bajo presión ahí.
Cómo puede usted, como empresa, afrontar tácticamente los rápidos cambios del mercado.
Encontrar aceite de oliva con sello uruguayo y extranjero es común en los almacenes y supermercados del país, sin embargo, pocos saben que la calidad de los productos olivareros nacionales es excelente y cuenta con 20 años de investigación científica detrás. Todas estas cualidades despertaron el interés del Consejo Oleícola Internacional (COI), máximo organismo mundial regulador del rubro, que visitó por primera vez Uruguay para inaugurar la cosecha.
Cabe destacar que en 2021, la edición de la revista Olivae que pertenece al COI y es la publicación de referencia para todo el sector en el mundo, estuvo centrada en la producción oleícola nacional, lo que sentó un precedente en la vinculación con el organismo del que Uruguay forma parte hace nueve años.
Tras dos jornadas de encuentros con autoridades oficiales y actores del sector, la delegación liderada por el director ejecutivo del COI, Abdellatif Ghedira, y el jefe del departamento de Relaciones Exteriores, Mounir Fourati, cerró su recorrido en la estación experimental de INIA Las Brujas (Canelones) donde en 2002 comenzaron las investigaciones en olivicultura, acompañando el impulso de los primeros empresarios y grandes productores que iniciaron la producción comercial en Uruguay.
Desde INIA recibieron a la comitiva Paula Conde, referente en olivicultura; José Villamil, investigador que inició los estudios en el rubro en el instituto; Santiago Cayota, director de INIA Las Brujas; Carolina Leoni, fitopatóloga de INIA, y Facundo Ibáñez, responsable del laboratorio de Agroalimentos.
También participaron Mercedes Arias, investigadora de Ecofisiología en olivos de Facultad de Agronomía; Jorge Pereira, referente en Recursos Genéticos del Olivo, y María Noel. Akerman y Leidy Gorga, de la Oficina de Programación y Política Agropecuaria. Representando a la Asociación Olivícola Uruguaya asistieron Roberto Zoppolo, José Pedro Sánchez y Alberto Peverelli.
“Hace 20 años que comenzó la investigación en olivicultura en el país y el aporte de productores, investigadores y asesores ha permitido aprender en el camino y lograr un producto uruguayo de excelente calidad. Esta visita es un reconocimiento a ese esfuerzo y es un punto de inflexión, porque puede fortalecer a la investigación y al sector en su conjunto”, valoró Conde.
“Cuando se introduce un cultivo nuevo en el país las preguntas iniciales son si es posible hacerlo en las condiciones locales, qué variedades son las más aptas y cuáles son las limitantes productivas. En 2002 Uruguay no podía contestar estas peguntas porque no había experiencia y para tener esas respuestas INIA dio el primer paso instalando un cuadro comparativo de cultivares, que la delegación del COI pudo conocer”, dijo Conde.
Mediante este experimento se pudo obtener información sobre el rendimiento, el comportamiento, la calidad del aceite y la resistencia a enfermedades de cada variedad, y los problemas sanitarios que enfrentan. “El acervo de datos generado por INIA se plasmó en un catálogo que caracteriza 28 cultivares y es de gran utilidad para que el productor pueda elegir qué variedad de olivo plantar en función de sus objetivos”, señala Conde.
INIA también está evaluando la incidencia del riego en el rendimiento y la calidad del aceite, ya que más del 80% de los productores no cuentan con sistemas de riego y los periodos de sequía de Uruguay afectan la productividad del cultivo. “Saber en qué medida esto afecta la producción es muy útil para que el productor pueda hacer números y evaluar los costos para su inversión”, destacó Conde.
Sobre el final del recorrido desde INIA se hizo énfasis en las líneas de investigación que se pretenden abordar a futuro y la inocuidad fue el foco. “Nos interesa trabajar en alternativas agroecológicas para el control de los problemas sanitarios y de la cobertura vegetal que afectan al olivo. Eso nos va a permitir disminuir el uso de agroquímicos y lograr una producción más inocua para los consumidores”, dijo Conde.