Las generaciones jóvenes prefieren gastar en experiencias más que en la adquisición de bienes perdurables. El turismo y la gastronomía tienen ante sí una nueva oportunidad, frente a la cual Uruguay debe estar atento.
Montevideo | Todo El Campo | La diverflación describe un fenómeno creciente en los hábitos de consumo: los hogares destinan cada vez más recursos al ocio y las experiencias, relegando la compra de bienes materiales tradicionales. Este cambio, analizado por el equipo de Behavioral Economics de BBVA junto con BBVA Research, se vincula a factores como la incertidumbre económica, el impacto de la pandemia y el relevo generacional. Tras la crisis financiera de 2008 y las restricciones derivadas del Covid-19, muchas personas comenzaron a priorizar el disfrute inmediato frente al ahorro o la acumulación de bienes, reforzando un sesgo hacia el presente. Viajes, conciertos, restauración y actividades sociales se consolidan como elementos centrales del presupuesto familiar, incluso en un contexto de inflación.
En ese combo toman mayor relevancia el turismo, actividad fundamental en la economía uruguaya, lo que incluye la gastronomía nacional como global. Ambas cosas son muy buenas para un país turístico y productor-exportador de alimentos como el nuestro.
El siguiente es el reciente análisis que BBVA hace sobre el tema.
DIVERFLACIÓN: POR QUÉ EL OCIO GANA PESO EN EL CONSUMO.
La diverflación resume un cambio cada vez más visible en los hábitos de consumo: los hogares destinan más gasto a ocio y experiencias, como viajes, conciertos o restauración, y menos a bienes materiales tradicionales. El equipo de Behavioral Economics de BBVA, con ayuda de BBVA Research, ha analizado esta tendencia, impulsada por la incertidumbre económica, el impacto de la pandemia y el relevo generacional, que también plantea un reto de planificación financiera a largo plazo.
En los últimos años, el comportamiento de consumo de los hogares ha cambiado de forma notable. Frente a un modelo más centrado en la adquisición de bienes duraderos (como la vivienda, el automóvil o los electrodomésticos) gana terreno otro en el que pesan más las experiencias. Viajar, acudir a eventos, disfrutar de una cena fuera de casa o dedicar más presupuesto al tiempo libre se ha convertido en una prioridad para muchas personas.
A esta tendencia se la conoce como diverflación, un término que combina ‘diversión’ e ‘inflación’ para describir el auge del gasto en ocio y experiencias en un contexto de subida de precios. Pero el fenómeno va más allá de una reacción puntual. También refleja una transformación más profunda en la forma de entender el consumo y el bienestar.
Según el análisis del equipo de Behavioral Economics de BBVA, en este nuevo escenario el disfrute inmediato adquiere un valor creciente frente a la acumulación de bienes materiales a largo plazo. No se trata solo de gastar más en ocio, sino de un cambio en las preferencias: para muchos consumidores, una experiencia memorable aporta hoy más valor que la compra de un objeto.
LA INCERTIDUMBRE ECONÓMICA REFUERZA EL SESGO HACIA EL PRESENTE.
Uno de los factores que ayuda a explicar este cambio es la incertidumbre económica que ha marcado las últimas décadas. La crisis financiera de 2008, y posteriormente la pandemia, reforzaron la percepción de que el entorno puede cambiar de forma abrupta. Esa sensación de inestabilidad influye en las decisiones cotidianas y en la manera de gestionar el dinero. Cuando el futuro se percibe como incierto, muchas personas tienden a priorizar el presente. En la práctica, eso puede traducirse en una menor disposición a ahorrar y una mayor inclinación a destinar renta disponible a actividades que generen satisfacción inmediata. En ese contexto, el ocio deja de verse como un gasto accesorio y pasa a ocupar un lugar más central en el presupuesto familiar.
La pandemia supuso, además, un punto de inflexión. Tras meses de confinamientos, restricciones y limitaciones a la movilidad, actividades como viajar, socializar o asistir a espectáculos recuperaron valor con fuerza. El resultado fue un repunte del gasto en sectores como el turismo, la hostelería y el entretenimiento, incluso en un entorno de inflación.
UN CAMBIO GENERACIONAL CON VOCACIÓN DE PERMANENCIA.
Las nuevas generaciones también están detrás de esta evolución. En comparación con etapas anteriores, los consumidores más jóvenes suelen otorgar mayor importancia a las experiencias que a la posesión de bienes materiales. Este cambio cultural ayuda a entender por qué la diverflación no parece un episodio pasajero, sino una tendencia con recorrido. En parte, esta preferencia está ligada a una visión distinta del consumo y del bienestar. La flexibilidad, el acceso, la vivencia compartida o el recuerdo generado pesan más que la idea de propiedad. En ese marco, el valor económico ya no se mide solo en términos de compra y posesión, sino también en la capacidad de disfrutar, conectar y crear experiencias significativas.
Para las empresas, este giro tiene consecuencias claras. Muchos modelos de negocio están adaptándose para responder a una demanda en la que la experiencia del cliente gana protagonismo. Esa evolución puede abrir oportunidades de crecimiento en determinados sectores, pero también añadir presión sobre los precios cuando la demanda se intensifica.
El avance de la diverflación tiene implicaciones económicas relevantes. Por un lado, ayuda a explicar la fortaleza del ocio y de los servicios vinculados a la experiencia, incluso en un contexto inflacionario. Por otro lado, plantea interrogantes sobre el ahorro y la estabilidad financiera de los hogares en el largo plazo.
Una mayor preferencia por el consumo inmediato puede reducir la capacidad de reservar recursos para objetivos futuros, como la compra de una vivienda, la jubilación o la creación de un colchón financiero frente a imprevistos. El reto no está en renunciar al ocio, sino en encontrar un equilibrio entre el disfrute del presente y la construcción de seguridad económica para el futuro.
Desde la economía del comportamiento, este fenómeno puede entenderse a través del sesgo hacia el presente, es decir, la tendencia a dar más valor a las recompensas inmediatas que a los beneficios futuros. El equipo de Behavioral Economics de BBVA subraya que este comportamiento ayuda a explicar por qué resulta tan fácil priorizar el gasto en experiencias y, al mismo tiempo, tan difícil mantener hábitos de ahorro constantes.
Por eso, herramientas como los incentivos al ahorro, la simplificación de los productos financieros o el uso de pequeños empujones de comportamiento, conocidos como ‘nudges’, pueden ser útiles para favorecer decisiones más equilibradas. El objetivo no es frenar el consumo de ocio, sino facilitar una relación más consciente entre bienestar actual y planificación financiera.
DISFRUTAR HOY SIN PERDER DE VISTA EL MAÑANA.
La diverflación refleja un cambio profundo en la forma de consumir y en las prioridades de muchas personas. Más que una respuesta puntual a la inflación, muestra una evolución cultural y económica en la que las experiencias ganan terreno frente a la propiedad material.
El análisis del equipo de Behavioral Economics de BBVA pone el foco en un desafío de fondo: cómo compatibilizar el deseo de disfrutar del presente con la necesidad de planificar el futuro. Porque ocio y previsión no son objetivos opuestos, sino dos dimensiones que cada vez más hogares tratan de equilibrar en sus decisiones financieras.
Rosario, Argentina | Todo El Campo | En lo que va del año, el consumo interno ha logrado absorber todo aquello que la exportación no llegó a embarcar. Pero más allá de ese dato, tal vez lo más sorprendente es que no lo hizo vía precios. Por el contrario, el precio de la carne vacuna se ha sostenido durante estos meses ligeramente por encima de las tasas de inflación, lo que denota la aparente firmeza que presenta hoy el consumidor local.
Puesto esto en cifras: en los primeros seis meses del año, de las 1.516.000 toneladas de carne vacuna producidas en el período, la exportación solo se llevó el 24%, es decir, unas 370.500 toneladas, un 19% menos que lo embarcado un año atrás. Por lo tanto, en manos del consumo interno quedó un saldo equivalente a 1.153.000 toneladas, lo que implica un 11,4% más que lo absorbido en igual período del año previo.
Expresado en términos per cápita -utilizando siempre la media móvil de los últimos 12 meses-, el consumidor argentino pasó de comer 47,6 kilos de carne el año pasado a 50,2 kilos este año, tomando los datos a junio. Es decir que, en promedio, incorporó a su dieta más de 5,5 kilos de carne vacuna.
Pero además, sumó 1 kilo en el consumo de carne aviar -pasando de 44,9 a 45,9 kilos per cápita- y 1,3 kilos de carne porcina, acercándose a los 18 kilos per cápita anuales. Por lo tanto, considerando las tres principales carnes, localmente se alcanzó un consumo superior a los 114 kilos por habitante, según los datos que surgen de la estadística oficial.
Todo ello con precios que, hasta la primera mitad del año, lejos de reflejar una presión bajista, terminaron registrando incrementos interanuales superiores a la inflación. En el caso de la carne vacuna, la suba fue del 59% en los últimos doce meses; del 62% para la carne porcina; y del 48% para la carne aviar, frente a una inflación minorista que finalmente logró mantenerse por debajo del 40% interanual.
Al analizar este comportamiento, indefectiblemente debemos remitirnos a los salarios. En definitiva, se trata de entender cómo ha evolucionado en este tiempo el poder de compra del consumidor para convalidar estas subas en un contexto de mayor oferta disponible.
Concretamente, mientras que el salario promedio -según datos de la Remuneración Imponible Promedio de los Trabajadores Estables (Ripte*) a mayo- se incrementó un 62,5% en el último año, la inflación se contuvo en un 39% interanual, lo que evidencia una importante recuperación del poder adquisitivo. En paralelo, el gasto estimado en carne vacuna -es decir, el producto del precio por la cantidad con sumida, en base al consumo aparente del mismo mes- se expandió un 61% interanual, en línea con la evolución de los ingresos.
Del mismo modo, si tomamos solo este primer tramo del año —con datos del Ripte a mayo- los ingresos mejoraron un 19%, frente a una inflación que marcó un 13% en ese período. Nuevamente, una inflación que, al ceder, descomprime el presupuesto del consumidor local, el cual preferentemente vuelve a optar por la carne vacuna, destinando un 36% más de su gasto en compras a este producto.
Esto nos permite inferir que, a medida que la inflación comienza a ceder y permite, aunque lentamente, descomprimir el bolsillo del consumidor -hasta entonces tan tensionado por los distintos gastos básicos de mantenimiento-, el consumo de carne vacuna tiende a recuperar el lugar de preferencia que históricamente ha ocupado dentro de la canasta de compras del consumidor local.
El interrogante hacia adelante es hasta cuándo estará dispuesto a convalidar esta mayor oferta de carne sin un ajuste por precios.
Estacionalmente, sabemos que ingresamos en un período en el que la oferta de hacienda terminada tiende a crecer y, por ende, a ejercer cierta presión sobre los precios. De acuerdo con los datos informados por el propio Senasa, los feedlots siguen bien abastecidos, con más de 2 millones de cabezas en cerradas a la fecha y una oferta de animales gordos que ya supera las 450.000 cabezas mensuales. Pero además, a diferencia de los últimos años, hay una mayor cantidad de hacienda en recría en los campos, que también se volcará al mercado en los próximos meses. Todo esto debería confluir en una oferta significativa durante los próximos cuatro meses.
Por el lado de la exportación, también es esperable un mayor dinamismo en el ritmo de embarques de aquí a noviembre. El horizonte que se abre tras la baja de las retenciones recientemente oficializada, sumado a una leve mejora en el tipo de cambio oficial, comienza a configurar un marco más favorable para el sector exportador. No obstante, aún resta transitar un período en el que -en un contexto electoral- la incertidumbre respecto del entorno cambiario podría volver a ser un factor temporalmente determinante en la actividad exportadora.
Si esta incertidumbre se toma más fuerza y se traduce en una suerte de impasse exportador, el mercado interno volverá a tener que absorber un abultado volumen de producción, lo que pondrá a prueba su ya exigido poder de compra.
(*) Ripte es Remuneración Imponible Promedio de los Trabajadores Estables, un indicador salarial de naturaleza previsional elaborado por el Gobierno.
Chile Carne analizó las causas que posicionan al pollo como la carne más consumida. El informe presenta aspectos que podrían ser aplicados a la idiosincrasia uruguaya.
Santiago, Chile | Todo El Campo | Los chilenos están comiendo más carne de cerdo y de pollo; en 2024 el consumo interno de ambas proteínas aumentó y Chile Carne explicó que ese incremento se debe a un “precio accesible”, la “versatilidad y las tendencias globales, principalmente la influencia de la cocina y moda asiática”.
Chile Carne es la Asociación de Exportadores de Carnes de Chile, institución que agrupa a las principales empresas exportadoras de carne del país.
EN 2024 SE CONSUMIERON 82,7 KILOS DE CARNE, POR PERSONA.
Los últimos datos de Chile Carne correspondientes a 2024 indican que el consumo per cápita de carne en Chile alcanzó los 82,7 kg, reflejando el protagonismo del pollo y el cerdo en la dieta nacional.
El pollo lideró con 33,9 kg por persona, representando el 41% del total y registrando un incremento del 2% respecto a 2023.
Le siguió la carne de vacuno, con 25,7 kg per cápita, equivalente al 31% del consumo total y un crecimiento del 2% en comparación con el año anterior.
Por su parte, el cerdo experimentó el mayor aumento, con un alza del 9% que elevó su consumo a 19,7 kg per cápita, alcanzando el 24% del total.
Los restantes 3,3 kg corresponden a pavo y otras carnes que equivalen al 4% de participación.
¿POR QUÉ LOS CHILENOS PREFIEREN EL POLLO?
La preferencia por la carne de pollo se debe a varios factores, entre los cuales Chile Carne enumera:
Salud y nutrición: Es percibido como una opción saludable debido a su menor contenido de grasa.
Economía: Su precio más asequible lo ha convertido en una excelente alternativa.
Versatilidad culinaria: Su facilidad para adaptarse a diversas preparaciones ha aumentado su popularidad en los hogares.
El sector productor avícola chileno ha demostrado una gran capacidad de adaptación para cumplir con lo que quieren los chilenos. Respecto a esto se han desarrollado distintos formatos de venta para satisfacer las necesidades del mercado como, por ejemplo:
Cortes frescos: Pechugas deshuesadas, trutros (muslos) enteros, trutros cortos y largos, alitas y pechugas enteras, en distintas presentaciones y pesos.
Productos congelados: Filetitos de pechuga, tiritas de pollo y alitas congeladas, diseñados para una preparación más rápida.
Productos marinados y saborizados: Cortes de pollo adobados con sabores como chimichurri, orégano o barbecue, listos para cocinar.
Presentaciones al por mayor: Cajas de grandes cantidades, como la “Caja trutro 1/4 pollo” de 15 kg, destinadas a familias numerosas o restaurantes.
Productos procesados: Nuggets, croquetas y hamburguesas de pollo, opciones prácticas y populares entre los consumidores más jóvenes.
TRANSFORMACIÓN EN EL MERCADO DEL POLLO.
Agrosuper -un holding de empresas alimentarias chilenas, dedicadas particularmente a la producción, distribución y comercialización de alimentos frescos y congelados de cerdo, aves, salmones y productos procesados- realizó un estudio sobre los cambios en el sector avícola local, el que ha adoptado formatos para adaptarse a cuatro principales cambios que ha tenido el mercado:
Cambios demográficos: La disminución del tamaño de los hogares y el crecimiento de la población adulta han llevado a la incorporación de formatos más pequeños y porciones individuales. Además, la inmigración ha diversificado la oferta con nuevos sabores e ingredientes.
El valor del tiempo: La necesidad de reducir tiempos de preparación ha favorecido productos listos para cocinar, como cortes troceados o congelados. Tecnologías como las freidoras de aire han ampliado las opciones para cocinar pollo de manera rápida y práctica.
Alimentación equilibrada: La creciente preocupación por la salud ha impulsado el consumo de pollo, especialmente la pechuga, por ser una proteína magra y versátil. Su bajo contenido en grasa y la ausencia de gluten o lácteos lo posicionan como una opción accesible y saludable.
Experiencias en el hogar: La tendencia de preparar comidas en casa se ha consolidado, impulsando la oferta de productos saborizados. Además, la influencia de sabores internacionales ha diversificado la manera de consumir pollo.
EL CERDO BUSCA PROTAGONISMO.
El pollo es líder en Chile, pero el cerdo no quiere perder espacio y su presencia en la cocina se ha fortalecido gracias a la diversificación de cortes y formatos, así como a la incorporación de opciones más prácticas y listas para cocinar. Estas innovaciones han ampliado su consumo, adaptándolo a nuevas preferencias y consolidándolo en el menú chileno diario.
Por eso, el consumo de carne de cerdo experimentó el mayor crecimiento entre las proteínas (+9%), incitado por sus variadas alternativas de preparaciones y también por tener un precio al alcance de todos.
En términos de hábitos de consumo, la población chilena ha aprendido que el cerdo es una opción saludable, especialmente por contar con cortes extra magros. Distintas campañas comunicacionales y publicitarias han reforzado estos atributos diferenciadores, colaborado para que esta deliciosa carne esté cada vez más presente en la mesa de los chilenos.
Con un amplio abanico de opciones, esta carne también se ha adecuado, ofreciendo una propuesta amplia, diversa y exquisita de nuevos productos:
Cortes frescos: Lomo centro, pulpa de pierna, costillar y malaya, disponibles en supermercados y carnicerías en distintos formatos.
Productos marinados y sazonados: Lomo sazonado, pulpa de pierna adobada y costillar marinado, listos para cocinar y pensados para ahorrar tiempo.
Presentaciones congeladas: Costillar, lomo sazonado y longanicillas en formatos que van desde 180 gramos hasta 1,8 kg.
Productos procesados: Embutidos como longanizas, chorizos y jamones, ampliamente consumidos en reuniones familiares y eventos.
GASTRONOMÍA ASIÁTICA.
En los últimos años, la gastronomía asiática ha ganado un espacio significativo en Chile, impactando directamente en la demanda de carnes de pollo y cerdo.
Comida china: Platos como el cerdo agridulce y el pollo Kung Pao se han vuelto habituales en la mesa chilena, con una fusión de sabores adaptados al paladar local. También se han popularizado preparaciones como dumplings rellenos de cerdo y wontons fritos.
Cocina coreana: Su auge ha sido impulsado por la popularidad del K-pop y las series coreanas. Destacan la parrillada coreana (con diversos cortes de cerdo y salsas), el dakgalbi (pollo marinado picante) y el pollo frito coreano dakgangjeong, un plato emblemático de Corea del Sur.
¿Cuáles son las cuatro tendencias más relevantes a la hora de decidir una compra? Es importante comprender el comportamiento de las personas al momento de elegir.
Hébert Dell’Onte Larrosa | Montevideo | Todo El Campo | Cuando un producto está en una góndola de supermercado esperando a que el consumidor final lo tome -o quizá en una mesa de hotel o restaurante si se trata de un alimento- es porque antes pasó una larga lista de desafíos, y cuanto mayor el prestigio y seriedad del lugar de venta, mayor nivel de exigencia.
Cuando el ciudadano decidió consumir el producto que tomó de la góndola, el resultado de esa experiencia lo llevará a elegirlo una vez y recomendarlo entre sus conocidos y amigos si es que lo valora positivamente. Pero si no lo hace, no querrá volver a saber de él y por cierto tampoco lo mencionará como una opción, más bien desalentará su compra.
Esa valoración final es el resultado del proceso que comienza con el primer eslabón de una larga cadena, cuyos primeros responsables son productores agropecuarios, que muchas veces ni siquiera están en el país ni el continente donde se hace la comercialización.
Y por decir “productores agropecuarios” no me estoy refiriendo únicamente a alimentos, también a otros como prendas de vestir o ropas deportivas hechas con lana, por ejemplo. Cualquiera sea el caso, es importante que en el largo ciclo que finaliza en la góndola del supermercado o una tienda, se respeta y se mantenga la calidad.
Pero no solo la calidad, hay otros factores tan importantes o más. En el mundo los consumidores son cada vez más proactivos al momento de efectuar una compra, sea de un televisor, un auto, una heladera o sus alimentos.
“TENDENCIAS DEL CONSUMIDOR INTERNACIONALES PARA 2024”,
En febrero, Oftex, una empresa consultora de exportación ubicada en España, y Statista, empresa de estadísticas para datos del mercado, organizaron un webinar denominado “Tendencias del consumidor internacionales para 2024”, lo que constituyó una guía sobre las principales tendencias del consumo contemporáneo.
El webinar, del que participaron Mariana Meroño y Pablo Gómez (la primera directora de Statista para España, y el segundo director de Oftex), no refiere a la comercialización o consumo de ningún tipo de producto en particular, lo que allí se expresa puede ser aplicado/adaptado tanto para alimentos, vestimenta o electrodomésticos. Lo importante es comprender el comportamiento de las personas al momento de elegir.
LAS CUATRO TENDENCIAS AL MOMENTO DE COMPRAR.
Meroño señaló que en los últimos años hay cuatro tendencias en el consumo del mercado internacional. La primera es que la gente “no busca tanto lo barato sino la calidad”. La segunda es la tendencia de los “consumidores éticos” que implican la búsqueda de la sostenibilidad en lo que va a adquirir; la tercera, es la de los consumidores que van buscando productos que ayuden a sobreponerse al estrés; y en cuarto lugar hay un mayor intercambio de datos del consumidor a las compañías o empresas que “nos den productos que ayuden a la hora de tomar decisiones”.
CALIDAD. Mariana Meroño explicó que “el costo de vida ha subido y por eso cuesta adquirir un producto de baja calidad que luego hay que desecharlo al poco tiempo. Por eso se valora el beneficio versus el costo, se buscan productos duraderos”.
En 2019 la importancia del precio era mayor a la calidad al momento de hacer una compra, pero con los años eso se revirtió.
ÉTICA. “Las marcas de todo el mundo están reconociendo que los compradores ya no son meros espectadores en el tema sostenibilidad, sino que también son agentes activos de cambio”, comentó, y “el 40% de los consumidores están dispuestos a pagar más por productos sostenibles”.
SALUD. La tercera tendencia es la que Meroño denominó “Zenthusiasts”, entendiendo por tal un componente sanitario que busque eliminar el estrés, y se le ve en las generaciones más jóvenes “los nuevos millennials (nacidos entre 1981-1996) y la generación Z (1997-2012) que sienten mucha ansiedad por los problemas medioambientales, tampoco sabe cómo va a salir al mundo laboral” y recibe “mucha información que le eleva el nivel de estrés”.
Además, hay una tendencia en dar “importancia a la salud mental”. Todo eso lleva a que “los jóvenes tienen en lo personal una de las prioridades de su vida”, y cuando se les pregunta sobre sus referencias, “en Alemania el 80% de esas generaciones tenían como referente a un influencer, y en Estados Unidos el 90%, y los más jóvenes el 96%”.
DATA AD-VOCATES. La cuarta tendencia es de los data ad-vocates, eso es “intercambio mis datos a cambio de más personalización y transparencia de cómo las empresas van a usar los datos que brinde el consumidor.
Que India sea el país más poblado cambia el mapa del consumo. Además, los ingresos determinan la alimentación: los países de bajos ingresos consumen más calorías, los de ingreso medio más proteínas; los ricos, alimentos más convenientes y mayor variedad.
Montevideo | Todo El Campo | Los cambios en la población y los niveles de ingresos cambiarán la demanda de alimentos y la colocación de activos corporativos, dijo Michael Zerr, líder de modelo a largo plazo de Cargill, Minneapolis, la ciudad más poblada del estado de Minnesota, Estados Unidos. La afirmación fue realizada ante los asistentes a la sesión de apertura del Coloquio Internacional de Edulcorantes, realizada el 26 de febrero.
Cuando se piensa en 10 años, los impulsores a largo plazo son el crecimiento de la población y el producto interno bruto, dijo Zerr.
Agregó que la despoblación en China está dando paso al crecimiento en India, ahora el país más poblado del mundo, pero también a África y Medio Oriente.
La demanda de alimentos cambia a medida que aumentan los niveles de ingresos, señaló, y profundizó que los países de bajos ingresos se centran en las calorías; los países de ingresos medios comen más carne o proteínas y menos cereales; y en los países ricos la atención se centra en el tiempo, y los consumidores compran alimentos más convenientes y de mayor variedad.
INDIA, LA NUEVA CHINA.
A medida que aumente la población de la India y aumenten los ingresos, habrá mucha más demanda de alimentos, incluidas las proteínas (lácteos y legumbres en lugar de carne por razones culturales) y los dulces, también debido a las preferencias culturales.
El consumo calórico diario en la India sigue estando por detrás de China en unas 700 calorías.
Zerr señaló que China no es un gran consumidor de dulces, a diferencia de la India, donde existe una «enorme cultura en torno a los productos dulces», lo que significa un “Crecimiento masivo del azúcar en la India”.