La oportunidad que América Latina y el Caribe no pueden dejar pasar.

La oportunidad que América Latina y el Caribe no pueden dejar pasar.

Crisis en alimentos, energía y fertilizantes abre a América Latina la oportunidad para acelerar el desarrollo de la bioeconomía, plantea el IICA en relevante foro global

La guerra en Europa del este, al tiempo que provoca un fuerte impacto negativo en lo económico y social en América Latina y el Caribe, también crea condiciones para acelerar el desarrollo de la bioeconomía.

La magnitud de los recursos naturales de la región, combinada con nuevas demandas globales de una producción más sostenible y las modificaciones del tablero geopolítico global, constituyen una convergencia de factores que crea una situación favorable para una transición más rápida hacia un modelo que ponga el acento en lo biológico.

Así lo aseguraron expertos convocados por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) para discutir el escenario de la crisis en el marco de la Conferencia Internacional de Bioeconomía Aplicada (ICABR) 2022.

El ICABR es un consorcio internacional de expertos en bioeconomía, agricultura, biotecnología e investigación que constituye uno de los espacios mundiales más importantes de la bioeconomía académica, en el que participan universidades de la talla de Rutgers, Berkeley, MIT, Campinas, UC Davis, Wageningen, Saskatchewan, entre muchas otras. Dentro de los objetivos del ICABR destaca el fomento al colaborativo entre universidades, centros de investigación, gobiernos y empresas privadas, así como la promoción de la aplicabilidad de los resultados de la investigación (principalmente en políticas públicas). 

Como parte de esta conferencia, el IICA organizó el panel “Bioeconomía e impactos de la guerra Rusia-Ucrania en América Latina y el Caribe”, en el que se expuso el potencial que la región tiene en rubros como biocombustibles líquidos, biogás, combustibles para aviación, biotecnología y bioinsumos.

La discusión fue organizada por Hugo Chavarría, gerente del Programa de Bioeconomía y Desarrollo Productivo del IICA, quien además participó como panelista en dos plenarias de la ICABR.

“Hemos trabajado fuertemente para posicionar a América Latina y el Caribe en estos espacios mundiales de la bioeconomía.  Esta es la única forma en que la región puede visibilizarse al más alto nivel y además ser protagonista en las discusiones y decisiones que tienen los actores más influyentes de la academia y de los sistemas de ciencia, tecnología e innovación de la bioeconomía en todo el mundo”, dijo Chavarría.

El especialista consideró que la región tiene los recursos para acelerar el desarrollo de la bioeconomía y un escenario que la favorece pero es necesario potenciarlo a través del trabajo en sensibilización, formación de capacitación, fortalecimiento de marcos normativos, fomento de mercados e investigación y desarrollo.

La bioeconomía, que consiste en la industrialización sostenible de los recursos y principios biológicos, permite formular nuevas estrategias de desarrollo productivo para enfrentar el desafío de las crecientes demandas de alimentación y energía de la población mundial, al tiempo que contribuye a mitigar el impacto sobre el ambiente y los recursos naturales.

Las oportunidades.

“La guerra impactó sobre una región ya fuertemente afectada por la pandemia de Covid-19. En 2020, América Latina sufrió una contracción del 7% en el PBI, que fue la mayor en 120 años. Esto llevó a un crecimiento de la pobreza, que hoy afecta a 200 millones de personas, 86 millones de las cuales están en situación de pobreza extrema”, dijo Eduardo Trigo, uno de las referencias globales en materia de bioeconomía y asesor del director general del IICA.

Trigo hizo foco, de todas maneras, en las oportunidades: “Una de las características de la región es la magnitud de sus recursos biológicos. Por ese motivo, la bioeconomía, que consiste en el aprovechamiento de los recursos biológicos, es una respuesta lógica, quizás no en el corto plazo, sino en términos de visión del desarrollo”.

“La región, y particularmente los países tropicales, podría hacer un mejor uso de su riqueza biológica, para el fortalecimiento de su seguridad alimentaria. Esto no es un proceso nuevo en América Latina y el Caribe. Hay al menos once países que tienen estrategias para el aprovechamiento de estos nuevos senderos de desarrollo. Esto no es hablar de potencialidades, sino de cosas que ya están ocurriendo en la región y que tienen una dimensión realista”, apuntó el experto.

Materializar expectativas.

Agustín Tejeda, gerente de estudios económicos de la Bolsa de Cereales de Argentina, habló de los impactos disruptivos que ha generado la guerra y precisó que un productor en Argentina o Brasil necesita un 50% más en dólares de inversión para obtener los mismos productos, por el aumento de precio de los insumos.

Sin embargo, Tejeda consideró que se abren oportunidades en el largo plazo para consolidar a la región como proveedora global de alimentos y energía en los próximos años. “Ya estamos viendo un aumento en el uso de productos de origen biológico que pueden reemplazar a los productos de origen fósil. Quizás la mayor de las oportunidades es la que tenemos para consolidar una visión propia, destacando que no existe un enfoque único sobre sustentabilidad, sino tantos enfoques como realidades productivas existen”, afirmó.

Tejeda no dudó en que la región tiene potencial para aumentar las exportaciones y aprovechar las oportunidades de la bioeconomía: “Para que estas perspectivas se materialicen, se necesita una revisión de la estrategia de inserción internacional y generar consensos a nivel regional sobre el desarrollo de políticas de desarrollo productivo y de negociaciones internacionales”.

Jorge Bedoya, presidente de la sociedad de agricultores de Colombia, apuntó que su país produce 73 millones de toneladas de alimentos pero importa 13,8 millones de toneladas. “Todo lo que ha venido ocurriendo desde la invasión a Ucrania generó una presión impresionante en los costos de producción de alimentos muy relevantes para la población colombiana como el pollo, el cerdo y la leche. Tenemos una inflación anual de más del 23% en alimentos”, señaló.

Bedoya destacó que Colombia puede ser menos dependiente de las importaciones: “Hemos dado pasos importantes en la producción de biodiesel y etanol. Tenemos una frontera agrícola de 40 millones de hectáreas, agua y la presencia de inversores nacionales y extranjeros, por lo que en el mediano plazo vemos que puede haber un escenario distinto”.

Agustín Torroba, especialista en Bioenergía del IICA, pronosticó que la producción y consumo de biocombustibles líquidos se va a acelerar en el corto y mediano plazo, mientras que en el mediano plazo crecerán otros, como el biogás y los biocombustibles de aviación. “La situación genera una oportunidad para los biocombustibles porque son más baratos que los combustibles fósiles y se constituyen como un garante del abastecimiento”, enfatizó.

Roberto Bisang, de la Universidad de Buenos Aires (UBA) habló de las oportunidades que se presentan en biotecnología, mientras que Nicolás Cock Duque, de Bioprotección Global, se refirió al papel que pueden jugar los bioinsumos en la transición hacia una agricultura más resiliente. Por último, José Roberto Vega, director de LANOTEC Costa Rica, ahondó en las posibilidades que tienen las biorrefinerías (particularmente las basadas en el aprovechamiento de residuos) para la producción de biocombustibles u otros nuevos bioproductos en el nuevo escenario. (IICA).

La agricultura, parte de la solución al cambio climático.

La agricultura, parte de la solución al cambio climático.

En su rol productivo y como parte de la solución al cambio climático, la agricultura debe ser protagonista en la conferencia de la ONU (COP 27).

La seguridad alimentaria está al tope de la agenda y, por su vinculación con la problemática ambiental y el papel de la agricultura como parte de la solución a los desafíos globales, debe ocupar un lugar destacado en la próxima Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP 27), que se celebrará en Egipto en noviembre.

Esa fue la mirada que compartieron el Grupo de Embajadores de Latinoamérica (Grulac) en el país del norte de África y el director general del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), Manuel Otero, en un diálogo virtual en el que sobresalió un detallado análisis del impacto económico y social que está sufriendo América Latina y el Caribe por las disrupciones que han alterado los mercados globales de alimentos, energía y fertilizantes.

La discusión se enmarcó en el contexto de las actividades que el IICA está realizando de cara a la COP 27. Para esa cita global, en el que se definirán el futuro de las acciones colectivas de mitigación y adaptación al calentamiento global, ministros y secretarios de Agricultura de las Américas pidieron al IICA que coordine la búsqueda de consensos, de manera de presentar una posición convergente del continente sobre la cuestión agrícola.

Reunidos en mayo, ministros, secretarios y funcionarios de 32 países de las Américas manifestaron que las condiciones globales actuales han aumentado la toma de conciencia sobre la fragilidad de la seguridad alimentaria y nutricional en el ámbito global y la necesidad de una mayor productividad agrícola sostenible, especialmente ante los crecientes riesgos climáticos.

En ese sentido, el embajador argentino en Egipto, Eduardo Antonio Varela, quien ofició como anfitrión del encuentro, destacó el valor de que el IICA haya asumido el compromiso de cooperar con Egipto en el camino hacia la conferencia de noviembre, que se realizará en la ciudad balnearia de Sharm el-Sheikh.

“Es de enorme importancia el acercamiento entre el IICA y Egipto para quienes representamos a las naciones latinoamericanas aquí”, dijo Varela desde la Embajada argentina en El Cairo.

Según lo convenido en mayo por el director general del IICA y la ministra de Medio Ambiente del país norafricano, Yasmine Fouad, durante un encuentro virtual, el respaldo del Instituto se centrará en la generación y la transferencia de conocimiento científico relacionado con la seguridad alimentaria y nutricional, la agricultura y la innovación, y su relación con el cambio climático.

“La agenda agrícola ocupará un espacio relevante en la conferencia, en un momento de tensiones en los mercados globales de alimentos”, agregó Varela, quien destacó que Egipto, país que recibirá a funcionarios y expertos en la cuestión ambiental de todo el mundo, es un país particularmente vulnerable en cuanto a seguridad alimentaria y puntualizó su especial dependencia de las importaciones de trigo, cereal cuyo precio se disparó por el conflicto bélico en Europa del Este.

El embajador de México y decano del Grulac en El Cairo, Octavio Tripp, consideró que la seguridad alimentaria es un tema de enorme relevancia en la actual coyuntura.

“Sin duda –señaló- la seguridad alimentaria se vincula al cambio climático, por lo que la próxima celebración de la COP 27 en Egipto hace que sea muy relevante su análisis conjunto. Los embajadores latinoamericanos en este país tenemos un gran interés por ilustrarnos en cuanto a la realidad de la seguridad alimentaria”, refiriéndose también a la situación que enfrenta la producción agropecuaria por los problemas de disponibilidad de fertilizantes.

Acción colectiva.

“Estamos convencidos que el sector agropecuario tendrá un lugar destacado en la COP 27, como parte de la solución a los problemas del cambio climático y de la necesidad de conservar la biodiversidad. La seguridad alimentaria, que está amenazada por varios factores, no puede ser tratada aisladamente, sino en conjunto con la problemática ambiental, el comercio internacional, los temas energéticos y de calidad de vida de las comunidades”, dijo por su parte Otero.

El director general explicó que el IICA, como institución que desde las Américas mira al mundo, promueve la acción colectiva.

“Los ministros de Agricultura del hemisferio son nuestros mandantes, pero interactuamos también con otros ministerios y con el sector privado, universidades y organizaciones de la sociedad civil, porque el desarrollo sostenible y la transformación de la agricultura debe ser preocupación de todos los actores. Es tiempo de actuar juntos. Debemos elaborar un mensaje poderoso para fortalecer la participación del sector agrícola en todos los ámbitos en donde se discuta la cuestión climática”. agregó.

Otero explicó que el IICA trabajará para que América Latina exhiba en la COP 27 sus avances en siembra directa, pasturas naturales, sistemas silvopastoriles, reducción de desperdicios y otras buenas prácticas en materia de sostenibilidad ambiental. “Tenemos que mostrarlos y sentirnos orgullosos” apuntó.

Dijo que es imprescindible resaltar la importancia de América Latina y el Caribe, tanto en los temas vinculados al cambio climático como es la seguridad alimentaria mundial.

“La región –explicó- tiene buena parte de los recursos naturales del planeta: el 50% de la biodiversidad del planeta, el 22% de agua fresca, el 31% de agua dulce y el 33% de las tierras cultivables. Nuestros bosques cumplen una función fundamental como sumidero de carbono y en el ciclo del agua. Y apenas generamos el 9% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero, mientras somos la región exportadora neta de alimentos del mundo. Esto nos debe dar fuerza a la hora de las negociaciones”.

Asistieron al encuentro, además de los embajadores Varela (Argentina) y Tripp (México), los jefes de misión en Egipto de Brasil, Antonio Patriota; de Ecuador, Rafael Veintimilla; de Guatemala, José Guillermo; de Panamá, Julissa de Hoyos; de Cuba, Tania Aguiar; de Venezuela, William Omar; y de Colombia, Ana Milena Muñoz.

También participaron ministros, secretarios y agregados agrícolas de las embajadas de República Dominicana, Paraguay, Bolivia, Perú, Chile y Uruguay.

En su intervención, la embajadora de Panamá solicitó detalles al director general del IICA sobre las iniciativas de agricultura digital del Instituto.

Otero enumeró las acciones tendientes a estimular la conectividad rural, en alianza con organizaciones como el BID (Banco Interamericano de Desarrollo) y Microsoft, la construcción de capacidades digitales en las poblaciones rurales, y el papel de puente del Instituto entre start-ups con foco en el sector agropecuario y fondos de inversión, entre otras.

La agricultura intensiva en conocimiento es la llave para transformar el agro y enfrentar la inseguridad alimentaria global.

La agricultura intensiva en conocimiento es la llave para transformar el agro y enfrentar la inseguridad alimentaria global.

“Esa agricultura intensiva en conocimientos es la que nos permitirá producir en ambientes críticos, en la que gracias a la edición génica se van a poder salvar vidas y avanzar en la eficiencia de los procesos biológicos”, dijo el director de IICA.

En una charla, el director general del Instituto Interamericano de Cooperación para la agricultura (IICA), Dr. Manuel Otero, destacó la importancia de la agricultura, sector que actualmente tiende a consolidarse como el eje estratégico del continente americano y a nivel mundial.

La afirmación la hizo en una charla en la sede de IICA en la ciudad de San José, Costa Rica, en la cual participaron unas 60 personas, y que tuvo lugar el marco de las sesiones de la 32ª Conferencia Global de la International Food and Agribusiness Management Association (Ifama) y del diálogo de la coalición NextGen Ag Impact Network (NGIN).

 Ifama es una red que reúne a empresarios, académicos, estudiantes y forjadores de políticas públicas para la cadena de valor de la industria de los alimentos que buscan resolver problemas comunes del sector a nivel global. En tanto que NGIN es la red global de redes para líderes en agricultura, cuyo fin es empoderar a los jóvenes en el agro y el campo, en aras de alcanzar un impacto transformador hacia la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Ambas iniciativas cuentan con el apoyo de Bayer, compañía aliada del IICA.

“La agricultura intensiva en conocimiento ofrece enormes oportunidades”, indicó Otero, agregando que permite producir bajo ambientes adversos, avanzar en procesos biológicos y dar pasos firmes hacia una agricultura climáticamente inteligente, hacia la que ya se está transitando.

“Tiene que ser una agricultura nutricionalmente inteligente, socialmente responsable, resiliente y diversificada en relación con los mercados. La agricultura intensiva en conocimientos no va a parar, apoyando a los gobiernos para que puedan capitalizar la mayor parte de los beneficios”, añadió.

Eso sí, enfatizó en que se requerirá de más ciencia, tecnología e innovación, investigadores, emprendedores, capital y políticas públicas adecuadas para poder aprovechar su potencial y propiciar la transformación de la agricultura y los sistemas agroalimentarios.

“Esa agricultura intensiva en conocimientos es la que nos permitirá producir en ambientes críticos, en la que gracias a la edición génica se van a poder salvar vidas y avanzar en la eficiencia de los procesos biológicos. Es decir, hay una nueva frontera de conocimientos increíble; necesitamos más investigadores, innovación, más emprendedores, obviamente capital para seguir generando empresas y en adecuados entornos de política para generar círculos virtuosos que es tan importante”, complementó.

Otero remarcó además el rol clave que tiene las Américas como garante de la seguridad alimentaria planetaria, y el papel de la agricultura como herramienta fundamental en esta tarea, así como para la sostenibilidad ambiental, la búsqueda de paz y la estabilidad democrática.

“Somos hoy el continente más importante en cuanto a provisión de alimentos y tenemos enormes oportunidades de aprovechar la agricultura intensiva en conocimientos; esta es la hora de la agricultura y no podemos desaprovecharla, los ojos del mundo están sobre las acciones que va a tomar América Latina en cuanto al futuro de la agricultura, que tiende a consolidarse como el eje estratégico de nuestro continente y a nivel mundial”, mencionó.

“Nuestro continente es la región exportadora neta de alimentos más grande del mundo; América Latina y el Caribe es responsable del 15% de todos los alimentos que se comercializan, si incorporamos a Estados Unidos y Canadá, una de cada tres toneladas de alimentos viene de este continente, entonces, tenemos una responsabilidad sustantiva, nuestra misión es realmente muy grande, generamos alimentos que tienen que ser sanos, abundantes y nutritivos”, dijo.

UNA REGIÓN DE CUALIDADES ÚNICAS.

Otero mencionó también que la región posee cualidades que la hacen única como contar con “el mayor reservorio de agua, tener a los países más megadiversos del planeta” con invaluables “recursos biológicos y gran capital humano con mucho que aportar al mundo”.

 Otero aprovechó para resaltar la trascendencia de colocar a los agricultores en el centro como piezas medulares para este desarrollo agropecuario y rural que se busca, aunado a lo vital de establecer vínculos entre el sector público y privado, la academia, y otra serie de instituciones y organizaciones comprometidas con este fin.

“Es importante la inclusión social y económica de nuestros agricultores familiares, que puedan ser protagonistas de su propia transformación, pensar que hay un futuro para sus familias, para que las zonas rurales sean lugares de progreso, generación de empleo, divisas, y por supuesto que ahí hacen falta buenas prácticas, sistemas de extensión basados en las tecnologías digitales”, concluyó.

Se fortalece la idea de enfrentar la crisis alimentaria con más integración.

Se fortalece la idea de enfrentar la crisis alimentaria con más integración.

En Argentina, el director de IICA ahondó con autoridades de ese país y Brasil -países que deberían liderar en el continente- temas relevantes para el sector agropecuario, entre ellos la necesidad de desarrollar una estrategia continental conjunta frente al aumento de los precios de alimentos, energía y fertilizantes.

Aunque comparten el continente e integran el Mercosur, Argentina y Brasil mantienen fuertes diferencias políticas y estratégicas, pero ambos tienen condiciones de liderar en América Latina.

Un comunicado del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) publicado el viernes 1° de julio destacó que ambos países coinciden en la necesidad de lograr una estrategia continental conjunta para enfrentar los desafíos de estos tiempos, un concepto que el ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca de Uruguay, Fernando Mattos, expresó en la 37ª Conferencia Regional para América Latina y el Caribe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y en la Comisión de Desarrollo Ganadero para América Latina y el Caribe (Codegalac).

IICA destacó a Argentina y Brasil “como grandes productores agropecuarios en el contexto de la amenaza a la seguridad alimentaria global generada por la actual situación de crisis superpuestas”, un asunto que se debatió por los ministros de Agricultura de los dos países, Julián Domínguez y Marcos Montes, y el director general de IICA, Manuel Otero. El encuentro fue en Buenos Aires y también contó con la participación del ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación de Brasil, Paulo Alvim.

“IICA tiene una extraordinaria tarea por delante, para defender y hacer conocer internacionalmente nuestra forma de producir. En un momento en que crece la demanda de alimentos en el mundo, la producción agropecuaria significa una extraordinaria oportunidad de crecimiento y desarrollo para nuestras naciones”, afirmó el ministro Domínguez, que se refirió también a la unidad natural de los cuatro países integrantes del Mercosur: “Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay compartimos la misma tierra y tenemos un destino común. Estamos produciendo y cuidando el ambiente. Tenemos que rechazar los pretextos con los que se cuestionan nuestras formas de producción, que terminan luego convirtiéndose en barreras arancelarias”.

Marcos Montes defendió la coordinación entre los países: “Tenemos que avanzar de manera coordinada en este momento tan delicado que vive el mundo. Y debemos mostrar la fuerza y la calidad de nuestras producciones agropecuarias porque la situación nos impone una gran responsabilidad, que es garantizar la seguridad alimentaria del mundo”.

El director de IICA, Manuel Otero, valoró la posición de los ministerios de Agricultura de Brasil y Argentina coincidente con la agenda del IICA. Esa agenda está orientada a profundizar la integración agropecuaria de ambos países y su inserción en los mercados mundiales.

REUNIÓN INTERMINISTERIAL CON IICA Y ALADI.

Otero también discutió con ambos ministros la posibilidad de organizar una reunión interministerial con la participación de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI) y la necesidad de estimular el comercio de alimentos intrarregional, que es muy bajo en América Latina y el Caribe si se compara con otros bloques, como la Unión Europea.

Grobocopatel: “Se viene una agricultura muy diferente a la que estamos acostumbrados”.

Grobocopatel: “Se viene una agricultura muy diferente a la que estamos acostumbrados”.

Los cambios que se vienen van a llevar que “en los pueblos de Latinoamérica habrá empresas de servicios basadas en Data Science y ese tipo de cosas”, por lo que tenemos que comenzar a prepararnos.

Hébert Dell’Onte | Gustavo Grobocopatel, fundador del Grupo Los Grobo, participó del diálogo “La transformación de los sistemas agroalimentarios y su papel para el desarrollo sostenible y la paz”, un evento organizado por el Instituto Iberoamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) que tuvo lugar el miércoles 22 de junio.

El reconocido empresario mantuvo un riquísimo diálogo con el director general de IICA, Dr. Manuel Otero, la moderación de Guido Nejamkis, asesor en comunicación de IICA, y la participación de periodistas de distintos países del continente.

El Ing. Grobocopatel se ha destacado por su visión ante los desafíos de la agricultura mundial y continental, sobre los que se refirió en la convocatoria, cuyo diálogo con el Dr. Otero se extendió por una hora (video al final del artículo). Nunca es fácil extractar la exposición de un personaje que siempre ocupa un lugar de referencia, ni elegir un pasaje para destacarlo en una nota periodística.

HAY QUE PREPARARSE PARA LO QUE SE VIENE.

Grobocopatel señaló que “en términos ambientales Latinoamérica ha hecho mucho y tiene una cantidad de desafíos enormes”. Entro esos desafíos de la agenda ambiental está “el tema del ordenamiento territorial que es clave para saber qué hacer, cómo y dónde hacerlo”.

Sobre el agua dijo que “tenemos un recurso que escasea en el mundo y va a faltar aún más”, ante eso sugirió la existencia de un “gobierno regional del agua”.

También se refirió a la emisión de carbono, “y en ese sentido hemos hecho trabajos sobre la huella de carbono y nos macan resultados muy positivos o mucho menos negativos de lo que pensábamos con el uso de la siembra directa, el uso eficiente de los combustibles y la incorporación de otros combustibles no fósiles”.

“Se viene una agricultura muy diferente a la que estamos acostumbrados”, enfatizó, porque si pensamos que se va a poder sembrar con robots, no tractores robotizados sino directamente sin tractores, en un proceso de destractorización de la agricultura, con robots que van a ir inyectando semillas, guiados por GPS con baterías de litio que se cargan con sol y aire. O sea que vamos a cosechar sol y aire”.

A su vez “el nitrógeno podría ser tomado del aire”.

Las semillas, “productos biológicos y moléculas químicas” ayudarán para una “crecimiento más rápido que la harán crecer más rápido y nutrición metro a metro”.

“Si uno piensa en todas esas cuestiones cabe preguntar dónde van a estar los productores y dónde van a estar los operarios”, reflexionó. Porque “habrá mucha más demanda de ingenieros en Data Science o en desarrollo de sistemas digitales”.

Todo eso va a llevar que “en los pueblos de Latinoamérica habrá empresas de servicios basadas en Data Science y ese tipo de cosas”.

“Hay que prepararse para eso a través de ciencia, tecnología, educación, a través de llamar la atención porque el Estado no es el que necesitamos. Hay una agenda enorme con temas sobre los que IICA demostró tener sensibilidad, pero tal vez haya que profundizarlo aún más”, señaló.

SIEMBRA DIRECTA.

El empresario dijo que la siembra directa “es una revolución en el sentido estricto de la palabra” porque “se cambió la estructura de cómo hacer agricultura; antes gestionábamos el deterioro, ahora mejoramos los suelos con el uso; antes labrador era sinónimo de productor, ahora el labrador es el enemigo de la agricultura”.

“La siembra directa resolvió el problema de la erosión y la degradación, pero en algunos lugares la erosión y la degradación siguen siendo problemas centrales”, agregó.

LOS JÓVENES Y LA TIERRA.

Otro de los tantos conceptos desarrollados por Grobocopatel fue el de los jóvenes y su vínculo con la tierra, en lo que incluyó la propiedad de la tierra con la producción.

“La digitalización del campo está llamando la atención de los jóvenes para trabajar en el sector del agro”, dijo; y agregó que “hay que dejar que eso ocurra”.

Para eso señaló la importancia de desvincular la propiedad de la tierra de la gestión, de tal forma que “esa gestión sea llevada adelante con nuevas ideas”.

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