El Dr. Pascual defiende el rol tradicional del ganado en África y cuestiona la aplicación uniforme de políticas climáticas globales sin considerar contextos locales.
Montevideo | Todo El Campo | La distancia entre Uruguay y Kenia, en línea recta, es de 10.200 kilómetros aproximadamente, según el punto del que se parte y al que se llegue. La distancia mayor no es geográfica sino cultural con cualquiera de las 40 etnias que habitan ese país africano, una de ellas es la de los masáis. A pesar de estar tan distantes, allá ocurren cosas que de alguna manera nos afectan o pueden afectarnos en el futuro y por eso la importancia de estar atentos.
El veterinario, escritor y divulgador español Juan Pascual, advirtió sobre la iniciativa del Parlamento de Kenia que busca reducir el ganado de los masáis porque entienden que emiten mucho metano. La medida acusa otra vez a la ganadería y apunta a su destrucción cuando en realidad es parte de la solución y no del problema. Los parlamentarios no toman en cuenta el rol central de las vacas en la economía masái, un pueblo famoso por su cultura. Los masáis son conocidos en el mundo por su vestimenta de colores vivos, fundamentalmente de color rojo, por sus danzas y un tradicional baile (adumu) que consiste en saltos en los que se expresa la fuerza y agilidad de los más jóvenes (foto interior).
Ante la iniciativa de algunos políticos keniatas, el Dr. Pascual plantea dudas científicas sobre el beneficio neto de reducir rebaños, ya que herbívoros salvajes africanos podrían reemplazarlos en el ecosistema, sin reducción efectiva de metano.
Según pudo saber Todo El Campo, el Parlamento de Kenia está en un proceso de debate sobre el tema, por lo que aún no se ha aprobado ninguna ley que obligue a los masáis a sacrificar vacas, sino de propuestas, presiones y discusiones que han generado rechazo fuerte entre los afectados y sectores de la sociedad con conciencia de la importancia de la ganadería.
PASTORES MASÁI: “NO PAGAREMOS POR EMISIONES AJENAS”.
Pascual publicó un extenso hilo en su cuenta de X @JuanPascual4 en la que advierte que “una iniciativa del congreso de Kenya pretende que los masáis sacrifiquen parte de sus vacas” por las razones de siempre: que las vacas destruyen el planeta, los rumiantes son el problema, el metano del ganado es incompatible con la sostenibilidad.
Sin embargo se ignora un dato “curioso”, y es que “el ecosistema terrestre con mayor concentración de grandes herbívoros del planeta funciona, precisamente, gracias a millones de rumiantes productores de metano”.
Cuestiona que los países desarrollados impulsen “políticas globales sin contar con el contexto social y ecológico de los países menos desarrollados”
“¿Quién generó la mayor parte de las emisiones históricas acumuladas en la atmósfera? -se preguntó-, no fueron los pastores de Kenia. Fueron principalmente las grandes economías industrializadas y sus emisiones derivadas de combustibles fósiles”.
Sin atender esa realidad, “en los últimos años diversos organismos, consultores climáticos y proyectos financiados por cooperación internacional han propuesto medidas para reducir emisiones ganaderas en África” mediante “reducción de censos, destocking (reducción planificada de rebaños), cambios en sistemas pastoriles tradicionales”.
Pero para un masái, “una vaca no es simplemente una fuente de emisiones. Es ahorro, alimento, estatus social, seguro frente a sequías, fuente de ingresos” y reducir el ganado se traduce en caída del patrimonio.
Por otro lado: “La huella de carbono de un pastor masái durante toda su vida es inferior a la de un ciudadano occidental durante una pequeña fracción de la misma. Sin embargo, la presión regulatoria empieza a dirigirse hacia ellos”.
La injusticia y la actitud equivocada de quienes transitan ese camino va más allá: “Gran parte de las sabanas africanas evolucionaron durante cientos de miles de años con enormes poblaciones de herbívoros salvajes” como ñúes, búfalos, antílopes, gacelas. La presencia de grandes rumiantes no es una anomalía reciente, entonces surge una cuestión científica básica. ¿Existe evidencia robusta de que eliminar parte del ganado pastoril produciría una reducción climática neta proporcional? ¿O parte de ese nicho ecológico acabaría siendo ocupado por fauna silvestre? Sorprendentemente, la respuesta está lejos de ser sencilla”.
Las comunidades pastoriles africanas “han rechazado frontalmente las propuestas de reducción de rebaños” con un “argumento claro” que consiste en que ellos no deben pagar por el problema climático que otros causaron.
Asimismo, agrega Pascual apuntando a la ética y la moral: “Quienes impulsan estas medidas viven en sociedades con: automóviles privados masivos, aviación frecuente, alto consumo energético”. Mientras disfrutan de esas comodidades contaminantes, “consideran prioritario reducir las vacas de quienes poseen muy poco”.
En caso de avanzar por ese camino, “¿qué ocurrirá con la biomasa vegetal disponible? ¿Estamos seguros de que una parte de ese espacio ecológico no será ocupada por herbívoros salvajes? Si eso ocurre, la reducción neta de emisiones sería nula”.
Los masáis ni los representantes pastoriles se oponen a la ciencia, lo han dicho expresamente, como tampoco se oponen a la reducción de emisiones. Se oponen sí a que la primera respuesta sea reducir sus rebaños”.
En tanto, una “pregunta clave sigue sin responderse adecuadamente: ¿Existe evidencia sólida de que reducir los rebaños pastoriles africanos sea la medida más eficaz, socialmente aceptable y ecológicamente correcta para reducir emisiones? Porque la carga de la prueba debería recaer sobre quien propone la intervención”, asegura Pascual.
Y concluye insistiendo en lo que considera un punto fundamental antes de tomar decisiones: “Reducir ganado pastoral puede sonar sencillo desde un despacho. Pero en las sabanas africanas la pregunta sigue abierta: ¿desaparecerán realmente las emisiones, o simplemente cambiarán de especie?”.
La discusión actual no puede obviar que la ganadería intensiva no es un capricho del sector, sino la consecuencia de una transformación social y demográfica que redefinió la relación entre campo y ciudad.
Montevideo | Todo El Campo | La ganadería intensiva, tantas veces cuestionada en el debate público, no nació en el campo sino en la ciudad. Su origen está directamente vinculado a las demandas de una sociedad urbana que, durante décadas, exigió alimentos más baratos, homogéneos y disponibles en todo momento, escribió el veterinario, escritor y divulgador español Juan Pascual.
Agregó que luego de la Segunda Guerra Mundial, el mundo experimentó un cambio demográfico sin precedentes: “La población pasó de 2.500 millones en 1950 a más de 8.000 millones en la actualidad. Pero el fenómeno más decisivo fue otro: millones de personas abandonaron el campo para instalarse en las ciudades”.
Sin embargo, las ciudades son incapaces de producir sus propios alimentos y obligaron a los gobiernos occidentales a reconocer una verdad estratégica: la seguridad alimentaria era un asunto de Estado. Se necesitaba producir más, a menor costo y con regularidad. Bastaban unas pocas monedas para llenar la cesta de la compra, y esa accesibilidad se convirtió en un objetivo político y económico.
La ganadería tradicional no podía responder a esa exigencia. Su baja productividad y su irregularidad en el suministro eran compatibles con sociedades rurales, pero no con el ritmo de las ciudades. Así emergió la ganadería intensiva, como un sistema capaz de garantizar volumen, uniformidad y precios accesibles.
Hoy, en un contexto de debates sobre sostenibilidad y bienestar animal, conviene recordar que este modelo fue una respuesta histórica a la urbanización y a la necesidad de alimentar a millones. La discusión actual no puede obviar esa raíz: la ganadería intensiva no es un capricho del sector, sino la consecuencia de una transformación social y demográfica que redefinió la relación entre campo y ciudad.
1/ La ganadería intensiva no nació en el campo. Nació por la ciudad. Es el resultado directo de lo que la sociedad pidió durante décadas: más alimentos más baratos y siempre iguales, homogéneos Fue un proceso consecuencia de la urbanización. Abro hilo: 👇👇👇 pic.twitter.com/X7AtlshymG
Equiparar ganadería con combustibles fósiles no es ciencia, es propaganda, y como tal responde a intereses de algo o de alguien. Por el contrario, la ganadería bien gestionada regenera suelos, mantiene la biodiversidad y fijar población rural.
Montevideo | Todo El Campo | La carne, tan fiel como alimento humano, es cada vez más estigmatizada por gobiernos y políticos que responden a activistas supuestamente ambientalistas que en nombre del calentamiento climático centran sus críticas en la ganadería, cuando éste es el sector menos problemático.
Países Bajos acaban de dar un golpe difícil de entender a la carne como alimento fundamental para la humanidad. A partir del 1° de mayo, en la ciudad de Ámsterdam, no se podrá publicitar ningún alimento basado en carne.
Sectores europeos de la producción, industria o comercialización de la carne han reaccionado molestos por el daño que se hace un alimento noble.
En España, el director de Provacuno, Javier López, comentó que “la noticia hace más daño que la prohibición en sí, porque es hablar de manera negativa de un alimento”. Agregó que es “sorprendente” que en una ciudad que liberalizó el consumo de marihuana llegue a tomar ese tipo de medidas.
Cabe precisar que la medida fue tomada el 22 de enero de este año por el Ayuntamiento de Ámsterdam (el gobierno municipal de la ciudad), y en su resolución también incluyó la publicidad de combustibles fósiles, equiparando ambos sectores como responsables del calentamiento global.
La decisión es parte de una estrategia más amplia para limitar la publicidad de productos que tienen un alto impacto climático. La prohibición se aplicará en publicidad en la vía pública, pantallas digitales y a toda la red de transporte público de la ciudad.
La normativa también limita anuncios de combustibles fósiles, viajes en avión, cruceros y coches de gasolina, ya que se consideran productos que contribuyen de forma significativa a la crisis climática.
La medida no alcanza a los medios de comunicación tradicionales ni digitales, por lo que la publicidad de carne seguirá permitida en prensa escrita, radio, televisión y plataformas online.
Asimismo, la iniciativa de Ámsterdam podría sentar un precedente para otras ciudades del mundo con fuerte presencia de supuestos grupos defensores del medio ambiente, como podría ser el primer paso de una eventual escalada anticarne que acabe ampliando las limitaciones de publicidad, comercialización y consumo.
“LA CARNE NOS HIZO HUMANOS”.
El Dr. Juan Pascual, veterinario de profesión, escritor y divulgador de temas científicos vinculados a la carne, criticó la decisión y subrayó: “Comer carne nos hizo humanos. El debate serio no es carne sí o no, sino cómo producirla mejor y para quién”.
Pascual escribió en X (J.Pascual @juanPascual4) un hilo de 15 publicaciones en la que aborda el tema de la carne y cómo ésta ha sido positiva para el ser humano y la historia de la humanidad.
1. Ahora que el ayuntamiento de Amsterdam ha prohibido la publicidad de productos cárnicos, conviene recordar que fue precisamente comer carne lo que nos hizo humanos. Abro hilo: 👇👇👇 pic.twitter.com/9F9Q3ngot7
Comienza señalando que “el cerebro humano es energéticamente desproporcionado”, siendo responsable de entre “el 20–25% del gasto energético basal”, y “una dieta vegetal no puede sostener ese costo sin grandes volúmenes de ingesta”. Por esa razón “los gorilas pasan 16h/día comiendo”.
Además, “la proteína animal aporta nutrientes críticos de forma natural: proteína completa, grasa animal, hierro hemo, zinc biodisponible, vitamina B12, DHA y EPA, y vitamina A activa”. Todo eso, la carne “lo aporta con poco volumen”.
A diferencia de los gorilas, “comer carne aumentó la eficiencia: menos tiempo masticando y digiriendo, más tiempo para cooperación, aprendizaje y transmisión cultural”, lo que enriquece las sociedades.
Otra característica de la carne, es que “estructuró la sociedad humana. Es divisible, transportable y compartible. Cazar carne favoreció la cooperación, normas sociales y un lenguaje complejo”. No en vano, “todas las culturas humanas documentadas han consumido proteína animal. Cambian las proporciones, nunca la presencia”.
Mientras “el cuerpo humano necesita nutrientes animales, el veganismo requiere suplementación obligatoria (B12, DHA/EPA, hierro, retinol)”, aseguró el Dr. Pascual.
Por otra parte, sostener que se puede prescindir de la carne conlleva a “un privilegio moderno de sociedades ricas con acceso a suplementos y logística global”.
El ser humano debe entender que “el problema no es la carne, sino malas dietas y abuso de ultraprocesados. Confundir esencia con abuso es un error. Por cierto, la mayoría (de los ultraprocesados, son) hechos a partir de carbohidratos, o sea, vegetales”.
Lo del párrafo anterior, nadie lo dice, como tampoco que “equiparar ganadería con combustibles fósiles no es ciencia, es propaganda”, sostuvo Pascual, y como tal responde a intereses de algo o de alguien. Por el contrario, “la ganadería bien gestionada puede regenerar suelos, mantener biodiversidad y fijar población rural”.
Por otro lado, “quienes demonizan la carne la consideran imprescindible para perros y gatos. Lo cual es absolutamente cierto”, sin embargo “¿es antinatural solo para humanos?”.
BIBLIOGRAFÍA.
Pascual agrega una bibliografía básica: Aiello, L. & Wheeler, P. (1995). The Expensive Tissue Hypothesis. – Wrangham, R. (2009). Catching Fire: How Cooking Made Us Human. – Milton, K. (1999). Nutritional characteristics of wild primate foods. – Cordain et al. (2000). Plant–animal subsistence ratios. – Speth, J. (2010). The Paleoanthropology and Archaeology of Big-Game Hunting. – EFSA / NIH: biodisponibilidad de B12, hierro y DHA/EPA.
Dr. Pascual: ¿El ganado es una herramienta eficaz para prevenir incendios? “La ciencia indica, con claridad, que sí. No la única, pero imprescindible”.
Montevideo | Todo El Campo | Los incendios en España son un punto de preocupación para los propios españoles, pero también para el resto del mundo que mira sabiendo que algo así puede suceder en cualquier país, en cualquier momento.
Ahora son los incendios, pero también han sido (y siguen siendo) las inundaciones como la ocurrida en Río Grande do Sul (abril y mayo de 2024), sequías extremas como que vivió Uruguay (2022 y 2023), temporales, deslave, tsunamis y vaya uno a saber cuántas posibles manifestaciones más de una naturaleza llevada al extremo de su resistencia.
Un dato: el total de área quemada en España es de casi 400.000 hectáreas, el tamaño de la isla de Mallorca.
El médico veterinario Dr. Juan Pascual, divulgador y escritor, se refirió a un aspecto de los incendios en España que nadie ha observado: el papel del ganado en la prevención de los incendios.
El profesional se pregunta si el ganado es una herramienta eficaz para prevenir incendios, y responde contundentemente: “La ciencia indica, con claridad, que sí. No la única, pero imprescindible” porque “el ganado ramonea, su movilidad le permite acceder a lugares imposibles para la maquinaria. Su dieta se basa en hierbas y arbustos, justo el combustible que prende el bosque”, escribió en X (@JuanPascual4).
¿CUÁL ES EL IMPACTO QUE TIENE EL GANADO?
Un estudio de universidades alemanas analizó el tema (*). “El ganado consume biomasa combustible y reduce el riesgo y frecuencia de incendios. Además, cuando prende el monte, el fuego tiene menor intensidad”, comentó Pascual.
“Esto no es nuevo, la extinción de grandes herbívoros en el Cuaternario tuvo como consecuencia un aumento significativo de los fuegos”, así lo demuestra un estudio de varias universidades estadounidenses (**).
PROVINCIAS AFECTADAS POR EL FUEGO SON DE MUY BAJA DENSIDAD POBLACIONAL.
Ahora bien, “como la cantidad de masa vegetal cambia año a año, es importante adaptar la masa ganadera a las condiciones del monte”, escribió el profesional, y añadió: “El uso de ganado para este fin es ecológico, poco costoso y además obtenemos de hierbajos proteína -carne y leche- de altísima calidad nutritiva” a lo que se debe agregar la generación de empleo rural, con la ventaja de ubicar nuevas generaciones y familias en esos lugares.
Un dato curioso, es que “las provincias afectadas por el fuego son las que muestran una muy baja densidad de población. El campo vacío es un criadero de hierba seca, yesca que, más pronto que tarde, arderá”.
Qué hacer para “darle la vuelta a esta situación”. Lo primero es incentivando a aquellos que ya están en el campo, para que permanezcan, conscientes de lo buena que esa esa decisión, en tanto que el resto de la sociedad debe saber que “el ganadero no tortura animales, los cuida”; que la ganadería “no contamina”; que le ganadero no vive de las subvenciones; “el agricultor no envenena los campos, produce comida”.
Asimismo, “para mantener una especie ganadera, hay que comérsela. Si no comemos ovino, caprino o vacuno es difícil incentivar su producción”.
Al final de su desarrollo, el Dr. Pascual introduce un punto poco escuchado pero de mucho sentido común y que necesita de mucho estudio y trabajo de opinión pública (lobby): Quizá llegue el día en que las ciudades deban “pagar al campo, por la función que hace el agro como sumidero de CO2”. El tiempo dirá.
1/ El fuego vuelve a azotar nuestro país. La superficie quemada, solo en agosto, alcanza las 350.000 Hectáreas, equivalente al tamaño de la isla de Mallorca. Mucho se ha publicado sobre las causas, pero quiero centrarme en un aspecto concreto: es el ganado una herramienta eficaz… pic.twitter.com/XFcTyUud0x
La ganadería se está esforzando de varias maneras para hacer su producción cada vez más sostenible y verde, y lo está logrando.
Montevideo | Todo El Campo | El cambio climático es uno de los grandes desafíos de estos tiempos, y su impacto en la ganadería genera un debate intenso. Mientras algunos señalan a este sector como uno de los principales responsables de las emisiones de gases de efecto invernadero, la realidad es mucho más compleja y merece un análisis más justo basado en datos científicos.
Sobre esa cuestión, el médico veterinario Juan Pascual (Universidad de Zaragoza y executive MBA por el Instituto de Empresa), planteó una visión rigurosa sobre el papel de la ganadería en el contexto medioambiental.
“En términos globales, la ganadería es responsable del 12% de las emisiones de gases de efecto invernadero, tanto directas como indirectas”, dijo Pascual, y resaltó que a pesar de ser una cifra importante, se debe valorar el uso de la tecnología que hacen los países para bajar ese porcentaje. Por ejemplo, en el caso de la Unión Europea, ese 12% se reduce al 7%, lo que no es menor, casi un 50% menos.
Asimismo, aludió al rol clave de la ganadería en el reciclaje de residuos vegetales: “La ganadería es una fuente enorme de reciclaje. Según la FAO, el 86% de lo que consume el ganado son pastos que no se pueden cultivar, o restos vegetales que no podemos comer los humanos”.
Además, el estiércol de los animales es clave para la producción de fertilizantes orgánicos, reduciendo la necesidad de elaborar alternativas químicas que conllevarían un negativo impacto medioambiental: “El 50% del abono destinado a cosechar por la agricultura viene del estiércol de los animales. Esa tendencia de rechazar los productos animales por una cuestión ecológica, desde luego es síntoma de desinformación profunda”.
¿QUÉ PASARÍA SI NO EXISTIESE LA GANADERÍA?
Hay sectores que consideran positivo eliminar totalmente la ganadería y para eso impulsa el consumo vegetariano o vegano. ¿Qué pasaría si la ganadería desapareciera como producción y ya no tengamos la posibilidad de alimentarnos de carne?
“Aunque muchas veces los vegetales que comamos contengan minerales como el hierro, lo cierto es que están en una forma química que hace que no los absorbamos”, y el cuerpo los expulsa sin más: “Entran tal cual salen”, dijo el veterinario.
Numerosos estudios médicos desaconsejan dietas sin productos de origen animal, sobre todo en mujeres embarazadas, lactantes y adolescentes, debido a su riesgo de deficiencias de carácter nutricional. “Además de los aspectos morales como la muerte animal, ser omnívoro tiene más beneficios sociales, ideológicos y de salud que seguir dietas puramente vegetales”.
OPTIMISMO.
Juan Pascual es optimista sobre el futuro de la ganadería: “Lo más importante, tanto para reducir las emisiones como para dar de comer a toda la población, es la eficacia productiva, y esta se consigue eliminando enfermedades”.
Agregó que “es importante evitar el desperdicio, que se aproveche todo, y producir mejor”, y para eso es importante la salud animal.
EL PAPEL DE LOS VETERINARIOS.
Finalmente destacó el rol de los veterinarios: “La profesión veterinaria tiene un rol claro y de primer orden. Es importante que nos formemos para transmitir esta información, tenemos muchas más historias positivas que negativas, y ahora tenemos que estar orgulloso de ello. Tomar conciencia y tener mucha paciencia”.