La Federación de Industrias Frigoríficas Regionales Argentinas (Fifra) divulgó un artículo de la analista María Julia Aiassa del Rosgan comenta los efectos de corto y mediano plazo de la sequía en la ganadería de cría.
María Julia Aiassa | Argentina | Desde mediados de enero a la fecha, el mapa argentino comenzó a mostrar situaciones bien diferenciadas. Luego del fuerte golpe de calor sufrido en gran parte del territorio nacional hacia fines de diciembre y primeros días de enero, en un contexto de alta demanda hídrica, varias zonas productoras han logrado revertir dicha condición mientras que, en otras, la situación continuó agravándose.
Las lluvias recibidas en provincia de Buenos Aires, La Pampa, Sur de Santa Fe y Córdoba trajo en su mayoría gran alivio a situación, aunque en otras, más puntuales, ha provocado importantes excesos. En total contraste, la situación en el NEA (noreste argentino) y el NOA (noroeste argentino) continúa siendo devastadora no solo por la sequía extrema sino por incendios que avanzan ya de manera incontrolable sobre una amplia zona del noreste nacional.
Según un reciente informe dado a conocer por el INTA Corrientes, solo en esa provincia el fuego ya arrasó más de 500.000 hectáreas expandiéndose a un elevado ritmo, más de seis veces desde mediados de enero. Si bien hoy la situación de Corrientes es la más crítica, por su extensión y por la voracidad con la que está avanzando el fuego, provincias como Formosa, Chaco y Entre Ríos también han estado sufriendo incendios de gran magnitud, destruyendo potreros, aguadas e instalaciones que demandarán una alta inversión para reconstruir.
A nivel productor, esta situación también abre dos realidades: la de aquellos criadores que tienen la posibilidad de salir a buscar otros campos y mover rápidamente la hacienda para evitar mayor mortandad y la de otros, de menor escala y recursos, cuyo destino indefectiblemente será liquidar o incluso, en los casos más extremos dejar morir los animales en el campo ante la falta total de asistencia concreta frente a semejante emergencia.
En varias zonas ya se habla de la peor seca de la historia. Sin embargo, todos recordamos la seca de los años 2008/09 y el duro golpe que significó para el stock ganadero nacional no solo para aquel ciclo sino también para sucesivos como consecuencia de múltiples factores que comienzan a desencadenase a partir de este tipo de eventos. En efecto, para fines de 2010 el stock ganadero nacional se ubicaba debajo de los 49 millones de animales, lo que significó una pérdida de 10 millones de cabezas en tan solo tres años.
En primera instancia, luego de la mortandad de animales registrada hacia fines de 2008 y las pérdidas a nivel reproductivo que recién se vieron plasmados en los indicadores del siguiente año, lo que se registró en 2009 fue una fuerte liquidación de hacienda ante la imposibilidad de retención que ofrecían los campos. La tasa de extracción -el nivel de faena sobre el total de cabezas en stock a inicios del ciclo- alcanzó durante ese año el 29%, pasando de una faena de 14,6 millones de animales en 2008 a 16,1 millones en 2009. Es decir que, por efecto de las condiciones ambientales imperantes, durante aquel año debieron enviarse a faena 1,4 millones de animales más que durante el año previo. Sin embargo, el patrón que se observa en este tipo de procesos, que es el que sin dudas mayor impacto a largo plazo genera, es una mayor presión de liquidación sobre las hembras. Durante aquel año, el 67% (961 mil animales) de lo que podría considerarse como faena forzada o incremental (1,4 millones de animales) fueron hembras, esto es vacas, vaquillonas y terneras que no pudieron continuar en sus fases de producción, resultando en una dramática pérdida de terneros en los años posteriores. En solo un año, 2009, se perdieron cerca de 2 millones de vacas del stock y 4 puntos en el porcentaje de destete de terneros el cual se contrajo del 56% al 52%.
A diferencia del período 2008/09 donde la situación de seca encontraba a la ganadería en lo que podríamos llamar un principio de liquidación que, posteriormente se vio exacerbado en este este contexto, hoy partimos de un nivel en línea con lo que supondría un stock de equilibrio. Tras los picos registraos en 2019 y 2020, actualmente la participación de las hembras fluctúa en torno al 45% de la faena total. Si bien los datos de faena del mes de enero aun no están mostrando indicadores de alerta en este sentido, puesto que la faena de vacas estacionalmente sigue siendo baja, ya es posible observar una leve tendencia al crecimiento, que podría acelerarse en los próximos meses.
Por el momento están saliendo anticipadamente las recrías que no se están pudiendo terminar. En efecto las categorías que prácticamente se mantuvieron sin cambios durante enero, en un contexto de menor faena general fueron precisamente novillitos y vaquillonas, donde las salidas en muchos casos fueron producto de procesos de recría acortados. Probablemente a partir de los números de febrero y marzo comience a verse mayor proporción de vacas saliendo de los campos con destino a faena e de incluso vaquillonas que no ingresarían como reposición. En este sentido, la enorme pérdida que dejará este período en muchas zonas productoras, ya sea por mortandad de hacienda, como pérdida de forrajes y rendimiento de los granos, sin considerar siquiera las situaciones más extremas de daños en instalaciones provocadas por incendios, harán que la liquidez de los productores se vea más limitada respecto de años anteriores, llevando a muchos de ellos a desprenderse de parte de la hacienda como herramienta para generar los recursos financieros que no estarían ingresando por producción.
Actualmente las zonas más afectadas reúnen cerca de 15 millones de animales, casi un tercio del stock nacional, según los últimos datos disponibles a diciembre de 2020. Por mínimo que resulte este desprendimiento, será sin dudas un nivel de oferta muy significativo que comenzará a ingresar al mercado a partir de los próximos meses. Muy probablemente, gran parte de esa hacienda que deberá salir de los campos en muy malas condiciones termine en líneas de faena mientras que un porcentaje menor, podrá ser trasladado a otros campos donde continuar en producción.
Sabemos que el efecto de esta seca sin dudas ha afectado los porcentajes de preñez logrados durante el actual ciclo, algo que recién impactará en la zafra de terneros del próximo, en 2023. Ahora bien, el segundo gran golpe dependerá del grado de liquidación de hembras que termine registrándose este año, puesto que ello condicionará de manera directa la cantidad de vientres que lleguen a servicios durante la primera 2022, las pariciones 2023 y, por ende, la posterior zafra 2024. Una sucesión de eventos que comenzarán a desencadenarse en función de lo que se observe en materia de liquidación en los próximos meses.
La situación de Corrientes es la más crítica, por su extensión y por la voracidad con la que está avanzando el fuego. Provincias como Formosa, Chaco y Entre Ríos también han estado sufriendo incendios de gran magnitud, destruyendo potreros, aguadas e instalaciones.
Rosgan | Rosario, Argentina | Desde mediados de enero a la fecha, el mapa argentino comenzó a mostrar situaciones bien diferenciadas. Luego del fuerte golpe de calor sufrido en gran parte del territorio nacional hacia fines de diciembre y primeros días de enero, en un contexto de alta demanda hídrica, varias zonas productoras han logrado revertir dicha condición mientras que, en otras, la situación continuó agravándose.
Las lluvias recibidas en provincia de Buenos Aires, La Pampa, Sur de Santa Fe y Córdoba trajo en su mayoría gran alivio a situación, aunque en otras, más puntuales, ha provocado importantes excesos.
En total contraste, la situación en el NEA y el NOA (nordeste noroeste argentino, respectivamente) y continúa siendo devastadora no solo por la sequía extrema sino por incendios que avanzan ya de manera incontrolable sobre una amplia zona del noreste nacional. Según un reciente informe dado a conocer por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) Corrientes, solo en esa provincia el fuego ya arrasó más de 500.000 hectáreas expandiéndose a un elevado ritmo, más de seis veces desde mediados de enero.
Si bien hoy la situación de Corrientes es la más crítica, por su extensión y por la voracidad con la que está avanzando el fuego, provincias como Formosa, Chaco y Entre Ríos también han estado sufriendo incendios de gran magnitud, destruyendo potreros, aguadas e instalaciones que demandarán una alta inversión para reconstruir.
A nivel productor, esta situación también abre dos realidades: la de aquellos criadores que tienen la posibilidad de salir a buscar otros campos y mover rápidamente la hacienda para evitar mayor mortandad y la de otros, de menor escala y recursos, cuyo destino indefectiblemente será liquidar o incluso, en los casos más extremos dejar morir los animales en el campo ante la falta total de asistencia concreta frente a semejante emergencia.
En varias zonas ya se habla de la peor seca de la historia. Sin embargo, todos recordamos la seca de los años 2008/09 y el duro golpe que significó para el stock ganadero nacional no solo para aquel ciclo sino también para sucesivos como consecuencia de múltiples factores que comienzan a desencadenase a partir de este tipo de eventos. En efecto, para fines de 2010 el stock ganadero nacional se ubicaba debajo de los 49 millones de animales, lo que significó una pérdida de 10 millones de cabezas en tan solo tres años.
En primera instancia, luego de la mortandad de animales registrada hacia fines de 2008 y las pérdidas a nivel reproductivo que recién se vieron plasmados en los indicadores del siguiente año, lo que se registró en 2009 fue una fuerte liquidación de hacienda ante la imposibilidad de retención que ofrecían los campos. La tasa de extracción -el nivel de faena sobre el total de cabezas en stock a inicios del ciclo- alcanzó durante ese año el 29%, pasando de una faena de 14,6 millones de animales en 2008 a 16,1 millones en 2009. Es decir que, por efecto de las condiciones ambientales imperantes, durante aquel año debieron enviarse a faena 1,4 millones de animales más que durante el año previo.
Sin embargo, el patrón que se observa en este tipo de procesos, que es el que sin dudas mayor impacto a largo plazo genera, es una mayor presión de liquidación sobre las hembras. Durante aquel año, el 67% (961 mil animales) de lo que podría considerarse como faena forzada o incremental (1,4 millones de animales) fueron hembras, esto es vacas, vaquillonas y terneras que no pudieron continuar en sus fases de producción, resultando en una dramática pérdida de terneros en los años posteriores. En solo un año, 2009, se perdieron cerca de 2 millones de vacas del stock y 4 puntos en el porcentaje de destete de terneros el cual se contrajo del 56% al 52%.
A diferencia del período 2008/09 donde la situación de seca encontraba a la ganadería en lo que podríamos llamar un principio de liquidación que, posteriormente se vio exacerbado en este este contexto, hoy partimos de un nivel en línea con lo que supondría un stock de equilibrio. Tras los picos registraos en 2019 y 2020, actualmente la participación de las hembras fluctúa en torno al 45% de la faena total.
Si bien los datos de faena del mes de enero aun no están mostrando indicadores de alerta en este sentido, puesto que la faena de vacas estacionalmente sigue siendo baja, ya es posible observar una leve tendencia al crecimiento, que podría acelerarse en los próximos meses.
Por el momento están saliendo anticipadamente las recrías que no se están pudiendo terminar. En efecto las categorías que prácticamente se mantuvieron sin cambios durante enero, en un contexto de menor faena general fueron precisamente novillitos y vaquillonas, donde las salidas en muchos casos fueron producto de procesos de recría acortados.
Probablemente a partir de los números de febrero y marzo comience a verse mayor proporción de vacas saliendo de los campos con destino a faena e de incluso vaquillonas que no ingresarían como reposición. En este sentido, la enorme pérdida que dejará este período en muchas zonas productoras, ya sea por mortandad de hacienda, como pérdida de forrajes y rendimiento de los granos, sin considerar siquiera las situaciones más extremas de daños en instalaciones provocadas por incendios, harán que la liquidez de los productores se vea más limitada respecto de años anteriores, llevando a muchos de ellos a desprenderse de parte de la hacienda como herramienta para generar los recursos financieros que no estarían ingresando por producción.
Actualmente las zonas más afectadas reúnen cerca de 15 millones de animales, casi un tercio del stock nacional, según los últimos datos disponibles a diciembre de 2020. Por mínimo que resulte este desprendimiento, será sin dudas un nivel de oferta muy significativo que comenzará a ingresar al mercado a partir de los próximos meses. Muy probablemente, gran parte de esa hacienda que deberá salir de los campos en muy malas condiciones termine en líneas de faena mientras que un porcentaje menor, podrá ser trasladado a otros campos donde continuar en producción.
Sabemos que el efecto de esta seca sin dudas ha afectado los porcentajes de preñez logrados durante el actual ciclo, algo que recién impactará en la zafra de terneros del próximo, en 2023.
Ahora bien, el segundo gran golpe dependerá del grado de liquidación de hembras que termine registrándose este año, puesto que ello condicionará de manera directa la cantidad de vientres que lleguen a servicios durante la primera 2022, las pariciones 2023 y, por ende, la posterior zafra 2024. Una sucesión de eventos que comenzarán a desencadenarse en función de lo que se observe en materia de liquidación en los próximos meses.
La oferta ganadera muy reducida está acusando los efectos tanto de la sequía sobre las recrías como del aumento notable del maíz sobre el engorde a corral.
Ignacio Iriarte | Hay muy poco ganado liviano bien terminado, y si bien la demanda doméstica parece haber tocado un techo, matarifes y frigoríficos se ven obligados a pagar valores que después no se pueden trasladar plenamente al carnicero o al mostrador.
Hay poco ganado liviano (ternero especialmente), y se advierte que se está registrando otro escalón de escasez de gordo, que se esperaba para fin de febrero o marzo.
La combinación de los efectos de la sequía sobre la oferta, con una exportación limitada, pero con buenos valores FOB, y con la vuelta de las vacaciones de millones de personas a las grandes ciudades, está conformando un mercado muy firme. Lo único que se ve hacia adelante es escasez, que no se sabe cuánto tardará en revertirse, aunque sea parcialmente.
La demanda está, la oferta sigue cayendo. Entre la sequía, los errores del Gobierno y la suba del maíz, la escasez parece asegurada.
La exportación, mientras tanto, paga valores muy mejorados por la vaca conserva o manufactura, cuya exportación a China está permitida; la oferta de vacas es limitada, y pese a la seca, la faena de esta categoría todavía es baja. El novillo Hilton, está particularmente caro, con precios que son 215% más altos que cuando llegó la actual administración hace dos años. Todo un éxito.
Tanto el valor FOB del Hilton como el de la vaca a China se mantienen en niveles muy altos: la demanda europea se está recuperando, con pocos stocks en cámara. Por otra parte, a la formidable demanda de China por carne vacuna no parece afectarle por ahora ni la vuelta de Brasil, ni la caída en la actividad económica del gigante asiático, ni la superabundancia de cerdo, ni la estricta lucha de las autoridades de ese país contra el Covid-19.
Es un escenario de exportaciones controladas, limitadas, pero con precios muy interesantes. Argentina colabora, a su manera, con los problemas de oferta que existen hoy en el mercado internacional de la carne vacuna, y que mantienen los precios en niveles del 20% al 30% más altos que un año atrás.
FEEDLOT.
Pese a la reciente baja de la relación de compra/venta, que era de 1,38 a 1 en diciembre, y en enero promedió el 1,29 a 1 (invernada/gordo), los números siguen en rojo para el feedlot.
La sequía anticipó la oferta de terneros de destete, forzando una baja del precio de la invernada, pero al mismo tiempo se dispararon los precios del maíz y de la soja.
Ahora, a una relación de compra/venta que sigue siendo muy adversa, se le agrega un costo por kilo ganado en los corrales que casi iguala el valor de venta del gordo neto de gastos. Se combina una huida del dinero hacia los terneros, con un precio del maíz que es hoy –a moneda constante– el más alto de la serie para los años 2005-2021, ubicándose en enero un 45% por encima del promedio de dicho período.
Los resultados son malos. Una operación clásica de engorde a corral de un novillito, desde los 200 a los 380 kilos, deja un rojo que se ubica entre los 9.000 y los 14.000 pesos por ciclo, mientras que el engorde de una ternera arroja una pérdida de entre los 8.000 y los 10.000 pesos por animal.
(Web de Salvador Di Stefano, analista de mercados).
El gremialista advirtió en declaraciones a la prensa que la ganadería de la Patagonia “atraviesa uno de los peores momentos de las últimas décadas”.
Nicolás Pino, presidente de la Sociedad Rural Argentina, participó de la inauguración de la 84° Exposición de Ganadería y Afines y la 42° Feria del Carnero a Campo de Comodoro Rivadavia, oportunidad en que lanzó, una vez más los reclamos del sector.
El domingo 6 de febrero se realizó la inauguración de ambos eventos, Pino reclamó “la importancia” de contar con “acuerdos comunes para el trabajo en el campo. El Gobierno (nacional) es el responsable de generarlos”.
También apuntó contra el tipo de cambio: “Estoy convencido de que la Patagonia tiene un potencial impresionante, y para desarrollarlo, hay que corregir las dificultades macroeconómicas del país, entre ellas el doble tipo de cambio” porque “vendemos nuestros productos a 100 y pagamos los insumos a más de 200”.
Se refirió a las dificultades climáticas del litoral argentino, con los incendios y sequía, fenómenos estos por los que se ha pedido de forma urgente ayuda estatal.
“Nos solidarizamos con los colegas de distintas zonas que están sufriendo incendios, en especial con los de Corrientes que por estas horas la están pasando muy mal”, dijo.
DE LOS PEORES MOMENTOS.
Más tarde Pino advirtió en declaraciones a la prensa que la ganadería de la Patagonia “atraviesa uno de los peores momentos de las últimas décadas”.
El contexto macroeconómico es “el mayor lastre para la producción en Patagonia. La sumatoria de factores como el actual tipo de cambio, la elevada inflación, la insostenible presión fiscal, las retenciones, las restricciones comerciales con cupos y cierres, así como la falta de reglas claras y sostenibles en el tiempo, son sin dudas el grueso del problema y los que ahuyentan del campo a la gente y a las inversiones”, enfatizó.
En el acto de inauguración de la Expo Rural de Comodoro Rivadavia destaqué la importancia que tiene encontrar acuerdos comunes para el trabajo en el campo. El gobierno es el responsable de generarlos. pic.twitter.com/03mMlIWCFp
La industria frigorífica de Australia se vio afectada por una ola de infecciones de Ómicron, la última variante de Covid-19, entre los empleados; en Brasil, las exportaciones lograron un récord en enero.
Históricamente, Brasil y Australia han sido los principales productores y exportadores de carne de vacuno ocupando la cima del ranking mundial de comercio de proteína roja.
Los exportadores brasileños comenzaron enero con buen pie, batiendo un récord histórico para el primer mes del año, con 140.540 toneladas de carne fresca enviadas en el período, un aumento del 10,7% sobre el monto de diciembre/2021 y un aumento del 31% en comparación con enero/2021.
A su vez, los exportadores australianos iniciaron el nuevo ciclo anual cosechando uno de los peores resultados mensuales de su historia.
Las exportaciones del país desde Oceanía alcanzaron solo 43.400 toneladas el mes pasado, un 13% menos que una cifra ya muy baja registrada en enero de 2021 y un 33% más baja que el promedio de enero de cuatro años antes, según el portal Beef Central.
El informe agrega que las industrias de procesamiento de carne en el este de Australia se han visto afectadas por una ola de infecciones por la variante Ómicron entre los miembros del equipo después de que las compañías regresaron a trabajar en enero.
Como resultado, hubo una caída dramática en los rendimientos de los refrigeradores, con algunas fábricas que informaron reducciones del 30% al 50% en las operaciones a principios del mes pasado.
Todos los principales mercados de exportación se vieron afectados el mes pasado.
Japón, el mayor cliente de carne de Australia por volumen e ingresos, ha tomado solo 10.200 toneladas en el último mes.
Este resultado representó, en cantidad, una caída del 39% respecto a diciembre y una caída del 19% respecto a las negociaciones de enero de 2021.
A su vez, Estados Unidos (país que ha ido incrementando sus compras de carne brasileña) importó solo 6.700 toneladas de proteína australiana.
Esta cantidad fue menos de la mitad del comercio registrado en diciembre (15.300 toneladas), y un 4% por debajo del volumen de enero del año pasado.
A pesar de la alta demanda que condujo al período del Año Nuevo Chino, las exportaciones de carne de res de Australia al gigante asiático alcanzaron solo 8.800 toneladas en enero/2022, un 36% menos que en diciembre y un 5% por debajo de las cifras de enero del año pasado.
En comparación con el mercado surcoreano, los envíos australianos aumentaron un 10% en enero pasado en comparación con el mismo mes de 2021 a 9.300 toneladas de carne refrigerada y congelada.
Sin embargo, en comparación con el resultado obtenido en diciembre/2021 (15.200 toneladas), las ventas del mes pasado al mercado surcoreano cayeron un 39%.
Indonesia compró 1.500 toneladas de carne australiana en enero/2022, menos de la mitad del volumen visto en la misma época del año pasado.
Los diez países que conforman la región de Oriente Medio representaron la compra de 1.100 toneladas de carne de vacuno australiana el mes pasado, menos de la mitad del comercio registrado en diciembre y un 45% por debajo del observado en enero del año pasado.
El volumen total enviado al Reino Unido alcanzó solo 40 toneladas, mientras que el bloque de la Unión Europea (UE) representó solo 440 toneladas en enero/2022, un 18% menos que en el mismo mes de 2021.
PRONÓSTICO PARA 2022.
Impulsado por el proceso de reconstrucción del rebaño de ganado, se espera que las exportaciones de carne de vacuno de Australia crezcan un 11% este año (o casi 100,000 toneladas) a aproximadamente 1 millón de toneladas en comparación con el volumen calculado en 2021, predice Meat & Livestock Australia MLA (*).
El récord de pesos de canal esperado este año también contribuirá a una mayor disponibilidad de carne para la exportación, agrega el MLA.
La entidad predice que el peso promedio de las canales de ganado adulto alcanzará los 311 kg este año, impulsado por una mayor dependencia de la alimentación de granos y la reducción de las matanzas de hembras.
Este número es superior a los 283 kg registrados en 2019, un año dañado por la sequía en las regiones australianas, que resultó en la liquidación del escuadrón de vacas.
(Fuente: artículo de Denis Cardoso en Portal DBO. Foto de Actualidad Ganadera).