La llegada de El Niño al país coincidiría con el comienzo de la siembra de soja, cultivo clave para Paraguay.
Asunción, Paraguay | Todo El Campo | Con la mirada puesta en la campaña agrícola 2026/2027, productores y representantes de la Coordinadora Agrícola del Paraguay (CAP) de los principales departamentos productivos ya están trabajando en desarrollar medidas preventivas ante el pronóstico de un fenómeno de El Niño que podría intensificar las lluvias durante los meses de setiembre y octubre, lo que coincidirá con el inicio de la siembra de soja.
En Itapúa, el presidente de la CAP, Paulo De Souza, explicó que los productores vienen realizando trabajos de nivelación y adecuación de curvas de nivel en los campos para mejorar el escurrimiento del agua y evitar anegamientos que puedan afectar los cultivos.
En Alto Paraná, el productor y representante de la CAP, Aurio Frigheto, señaló que también se avanza en la puesta a punto de las sembradoras mediante mantenimientos mecánicos, además de la compra y preparación de insumos, con el objetivo de iniciar la siembra apenas se presente una ventana de buen tiempo.
Por su parte, el presidente de la CAP Caaguazú, Flaminio Núñez, indicó que las condiciones climáticas serán determinantes para el arranque de la campaña.
Explicó que se necesitan al menos ocho días consecutivos sin lluvias para que el suelo alcance las condiciones adecuadas para el ingreso de las máquinas.
“Si al menos logramos tener una semana de sol ya daría para iniciar rápidamente los trabajos”, afirmó. “Si llueve más de 50 milímetros y la tierra permanece mojada, es imposible avanzar”, agregó.
UN FENÓMENO QUE EXIGE PREVENCIÓN.
Los pronósticos climáticos anticipan un comportamiento atípico de El Niño para los próximos meses, con una mayor probabilidad de precipitaciones por encima de los valores normales en gran parte de la Región Oriental.
Este escenario podría dificultar las labores de preparación del suelo y la siembra, además de incrementar el riesgo de inundaciones y erosión en las parcelas agrícolas.
Ante este panorama, los productores coinciden en que la planificación, las obras de manejo de agua y la preparación anticipada de la maquinaria serán claves para minimizar los riesgos y aprovechar las ventanas climáticas disponibles al inicio de la campaña.
La colza es un cultivo que favorece el desarrollo de las colonias, pero también puede aumentar la enjambrazón. Su ocurrencia depende de múltiples factores.
Montevideo | Todo El Campo | Para la zafra 2026 se sembró una superficie récord de colza en Uruguay, con aproximadamente 400.000 hectáreas. Este escenario sugiere que habrá una importante oferta de néctar y de polen para las colmenas, por eso el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) publicó una guía con recomendaciones para planificar el manejo de las colmenas en este periodo.
Aspectos vinculados a la planificación previa, la preparación de las colmenas y el manejo durante y luego de la floración están incluidos en esta nueva guía, que ya se encuentra disponible para todo público y que compartimos con ustedes en este correo.
Mosca barrenadora del tallo de colza. INIA solicita colaboración ante “numerosos sitios de evidencia de colonización severa”.
Ximena Cibils y Mario Gambiasi | Montevideo | Todo El Campo | En la zafra 2023 de cultivos de invierno recibimos muestras de colza (Brassica napus) provenientes de chacras con síntomas de senescencia prematura y vuelco.
Tras un análisis detallado, confirmamos daños en los tallos caracterizados por galerías causadas por larvas de moscas. Análisis de laboratorio de estas muestras realizados en el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) La Estanzuela identificaron individuos adultos e inmaduros de dos especies de moscas barrenadoras: Phytomyza rufipes (Diptera: Agromyzidae) y Scaptomyza sp. Mientras que ambas especies fueron confirmadas mediante identificación tanto taxonómica como molecular, solo se encontraron larvas y pupas de Phytomyza rufipes dentro de los tallos afectados por barrenado.
Ese hallazgo resultó ser el primer registro de estas moscas en Uruguay (Cibils et al. 2024).
En esta zafra, 2026, contamos con indicios de una presencia generalizada de Phytomyza rufipes (Diptera: Agromyzidae), con numerosos sitios donde se observan evidencias de colonización severa, manifestadas por una gran cantidad de orificios de alimentación y oviposición en las hojas, así como por el barrenado de los pecíolos de plantas jóvenes de colza y la presencia de múltiples larvas.
Por este motivo, es muy importante relevar su presencia y los daños ocasionados durante la actual zafra de colza.
La información será tratada de manera confidencial y utilizada por INIA exclusivamente para dimensionar la magnitud de la plaga, analizar posibles medidas de control y determinar si esta problemática debe incorporarse a las líneas de trabajo del Programa de Entomología de INIA.
Es muy importante reportar si las chacras presentan barrenado externo (Fig. 2B) e interno (Fig. 2C-G) o vuelco de plantas (Fig. 2H), o precia de larvas en tallos (Fig. 2E) producto del daño de la mosca barrenadora tallo colza para determinar la incidencia de esta plaga emergente en la zafra actual.
DATOS GENERALES DE LA MOSCA BARRENADORA DE LA COLZA.
Nombre científico:Phytomyza rufipes (Diptera: Agromyzidae).
Nombre común: mosca barrenadora del tallo de colza.
Phytomyza rufipes tiene una amplia distribución en Europa, donde se ha conocido durante mucho tiempo como una plaga del género Brassicae (Spencer, 1973). También se ha reportado en los Estados Unidos y Canadá (Rossa et al., 2006). En la región neotropical, se registró por primera vez en Colombia, posiblemente como una introducción desde Europa (Spencer, 1984), y posteriormente en Argentina (Valladares et al., 1999).
IMPORTANCIA Y CICLO.
Phytomyza rufipes es un minador/barrenador de hojas y pecíolos que se alimenta exclusivamente de plantas de la familia de las crucíferas; incluyendo colza, nabos y diversas variedades de coles (Spencer, 1973, 1990). Las hembras adultas ponen sus huevos en el interior de las hojas. Las larvas (Fig. 1C-D) excavan galerías en el mesófilo, ubicado entre las epidermis de la cara superior e inferior de la hoja, hasta encontrar una nervadura, y desplazarse hacia la nervadura central y el pecíolo, lugar donde pasan la mayor parte de su fase de desarrollo larval (Fig. 2). El nivel de daño varía en función de la etapa de desarrollo del cultivo en la que se produce el ataque, siendo más significativo cuanto más jóvenes son las plantas (Spencer, 1973). Debido al posible impacto económico que esta especie puede tener en los cultivos locales, consideramos crucial notificar sobre su presencia en el país y remitir la información necesaria.
IDENTIFICACIÓN Y DAÑO.
Los adultos son pequeños, con machos midiendo alrededor de 2,5 mm y hembras alrededor de 3,5 mm. Tienen una coloración general gris mate en el cuerpo, con la cabeza mayoritariamente amarilla, aunque las antenas pueden oscurecerse ligeramente. Las patas y las pleuras también son amarillas, al igual que el flequillo en la escama (Fig. 1A-B). Se destacan por tener una frente excepcionalmente ancha, tres veces más ancha que el ojo, que se proyecta de manera llamativa sobre el ojo en vista lateral (Fig. 1B). Además, las genas son extremadamente desarrolladas, ocupando el 3/4 de la altura ocular. Las hembras adultas ocasionalmente punzan los bordes de las hojas con sus ovopositores, lo que crea protuberancias en la parte inferior de las hojas (Fig. 2A). Estas punciones a veces no se utilizan exclusivamente para la puesta de huevos, ya que también pueden ser aprovechadas para alimentarse del líquido que se desprende (Bohm, 1957). Se ha observado que las hembras ponen hasta 81 huevos en su vida (Frey, 1951). En Argentina, se detectaron entre 0 y 88 larvas por planta, con un máximo de 11 larvas por pecíolo (Valladares et al., 1999). La pupación puede ocurrir dentro del tallo o en el suelo (Fig. 1E-F).
Las larvas de esta especie son blanquecinas y pueden alcanzar hasta 6 mm de longitud. Una característica distintiva de las larvas son los espiráculos posteriores que presentan entre 25 y 30 poros diminutos (Fig. 1C-D). Estas larvas atacan las hojas, creando galerías en el mesófilo que se extienden hasta las nervaduras. Luego, se desplazan hacia el pecíolo y lo minan en su totalidad en ambas direcciones, y en ocasiones y cuando las plantas son jóvenes, pueden ingresar al tallo (Frey, 1951; Stapel, 1961). La alimentación de las larvas ocurre principalmente dentro de la médula del peciolo y tallo, y el tejido vascular apenas se ve afectado. Consecuentemente, las hojas a menudo pueden sobrevivir incluso en presencia de una gran cantidad de larvas. Este tipo de daño puede afectar a las plantas desde el momento de la implantación hasta su madurez (Hochapfel, 1937; Roesler, 1937; Günthart, 1946), lo que resulta en la decoloración y pérdida temprana de las hojas, lo que a su vez disminuye la resistencia de las plantas al frío (Stapel, 1961), y también puede resultar en vuelco
PHYTOMYZA RUFIPES VS OTRAS MOSCAS EN COLZA.
Además de Phytomyza rufipes y Scaptomyza sp. aquí reportadas (Fig. 1), en la colza se puede encontrar la mosca de la raíz (Delia radicum, Diptera: Anthomyiidae), que como su nombre común indica, infesta las raíces en lugar de las hojas. Delia radicum no pertenece a la familia Agromyzidae; en particular, los adultos de la mosca de la raíz son más grandes que los agromyzidos y se asemejan más a las moscas domésticas. Además, cabe destacar la presencia sírfidos depredadores (Diptera: Syrphidae), conocidos como «moscas de las flores», quienes se alimentan de polen y néctar de flores durante su fase adulta, mientras que sus larvas son depredadoras y se alimentan de insectos como pulgones. El reconocimiento correcto es imperativo para un buen panorama de la situación.
CONDICIONES QUE AFECTAN SU PROLIFERACIÓN.
Altas precipitaciones ayudan a bajar el nivel de la población larval.
MEDIDAS PREVENTIVAS DE CONTROL.
Aunque potencialmente puede causar preocupación las plantas de colza pueden tolerar la pérdida de hojas más antiguas, y normalmente no se considera necesario el tratamiento con insecticidas. Asimismo, dado que esta plaga es emergente en nuestro país y teniendo en cuenta la naturaleza preliminar de esta comunicación, es esencial realizar investigaciones adicionales para adquirir un conocimiento más completo acerca de su biología y comportamiento.
LOS AUTORES.
Ximena Cibils de Protección Vegetal, INIA La Estanzuela; y Mario Gambiasi de Biotecnología, INIA Salto Grande.
Especialistas analizarán el impacto y manejo de la chicharrita del maíz, plaga que amenaza la próxima campaña y será eje central del Congreso Aapresid 2026 en Rosario.
Montevideo | Todo El Campo | En Uruguay, el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), realiza monitoreos para conocer y mantener actualizada la información sobre la chicharrita del maíz.
En ese monitoreo, en junio de este año, INIA señaló que en 2026, “tras dos zafras de monitoreo” se “confirma que Dalbulus maidis (chicharrita) presenta una distribución heterogénea en Uruguay, con mayores abundancias en el norte y litoral oeste del país, particularmente en departamentos asociados a las principales zonas de producción maicera del país. En contraste, hacia el centro y sur del territorio, las abundancias fueron menores o incluso nulas en varios puntos de monitoreo”.
En Argentina la chicharrita causa el achaparramiento del maíz, una enfermedad del maíz endémica en el norte del país vecino que durante la temporada de cultivos de verano en la zafra 2023 – 2024 pasó a Uruguay y se detectaron casos con síntomas de achaparramiento causando importantes daños en las chacras.
EL NORTE ARGENTINO SE PREPARA PARA UNA NUEVA CAMPAÑA.
Como se dijo en el párrafo anterior, en Argentina el achaparramiento es endémico y se estima que otra vez la chicharrita podría volver a generar complicaciones en la región norte si las condiciones resultan favorables. El tema será abordado en el próximo Congreso Aapresid de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa, que será del 4 al 6 de agosto en Rosario, provincia de Santa Fe.
Mientras en el norte argentino avanza la cosecha de maíz, se observa que los niveles de daño son considerablemente mayores a la campaña pasada, y según los especialistas, lo que ocurra el próximo verano, dependerá en gran medida del manejo y el clima de los próximos meses.
Investigadores y técnicos anticipan perspectivas y estrategias contra la chicharrita del maíz, uno de los temas centrales del próximo Congreso Aapresid 2026 con la fuerza de Expoagro, que se llevará a cabo del 4 al 6 de agosto en Rosario.
Lo bueno es que el vector del achaparramiento en maíz tiene baja resistencia al frío. “Dependemos de las heladas de junio y julio, porque necesitamos que se ‘resetee’ la población”, anticipó Alejandro Vera (técnico de la Estacion Experimental Agroindustrial Obispo Colombres – EEAOC), que será uno de los expositores sobre el tema en el Congreso Aapresid.
Laua Carabaca, asesora CREA San Patricio y y técnica regional, agregó: “El control con insecticidas sólo va a tener éxito si las poblaciones son bajas. Por eso lo principal es atenuar la cantidad de vectores disponibles, y en caso de optar por estrategias insecticidas, lo más deseable es hacerlo de forma coordinada y regional, más que únicamente lote a lote”. La asesora disertará en el Congreso sobre las claves para el manejo de maíz en el norte argentino, una región que impone desafíos y estrategias muy distintas a las de la zona núcleo, y donde no valen las recetas fijas sino el manejo adaptativo de variables como densidad, ciclos y ventanas de siembra.
Más allá de la cuestión climática, los especialistas coinciden en que la plaga debe ser combatida desde varios frentes. “Si bien es fundamental comenzar con una población baja, la plaga exige una suma de manejos. No hay que echarle la culpa ni enfocarse en un único factor”, aseguró Carabaca.
Recopila información de más de 10.000 hectáreas de raigrás distribuidas en distintas regiones del país, siendo la primera aproximación nacional a la dimensión del problema.
Montevideo | Todo El Campo | La aparición de un episodio sanitario inusual de brusone en raigrás durante 2026 encendió una señal de alerta para los sistemas pastoriles uruguayos. Con reportes provenientes de distintas regiones del país y en diversos cultivares, la enfermedad motivó la realización de la primera encuesta nacional sobre esta problemática, cuyos resultados fueron presentados por el investigador de Pasturas y Forrajes del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), Ing. Agr. Félix Gutiérrez, durante la jornada Ganadería en zona baja: sanidad, manejo y productividad, realizada en Treinta y Tres.
El brusone es una enfermedad causada por el hongo Pyricularia oryzae que afecta al raigrás anual y puede reducir significativamente la producción y la calidad del forraje, además de comprometer la producción de semilla. Según explicó Gutiérrez, «durante el otoño e invierno de 2026 comenzaron a recibirse numerosos reportes de brusone desde diferentes zonas del país con especial énfasis en la región norte y noreste. La cantidad de casos y su amplia distribución motivaron la realización de un relevamiento nacional para disponer de una primera caracterización objetiva del problema», señaló.
La encuesta reunió respuestas de productores, técnicos asesores, investigadores y empresas vinculadas al sector forrajero. En conjunto, la información recopilada representa más de 10.000 hectáreas de raigrás distribuidas en distintas regiones del Uruguay, constituyendo la primera aproximación nacional a la dimensión del problema.
Entre los principales hallazgos, el investigador destacó que «los resultados muestran que la enfermedad estuvo ampliamente distribuida, con presencia en más de 10 departamentos del país, y afectó diferentes cultivares con mayor incidencia en raigrás Estanzuela 284 material público de larga data y con una amplia distribución en utilización”.
Asimismo, la enfermedad presentó distintos niveles de severidad, desde chacras con efectos moderados a otras con efecto severo, con un porcentaje de pérdida de plantas en el verdeo en etapa de implantación mayor a 50%. “Esto indica que el brusone no puede atribuirse a un único factor y que existe una fuerte interacción entre ambiente, manejo y material genético”, señaló Gutiérrez.
Este primer relevamiento también permitió confirmar que el brusone constituye un problema sanitario que, dependiendo del año, puede ser relevante para los sistemas pastoriles uruguayos. “Los resultados representan un primer diagnóstico nacional y muestran la necesidad de profundizar la investigación para comprender mejor los factores predisponentes y desarrollar estrategias de manejo integradas», afirmó el investigador.
A partir de la información obtenida, INIA orientará nuevas líneas de trabajo para avanzar en el conocimiento de la enfermedad. «Utilizaremos esta información para orientar nuevas líneas de investigación sobre epidemiología, evaluación de cultivares, manejo agronómico y desarrollo de herramientas de monitoreo y alerta temprana. También servirá para fortalecer el trabajo conjunto con productores, técnicos y empresas», explicó el referente del instituto.
Durante el cierre de su presentación, también enfatizó que el desafío no pasa por buscar una única causa, sino por comprender la complejidad del fenómeno. «Uno de los principales mensajes es que el brusone debe abordarse desde una visión integral, considerando la interacción entre el patógeno, el hospedero, el ambiente y el manejo del cultivo”, concluyó.
La cooperación internacional es esencial para mitigar los efectos de las adversidades agrícolas y garantizar la seguridad alimentaria global.
Roma, Italia | World Grain | Todo El Campo | En lugar de retirarse del comercio ante shocks más frecuentes e intensos en los mercados globales de alimentos y agricultura, las naciones deberían reforzarlo mediante la apertura, socios diversificados, cooperación y políticas efectivas, según un nuevo informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
El informe de la FAO, El Estado de los Mercados de Productos Agrícolas (SOCO) 2026, examina cómo los mercados globales de alimentos y agricultura pueden absorber interrupciones y restaurar el equilibrio del mercado tras shocks que van desde desastres o episodios climáticos extremos, crisis y conflictos socioeconómicos, hasta eventos biológicos y tecnológicos.
“Todos los países pueden beneficiarse de una cooperación internacional más fuerte, redes comerciales bien operativas e integradas, y una mayor confianza en el sistema multilateral de comercio”, escribió el director general de la FAO, Qu Dongyu, en su prólogo al informe.
“Por el contrario, todos los países tienen que perder por la fragmentación, la incertidumbre y la disminución de la cooperación”, añadió, destacando cómo esto es especialmente cierto para los más pobres del mundo.
Desde el año 2000, los mercados globales de alimentos y agricultura han estado expuestos a una serie de choques (entiéndase por tales impactos repentinos y disruptivos en la economía o en el comercio internacional) que han interrumpido repetidamente la producción, los flujos comerciales y los precios, lo que ha generado preocupaciones sobre la capacidad de los mercados alimentarios globales para garantizar un acceso estable.
Al mismo tiempo, el valor del comercio se ha multiplicado casi por cinco hasta alcanzar unos 2 billones de dólares y los mercados globales se han convertido en un pilar central de la seguridad alimentaria.
El informe concluyó que los mercados globales de alimentos y agricultura han demostrado resiliencia durante este periodo, con los volúmenes comerciales ajustándose y recuperándose rápidamente de forma relativamente rápida.
Las redes globales de comercio de alimentos están más interconectadas con países que comercian con un mayor número de socios, según el estudio. Esto aumentó la resiliencia al ofrecer opciones alternativas de abastecimiento cuando se producen interrupciones.
Sin embargo, las redes comerciales de cereales siguen estando muy concentradas. Un pequeño grupo de exportadores representa una gran parte de las exportaciones mundiales de trigo, maíz y arroz. Como resultado, los choques que afectan a los principales exportadores de cereales pueden tener efectos globales desproporcionados y adversos.
Un choque en un país exportador importante puede recorrer la red, reduciendo el comercio y aumentando los precios más allá de la ubicación inicial de la perturbación.
“Los países que dependen en gran medida de un número limitado de exportadores enfrentan riesgos elevados y son especialmente vulnerables, mientras que aquellos con vínculos de importación diversificados y fuertes conexiones con centros comerciales están mejor capacitados para absorber las interrupciones”, señalaba el estudio.
Los aumentos en los precios mundiales de los cereales pueden trasladarse a los mercados internos, lo que provoca inseguridad alimentaria, especialmente en los países en desarrollo que importan alimentos netos. Los altos precios de los cereales reducen el poder adquisitivo de los hogares pobres, lo que conduce a una menor cantidad de consumo y a una disminución de la diversidad y calidad de las dietas.
Un hallazgo central del informe de la FAO es el papel fundamental de la cooperación internacional.
“En caso de sorpresa, las respuestas no cooperativas, como las políticas comerciales contracíclicas de los principales actores que buscan proteger los mercados internos, pueden poner a prueba la resiliencia de los mercados alimentarios globales”, afirmó la FAO.
Por ejemplo, el análisis mostró que en la crisis alimentaria de 2007-08, las políticas de aislamiento que afectaron al mercado mundial del arroz supusieron un aumento del 45% en el precio mundial del arroz, mientras que el 30% del aumento del precio mundial del trigo puede atribuirse a cambios en las tasas de protección fronteriza.
Las reservas de alimentos también juegan un papel importante en la resiliencia, según el estudio. En algunos casos, pueden ser necesarias políticas para apoyar la seguridad alimentaria, especialmente cuando las participaciones del sector privado son insuficientes.
Las grandes acciones de amortiguamiento son costosas e insostenibles, y también pueden distorsionar los precios internos. A nivel internacional, históricamente las acciones de amortiguamiento no han logrado una estabilización sostenida de los precios, según el informe.
En cambio, reservas alimentarias de emergencia más pequeñas, combinadas con medidas de protección social bien dirigidas, como transferencias en efectivo y asistencia alimentaria, son más eficaces para proteger a las poblaciones vulnerables.