Para todos los países del mundo, los objetivos ambientales no son independientes ni ajenos a la producción de alimentos a través de la agropecuaria, la granja o la pesca.
Montevideo | Todo El Campo | Parece ser que las políticas productivas de alimentos -léase agricultura, pecuaria, granja, pesca- son contrarias a las políticas del cuidado del medio ambiente. Nada más falso.
El debate es universal y afecta a todos los países del mundo entre los que está Uruguay.
Un artículo de NFU Scotland (National Farmers Union of Scotland), la principal organización gremial que representa a los agricultores y ganaderos escoceses, afirma que si en verdad importa la seguridad alimentaria, hay que respaldar la producción; pero además, si importan los objetivos climáticos y comunitarios, hay que apoyar a quienes trabajan la tierra y producen alimentos.
Tras años de debate sobre el futuro de la agricultura, NFU Scotland reclama que el foco deje de estar en el diseño de políticas y pase a la entrega efectiva de apoyos. En Escocia, la Ley de Agricultura y Comunidades Rurales de 2024 y el Plan de Apoyo Rural ya trazaron el marco, pero ahora lo urgente es garantizar que los recursos lleguen a los agricultores y a los crofters activos. (En Uruguay no existen una figura idéntica a los crofters pero serían pequeños productores familiares que trabajan tierras ajenas).
El artículo subraya que la producción de alimentos y los objetivos ambientales no son metas separadas, sino interdependientes. Sin respaldo económico real, advierte, será imposible sostener la seguridad alimentaria, cumplir con los compromisos climáticos y mantener la vitalidad de las comunidades rurales.
Es oportuno aclarar que en Uruguay los sectores productivos no piden respaldo económico de ningún tipo, sus reclamos -a diferencia de lo que pasa en otros países, principalmente europeos- pasa por reglas claras y fundamentalmente libertad para trabajar.
Volviendo a NFU Scotland, la organización insiste en que la nueva arquitectura de apoyo debe ser simple, proporcional y accesible, evitando burocracia excesiva que excluya a los pequeños productores.
Sostienen que las empresas agrícolas también se ven afectadas por las decisiones tomadas a nivel parlamentario sobre fiscalidad, costos de empleo, comercio, migración, energía y otros mecanismos económicos. La viabilidad de la agricultura no puede separarse de las decisiones políticas.
El mensaje final es contundente y universal: si importa la seguridad alimentaria, hay que respaldar la producción; si importan los objetivos climáticos y comunitarios, hay que apoyar a quienes trabajan la tierra.

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