También participaron el Programa de Educación para el Agro y el Campus Regional Norte; el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria y el Instituto Plan Agropecuario.
Salto | Todo El Campo | Más de 220 estudiantes y docentes de doce escuelas agrarias del norte y noreste del país participaron en una jornada educativa en el Centro de Innovación y Capacitación Ovina Mario Azzarini (Cicoma), en Salto.
La propuesta combinó prácticas de campo, intercambio institucional y tecnología aplicada al agro, consolidando un espacio de aprendizaje colectivo para las nuevas generaciones rurales.
La actividad fue organizada por los técnicos del Secretariado Uruguayo de la Lana (SUL) y el docente de UTU, Ing. Agr. Rodrigo Dematté, con el apoyo del Programa de Educación para el Agro y el Campus Regional Norte. También participaron activamente el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) y el Instituto Plan Agropecuario.
Uno de los momentos más destacados fue la demostración con drones agrícolas, en la que los asistentes pudieron observar la siembra aérea de raigrás y una simulación de aplicación de líquidos. Esta actividad generó entusiasmo por su aplicación directa en la producción y su aporte a la modernización del agro.
Luego se realizó una presentación institucional del Cicoma y una ronda en la que las escuelas participantes compartieron proyectos y experiencias.
Luego se hizo una gira de campo en tres paradas temáticas: manejo de vacas con cría, pastoreo de ovejas sobre praderas y reconocimiento de especies forrajeras, incluyendo prácticas sanitarias y de identificación vegetal.
También se pudo hacer una dinámica de rotación por estaciones prácticas que incluyeron: armado de tijera de esquila, evaluación corporal y dentición ovina, armado de parideras, uso de la app Alerta Ovina del INIA, diagnóstico de afecciones podales y prácticas de laboratorio coproparasitario.
El equipo técnico del SUL realizó una demostración de esquila y acondicionamiento de vellones.
INSTITUCIONES EDUCATIVAS PARTICIPANTES.
Fueron doce los centros de estudio participantes: Escuela Agraria Artigas, Escuela Técnica Bella Unión, Anexo Agrario de Baltasar Brum, Escuela Agraria Salto – Anexo de Valentín, Escuela Agraria Salto – Anexo San Antonio, Escuela Agraria Salto, Escuela Agraria Lorenzo Geyres, Escuela Agraria Guichón, Escuela Técnica Guichón, Escuela Agraria Tacuarembó, Escuela Agraria Rivera y Escuela Técnica Vichadero. (Con datos y fotos de UTU).
Producir hidroponía tiene la ventaja de no depender del suelo, tampoco de las condiciones climáticas, ni ubicación geográfica.
Montevideo | Todo El Campo | La hidroponía forrajera no es una herramienta demasiado extendida, pero tampoco desconocida. Todo El Campo ha informado en otras oportunidades sobre el tema (*), y es elemento de estudio e investigación en Uruguay como en otras partes del mundo, como Centroamérica, Suecia o Argentina.
Instituciones como la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) se ha dedicado a investigar sobre el tema, y en países con dificultades complejas para el desarrollo agrícola se usa con éxito, como Namibia (suroeste de África) que ha sufrido importantes sequías.
En Uruguay, las escuelas agrarias de Paso de los Carros (Paysandú) como la de Salto han trabajado con esa tecnología, también la Facultad de Agronomía ha hecho lo propio.
EL CASO ARGENTINO.
En el caso de Argentina, la empresa Pentre avanzó en el esa forma de cultivos, al comienzo sin comprender por qué no era adoptada por los establecimientos rurales dadas las ventajas que presenta, pero pronto descubrió que presenta el desafío de mucho trabajo de control si se quieren evitar pérdidas.
Constatar tal cosa generó en sus técnicos el desafío de encontrar una solución, y llegaron a la confección de carpas o módulos para producir forraje hidropónico sin necesidad de un monitoreo exhaustivo y con sistemas automatizados.
“Solamente colocas la semilla sobre la bandeja, elegís la función en el programa, y entre 8 y 12 días después venís a buscar el pan de pasto”, dijo al portal Bichos de Campo el responsable del desarrollo tecnológico de la empresa, Rubén Moser.
Producir hidroponía tiene la ventaja de no depender del suelo, tampoco de las condiciones climáticas, ni ubicación geográfica.
Los módulos de producción aseguran que, una vez iniciado el ciclo de entre 8 y 12 días, puedan obtenerse 1.200 kilos de forraje por módulo a diario. Y en una superficie menor, pudiendo liberar tierra que puede dedicar a otra actividad.
“En una hectárea podés producir la misma cantidad de pasturas que en 200”, subrayó Moser. De ahí que los módulos están abriéndose paso fuera de Argentina.
En ambas actividades participará el Psic. María Laura Volpi.
Montevideo | Todo El Campo | Enmarcado en el proyecto Red de Empresas Familiares Sustentables – proyecto REFAS en la próxima semana se realizarán dos talleres de gestión de recursos humanos en el tambo, los que tendrán lugar los días miércoles 9 y viernes 11 de julio.
TALLER DEL 9 DE JULIO.
El miércoles 9 de julio en San Ramón (cabaña Núñez Viejo Local de San Ramón), en el horario de 10.30 a 14.30.
Se contará con la participación de la Lic. en Psic. María Laura Volpi y habrá una mesa redonda de productores.
La actividad se realiza con el apoyo de la Asociación Nacional de Productores de Leche (ANPL) y Sociedad de Productores de Leche de San Ramón (SPLSR).
Confirmar asistencia con el responsable zonal de San Ramón.
TALLER DEL 11 DE JULIO.
El viernes 11 de julio, en San José (Salón de la Hostería del Parque), en el horario de 10.30 a 14.30.
Participará la Lic. en Psic. María Laura Volpi y habrá una mesa redonda de productores. Confirmar asistencia con el responsable zonal de San José.
Los alumnos participan de la formación de aves que consideran como una posible salida laboral, considerando que el centro de estudios se encuentra dentro de la zona avícola del país.
Gustavo Clavijo | Canelones | Todo El Campo | La Escuela Agraria de San Ramón, Canelones, ofrece un nuevo canal de estudio, la avicultura, para el cual ya cuenta con un galpón que le permite contar con la infraestructura necesaria para desarrollar esa actividad curricular.
El director de ese centro de estudios, Ramiro Martínez, dijo que la idea surgió el año pasado “como un proyecto de egreso de un grupo de alumnos ya egresados pero vinculados a nuestra institución”.
Esos alumnos egresados “decidieron realizar un galpón avícola con donaciones de diferentes actores del sector; logrado el galpón se continuó con la crianza”.
La idea era poder dar continuidad a ese galpón y que se realizaran crianzas este año para abastecer el comedor, ya que la Escuela Agraria tiene un internado de 120 alumnos.
“Por ese motivo, el año pasado y este año, ese mismo grupo de exalumnos entró en contacto con Cupra (Cámara Uruguaya de Procesadores Avícolas), y ésta decidió apoyar el proyecto donando los pollitos, la ración y las faena”. Se hizo una primera crianza este año “y la idea es poder hacer dos o tres más durante el año lectivo”, agregó.
Cabe consignar que la Escuela Agraria no tiene una asignatura que sea sobre avicultura, pero se enmarca dentro de un práctico. La Escuela de San Ramón es de lechería, pero “también tenemos grupos de alumnos que hacen prácticos al menos una vez a la semana con los pollos”, lo cual es importante por ser la zona avícola que tiene el país.
La primera vez se criaron 250 aves con muy buenos resultados productivos.
LA EXPERIENCIA DE LOS ALUMNOS.
Uno de los alumnos que dialogó con Todo El Campo y Diario Rural (CX4 Rural) definió la iniciativa de la avicultura como “muy buena” que le ha gustado “a varios compañeros”.
“Ahora estamos esperando para hacer la próxima crianza” porque “la verdad que estuvo muy bueno”, comentó.
Otro de los alumnos detalló que de las 250 aves mixtas que ingresaron hubo un 2% que es “algo mínimo, y la faena fue de 244 pollos a un peso promedio de 3,484 kilos”.
Consultados qué etapa de la producción, que se extiende por 45 días, dijo que “la primera” fue lo que les llamó más la atención porque requiere “más cuidado y realmente estábamos pendientes” del cuidad de las aves, lo que también implicó que “nos levantáramos a la madrugada. Fue un sacrificio, pero fue algo que nos llamó la atención”.
En materia de bioseguridad, los alumnos dijeron que no tuvieron problemas sanitarios y que los casos de muerte de pollos no fueron causados por enfermedades.
Agregaron que la experiencia avícola la viven como una posible “salida laboral”.
La frazada es corta, pero el Gobierno ni los legisladores pueden mirar para otro lado y dejar de considerar las necesidades económicas y financieras de una institución fundamental para un país con las características de Uruguay.
Hébert Dell’Onte Larrosa | Montevideo | Todo El Campo | En Uruguay, el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), realiza una amplia gama de trabajos de investigación, inclusive los referidos a la biotecnología para uso en la agropecuaria nacional.
En el último número de la Revista INIA (N° 81, correspondiente a junio de 2025 (página 58 y siguientes), se presenta un informe especial sobre el tema y se expone la utilidad que tiene para el sector agropecuario.
Las herramientas biotecnológicas incluyen “el uso de marcadores moleculares, genómica, bioinformática y bioestadística para mejoramiento asistido, selección genómica, identificación varietal, y el descubrimiento de nuevos genes de interés agroalimentario, el cultivo de tejidos para propagación de materiales seleccionados y la edición génica para la variabilidad genética”, explica el artículo.
Agrega que es una disciplina que “contribuye a la sustentabilidad de los sistemas productivos mediante el desarrollo de indicadores biológicos de salud del suelo y aportando al desarrollo de soluciones ambientalmente más sostenibles en el manejo de malezas, enfermedades e insectos”.
También “genera productos y capacidades biotecnológicas disponibles para el sector y las empresas de I+D (investigación y desarrollo) a través de patentes”.
Ahora es frecuente encontrar artículos o escuchar a expositores hacer referencia a la biotecnología, pero en Uruguay tiene una trayectoria de más de 30 años, aunque muchos de los uruguayos no lo sepan. Fue en el 1991 que se creó la Unidad de Biotecnología del CIAAB (Centro de Investigaciones Agrícolas Alberto Boerger); además, desde su fundación, INIA se comprometió a “fortalecer los trabajos en biotecnología, ampliando sus actividades a otros programas de mejoramiento (cultivos de secano, arroz, forrajeras, citrus, forestal)”. En 1992 y a partir de ese año, se incorporan “nuevas metodologías en biología celular y molecular”.
LOS CINCO GRANDES TEMAS.
La biotecnología vegetal en INIA se estructura en los siguientes temas: 1) Marcadores moleculares en mejoramiento genético vegetal; 2) Genómica y bioinformática para la agricultura; 3) Cultivo de tejidos vegetales: cultivo de plantas en el laboratorio con diversas aplicaciones; 4) Edición génica: una herramienta para generar variabilidad genética con precisión; y 5) Biotecnología aplicada a la protección vegetal y la sustentabilidad de los sistemas productivos.
Cada uno de los cinco puntos son explicados en el informe de INIA, que se adjunta al final de este artículo (*).
TRABAJO EN RED INTERNA Y EXTERNA.
Una de las estrategias y fortalezas de INIA es la de trabajar en red y en permanente vínculo con institutos públicos nacionales e internacionales, y con empresas del sector privado.
“Un hito ha sido la formación de la Unidad Mixta UMCI, formada por el Área de Mejoramiento Genético y Biotecnología Vegetal de INIA y el Laboratorio de Biología Molecular Vegetal de Facultad de Ciencias” de la Universidad de la República.
De las cooperaciones internacionales recientes, INIA destaca las que se llevan adelante con CAAS (Academia de Ciencias Agrícolas China), la RDA (Administración de Desarrollo Rural) de la República, el INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) de Argentina, el FLAR (Fondo Latinoamericano de Arroz de Riego), el CIAT (Centro Internacional de Agricultura Tropical), el Cimmyt (Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo), el Instituto Rothamsted de Reino Unido y el Instituto iDIV (Instituto para la investigación integral de la Biodiversidad) de Alemania, lo que genera enriquecimiento y desarrollo en los científicos uruguayos.
NEGOCIACIONES PRESUPUESTALES.
Por otra parte, en la nota editorial (página 3) de ese mismo número, firmada por el presidente del INIA, Miguel Sierra, se hace referencia a las “negociaciones presupuestales” que se están desarrollando “para el próximo período”.
La preparación, la presentación y el posterior debate sobre el presupuesto es un debate esencialmente financiero y político, que parecería lejano de la ciencia y la investigación, pero no lo es.
Sierra agregó que en el marco presupuestal, INIA está elaborando “una propuesta institucional sólida, con prioridades claras, fundamentación técnica y rigor económico, que permita posicionar al instituto como un actor estratégico, comprometido con los grandes desafíos del país”.
En ese sentido y entre muchas otras cosas -entre ellas la biotecnología que mencionamos al comienzo- INIA trabaja en la elaboración de un “nuevo Plan Estratégico Institucional 2030, con una visión renovada y orientada a fortalecer nuestras capacidades”.
Según Sierra -y no le debe caber ninguna duda a nadie- todos los actores de todas las disciplinas “coinciden en valorar el papel central que juega INIA dentro del ecosistema de ciencia, tecnología e innovación del país, así como su rol dinamizador del sector productivo y su aporte, basado en evidencia científica, a las políticas públicas”.
“INIA debe contribuir a una producción sostenible de alimentos saludables y biomasa, basada en conocimiento original y soluciones tecnológicas pertinentes. Esto implica tanto la generación de desarrollos propios como la adaptación inteligente de innovaciones globales a nuestras realidades”, afirmó.
A todo esto, cabe recordar lo obvio: sin presupuesto no es posible avanzar en ningún aspecto, y si queremos que una institución tan prestigiosa continúe desarrollando conocimiento en bien del país, y especialmente de la agropecuaria, motor de nuestra economía, es fundamental otorgarle las herramientas económicas (dinero) necesarias. Entre otras cosas porque cada peso que se invierte allí, vuelve a la sociedad enriquecido y transformado en mayor valor para beneficios de todos.
Como siempre se dice en estos casos, no es gasto, es inversión.