El 75% de los gases de efecto invernadero proviene del sector energético y la quema de combustibles fósiles.

El 75% de los gases de efecto invernadero proviene del sector energético y la quema de combustibles fósiles.

Eliminar la desforestación, el buen manejo de campo natural, de pasturas, la agricultura conservacionista, la ganadería regenerativa, todo eso ayuda a reducir emisiones.

Montevideo | Todo El Campo | El vicepresidente del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria, Walter Baethgen, dijo que, a pesar de las evidencias, la ganadería es presentada como la mala en mundo urbanizado, en el que el 90% de las personas vive en las ciudades y está cada vez más lejos del proceso de producción de alimentos.

El especialista indicó que cuando se menciona el “efecto invernadero, enseguida se piensa en algo malo, pero el efecto invernadero es lo que permite que haya vida en el planeta” y consiste en el mantenimiento del calor que “cuando va a escapar a la atmósfera se encuentra con algunos gases que son como el techo de un invernáculo, que absorben ese calor y lo vuelven a emitir. Sin ese efecto invernadero natural no podría haber vida en el planeta”.

El problema está en el efecto invernadero aumentado, y eso se debe a que en los últimos 250 años la actividad humana generó muchos de esos gases, con la capacidad de atrapar calor y volverlo a emitir, al punto de que estamos en un planeta que, si fuera un invernáculo, tiene el techo de vidrio más grueso, atrapa más calor y modifica el clima del mundo”.

Agregó que “no importa tanto que la temperatura aumente de cero a cinco grados cada cien años, lo que importa es que eso desestabiliza el clima y entonces hay más sequías, más inundaciones, más zonas de calor”.

Por tanto, “el primer efecto del cambio climático es el efecto invernadero aumentado, y si nos importa el cambio climático la primera pregunta es de dónde salen los gases con efecto invernadero”, planteó.

El origen de esos gases, “en casi el 75%, viene del sector energético, de la quema de combustibles fósiles; y si en verdad lo que nos importa es el cambio climático, no nos distraigamos con cosas que en la suma representan la cuarta parte de las emisiones; concentrémonos en ese 75%”.

PÉRDIDAS FUGITIVAS DE METANO.

Baethgen explicó también qué son las pérdidas fugitivas de metano: “Cada vez que se abre una mina de carbón, antes que la gente ingrese a trabajar, hay que ventilarla” por la acumulación de metano. Además, “cuando se abre un pozo de petróleo hay un escape de metano que sigue saliendo mientras se explota el pozo”. Y la tercera pérdida fugitiva se da en las tuberías, “desde el yacimiento de gas natural hasta nuestro hogar. Todas las tuberías tienen pérdidas”.

En los tres casos, “son pérdidas por ineficiencias, que la industria debería reducir hasta por un motivo económico”. La suma de las pérdidas fugitivas de esas tres fuentes da “el 6,8% del total de emisiones de gases de efecto invernadero”. En contraste, “todas las vacas del mundo emiten un poco menos que eso. Solo las fugas del sector combustibles fósiles son mayores que el metano de todas las vacas del mundo”.

EL CICLO EN LA ACTIVIDAD GANADERA.

Ingresando en el sector productivo ganadero, Baethgen dijo que el vacuno “come el carbono que está en el pasto y lo transforma en proteína, en grasa y hueso, pero hay una parte que se pierde como metano”, que “a los diez o quince años se oxida y pasa a dióxido de carbono, que vuelve al ciclo de la fotosíntesis”, a ser parte de una pastura que la vaca vuelve a consumir. Por tanto, en ese ciclo, “no hay una entrada ni generación de carbono nuevo y eso es importantísimo”, remarcó.

Con el combustible fósil pasa algo distinto: “En el subsuelo hay lugares en donde el carbono estuvo millones de años y un día comenzamos a liberarlo e ingresamos carbono nuevo, no es el mismo carbono reciclado”.

Cuando se quema un bosque tropical “pasa una cosa parecida”, porque ese carbono que estaba en una masa enorme de árboles, cuando estos fueron cortados o prendidos fuego, se libera y entra al ciclo del carbono en que antes no estaba”.

“El número que nos tiene que importar son las entradas netas: diecisiete millones de toneladas de metano por año”, precisó.

LO QUE SE PUEDE HACER DESDE EL AGRO.

Por otra parte, Baethgen dijo que “hay mucho por hacer también en el sector agropecuario”, bajando las emisiones netas, y eso se logra “reduciendo las emisiones o lo que hay en la atmósfera”.

La emisión se reduce “atacando el 75%, descarbonizando las economías, usando energías renovables. Uruguay es un ejemplo en el mundo, casi el 100% de la electricidad es renovable, más del 70% de la energía es renovable. Ese es el camino”.

“Eliminar la desforestación, el buen manejo de campo natural, de pasturas, la agricultura conservacionista, la ganadería regenerativa”, todo eso es reducir emisiones. “Lo otro interesante es cómo capturo o cómo limpio la atmósfera. Lo hago secuestrando carbono con el manejo, con buenos sistemas agropecuarios o aumentando la forestación”.

LA MALA IMAGEN DE LA GANADERÍA

El vicepresidente del INIA dijo que “la imagen de la ganadería en el mundo es mala”, y en esa percepción tal vez tenga que ver la urbanización de la humanidad: “Yo creo que el mundo está cada vez más urbano, el 90% de la gente vive en las ciudades y está cada vez más lejos del proceso de producción de alimentos”. Cuando a esa persona le dicen que la vaca contamina y lo mejor es no comer carne, “como está lejos del proceso, cree eso con facilidad. Además, cree que en el mundo hay un sistema de producción ganadera y lo asocia a la quema del bosque tropical para poner pastura y comenzar a producir”.

Pero “¿qué pasa con los sistemas donde hay ganado y herbívoros desde hace seis u ocho millones de años? Esos herbívoros, junto con los fuegos naturales, fueron los que hicieron que esos paisajes se mantuvieran como pasturas naturales”, aseguró Baethgen. “La pregunta que tenemos que hacernos es qué es lo natural en Uruguay, ¿qué es lo que había hace seis u ocho millones de años? Había herbívoros. Esa es una cosa para pensar”.

La exposición de Baethgen fue en la primera edición de Agro en Punta Expo & Business.

Fuente: La Mañana. Más información sobre la exposición de Baethgen: Derribando mitos: la ganadería y los gases de efecto invernadero (contenidoscrea.org.ar)

Foto de portada de CREA.

La agricultura urbana tiene una huella de carbono 6 veces mayor que la de los productos convencionales.

La agricultura urbana tiene una huella de carbono 6 veces mayor que la de los productos convencionales.

Un estudio de la Universidad de Michigan revela que los huertos urbanos presentan una paradoja: las frutas y verduras cultivadas en estos huertos muestran una huella de carbono seis veces superior a las cultivadas de manera convencional.

Montevideo | Todo El Campo | Un nuevo estudio internacional dirigido por la Universidad de Michigan (UM) encontró que las frutas y verduras cultivadas en granjas y jardines urbanos tienen una huella de carbono que es, en promedio, seis veces mayor que los productos cultivados convencionalmente.

Sin embargo, algunos cultivos urbanos igualaron o superaron a la agricultura convencional bajo ciertas condiciones. Los tomates cultivados en el suelo de parcelas urbanas al aire libre tenían una menor intensidad de carbono que los tomates cultivados en invernaderos convencionales, mientras que la diferencia de emisiones entre la agricultura convencional y la urbana desapareció para los cultivos transportados por aire como los espárragos.

«Las excepciones reveladas por nuestro estudio sugieren que los profesionales de la agricultura urbana pueden reducir sus impactos climáticos cultivando cultivos que suelen ser cultivados en invernaderos o transportados por vía aérea, además de hacer cambios en el diseño y la gestión del sitio», dijo el coautor principal del estudio, Jason Hawes, estudiante de doctorado en la Escuela de Medio Ambiente y Sostenibilidad de la UM.

«La agricultura urbana ofrece una variedad de beneficios sociales, nutricionales y ambientales basados en el lugar, que la convierten en una característica atractiva de las futuras ciudades sostenibles. Este trabajo arroja luz sobre las formas de garantizar que la agricultura urbana beneficie al clima, así como a las personas y los lugares a los que sirve».

La práctica de la agricultura dentro de los confines de una ciudad, se está volviendo cada vez más popular en todo el mundo y se promociona como una forma de hacer que las ciudades y los sistemas alimentarios urbanos sean más sostenibles. Según algunas estimaciones, entre el 20% y el 30% de la población urbana mundial se dedica a alguna forma de agricultura urbana.

A pesar de la fuerte evidencia de los beneficios sociales y nutricionales de la agricultura urbana, su huella de carbono sigue siendo poco estudiada. La mayoría de los estudios publicados anteriormente se han centrado en formas de AU de alta tecnología y uso intensivo de energía, como las granjas verticales y los invernaderos en los tejados, a pesar de que la gran mayoría de las granjas urbanas son decididamente de baja tecnología: cultivos cultivados en suelo en parcelas al aire libre.

El nuevo estudio dirigido por la UM, publicado el 22 de enero en la revista Nature Cities (*), tenía como objetivo llenar algunos de los vacíos de conocimiento comparando la huella de carbono de los alimentos producidos en sitios de agricultura urbana de baja tecnología con los cultivos convencionales. Utilizó datos de 73 granjas y jardines urbanos en cinco países y es el estudio publicado más grande para comparar las huellas de carbono de la agricultura urbana y convencional.

Se analizaron tres tipos de sitios de agricultura urbana: granjas urbanas (gestionadas profesionalmente y enfocadas a la producción de alimentos), huertos individuales (pequeñas parcelas gestionadas por horticultores individuales) y huertos colectivos (espacios comunales gestionados por grupos de horticultores).

Para cada sitio, los investigadores calcularon las emisiones de gases de efecto invernadero que alteran el clima asociadas con los materiales y las actividades en la granja durante la vida útil de la granja. Las emisiones, expresadas en kilogramos de dióxido de carbono equivalente por porción de alimento, se compararon con los alimentos cultivados por métodos convencionales.

PRODUCCIÓN DE DIÓXIDO DE CARBONO.

En promedio, los alimentos producidos a través de la agricultura urbana emitieron 0,42 kilogramos de dióxido de carbono equivalente por porción, seis veces más que los 0,07 kg de CO2e por porción de los productos cultivados convencionalmente.

«Al evaluar los insumos y productos reales en los sitios de agricultura urbana, pudimos asignar los impactos del cambio climático a cada porción de producto», dijo el coautor principal del estudio, Benjamin Goldstein, profesor asistente de la Escuela de Medio Ambiente y Sostenibilidad de la UM. «Este conjunto de datos revela que la agricultura urbana tiene mayores emisiones de carbono por porción de fruta o verdura que la agricultura convencional, con algunas excepciones».

Joshua Newell, profesor y codirector del Centro de Sistemas Sostenibles de SEAS, dirigió la parte del proyecto de la Universidad de Michigan. Los investigadores de la UM formaron un equipo internacional de colaboradores de universidades cercanas a los diversos sitios de cultivo de alimentos. Diez de esos colaboradores son coautores del estudio Nature Cities.

Los agricultores y jardineros de los centros de agricultura urbana de Francia, Alemania, Polonia, el Reino Unido y los Estados Unidos fueron reclutados como científicos ciudadanos y utilizaron entradas diarias en su diario para registrar los insumos y las cosechas de sus centros de cultivo de alimentos a lo largo de la temporada 2019.

Los insumos para los sitios de agricultura urbana se dividieron en tres categorías principales: infraestructura (como las camas elevadas en las que se cultivan los alimentos o caminos entre las parcelas), suministros (incluido abono, fertilizantes, telas que bloquean las malezas y gasolina para la maquinaria) y agua de riego.

«La mayoría de los impactos climáticos en las granjas urbanas son impulsados por los materiales utilizados para construirlas: la infraestructura», dijo Goldstein. «Por lo general, estas granjas solo operan durante unos pocos años o una década, por lo que los gases de efecto invernadero utilizados para producir esos materiales no se utilizan de manera efectiva”.

Por otro lado, la agricultura convencional es muy eficiente y difícil de competir. Por ejemplo, las granjas convencionales a menudo cultivan un solo cultivo con la ayuda de pesticidas y fertilizantes, lo que resulta en cosechas más grandes y una huella de carbono reducida en comparación con las granjas urbanas, dijo.

TRES MEJORES PRÁCTICAS.

Los investigadores identificaron tres mejores prácticas cruciales para hacer que la agricultura urbana de baja tecnología sea más competitiva en carbono con la agricultura convencional:

  • Amplíe la vida útil de la infraestructura. Prolongue la vida útil de los materiales y estructuras de UA, como camas elevadas, infraestructura de compostaje y cobertizos. Una cama elevada utilizada durante cinco años tendrá aproximadamente cuatro veces el impacto ambiental, por porción de alimento, que una cama elevada utilizada durante 20 años.
  • Utilizar los residuos urbanos como insumos de acceso universal. Conservar el carbono mediante la participación en la «simbiosis urbana», que incluye dar una segunda vida a los materiales usados, como los escombros de construcción y los desechos de demolición, que no son adecuados para nuevas construcciones pero potencialmente útiles para la UA. La relación simbiótica más conocida entre las ciudades y la UA es el compostaje. La categoría también incluye el uso de agua de lluvia y aguas grises recicladas para el riego.
  • Generar altos niveles de beneficios sociales. En una encuesta realizada para el estudio, los agricultores y jardineros de la UA informaron abrumadoramente de una mejora en la salud mental, la dieta y las redes sociales. Si bien el aumento de estos «productos no alimentarios» de la AU no reduce su huella de carbono, «los espacios de cultivo que maximizan los beneficios sociales pueden superar a la agricultura convencional cuando los beneficios de la AU se consideran de manera holística», según los autores del estudio.

Los coautores del artículo de Nature Cities son de la Universidad McGill en Canadá, la Universidad Paris-Saclay y la Unidad de Investigación Agroecológica y Ambiental en Francia, la Universidad de Kent en el Reino Unido, ILS Research en Alemania, la Universidad de la Ciudad de Nueva York y la Universidad Adam Mickiewicz en Polonia.

El proyecto contó con el apoyo del Consejo de Investigación Económica y Social del Reino Unido, el Ministerio Federal de Educación e Investigación de Alemania, la Agencia Nacional de Investigación de Francia, la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos, el Centro Nacional de Ciencias de Polonia y el programa de investigación e innovación Horizonte 202 de la Unión Europea.

Fuente: Universidad de Míchigan. Foto de portada de Victoria Schoen.

Artículo científico: Comparación de la huella de carbono de la agricultura urbana y convencional | Naturaleza Ciudades (nature.com)

Destacan impacto positivo de cultivos transgénicos en la producción mundial y reducción de emisiones.

Destacan impacto positivo de cultivos transgénicos en la producción mundial y reducción de emisiones.

En ausencia de cultivos genéticamente modificados, el mundo habría necesitado un 3,4% más de tierras de cultivo para alcanzar la producción agrícola mundial en 2019. Los cultivos transgénicos también han reducido las emisiones de carbono en 39.100 millones de kilogramos

Montevideo | Todo El Campo | Expertos de la Universidad de Copenhague han realizado un estudio para estimar el impacto de los cultivos modificados genéticamente en los rendimientos por país, área cosechada y comercio. Utilizaron un método estadístico llamado diseño de implementación de diferencias triples, que compara los rendimientos, el área cosechada y el comercio de países que adoptaron cultivos transgénicos en diferentes momentos con aquellos de países que no adoptaron cultivos transgénicos.

Los hallazgos indican aumentos significativos en los rendimientos, particularmente en los países en desarrollo. Sin los cultivos transgénicos, se habría necesitado un 3,4% adicional de tierra de cultivo para alcanzar los rendimientos globales de 2019. El estudio también encontró que las prohibiciones de siembra de semillas transgénicas tuvieron un impacto negativo en los beneficios globales de los agricultores por la no adopción de esta tecnología, logrando sólo un tercio del potencial estimado de beneficios económicos que podrían aportar los cultivos transgénicos.

El estudio afirma que si se levantaran las prohibiciones de los cultivos transgénicos se podrían generar importantes beneficios, especialmente en los países en desarrollo. Sin estas restricciones, podría haber habido un 13% más de algodón, un 28% más de maíz, un 26% más de colza y un 4% más de soja en todo el mundo en 2019.

Más información en el artículo completo (de pago) Impactos nacionales y globales de los cultivos genéticamente modificados – American Economic Association (aeaweb.org), o en el resumen del Proyecto de Alfabetización Genética. Costo de las prohibiciones de OGM: la evaluación mundial de cultivos encuentra que las restricciones de OGM limitan la producción de alimentos a 1/3 del potencial, y los países más pobres son los más afectados

CULTIVOS MÁS SOSTENIBLES.

Estos datos avalan los reflejados en estudios anteriores sobre la sostenibilidad de los cultivos transgénicos. El último informe de PG Economics, elaborado por el economista agrario Graham Brookes, concluía que los cultivos transgénicos habían aumentado la producción mundial de alimentos, alimento animal y fibras en casi mil millones de toneladas entre 1996 y 2020, reduciendo la huella ambiental asociada con la agricultura en más del 17%.

El informe destaca que los cultivos transgénicos también han reducido las emisiones de carbono en 39.100 millones de kilogramos, derivadas de la reducción del uso de 14.700 millones de litros de combustibles. Es el equivalente a retirar 25,9 millones de automóviles de las carreteras.

Los cultivos transgénicos también han ofrecido a los agricultores un excelente retorno de la inversión por apostar por esta tecnología. Durante el período 1996-2020, los agricultores de los países en desarrollo recibieron 5,33 euros como ingresos adicionales por cada dólar adicional invertido en semillas transgénicas, mientras que los agricultores de los países desarrollados recibieron 3,07 como ingresos adicionales por cada dólar adicional invertido.

Fundación Antama.

En mayo comienza la homologación de emisiones en vehículos a combustión.

En mayo comienza la homologación de emisiones en vehículos a combustión.

La utilización de combustibles fósiles en los automotores no solo libera gases tóxicos a la atmósfera; también libera diferentes gases de efecto invernadero.

Montevideo | Todo El Campo | A partir del 14 de mayo el Ministerio de Ambiente comienza a exigir el cumplimiento de normativa asociada a las emisiones de gases contaminantes provenientes de los vehículos nuevos con motor a combustión, informó esa Secretaría de Estado.

La utilización de combustibles fósiles en los automotores no solo libera gases tóxicos a la atmósfera; también libera diferentes gases de efecto invernadero (GEIs), que son los principales responsables del calentamiento global.

Luego de un proceso de trabajo junto a técnicos de otros ministerios y el aporte de la Ventanilla Única de Comercio Exterior (VUCE), se lanzó la plataforma mediante la cual se podrá realizar el trámite involucrado, al cual se puede acceder a través del siguiente link: Homologación de emisiones vehiculares | Trámites (www.gub.uy)

IMPORTADORES O FABRICANTES NACIONALES.

La homologación de emisiones vehiculares es el trámite que deberán realizar ante la Dirección Nacional de Calidad y Evaluación Ambiental (Diancea) del MA, los importadores o fabricantes nacionales que pretenden comercializar vehículos 0 km de categorías M y N en el territorio uruguayo, a efectos de que se analice y se autorice el cumplimiento de las normativas asociadas a sus emisiones de gases y partículas de escape, dados en el decreto 135/21 y el decreto 362/22, sobre calidad de aire.

El decreto 135/021 refiere al reglamento de calidad del aire: Establece normas reglamentarias sobre la calidad del aire para prevenir la contaminación y proteger el ambiente. Fija objetivos de calidad de aire para disminuir los riesgos para la salud humana y los ecosistemas y la fijación de límites máximos de emisión tanto para fuentes fijas como móviles: acceda al decreto 135/021 (presidencia.gub.uy)

En tanto que el decreto 362/022 es una modificación de los artículos 42, 44 y 49 del decreto 135/021: acceda al decreto 362/022 (presidencia.gub.uy)

¿Efecto invernadero?, el problema no está en las vacas.

¿Efecto invernadero?, el problema no está en las vacas.

Más del 70% de los gases de efecto invernadero que se producen en el mundo provienen de las energías fósiles, el sector agropecuario representa sólo el 12%.

Los gases de efecto invernadero llevan ese nombre porque tiene sobre el planeta la capacidad de conservar el calor, tal como lo hace un invernadero usado en la agricultura.

Walter Beathgen, vicepresidente del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) explicó recientemente al ser entrevistado en radio Oriental que el fenómeno es “natural” porque la naturaleza lo aplica desde siempre y de no existir el planeta sería mucho más frio, unos 20 grados menos, de tal forma que la vida sería diferente a como la conocemos.

Resulta que en los últimos 300 años el hombre generó un incremento de gases de efecto invernadero causando mayor calentamiento, siendo el metano uno de esos gases, y la ganadería los produce, pero la mayor responsabilidad de este problema global la tienen los combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas natural).

Más del 70% de los gases de efecto invernadero que se producen en el mundo provienen de las energías fósiles, el sector agropecuario representa sólo el 12%.

Las investigaciones llevadas a cabo han demostrado que con cada pozo petrolero, con cada mina de carbón y con la producción y traslado de gas natural, es como más se liberan gases a la atmósfera superando con amplitud lo que producen la ganadería.

También se sabe que si las empresas de petróleo, carbón y gas natural reducen esa liberación que hacen de gases de efecto invernadero en un 30% sus ganancias no se verían afectadas y se ayudaría al medio ambiente y por tanto la calidad de vida de todos los seres que habitan el planeta.

A pesar de eso se insiste en la ganadería. Para el vicepresidente de INIA parece lógico que las grandes empresas de energía quieran apuntar a la ganadería para evitarse ellos hacer las correcciones necesarias.

Uruguay es responsable de menos del 1% de los gases de efecto invernadero en el mundo, produce una energía limpia y se trabaja para que la producción ganadera tengo cada vez menos incidencia. El mundo necesita sincerarse y comenzar a atacar el problema donde verdaderamente está, hacerse trampas al solitario puede causar daños irrecuperables.

Pin It on Pinterest