Argentina, Brasil y Paraguay se acercan a Estados Unidos, ¿y Uruguay?

Argentina, Brasil y Paraguay se acercan a Estados Unidos, ¿y Uruguay?

Con las tierras raras y los minerales críticos como gancho, Estados Unidos puso la mirada en los tres países del Mercosur. ¿Qué deberá hacer Uruguay?

Hébert Dell’Onte Larrosa | Montevideo | Todo El Campo | Javier Milei en Argentina y Luiz I Lula da Silva en Brasil, están moviendo sus fichas respecto a Estados Unidos, y aunque el primero ya ha logrado resultados concretos, el segundo está decidido a hacerlo también, para eso ya anunció una reunión en Washington con su par, Donald Trump, para tratar temas que van atados a asuntos comerciales. Paraguay por su parte, se incorporó a la iniciativa de Estados Unidos para fortalecer la cadena de suministros de minerales críticos.

Se denominan tierras raras a 17 elementos químicos esenciales para la tecnología moderna, incluyendo imanes de vehículos eléctricos, aerogeneradores, smartphones y defensa. A pesar de su nombre son relativamente abundantes, pero difíciles de encontrar en concentraciones explotables y complejos de refinar.

Los minerales críticos son elementos metálicos o no metálicos esenciales para la tecnología moderna, la seguridad nacional y la economía, pero con cadenas de suministro vulnerables a interrupciones.

BRASIL, DEL ENFRENTAMIENTO A LA NEGOCIACIÓN.

El influyente diario paulista Folha de São Paulo publicó este viernes 6 de febrero dos artículos que merecen ser considerados para tener una visión real de lo que está sucediendo en la región. A pesar de que todos hablan de que China puso el ojo en esta zona del mundo, la verdad es que también lo ha hecho Estados Unidos.

Cuando Estados Unidos impuso aranceles del 50% a Brasil en marzo de 2025, bajo una orden ejecutiva firmada por Trump que se efectivizó en agosto, el gobierno brasileño comenzó a desarrollar una estrategia de acercamiento entre ambos países para revertir esa situación. La medida afectó y afecta a más del 35% de sus exportaciones a ese destino, incluyendo café, frutas y carnes.

Durante todo este tiempo la diplomacia brasileña ha trabajado con ese fin que parece comenzar a dará resultados y hoy estamos a pocas semanas de la cumbre Lula – Trump que se ha anunciado para los primeros días de marzo, sin precisar fechas. Los temas de conversación serán las exportaciones y la industria brasileña, las tierras raras y los minerales críticos.

La segunda noticia del viernes es que el gobierno estadounidense, a través del banco estatal Development Finance Corporation (DFC), elevó a US$ 565 millones el financiamiento concedido a Serra Verde, la única minera de tierras raras en operación en Brasil. La mina opera en el norte del estado de Goiás.

Lo más significativo de esa información es que el nuevo acuerdo otorga al gobierno estadounidense el derecho a adquirir una participación accionaria minoritaria en la empresa, consignó Folha de São Paulo.

El monto representa un aumento de US$ 100 millones respecto a lo anunciado anteriormente.

Actualmente, Serra Verde exporta su producción a China, pero planea ampliar su capacidad hasta 6.500 toneladas para finales de 2027 con el objetivo de abastecer cadenas de valor occidentales.

Según el diario, la medida refuerza la estrategia de Estados Unidos de cerrar contratos directos con mineras de minerales críticos en Brasil, con el fin de reducir la dependencia del suministro chino.

Brasil posee la segunda mayor reserva mundial de estos elementos. Además de Serra Verde, la DFC también ha invertido en la minera Aclara, en un esfuerzo por asegurar insumos clave para sectores como vehículos eléctricos y defensa.

Brasilia necesita y busca vínculos pacíficos para fortalecer el comercio con Estados Unidos, las conversaciones diplomáticas entre ambos países, como el anunciado encuentro Lula – Trump- se encaminan hacia allí.

ACUERDO ARGENTINA Y ESTADOS UNIDOS.

Mientras eso ocurre, Argentina y Estados Unidos firmaron un acuerdo de comercio e inversiones recíprocas. La Cancillería argentina dijo que “la iniciativa posiciona” al país como el primero “de América del Sur en firmar un acuerdo de esta magnitud”.

Consiste en la eliminación de aranceles recíprocos en 1.675 productos argentinos, “lo que permitirá recuperar exportaciones por US$ 1.013 millones”, entre otros beneficios como que agilita las colaciones y favorece la apertura de nuevos mercados.

Uno de los puntos clave del acuerdo entre los dos países se juega en el sector cárnico: Estados Unidos concederá una ampliación sin precedentes a 100.000 toneladas para el acceso preferencial de la carne vacuna a su mercado. Eso en números significa que este mismo año habrá un adicional de 80.000 toneladas a favor de Argentina, que se suman a las 20.000 toneladas con que ya cuenta. El incremento será de casi US$ 800 millones a favor de las exportaciones argentinas sólo en carne.

PARAGUAY Y ESTADOS UNIDOS: MINERALES CRÍTICOS.

Paraguay tampoco escapa a la movida estadounidense en la región. Esta semana el país guaraní se incorporó a la iniciativa de Estados Unidos para fortalecer la cadena de suministros de minerales críticos, fundamentales en la producción de tecnologías limpias y en la promoción de la transición energética.

La Cancillería paraguaya señaló que ambos países “se comprometen a intensificar los esfuerzos de cooperación para acelerar el suministro seguro de minerales críticos necesarios para apoyar la fabricación de tecnologías avanzadas y de defensa, así como el fortalecimiento de sus respectivas bases industriales”.

URUGUAY.

Mientras cada país hace su juego (todos legítimos) con Estados Unidos, Uruguay parece quedar fuera. En primer lugar porque no tenemos tierras raras ni minerales críticos que es lo hoy está en disputa y preocupa a muchos países.

Corresponderá al gobierno decidir qué cartas juega, lo que no puede hacer es quedar fuera del juego. Por el momento, como ha sido desde siempre, la producción de alimentos, fundamentalmente carne, sigue siendo nuestro naipe ganador. Juguémoslo.

“El Mercosur es una oportunidad de mejorar”, dijo el presidente del Instituto Agrícola Catalán.

“El Mercosur es una oportunidad de mejorar”, dijo el presidente del Instituto Agrícola Catalán.

“La expresión de impotencia del sector agrario catalán, español y europeo se manifiesta contra el acuerdo con el Mercosur cuando en realidad el gran problema lo tenemos en el Pacto Verde europeo”.

Barcelona, España | Todo El Campo | El sector agrario es heterogéneo. Una parte importante la forman pequeños agricultores y ganaderos que en los últimos meses se han hecho notar de diferentes formas. El año pasado lo hicieron para denunciar la precariedad; este enero, contra el acuerdo de libre comercio con el Mercosur. Las empresas agropecuarias sufren algunos de los mismos males que los agricultores que han cortado las carreteras, pero ven ventajas en el acuerdo. Esa es la observación que hace Baldiri Ros (foto), presidente del Institut Agrícola Català de Sant Isidre (Instituto Agrícola Catalán de San Isidro), la asociación del sector más antigua de España (175 años), que agrupa empresas agrarias y agroalimentarias.

En declaraciones al diario barcelonés On Economía (especializado en información económica), Ros valoró el acuerdo Unión Europea (UE)-Mercosur como “un buen acuerdo”, y explicó el porqué de la reacción del sector agropecuario: “Lo que pasa es que la expresión de impotencia del sector agrario catalán, español y europeo se manifiesta contra este acuerdo cuando en realidad, el gran problema lo tenemos en el Pacto Verde de la Unión Europea”.

“No podemos confundir un acuerdo comercial, que tiene ventajas para el sector español, con las incongruencias del Pacto Verde Europeo, en el cual la burocracia es excesiva. Políticamente, es fácil canalizar el desencanto de muchos empresarios agrarios tomando como bandera el Mercosur. Después, cuando hablas con ellos, con los que están en las carreteras, te explican 50 problemas más. Y del Mercosur lo único que te dicen es que nos invadirán de productos”, profundizó.

El Mercosur no va a invadir de productos a la Unión Europea. El entrevistado, que también es vicepresidente de Foment del Treball y patrono de la Fundación La Caixa, aseguró que desde el Mercosur a la UE “solo entrarán 90.000 toneladas de carne de vacuno, que es un 2% de la producción europea, o 180.000 toneladas de pollo, un 1,6% del consumo de pollo en Europa. Y, en cambio, el Mercosur nos da muchas oportunidades, especialmente en sectores importantes para España como el vino, el cava, el aceite, el porcino”.

Pero la afectación a los países de la UE es “homogénea”, por ejemplo a Francia lo perjudica mucho porque produce soja y ese es uno de los productos que puede que nos lleguen. En cambio, en Catalunya, como que la industria de piensos (alimento animal) para el ganado es importante, si la soja llega en mejores condiciones, será beneficiosa. El Mercosur, si se lee con seriedad y con profesionalidad, no es un enemigo, es una oportunidad de mejorar”, subrayó.

Ros añadió que el volumen de productos que llegarán desde el Mercosur es progresivo, no de un día para el otro, “además, hay medidas de protección” y si alguna importación “afecta gravemente al mercado, la Unión Europea puede actuar”.

Una de esas acciones es que para los sectores más afectados, “la Unión Europea hizo una dotación económica de 1.000 millones de euros”. Sin embargo, “si el enemigo tiene que ser Mercosur, estamos confundiendo economía con nostalgia. El proteccionismo nos cierra puertas, no nos abre. Por lo tanto, tenemos que tener la visión abierta, mirar exactamente en qué productos nos afecta negativamente, que no son demasiados, y cuáles nos afectan positivamente”.

De los productos españoles en que la afectación es positiva (vino, aceite porcino) y que “realmente saldrán beneficiados de este acuerdo”, dijo que “se les quitan aranceles del 10% al aceite y del 35% al vino”, lo que les generará una “competitividad brutal”.

Respecto a el Pacto Verde de la Unión Europea, que definió como el verdadero problema de la agropecuaria europea, opinó que “Europa ha legislado sobre este mundo pensando que el territorio es un jardín, y no, el territorio es un elemento que debe formar parte del paisaje pero debe ser competitivo y económicamente viable. Si perdemos la autonomía productiva estamos perdidos”.

Europa debe “exigir” a sus socios que cumplan las “condiciones fitosanitarias, condiciones laborales dignas, y poco más”; en cambio “nosotros (debemos) ser competitivos.

“Es imposible” que Europa pueda aplicar una “cláusula espejo” exigiendo condiciones de producción exactamente iguales, porque “Europa ha adoptado una política de bienestar animal, de medio ambiente, de producción, que ha sido la que políticamente han querido, pero no siempre han acertado, porque con la política de bienestar animal, aunque se deba respetar, a veces nos pasamos en condiciones. Yo diría que hay animales que viven mejor que personas. Entonces debemos ser conscientes y racionales a la hora de tomar decisiones”, apuntó.

Se debe “simplificar” la normativa europea, propuso Baldiri Ros. “Hay tantas normas que necesitas un gestor al lado para rellenar documentación. En la era de la digitalización, todo esto se puede simplificar, y no se simplifica”.

Entrevista completa: Baldiri Ros: “Mercosur es un buen acuerdo, el problema del sector agrario es el Pacto Verde Europeo”

Para comprender el mundo. ¿Por qué los agricultores aceptan el acuerdo UE-India y rechazan al Mercosur?

Para comprender el mundo. ¿Por qué los agricultores aceptan el acuerdo UE-India y rechazan al Mercosur?

Con India, hubo un “cambio de sensibilidad por parte de la Comisión Europea” debido a las protestas de los productores ante las instituciones comunitarias”.

Madrid, España | Todo El Campo | En enero el Mercosur dio un paso fundamental con la Unión Europa en medio de fuertes protestas de agricultores europeos en varios países de ese continente. Pocas horas después, el acuerdo sufrió un revés por parte del Parlamento Europeo que envió lo envió al Tribunal de Justicia congelando (al menos temporalmente) los avances comerciales.

Casi que simultáneamente con eso, y mientras en el Mercosur no salíamos de nuestro asombro por una nueva gran piedra en el camino, la Unión Europea llegó a un acuerdo con India. La pregunta que muchos se haces por qué los agricultores europeos protestan contra el acuerdo con el Mercosur y no lo hacen respecto al acuerdo con India.

El acuerdo con el Mercosur implicaba un mercado de 700 millones de personas; el de india de 2.000 millones, pero la mayor diferencia está en cómo los agricultores europeos han tomado uno y otro.

El campo español señala que el acuerdo con India, a diferencia del que busca ratificar la Comisión con Mercosur responde a las exigencias de los agricultores y ganaderos. Éstos consideran que con Mercosur se utiliza al sector primario como moneda de cambio para relanzar la industria automovilística y farmacéutica y en definitiva a las economías de los países del norte; mientras que consideran que con la India se han respetado las líneas rojas marcadas por las organizaciones profesionales agrarias.

La española Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores (Asaja) argumenta que la presión ejercida por las movilizaciones del campo en Bruselas (Bélgica) y Estrasburgo (Francia) en las últimas semanas ha sido clave para que el pacto con India excluya a los productos agrícolas sensibles que sí podrán entrar con reducción arancelaria desde Sudamérica.

Los productos más sensibles para la agricultura europea -arroz, azúcar, tabaco, carne de vacuno y aves- han quedado fuera de las concesiones comerciales y se abren oportunidades para el vino y el aceite de oliva de la UE, que verán reducidos de forma significativa unos aranceles que hasta ahora superaban el 150% en el caso del vino y el 45% en el del aceite de oliva.

La institución señaló: “Esta decisión refleja un cambio de sensibilidad por parte de la Comisión Europea tras las protestas y concentraciones del sector agrario ante las instituciones comunitarias”.

Además, Asaja tilda de imprescindible la estrategia para evitar impactos graves en sectores estratégicos del campo español, y destaca que el acuerdo entre la UE y la India demuestra que “una política comercial ambiciosa puede ser compatible con la protección de las principales sensibilidades agrícolas”.

Los términos del tratado recogen que India eliminará o reducirá los aranceles a importaciones de ciertos productos agrícolas y alimentarios procedentes de la UE, que actualmente alcanzan el 150% en algunos casos y que se sitúan en el 36%.

El vino europeo pasará de un arancel del 150% al 75% inicialmente, aunque podría descender al 20 % tras un período transitorio. El aceite de oliva, la margarina y otros aceites vegetales verán sus aranceles eliminados del 45% al 0% en cinco años, mientras que kiwis y peras bajarán del 33% al 10%. La carne de ovino, que se penaliza ahora con un 33%, quedará exenta de aranceles y los embutidos pasarán del 110% al 50%. Jugos de frutas y cerveza sin alcohol y se reducirán progresivamente hasta la eliminación total en cinco años. Los alimentos procesados se eliminan del 50% al 0%. Las bebidas espirituosas y la cerveza también tendrán menores tasas, del 150% al 40% y del 110% al 50%, respectivamente.

La UE mantendrá aranceles sobre carne de vacuno, azúcar, arroz, pollo, leche en polvo, miel, plátanos y otros, y limitará importaciones mediante contingentes para ciertos productos. Para la India, la protección continuará sobre lácteos, arroz y trigo.

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Analistas y periodistas europeos han escrito varias páginas tratando de explicar por qué aceptar en buenos términos uno de los acuerdos y protestar -seguir haciéndolo aún- contra el otro.

El periodista español Manuel Yaben ha seguido las protestas y posturas del sector agrícola a través de sus crónicas en el diario madrileño El Debate. El artículo que antecede se base en información vertida por dicho periodista.

Los artículos de Yaben pueden seguirse en el siguiente enlace: Manuel Yaben | Todos sus artículos en El Debate

Legislador blanco reclama a Lubetkin la entrega formal del proyecto de ley sobre el acuerdo con la UE.

Legislador blanco reclama a Lubetkin la entrega formal del proyecto de ley sobre el acuerdo con la UE.

Si no se cumple con lo que la Constitución establece, el texto que el ministro entregó a Carolina Cosse no es un proyecto de ley y por tanto no puede ser ingresado ni tratado como tal, dijo el diputado Rodríguez.

Hébert Dell’Onte Larrosa | Montevideo | Todo El Campo | El ministro de Relaciones Exteriores, Mario Lubetkin, entregó a la presidenta de la Asamblea General, Carolina Cosse, una copia del acuerdo comercial y político firmado el 17 de enero entre el Mercosur y la Unión Europea.

El gobierno uruguayo ha expreso gran interés en aprobar rápidamente el acuerdo, y su voluntad de ser los primeros en hacerlo, porque eso sería una señal política relevante para el Mercosur, la Unión Europea y el mundo. El canciller lo ha dicho varias veces: Uruguay debe avanzar de forma rápida porque con esa acción mostrará claramente su voluntad.

Cosse recibió al ministro y la documentación en formato electrónico. Casi que simultáneamente, la vicepresidenta escribió en las redes sociales: “Celebro esta instancia, que constituye un hito en materia de política exterior y que refleja el trabajo de muchos años, desarrollado a lo largo de varios períodos de gobierno, constituyéndose en una verdadera política de Estado”.

Agregó: “Nuestro Parlamento comenzará ahora su análisis y haremos todo lo que esté a nuestro alcance para darle el tratamiento adecuado a un tema de enorme relevancia para nuestro país y para la región en su conjunto”.

Posteriormente ambos ofrecieron una conferencia de prensa y Cancillería informó oficialmente que la entrega que hizo Lubetkin a Cosse se limita a pendrives que contienen copias del acuerdo Mercosur-UE. Esas copias “serán distribuidos a los partidos políticos con representación parlamentaria para su análisis”.

RODRÍGUEZ: NO ES UN PROYECTO DE LEY.

El diputado Juan M Rodríguez (Lista 71, Partido Nacional) advirtió que el procedimiento realizado por Lubetkin al entregar el acuerdo a la presidenta de la Asamblea General, no cumple con las exigencias constitucionales, y que su partido no comenzará a tratar el acuerdo hasta que no se de observancia a lo dispuesto.

Sostuvo que Lubetkin se limitó a entregar a Cosse “un archivo en versión electrónica del texto suscrito el pasado 17 de enero, que (ya) está disponible en la web del Ministerio de Relaciones exteriores (desde) hace un par de semanas”.

Argumentó que la entrega de ese texto no es un proyecto de ley como debería ser: “Un proyecto de ley, como tal, debe tener un mensaje del Poder Ejecutivo (es decir, una exposición de motivos), y en este caso concreto, un ejemplar autenticado de cada una de las fojas que forman parte del Acuerdo Mercosur-UE”.

Rodríguez escribió en X (@_RodriguezJuan_) que si el Poder Ejecutivo no remite el proyecto “en las condiciones constitucionalmente exigidas, el Parlamento no puede iniciar el tratamiento formal del asunto”, y “hasta ahora, no existe proyecto de ley”, por lo que su tratamiento está descartado.

En el Partido Nacional “estamos listos para comenzar a tratar el proyecto, una vez que formalmente se remita por parte del Poder Ejecutivo”, continuó.

Concluyó que “lo jurídico (está) por encima de lo político, siempre”.

LO MÁS RELEVANTE DEL CUESTIONAMIENTO.

La afirmación más relevante del diputado Rodríguez es que el Poder Ejecutivo no cumple con lo que exige la Constitución para que un texto sea un proyecto de ley. El archivo electrónico entregado por Cancillería no puede ser considerado tal por no cumplir con las formalidades ni tener las firmas requeridas.

Por tanto, hasta que el Ejecutivo no envíe el texto en esa forma (mensaje oficial acompañado del proyecto de ley), el Parlamento no puede iniciar el trámite legislativo.

EL ACUERDO MERCOSUR-UE.

El texto del acuerdo Mercosur-UE se encuentra publicado en la web del Ministerio de Relaciones Exteriores y es abierto a todo aquel que quiera acceder a él.

Se puede buscar en la página del Ministerio o acceder en el siguiente enlace: Acuerdo de Asociación Mercosur-Unión Europea | Ministerio de Relaciones Exteriores

Europa debe apresurarse a recuperarse de su error en el Mercosur.

Europa debe apresurarse a recuperarse de su error en el Mercosur.

Europa tendrá que hacer todo lo posible para demostrar tanto a sus socios del Mercosur como al resto del mundo que este retraso impuesto por el Parlamento Europeo no equivale a un desenganche.

Dora Meredith y John Clarke* | Bruselas, Bélgica | Todo El Campo | La Unión Europea (UE) rara vez recibe segundas oportunidades en geopolítica. Sin embargo, la semana pasada, el Parlamento Europeo decidió desechar uno. Al votar para remitir el tan esperado acuerdo comercial con el bloque Mercosur al Tribunal de Justicia de la UE para un dictamen legal -un proceso que podría durar dos años-, los legisladores asestaron un duro golpe a la credibilidad de Europa en un momento en que la rapidez y la fiabilidad importan más que nunca.

Tras más de dos décadas de negociaciones, este acuerdo pretendía señalar que Europa aún podía actuar con decisión en un mundo de creciente competencia geopolítica. Como argumentó este mes la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, fue la prueba definitiva de la relevancia continua de Europa en el escenario mundial. Ajeno a esto, la decisión del Parlamento refuerza la percepción de que el bloque no puede cumplir con ello, incluso cuando finalmente se alcanza un acuerdo.

Es, por cualquier medida razonable, un autogol estratégico.

Las consecuencias de esto van mucho más allá del comercio. Los gobiernos del Mercosur pasaron años negociando este acuerdo de libre comercio (ALC) de buena fe, navegando la vacilación de Europa, las demandas cambiantes y las señales políticas inconsistentes. Comprensiblemente, ahora están interpretando la remisión al tribunal como un movimiento político. Para los socios que ya están apostando en un panorama global cada vez más disputado, esto refuerza las dudas sobre si se puede confiar en Europa.

Mientras tanto, para Europa, el verdadero daño radica en una verdad más profunda que con demasiada frecuencia oculta: que su verdadero poder proviene de la capacidad de hacer tales acuerdos y luego implementarlos de forma seria, coherente y a gran escala.

El acuerdo UE-Mercosur no es solo otro acuerdo comercial. Se diseñó como un marco para una asociación económica, política y estratégica a largo plazo con una región donde la influencia de Europa ha ido erosionándose de forma constante. Ofrece un acceso integral al mercado en bienes y servicios, normas de inversión más claras, acceso a materiales críticos, diálogo político estructurado y un enfoque basado en la cooperación para gestionar disputas.

En conjunto, pretende anclar a Europa en Sudamérica en un momento en que otros, especialmente China, han avanzado más rápido y con menos restricciones. Y aunque ese nivel de ambición no ha desaparecido con la votación del Parlamento, se ha puesto en serio riesgo.

A lo largo de los años, gran parte de las críticas en torno al acuerdo Mercosur se han centrado en la sostenibilidad. De hecho, si finalmente se aprueba, esta será la prueba de fuego para determinar si la UE puede traducir sus valores en influencia. Y con ese fin, el acuerdo hace que un amplio conjunto de compromisos previamente voluntarios sea legalmente vinculante, incluyendo la implementación de los objetivos climáticos de París y el cumplimiento de convenios internacionales sobre derechos laborales, derechos humanos, biodiversidad y protección ambiental. Sin embargo, lo hace mediante la aplicación basada en el diálogo en lugar de la retirada automática ante el incumplimiento – un enfoque que refleja las realidades políticas tanto en Bruselas como en los países del Mercosur.

Esto ha decepcionado a quienes piden una regulación más estricta, pero pone de manifiesto una verdad incómoda: la influencia de Europa sobre los resultados de sostenibilidad no proviene de fingir que puede coaccionar a los socios para que cumplan, sino de un compromiso y cooperación sostenidos. Esa era una línea roja para los gobiernos del Mercosur, y sin ella no habría ningún acuerdo.

El novedoso “mecanismo de reequilibrio” del acuerdo se inscribe en esta lógica, ya que permite a los países del Mercosur suspender concesiones si futuras regulaciones imprevistas de la UE anulan efectivamente el acceso prometido al mercado. Los críticos temen que esta disposición pueda utilizarse para desafiar futuras medidas de sostenibilidad de la UE, pero los países del Mercosur la ven como una salvaguarda frente a una posible acción unilateral de la UE, como ejemplifica el Reglamento sobre la Deforestación. Además, en la práctica, estos mecanismos rara vez se utilizan. Además, su inclusión fue el precio de asegurar un protocolo adicional de sostenibilidad.

Lo más importante es que nada de esto se resolverá por retraso legal. Al contrario, el aplazamiento debilita la capacidad de Europa para influir en los resultados sobre el terreno. Investigaciones de los principales institutos climáticos de Brasil muestran que la ambiciosa implicación internacional fortalece las coaliciones nacionales proambientales al aumentar la transparencia, los recursos y el poder político. La ausencia, en cambio, crea espacio para actores con estándares mucho más bajos.

La misma lógica se aplica a la dimensión económica del acuerdo. La Comisión destaca acertadamente las cifras principales: miles de millones de euros en ahorros arancelarios, ampliación del acceso al mercado, acceso seguro a minerales críticos y crecimiento del comercio. Según un estudio reciente del Centro Europeo de Economía Política Internacional, cada mes de retraso representa 3.000 millones de euros en exportaciones perdidas.

Pero estas cifras importan menos que lo que hay debajo: Europa obtendrá todo esto mientras ofrece concesiones limitadas en sectores agrícolas sensibles; y los países del Mercosur tendrán acceso al mayor mercado único del mundo — pero solo si pueden cumplir con exigentes estándares regulatorios y medioambientales que podrían poner en riesgo la capacidad interna.

De nuevo, el verdadero poder reside en la implementación del acuerdo. Si se gestionan bien, tales presiones pueden impulsar la inversión, modernizar los estándares y reducir la dependencia de las exportaciones de materias primas, como han argumentado los think tanks latinoamericanos. Esta transición es precisamente lo que el paquete de inversión Global Gateway de la UE, de 1.800 millones de euros, fue diseñado para apoyar. Y retrasar el acuerdo también retrasa eso.

La decisión del Parlamento no es solo un revés procesal: perjudica la mayor fortaleza de Europa en un momento en que la vacilación tiene un coste real. También crea un dilema institucional inmediato para la Comisión. A pesar de la suspensión judicial, la Comisión es legalmente libre de aplicar el acuerdo de forma provisional, pero esta es una decisión difícil: aplicarlo y entrar en una tormenta de críticas por evitar controles democráticos que se volverán contraproducentes el día que el Parlamento finalmente vote el acuerdo; o aceptar un retraso de dos años y posponer los beneficios económicos del acuerdo, posiblemente indefinidamente, — los países del Mercosur no van a resistir para siempre.

Si quiere recuperarse, en los próximos meses Europa tendrá que hacer todo lo posible para demostrar tanto a sus socios del Mercosur como al resto del mundo que este retraso no equivale a un desenganche. Esto significa un diálogo político sostenido, compromisos creíbles en materia de inversión y cooperación —incluida la implementación de la Global Gateway— así como un plan claro para la implementación del acuerdo en el momento en que concluya este proceso legal.

Dos años es una eternidad en el clima geopolítico actual. Si Europa permite que este momento pase sin corregir el rumbo, los demás no esperarán. El acuerdo puede ser imperfecto, pero la irrelevancia es un destino mucho peor. Europa debe ser mucho más valiente a la hora de comunicar esa realidad — al mundo y, quizás con mayor urgencia, a su propio público.

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(*) LOS AUTORES. Artículo de opinión y análisis de Dora Meredith y John Clarke.

Dora Meredith es la directora de ODI Europa. John Clarke es un antiguo negociador comercial senior de la Comisión Europea y ex jefe de la Delegación de la UE ante la OMC y la ONU. Es investigador en la Universidad de Maastricht y en la Royal Asiatic Society, y asesor comercial para asuntos públicos de Fipra.

El artículo original fue publicado en Politico, medio de comunicación europeo con sede en Bruselas (Bélgica).

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