Incendios en España, ¿qué rol cumple la ganadería?

Incendios en España, ¿qué rol cumple la ganadería?

Dr. Pascual: ¿El ganado es una herramienta eficaz para prevenir incendios? “La ciencia indica, con claridad, que sí. No la única, pero imprescindible”.

Montevideo | Todo El Campo | Los incendios en España son un punto de preocupación para los propios españoles, pero también para el resto del mundo que mira sabiendo que algo así puede suceder en cualquier país, en cualquier momento.

Ahora son los incendios, pero también han sido (y siguen siendo) las inundaciones como la ocurrida en Río Grande do Sul (abril y mayo de 2024), sequías extremas como que vivió Uruguay (2022 y 2023), temporales, deslave, tsunamis y vaya uno a saber cuántas posibles manifestaciones más de una naturaleza llevada al extremo de su resistencia.

Un dato: el total de área quemada en España es de casi 400.000 hectáreas, el tamaño de la isla de Mallorca.

El médico veterinario Dr. Juan Pascual, divulgador y escritor, se refirió a un aspecto de los incendios en España que nadie ha observado: el papel del ganado en la prevención de los incendios.

El profesional se pregunta si el ganado es una herramienta eficaz para prevenir incendios, y responde contundentemente: “La ciencia indica, con claridad, que sí. No la única, pero imprescindible” porque “el ganado ramonea, su movilidad le permite acceder a lugares imposibles para la maquinaria. Su dieta se basa en hierbas y arbustos, justo el combustible que prende el bosque”, escribió en X (@JuanPascual4).

¿CUÁL ES EL IMPACTO QUE TIENE EL GANADO?

Un estudio de universidades alemanas analizó el tema (*). “El ganado consume biomasa combustible y reduce el riesgo y frecuencia de incendios. Además, cuando prende el monte, el fuego tiene menor intensidad”, comentó Pascual.

“Esto no es nuevo, la extinción de grandes herbívoros en el Cuaternario tuvo como consecuencia un aumento significativo de los fuegos”, así lo demuestra un estudio de varias universidades estadounidenses (**).

PROVINCIAS AFECTADAS POR EL FUEGO SON DE MUY BAJA DENSIDAD POBLACIONAL.

Ahora bien, “como la cantidad de masa vegetal cambia año a año, es importante adaptar la masa ganadera a las condiciones del monte”, escribió el profesional, y añadió: “El uso de ganado para este fin es ecológico, poco costoso y además obtenemos de hierbajos proteína -carne y leche- de altísima calidad nutritiva” a lo que se debe agregar la generación de empleo rural, con la ventaja de ubicar nuevas generaciones y familias en esos lugares.

Un dato curioso, es que “las provincias afectadas por el fuego son las que muestran una muy baja densidad de población. El campo vacío es un criadero de hierba seca, yesca que, más pronto que tarde, arderá”.

Qué hacer para “darle la vuelta a esta situación”. Lo primero es incentivando a aquellos que ya están en el campo, para que permanezcan, conscientes de lo buena que esa esa decisión, en tanto que el resto de la sociedad debe saber que “el ganadero no tortura animales, los cuida”; que la ganadería “no contamina”; que le ganadero no vive de las subvenciones; “el agricultor no envenena los campos, produce comida”.

Asimismo, “para mantener una especie ganadera, hay que comérsela. Si no comemos ovino, caprino o vacuno es difícil incentivar su producción”.

Al final de su desarrollo, el Dr. Pascual introduce un punto poco escuchado pero de mucho sentido común y que necesita de mucho estudio y trabajo de opinión pública (lobby): Quizá llegue el día en que las ciudades deban “pagar al campo, por la función que hace el agro como sumidero de CO2”. El tiempo dirá.

(*) Efectos de los grandes herbívoros en los regímenes de incendios y la mitigación de incendios forestales

(**) Respuesta global de la actividad de incendios a las extinciones de herbívoros del Cuaternario tardío

España y los incendios: los cambios que seguirán cuando se apaguen las llamas.

España y los incendios: los cambios que seguirán cuando se apaguen las llamas.

Nos cuesta un poco aceptar que hay especies que no están adaptadas y que no van a volver; ese es una realidad que vino con el cambio climático y que debemos aceptar. Hay que dejar las especies adaptadas que son las que van a prosperar.

Madrid, España | El Mundo | Todo El Campo | Tras dos semanas de incendios desbocados y más de 404.000 hectáreas arrasadas, la pregunta que viene ahora es cuándo va a volver todo a su estado natural, si es que vuelve. Aunque una pregunta más difícil sería si es eso lo mejor que podría pasar. “Una cosa es que el bosque se regenere desde el punto de vista humano, es decir, que vuelva a haber lo que había antes. Y otra que ecológicamente el bosque recupere su funcionalidad, que es lo que interesa”, apunta Rut Domènech, ecóloga especializada en incendios forestales de la Universidad de California, donde dirige el Programa de Monitorización de Quemas Prescritas.

“Nos cuesta un poco aceptar que hay especies que ya no están adaptadas y que no van a volver, como pueden ser los castaños. Las especies están adaptadas a unos rangos climáticos que, si no tienen, no pueden resistir, y eso es un cambio que viene con el cambio climático, y que debemos aceptar”, defiende.

“Después de un incendio las hierbas surgen rápido”, apunta Víctor Resco, catedrático en Ingeniería Forestal por la Universidad de Lleida. “En cuanto empiece a llover, en una semana o dos, vamos a empezar a ver una cobertura verde. Los primeros matorrales empezarán a salir después de las lluvias, que no es bueno que sean torrenciales, pero es muy importante que llueva pronto, porque así las plantas pueden germinar y desarrollar una raíz más larga, que les va a ayudar a sobrevivir en invierno. La cobertura arbórea de las próximas décadas va a depender sobre todo de esta germinación inicial, pero no volveremos a tener bosques en décadas”.

Aun así, para Resco, “la pregunta de los tiempos de recuperación es un poco trampa, porque no tenemos que pensar en recuperar lo que teníamos, tenemos que ir a buscar algo diferente”. Y más trampa si hablamos de especies autóctonas. “Pero, ¿qué es lo autóctono? ¿Lo que había cuando estaban los romanos? ¿Lo que vemos en televisión, esa imagen idílica de bosque centroeuropeo?”, pregunta Domènech. “Demonizamos mucho a ciertas especies, como el eucalipto o el pino carrasco, y cuando focalizamos el tema en la especie nos nublamos, no vemos el problema, que es de estructura, de cantidad de combustible”.

Sobre la posibilidad de replantar, la ecóloga de la Universidad de California cree que “hay que dejar las especies que ya están adaptadas, que son las que van a crecer”.

En la misma línea, el Colegio Oficial de Ingenieros Forestales apunta que “muchas especies mediterráneas, como encinas, alcornoques, robles, pinos canarios o matorrales como brezos y retamas, están adaptadas al fuego, y pueden rebrotar o regenerarse de forma natural”.

Bomberos españoles descansando. Foto tomada de X Miguel Bosé @boseofficial

Víctor Resco cree que en las labores de restauración se va a tener que incluir en muchas ocasiones especies que crezcan en latitudes más bajas y que se consideren foráneas de ese sitio. “Lo que no podemos hacer es cometer los mismos errores que nos han llevado hasta esta situación, que es abandonar las repoblaciones a su suerte. Estamos frente a una oportunidad para tener ecosistemas sanos que estén adaptados al cambio climático y que vayan a ser resistentes a la propagación del fuego, no que vayan a favorecerla”.

Esta gestión, apunta Resco, “pasa por abandonar el edenismo, esta búsqueda del jardín del Edén que planean ciertas personas de tendencias que consideran ecologistas, pero que en realidad son muy dañinas”. “Si no intervenimos, van a intervenir los incendios, la regeneración va a ir a menos y estaremos favoreciendo la desertificación. El margen de error que tenemos es muy limitado porque el cambio climático hace una presión muy estricta”, avisa.

“El aspecto de los troncos carbonizados tras apagarse las llamas de un incendio puede inducir a pensar que la vida allí ha sido eliminada, pero los ecosistemas mediterráneos disponen de un conjunto de estrategias que les permiten hacer frente a esta perturbación”, apunta David Badía, catedrático de Edafología e investigador del Instituto Universitario de Investigación en Ciencias Ambientales de Aragón.

“Entre las plantas calcinadas existen algunas con capacidad de rebrotar desde la cepa (quejigos, coscojas, carrascas, madroños); otras plantas (pirrófitas), aun sin ser capaces de rebrotar, germinan profusamente tras el incendio como las jaras o aliagas; por otro lado, hay pinos, como el pino carrasco, que disponen de un gran almacén de semillas viables en sus piñas que, tras el fuego, con humedad en el suelo, podrán germinar. Es decir, cierta vegetación mediterránea puede regenerarse con relativa rapidez”.

Domènech dice que depende de muchos factores, como el banco de semillas que exista en cada suelo, su fertilidad, la intensidad del incendio, o si acaba de sufrir otro en muy poco tiempo, porque “entonces va a ser muy difícil que se regenere nada”. Otra de las claves que subraya es la lluvia: “Es bueno un poco después del incendio, pero, si son lluvias torrenciales, pueden arrastrar ese suelo y va a ser muy difícil la regeneración”.

Sobre la lluvia también advierte el Colegio de Ingenieros Forestales: “Pueden duplicar o triplicar el arrastre de sedimentos, colmatando embalses, contaminando aguas superficiales y subterráneas y provocando riadas o inundaciones en zonas próximas. Proteger el suelo durante el primer año es más eficaz y económico que intentar recuperarlo después, ya que su regeneración natural es muy lenta y difícil de revertir”.

Pero las plantas y los árboles no son las únicas víctimas ni lo único que se va a recuperar. También las hay, incluso, que se benefician del fuego. “Hay muchas especies oportunistas”, dice Domènech, “muchos pájaros que aparecen sólo cuando un bosque se ha quemado. Especies como el águila necesitan espacios abiertos para cazar y así tienen más oportunidades”.

La Fundación Pau Costa, una entidad global sin ánimo de lucro que pone el foco en la prevención y gestión de incendios forestales, enumera en su página web las especies que se benefician del fuego, como el escarabajo, quien, tras la huida de depredadores, «acude a los bosques negros para poner sus huevos en la madera recién quemada y que sus bebés puedan nacer sin peligro”.

O la perdiz roja y el conejo europeo, “que se aprovechan de que, en las primeras etapas de recuperación de un ecosistema que ha ardido, aparecen hierbas con un alto contenido de nutrientes”. Y el abejorro carpintero y distintas especies de pájaros carpinteros, “que prefieren hacer sus nidos en árboles muertos porque son más fáciles de perforar”.

El autor es Ricardo Colmenero, periodista de El Mundo y Premio Nacional de Periodismo Julio Camba 2018. Para leer más artículos del mismo autor: Ricardo F. Colmenero | EL MUNDO

Artículo original en El Mundo: La recuperación tras el fuego: “No volveremos a tener bosques en décadas, pero especies como las encinas y los pinos pueden regenerarse de forma natural”

Las fotografías fueron publicadas por el artista Miguel Bosé en la red social X @boseofficial

Desde tiempos de los apaches: manejo de incendios forestales según anillos de los árboles.

Desde tiempos de los apaches: manejo de incendios forestales según anillos de los árboles.

En EE.UU. el manejo de incendios de los apaches creó ciclos de refuerzo de administración del paisaje. Las quemas en las áreas agrícolas mejoraron el forraje para los animales de caza. También mejoró los recursos de plantas silvestres.

Arizona, Estados Unidos | Universidad de Arizona | Todo El Campo | Un nuevo estudio que utiliza árboles con cicatrices de fuego y datos recopilados por investigadores de anillos de árboles de la Universidad de Arizona ha documentado extensas prácticas de manejo de incendios por parte de los apaches occidentales que redujeron significativamente la influencia del clima en la actividad del fuego en su tierra natal.

La investigación, dirigida por el científico de incendios de la Universidad Metodista del Sur (SMU) Christopher Roos, analizó 649 árboles con cicatrices de fuego de 34 sitios en el territorio tradicional apache occidental en el centro y este de Arizona y los comparó con varios miles de árboles de la región suroeste más amplia. Los hallazgos, publicados en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (*), revelan que, a pesar de ser una población pequeña y móvil, las comunidades apaches occidentales tenían un control significativo sobre los patrones de incendios en el paisaje en diferentes épocas del año, mucho más de lo que los científicos creían posible.

Thomas W. Swetnam, profesor emérito de la Universidad de Arizona y dendrocronólogo (dendrocronología es la disciplina que estudia los anillos de crecimiento de los árboles para entender procesos ambientales, climáticos y culturales del pasado) desde hace mucho tiempo en el Laboratorio de Investigación de Anillos de Árboles, fue coautor del estudio, que se basó en el extenso archivo de secciones transversales de árboles del Laboratorio de Anillos de Árboles que proporcionan siglos de historia de incendios de la región. Los científicos de incendios han sabido durante años que los nativos americanos, y especialmente los apaches occidentales, usaban el fuego para manejar el paisaje, según registros etnográficos y entrevistas con personas apaches, dijo Swetnam.

“No es ninguna novedad que los nativos americanos usaron el fuego para manejar el paisaje, pero las preguntas siempre han sido dónde, cuánto, con qué frecuencia y qué tan específicamente cambiaron los patrones de quema estacionales”, dijo Swetnam. “Lo que hace este documento es que realmente muestra dónde podemos detectar la influencia del fuego de los apaches occidentales en función de sus campamentos estacionales”.

Los incendios fueron principalmente asincrónicos y ocurrieron independientemente de los factores climáticos donde vivían estacionalmente los apaches occidentales, lo que contradice las suposiciones anteriores de que los abundantes rayos y las condiciones climáticas impulsaron los patrones de incendios en toda la región.

En particular, los incendios más frecuentes ocurrieron en territorio apache que en otras partes de la región durante siglos antes del establecimiento de reservas indias. La mayoría de los incendios ocurrieron de manera desproporcionada a fines de abril y mayo, cuando los apaches dedicaron mucho tiempo a actividades de subsistencia en los bosques de pinos.

“Las frecuencias de los incendios eran tan diferentes en las tierras de los apaches occidentales que se destacaban como una luz de neón”, dijo Roos, quien obtuvo su doctorado de la Universidad de Arizona en 2008 mientras investigaba en la Escuela de Antropología y el Tree-Ring Lab. “Pero los incendios también eran muy pequeños y ocurrían en diferentes épocas del año. y como resultado, estaban amortiguando la influencia del clima. Este era un pequeño grupo de recolectores que básicamente estaban tomando el control del régimen de incendios. Y pudimos mostrar esto claramente a través de los anillos de los árboles”.

El estudio se basa en la investigación previa de Roos que examina las prácticas culturales de quema en todo el suroeste, incluido el trabajo en las comunidades Pueblo y el país Navajo. Los datos de Western Apache provienen de un trabajo inédito sobre la historia de los incendios realizado hace 25 años, incluida una investigación encargada para la tribu Apache de San Carlos.

Roos señala que los hallazgos desafían las suposiciones comunes sobre el manejo de incendios indígenas, que a menudo se centran en poblaciones más grandes y sedentarias. Los apaches occidentales eran principalmente jardineros recolectores móviles que practicaban una jardinería limitada. Sin embargo, la evidencia de los anillos de los árboles muestra que mantuvieron un control sistemático sobre los patrones de incendios en todo el paisaje.

Según el estudio, el manejo de incendios Apache creó ciclos de refuerzo de administración del paisaje. Las áreas que llamaron “sitios agrícolas” sirvieron como anclas para el movimiento a través del territorio. La quema en estas áreas mejoró el forraje para los animales de caza. También mejoró los recursos de plantas silvestres, lo que trajo a la gente de regreso a estos lugares y condujo a ciclos de quema adicionales.

La investigación tiene implicaciones para los enfoques actuales de manejo de incendios. En lugar de realizar quemas extensas para cumplir con los objetivos de superficie, el estudio sugiere que muchas quemas pequeñas y fragmentadas crean cortafuegos más efectivos y reducen los peligros cerca de las comunidades humanas.

“Podemos aprender eso de los anillos de los árboles y de escuchar a los nativos de hoy, porque todavía hay tradición oral y conocimiento indígena sobre el uso del fuego”, dijo Swetnam, quien señaló que los coautores del artículo incluyen a Nicholas C. Laluk, investigador de la Universidad de California, Berkeley y miembro de la tribu Apache White Mountain que obtuvo su doctorado en antropología de la Universidad de Arizona. y Melinda M. Adams, investigadora de la Universidad de Kansas y miembro de la tribu Apache de San Carlos.

“Esta es una gran colaboración de la ciencia occidental y los científicos indígenas”, agregó Swetnam.

Otros autores de la Universidad de Arizona involucrados en el estudio incluyen a Christopher H. Baisan, especialista principal en investigación del Tree-Ring Lab, y Kiyomi Morino, profesora asistente de investigación de dendrocronología. Los autores de otras instituciones, que también son graduados de la Universidad de Arizona, incluyen a J. Mark Kaib del Servicio de Pesca y Vida Silvestre de EE.UU., y Christopher H. Guiterman de la Universidad de Colorado Boulder y los Centros Nacionales de Información Ambiental de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA).

Fotos web Universidad de Arizona (interior) y Academia Play (portada).

(*) Artículo publicado en la web científica Proceedings of the National Academy of Sciences: Los anillos de los árboles revelan la persistente administración de incendios de los apaches occidentales (Ndee) y la construcción de nichos en el suroeste de Estados Unidos | PNAS

En Europa, el abandono del medio rural contribuye a los grandes incendios.

En Europa, el abandono del medio rural contribuye a los grandes incendios.

Un territorio abandonado lleva a un paisaje homogéneo, sin gestionar, muy inflamable y donde los servicios ecosistémicos y la biodiversidad están comprometidos.

Montevideo | Todo El Campo | Las altas temperaturas y los largos períodos sin precipitaciones, son la materia prima clave para que, combinadas, causen importantísimos incendios. A veces se suma el accionar imprudente -aunque también puede ser deliberado- de algunos seres humanos.

En estas horas, Europa es noticia por la oleada de incendios forestales que presenta, especialmente en España y Francia que, según varios medios de comunicación “se propagan” o “arrasan” grandes áreas.

En 2023, el Fondo Mundial para la Naturaleza -también conocida como World Wildlife Fund- (WWF) publicó un informe sobre incendios extremos, cuyos conceptos mantienen total vigencia.

Destaca como “más que evidente” la “estrechísima relación entre condiciones meteorológicas extremas e incendios descomunales”.

El cambio climático asegura que en la zona del Mediterráneo habrá situaciones de emergencia “cada vez con más frecuencia”, como “olas de calor intensas y duraderas, sequías prolongadas y humedades relativas muy bajas”. Agrega que “los períodos de máximo riesgo de incendio son cada vez más amplios y ya no se ciñen exclusivamente a los meses de verano”.

El WWF explica: “La escasez de precipitaciones acumuladas hace que el suelo esté muy seco y facilita un rápido avance de las llamas en caso de incendio”; pero en el “largo plazo, los impactos son mucho más dramáticos” porque “un suelo sin reservas hídricas disponibles es un escenario complicado de afrontar para los bosques. Esta carencia persistente puede llevar al colapso del sistema de transporte de agua de los árboles, lo que daría lugar a una disminución en la producción de semilla y al decaimiento, e incluso mortalidad, de las masas forestales”.

Además, “los bosques debilitados son mucho más vulnerables a plagas, enfermedades e incendios de alta intensidad”. En España, “los bosques están al límite, enormemente estresados por el gran déficit hídrico y la actual situación puede llevarnos a una pérdida de biodiversidad y a un escenario desconocido, muy peligroso y difícil de defender”.

EL ABANDONO GENERALIZADO DEL TERRITORIO

Una advertencia importante que hace el WWF es que hay abandono de la tierra, y eso agrava las cosas.

“En unos años pasamos de tener una economía predominantemente basada en la agricultura y el pastoreo, con un importante peso de los aprovechamientos forestales, a una sociedad con un sector primario marginal”, dice el informe.

Continúa: Un territorio abandonado lleva a “un paisaje homogéneo, sin gestionar, muy inflamable y donde los servicios ecosistémicos y la biodiversidad están comprometidos”. 

Ese abandono que está sufriendo España se da de tes diferentes formas: primero, el abandono rural; segundo, el aumento de la superficie forestal; y tercero, la escasa gestión forestal.

ABANDONO RURAL. “Un territorio despoblado es un territorio que arde. Si superpusiéramos el mapa de las áreas quemadas en los últimos años en la península ibérica con el mapa de las zonas más despobladas, comprobaríamos que coinciden en gran medida. Galicia y el norte de Portugal tienen los peores indicadores demográficos de la fachada atlántica europea, en cuanto al éxodo rural y envejecimiento de la población, y son dos de las regiones europeas y mediterráneas más afectadas por incendios”.

ABANDONO DE USOS TRADICIONALES. “En Europa el abandono de tierras supone un serio peligro para la actividad agraria, uno de los principales motores de la economía de las zonas rurales. En España, cerca del 10% de la superficie agraria presenta un riesgo alto o muy alto de abandono, debido entre otros a la falta de rentabilidad o a la ausencia de relevo generacional, lo que supondría una pérdida de unos 2,3 millones de hectáreas, equivalente a casi tres veces el tamaño de la Comunidad de Madrid. Esta superficie se sumaría a los 2,4 millones de hectáreas que ya han desaparecido en la primera década del siglo XXI cuando España perdió el 23% de sus explotaciones agrarias.

AUMENTO DE LA SUPERFICIE FORESTAL. El cese de actividades tradicionales ha contribuido al aumento de la superficie forestal y a la pérdida del paisaje en mosaico. En total, la superficie forestal en España ha aumentado casi 4 millones de hectáreas, pero esto no se traduce en un aumento de bosques sanos, estables y diversos. Las zonas cultivadas y pastoreadas en el pasado están ahora cubiertas por matorrales, bosques jóvenes pioneros o rodales monoespecíficos que, sin una adecuada gestión, se convierten en un riesgo para la propagación de grandes incendios forestales”.

ESCASA GESTIÓN FORESTAL. “A partir de los años ochenta se aprecia una paulatina caída de la tasa de extracción de maderas y leñas, lo que ha supuesto un incremento de la biomasa disponible. En la actualidad, la tasa de extracción en nuestros montes (balance entre cortas y crecimiento) se sitúa en torno al 30 %. En determinadas regiones, la superficie sometida a tratamientos silvícolas se ha reducido hasta en un 60 %. En los montes españoles crecen cada año unos 46 millones de metros cúbicos de madera o biomasa, de los que únicamente se aprovechan 14 millones. Todos los años se van acumulando 32 millones de metros cúbicos de material vegetal porque no existe una actividad socioeconómica que justifique su gestión y aprovechamiento. A esta escasa utilización forestal se le suma la poca ordenación: en España, más del 85 % de los espacios forestales no tienen planes de ordenación que garanticen la preservación del monte y sus servicios ecosistémicos”.

DIEZ EJES TEMÁTICOS PARA COMENZAR A CORREGIR LA SITUACIÓN.

Para corregir lo anterior, WWF insta a trabajar en diez ejes temáticos, que son: 1) Gestión de ecosistemas forestales; 2) Planificación territorial; 3) Comunidades rurales vivas; 4) Usos y ecología del fuego; 5) Comunicación, educación y sensibilización; 6) Conocimiento y necesidades en la extinción; 7) Escenarios futuros a medio y largo plazo; 8) Política y gobernanza; 9) Conservación de la naturaleza; y 10) Adaptación y mitigación al cambio climático.

En los bosques alemanes, un dron equipado de IA para rastrear los incendios

En los bosques alemanes, un dron equipado de IA para rastrear los incendios

Calor, sequía y vientos violentos, los ingredientes clásicos de los incendios, se intensificaron con el cambio climático, dice el reporte de AFP.

Eberswalde, Alemania | RFI | Todo El Campo | El globo, cubierto de paneles solares, alberga un dron dotado de una inteligencia artificial que un día será capaz, según su creador, de detectar y apagar incendios forestales en unos minutos.

“Los incendios se propagan mucho más rápido y de manera más agresiva que en el pasado. Eso significa también que debemos reaccionar con más rapidez”, aseguró a la AFP Carsten Brinkschulte, director de la empresa alemana Dryad, durante una demostración en Brandenburgo, la región que rodea a Berlín.

Incluso la capital alemana ha tenido que acostumbrarse a la propagación de los incendios forestales, antes escasos.

Las llamas devastaron un bosque al oeste de Berlín en 2022, durante una fuerte ola de calor excepcional responsable de varios incendios en el país.

Calor, sequía y vientos violentos, los ingredientes clásicos de los incendios, se intensificaron con el cambio climático.

Y el fenómeno alcanza un nivel tal que se ha vuelto casi imposible detenerlos, dice Lindon Pronto, experto en gestión de incendios forestales en el Instituto forestal europeo.

Por eso es necesario actuar para desarrollar instrumentos que faciliten «controlar los incendios en la fase de prevención, en la operativa y después del incendio», agregó Pronto.

“EVITAR UNA CATÁSTROFE”.

Como 29 empresas del mundo entero, Dryad compite por un premio de varios millones de dólares, que impulsa el desarrollo de soluciones para apagar los incendios de manera autónoma en menos de 10 minutos.

Durante la demostración efectuada el jueves por Dryad -la primera de un dron de detección pilotado por ordenador, según la empresa- se lanzó un incendio ficticio, que es detectado por sensores diseminados en el bosque a partir de productos químicos presentes en el humo.

Las señales son luego transmitidas a la empresa, que libera a distancia al dron. El aparato, de unos 2 metros de diámetro, sube por encima de los árboles, trazando una trayectoria en zigzag para localizar el lugar preciso y la magnitud del incendio.

Con las informaciones recogidas por el dron, los bomberos estarían en condiciones de «reaccionar mucho más eficaz y rápidamente y evitar una catástrofe», afirma Brinkschulte.

Dryad no alcanzó todavía la etapa final: la extinción del fuego por el dron con ayuda de «cañón sónico», una nueva tecnología que proyecta ondas sonoras a baja frecuencia para apagar los pequeños incendios.

Si funciona, este método experimental de extinción acústica evitaría al dron transportar «grandes cantidades de agua pesada», lo que haría que la unidad sea más ágil y eficaz, según el jefe de la start-up.

COMERCIALIZACIÓN EN 2026.

Las tecnologías como las desarrolladas por Dryad son un paso adelante hacia la extinción de incendios «sin poner en peligro la vida de la gente», indica Lindon Pronto, originario de California, donde los devastadores incendios forestales son frecuentes.

En enero, gigantescos incendios en Los Angeles mataron a 29 personas, arrasaron más de 10.000 casas y causaron 231.000 millones de euros de daños, según los cálculos de la empresa de meteorología AccuWeather.

En las zonas donde «la civilización se encuentra con la naturaleza» un sistema autónomo de prevención de incendios sería lo más ventajoso, agrega Brinkschulte. Pues es ahí donde «el riesgo para la vida y la integridad física es naturalmente más elevada».

La empresa espera comercializar el dron en 2026, con una primera utilización probablemente fuera de Europa.

«Esos sistemas deben aun disponer de un marco reglamentario para poder funcionar comercialmente», dice su director, y agrega que Dryad busca un desarrollo en Europa en los «años próximos».

Sin embargo, algunos problemas deben aun ser resueltos: la tentativa de respuesta al incendio ficticio del jueves se retrasó por una señal GPS defectuosa.

Fuente: En los bosques alemanes, un dron equipado de IA para rastrear los incendios

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