Convocatoria para la mejora ambiental de tambos en la cuenca del río Santa Lucía: se aprobaron las primeras propuestas

Convocatoria para la mejora ambiental de tambos en la cuenca del río Santa Lucía: se aprobaron las primeras propuestas

La convocatoria es impulsada por el MGAP y el Ministerio de Ambiente, junto a Conaprole y el Instituto Nacional de la Leche. Se busca mejorar la calidad ambiental de la cuenca del río Santa Lucía y contribuir a la sostenibilidad de la producción lechera en la región.

Canelones | Todo El Campo | En el marco de la convocatoria a presentar propuestas prediales para la “mejora ambiental para tambos ubicados en la cuenca del río Santa Lucía en riesgo geográfico alto”, fueron aprobadas las primeras cinco propuestas de inversión en establecimientos lecheros. Las iniciativas, fueron presentadas por establecimientos ubicados en los departamentos de San José y Florida y destinarán el financiamiento para mejoras en sus sistemas de gestión de efluentes de tambos

LAS MEJORAS – Dentro de las mejoras a realizar se destacan: acondicionamiento de desagües y tuberías, construcción de lagunas de almacenamiento de efluentes, implementación de sistemas de aplicación de efluentes, mejoras y acondicionamientos sitios de almacenamiento de estiércol, mejoras en las planchadas de la sala de ordeñe, entre otras.

QUIÉNES POSTULAN – La presente convocatoria se encuentra abierta y pueden postular los establecimientos lecheros, familiares y medianos, ubicados en zona de riesgo geográfico alto de la cuenca del Río Santa Lucía. A través de esta iniciativa, es posible financiar inversiones para la mejora ambiental de los tambos (hasta US$ 16.000 por beneficiario para inversiones IVA incluido) y apoyo en asistencia técnica (hasta 15 jornadas).

La convocatoria es impulsada por el MGAP y el Ministerio de Ambiente, junto a Conaprole y el Instituto Nacional de la Leche (Inale).

CONSULTAS – Todas las consultas sobre esta convocatoria pueden realizarse a través de las regionales de Montevideo, San José y Durazno de la Dirección General de Recursos Naturales (DGRN -MGAP), por el teléfono:  2306 4280 int. 130124 o el e- mail ea.dgrn@mgap.gub.uy

Acceda a toda la información de la convocatoria: Convocatoria: Mejora ambiental para tambos de la Cuenca del Río Santa Lucía en riesgo geográfico alto | Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (www.gub.uy)

¿Podríamos criar vacas que emitan menos metano?

¿Podríamos criar vacas que emitan menos metano?

En un nuevo estudio, investigadores de la Escuela de Medicina Veterinaria identificaron atributos de vacas lecheras con bajas emisiones de metano que podrían usarse como objetivos para la cría selectiva.

Estados Unidos | Penn Today, Universidad de Pensilvania | Todo El Campo | La reducción de las emisiones de metano del ganado beneficiaría a los productores y al medio ambiente. En un primer paso hacia la cría de vacas con bajas emisiones de metano, investigadores de la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Pensilvania y la Universidad Estatal de Pensilvania han identificado diferencias clave entre las vacas que emiten naturalmente menos metano que el promedio.

El estudio, publicado en el Journal of Dairy Science (*), muestra que las vacas de baja emisión tienden a ser más pequeñas y albergan diferentes comunidades microbianas, y estas diferencias no se asociaron con la producción, sea una producción de leche reducida o una composición de leche alterada.

“Encontramos que las diferencias en las emisiones de metano fueron acompañadas por diferencias en las poblaciones microbianas, así como sus vías de fermentación”, dice el autor principal Dipti Pitta, profesor asociado de Mark Whittier y Lila Griswold Allam en la Facultad de Medicina Veterinaria. “Aunque nos centramos en las vacas lecheras, los resultados de este proyecto se pueden aplicar fácilmente a cualquier otro ganado rumiante, como ganado vacuno y ovino”.

El ganado produce el 25% del metano de los Estados Unidos, un gas de efecto invernadero 28 veces más potente que el CO2. Reducir estas emisiones es una prioridad para los productores porque, además del beneficio ambiental, la reducción de las emisiones de metano podría aumentar la producción de leche y el crecimiento animal.

“Los emisores bajos de metano son vacas más eficientes”, dice Pitta, quien trabaja en el Centro para la Administración de la Agricultura y la Seguridad Alimentaria. “La formación de metano es un proceso energéticamente ineficiente, por lo que reducir la producción de metano devuelve esa energía a la vaca para usarla en actividades metabólicas, incluida la mejora de la tasa de crecimiento y la producción de leche”.

En las vacas y otros rumiantes, el metano se produce en el rumen, o primer estómago, que es esencialmente un respiradero de fermentación microbiana que alberga millones de microbios que ayudan a las vacas a descomponer sus alimentos. Durante este proceso de digestión, los microbios convierten la fibra en varios productos químicos, incluido el metano, que las vacas liberan a través de eructos.

Actualmente, el método más comúnmente utilizado para limitar las emisiones de metano es alimentar al ganado con inhibidores de metano que evitan que los microbios del rumen produzcan metano, pero se sabe poco sobre cómo estos inhibidores afectan a los microbios. Estudios anteriores han demostrado que los inhibidores sintéticos de metano pueden reducir las emisiones de metano en un 30% y los inhibidores de metano derivados de algas marinas pueden reducir las emisiones en un 60%, pero pueden interferir con la digestión de los animales.

Un enfoque alternativo sería criar animales que emitan naturalmente menos metano. Las vacas varían naturalmente en la cantidad de metano que emiten, y estudios previos han sugerido que esta variación es parcialmente heredable.

“Queríamos investigar si algún componente genético del huésped u otros parámetros del huésped como el microbioma están asociados con vacas que producen menos metano”, dice Pitta. “Conocer estas características podría permitirnos criar selectivamente ganado con bajas emisiones de metano”.

Para hacer esto, el equipo de Pitta identificó primero cinco vacas con bajas emisiones de metano y cinco vacas con alto contenido de metano de una manada de 130 vacas Holstein lactantes alojadas en Penn State. Luego, los investigadores se propusieron caracterizar las diferencias entre estos emisores bajos y altos en términos de su genética, producción de leche, fermentación ruminal y microbiomas ruminales.

En promedio, los emisores bajos produjeron aproximadamente un 22% menos de metano que los emisores altos, lo que corresponde a 278 libras (aprox. 125,1 kilos) de metano por año por vaca en lugar de 354 libras (aprox. 159,3 kilos) por año.

En general, no hubo diferencias entre los emisores de metano bajos y altos en términos de ingesta de alimentos, cantidad de leche producida o composición de la leche, aunque los emisores bajos de metano digirieron menos de los alimentos que consumieron.

Sin embargo, hubo grandes diferencias en los microbios del rumen y los patrones de fermentación de las vacas con bajas y altas emisiones de metano porque el metano se produce a través de la fermentación microbiana. Las vacas con bajas emisiones de metano albergaban menos tipos de microbios en sus rumenes, y sus microbios tenían menos probabilidades de ser productores de metano o «metanógenos».

“Las diferencias en las emisiones de metano fueron acompañadas por diferencias en las poblaciones microbianas, así como sus vías de fermentación” dice Pitta. “La fermentación utilizada en emisores con alto contenido de metano conduce a una mayor producción de hidrógeno, por lo que hay más acetato que soporta la formación elevada de metano”.

Cuando los investigadores compararon la expresión génica de los microbios ruminales en emisores bajos frente a altos, básicamente una medida de la frecuencia con la que los microbios usan estos genes, encontraron que los emisores bajos tenían niveles más bajos de metil-Com reductasa, una enzima que participa en la formación de metano.

Las vacas con bajas emisiones de metano también tendían a tener estaturas más pequeñas que las de alto emisor. Aunque la conexión entre el tamaño corporal y las emisiones de metano puede no ser inmediatamente obvia, Pitta dice que básicamente se reduce al tamaño del estómago y la rotación de alimentos dentro del rumen.

“Hay un poco de diafonía entre el huésped y el microbioma en términos de si el huésped está impulsando el microbioma o el microbioma está impulsando al huésped», dice Pitta. Las vacas más pequeñas tienen rumenes más pequeños, lo que significa que pueden comer menos alimentos en un momento dado. Esto significa que hay una tasa de paso más rápida de alimentos a través del intestino, y este ritmo más rápido es menos hospitalario para los tipos de microbios que producen metano.

Ahora, Pitta está investigando si es posible criar selectivamente vacas lecheras para tener microbiomas eficientes. Para reducir aún más las emisiones de metano, estos resultados podrían combinarse con otras estrategias de gestión, por ejemplo, alimentando con inhibidores de metano sintéticos o de algas a vacas con bajas emisiones de metano, dice Pitta.

LOS AUTORES. Dipti Pitta es profesora asociada de Mark Whittier y Lila Griswold Allam en la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Pensilvania.

Otros autores del artículo son Nagaraju Indugu y Meagan Hennessy de Penn Vet y Nadiia Stepanchenko, y Hannah Stefenoni, Derek Wasson, Sergio Cueva, Susanna Räisänen, Chad Dechow y Alexander Hristov de la Universidad Estatal de Pensilvania.

Este trabajo fue apoyado por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos USDA (subvenciones Proyecto de Asignaciones Federales del Instituto Nacional de Alimentos y Agricultura PEN 04539, Número de Acceso 1000803, y USDA-NIFA-AFRI-006351 2017-05832).

Penn: Penn Hoy (upenn.edu)

(*) Artículo científico en Revista Ciencia Láctea:  Composición microbiana, parámetros de fermentación ruminal, emisiones entéricas de metano y rendimiento de lactancia de vacas lecheras fenotípicamente altas y bajas en metano con emisiones – ScienceDirect

Joe Biden acelera con US$ 3.100 millones la agricultura “climáticamente inteligente”.

Joe Biden acelera con US$ 3.100 millones la agricultura “climáticamente inteligente”.

Estiman que los 141 proyectos financiados eliminarán o secuestrarán el equivalente a 60 millones de toneladas métricas de emisiones de dióxido de carbono.

Montevideo | Todo El Campo | El gobierno del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, aprieta el acelerador a su ruta verde y aprobó US$ 3.100 millones para impulsar la agricultura “climáticamente inteligente”. Estos recursos se están asignando a un programa incipiente del Departamento de Agricultura de EE UU (USDA) que espera dar frutos a mediano plazo.

El objetivo del plan, denominado Asociaciones para Productos Básicos Climáticamente Inteligentes, busca mantener el gigante agrícola estadounidense a toda marcha mientras se reduce la inmensa huella de gases de efecto invernadero del sector.

Los voluminosos recursos se están asignando gradualmente a cientos de entidades agrícolas, corporaciones, universidades y organizaciones sin fines de lucro para proyectos que encajen con ese propósito. Estas entidades transferirán la mayor parte del dinero a decenas de miles de agricultores, ganaderos y propietarios de bosques. Incluidos los productores que administran miles de hectáreas y agricultores desatendidos y desfavorecidos que a menudo tienen operaciones mucho más pequeñas. Ya se han firmado los primeros acuerdos. El dinero está empezando a fluir.

El Departamento de Agricultura estima que los 141 proyectos agrícolas financiados colectivamente durante los 5 años de vida del proyecto, eliminarán o secuestrarán el equivalente a 60 millones de toneladas métricas de emisiones de dióxido de carbono. A la par con la eliminación de más de 2,4 millones de automóviles a gasolina de la carretera en el mismo período.

Esperan lograrlo pagando a los productores para que adopten prácticas que reduzcan las emisiones o capturen el dióxido de carbono del aire, recoge Yale Environment 360, una publicación de la Escuela de Medio Ambiente de Yale. Estas prácticas incluyen reducir o eliminar la labranza del suelo, plantar cultivos de cobertura que crecen fuera de temporada y no se cosechan. Así como mejorar la forma en que los agricultores usan fertilizantes y estiércol, y plantar árboles.

BIDEN APUESTA POR LA AGRICULTURA “CLIMÁTICAMENTE INTELIGENTE”.

La agencia de Biden para la agricultura tiene como objetivo catalizar nuevos mercados premium para productos como el maíz, la soja y la carne de res climáticamente inteligentes. Por tanto, se espera impulse a los agricultores a continuar con estas prácticas en el futuro.

“La gente quiere saber que cuando gastan su dólar en la tienda de comestibles no dañan el medio ambiente. Quieren ayudar”, señaló el secretario de Agricultura, Tom Vilsack, en diciembre al anunciar los proyectos que recibieron financiamiento. El mercado emergente de productos amigables con el clima, agregó, representa “una oportunidad de transformación para la agricultura estadounidense”.

La idea tiene seguidores entusiastas. El mercado que prevé Vilsack “es potencialmente masivo. Mucho más grande de lo que podría ser cualquier programa federal”, comentó Ben Thomas, director principal de políticas para la agricultura en el Environmental Defense Fund. “Y durará mientras existan las condiciones que crean el mercado”.

Pero el esfuerzo de alto perfil también ha sido criticado. Algunos investigadores temen que la agencia carezca de un plan viable para medir y verificar los impactos de las prácticas que pagarán los dólares federales. Otros sostienen que la ciencia aún tiene que demostrar que las prácticas climáticamente inteligentes para la agricultura realmente reducen las emisiones de gases de efecto invernadero.

“Todavía no tenemos esa comprensión para la mayoría de las prácticas de gestión climáticamente inteligente en la agricultura”, afirmó Kim Novick, científica ambiental de la Universidad de Indiana.

Los críticos más duros del programa lo asaltan como un obsequio a las corporaciones ricas que harán poco para frenar el cambio climático, e incluso podrían exacerbarlo. “Este programa es solo cerdo para los grandes contaminadores”, confió Sylvia Secchi, economista de la Universidad de Iowa. “Es un esquema de lavado verde. No va a permitir que se haga nada”.

INTELIGENCIA CLIMÁTICA ¿QUÉ ES?

Durante décadas, los esfuerzos para reducir las emisiones de combustibles fósiles se han centrado en las centrales eléctricas, las fábricas y los automóviles, no en las tierras de cultivo. “La agricultura simplemente no ha estado en la mesa de manera significativa”, aseguró Ben Thomas.

Pero debería serlo. A pesar de todo el éxito de la agricultura industrial en la alimentación de personas y ganado, y la producción de biocombustibles, el sector también es un gran contaminador. Representa alrededor del 10% de las emisiones de gases de efecto invernadero de EE.UU. y aproximadamente una cuarta parte de las emisiones a nivel mundial.

Los principales gases de efecto invernadero emitidos por la agricultura de EE.UU. son el óxido nitroso, que proviene principalmente de los microbios del suelo que digieren el fertilizante nitrogenado. Y el metano, eructados por los aproximadamente 92 millones de vacas del país. Ambos calientan la atmósfera mucho más, por molécula, que el dióxido de carbono.

Las tierras agrícolas en sí también fueron una vez una fuente importante de dióxido de carbono atmosférico cuando los agricultores talaron bosques ricos en carbono y araron los suelos de las praderas. Liberando carbono de los árboles y el suelo. Ahora, la agricultura climáticamente inteligente que impulsa Biden tiene como objetivo recuperar parte de ese carbono.

A diferencia de la agricultura orgánica, la agricultura climáticamente inteligente no tiene una lista de prácticas permitidas o prohibidas. “No existe una definición única de inteligencia climática”, refirió Omanjana Goswami, científica interdisciplinaria de la Unión de Científicos Preocupados. En cambio, comprende una mezcla de prácticas que, según muestran los estudios, pueden reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de las granjas. O aumentar la cantidad de carbono almacenado en sus suelos.

AYUDA A LOS AGRICULTORES MARGINADOS.

Los proyectos financiados por el Gobierno de Biden a la agricultura están recibiendo hasta US$ 95 millones durante cinco años para ayudar a los granjeros a adoptar estas prácticas verdes. Y a la vez, crear programas de monitoreo y mercadeo que, se espera, mantendrán a los agricultores en el camino climáticamente inteligente una vez que finalice el programa.

Esa estrategia de cero zanahorias y antiadherentes es intencional y necesaria para reducir el impacto climático de la agricultura, advierte Robert Bonnie. Subsecretario de producción agrícola y conservación del USDA y uno de los principales arquitectos y campeones del programa.

“Un enfoque voluntario y colaborativo es el único enfoque que funciona aquí”, añade Bonnie. “La regulación no es muy buena para pedirle a la gente que adopte nuevas prácticas”.

El departamento asienta que el programa brindará beneficios a los agricultores desatendidos y desfavorecidos. Un grupo que incluye agricultores de color, mujeres, veteranos y agricultores pequeños. También a principiantes que, en el pasado, han tenido problemas para acceder a los flujos de financiación del USDA. Y, a veces, han sido excluidos intencionalmente. Muchos de los proyectos cuyos acuerdos firmados se han hecho públicos, por ejemplo, destinarán al menos el 20% de los fondos a agricultores desatendidos.

Los defensores del programa también señalan que los beneficios esperados van más allá de aumentar la captura de carbono y reducir los gases de efecto invernadero de los campos agrícolas. Al alentar a los agricultores a reducir la labranza, plantar cultivos de cobertura y tomar otras medidas, “estamos mejorando la calidad del agua. Estamos reduciendo la erosión”, manifiesta Adam Kiel, vicepresidente ejecutivo de AgOutcomes, que administra una asociación climáticamente inteligente dirigida por la Iowa Soybean Association.

PROBLEMAS METODOLÓGICOS.

Pero a medida que se pone en marcha el programa de productos básicos climáticamente inteligentes, muchos expertos insisten que sus prácticas más promocionadas a menudo se quedan cortas.

Por ejemplo, algunos estudios de cultivos de cobertura han encontrado que la práctica no secuestró cantidades significativas de carbono en los suelos. Mientras que otros estudios que encontraron ganancias también tenían lagunas o problemas metodológicos que disminuían la confianza en los resultados. Y un análisis publicado en mayo en Nature Sustainability encontró que las pérdidas de rendimiento resultantes de los cultivos de cobertura en EE.UU. podrían borrar hasta el 70% de sus beneficios climáticos. Si los agricultores talan árboles en otros lugares o aran pastizales para compensar esas pérdidas.

“No diría que deberíamos pausar todo, porque hay algunos beneficios reales para cubrir los cultivos”, argumenta David Lobell, investigador de seguridad alimentaria en la Universidad de Stanford y coautor del artículo de Nature Sustainability. “Pero creo que deberíamos estar mucho más atentos a mantener la productividad” a medida que más agricultores comienzan a usar cultivos de cobertura.

Artículo de Mariela León, Cambio 16. Los artículos de Mariela León se pueden seguir en Mariela León (cambio16.com)

Es posible tener un plantea habitable si resignar producción y seguridad alimentaria.

Es posible tener un plantea habitable si resignar producción y seguridad alimentaria.

¿Es posible conjugar, en un mismo modelo de país y sin conflictos, conceptos y acciones como “cambio climático”, “productividad económica”, “seguridad alimentaria e hídrica”, y “salud”?

Montevideo | Todo El Campo | Los desafíos mundiales, como el cambio climático, la productividad económica, la seguridad alimentaria e hídrica, y la salud, podrían superarse si los países utilizan sus recursos naturales con mayor eficiencia y, según un nuevo informe, esto puede lograrse sin sacrificar el ambiente ni la prosperidad humana.  Los países tienen la capacidad necesaria para casi duplicar su desempeño, ya sea en términos de rentabilidad económica o de resultados ambientales al mejorar en una dimensión sin sacrificar la otra.

Mediante una combinación de ciencia innovadora, fuentes de datos, y modelos biofísicos y económicos, en el informe Las fronteras de la naturaleza: Lograr sostenibilidad, eficiencia y prosperidad con el capital natural, se ofrece una forma novedosa de abordar el desafío fundamental de la sostenibilidad.

En dicho informe se señala cómo y dónde los países pueden utilizar los recursos naturales de manera más eficiente para prosperar sin dañar el planeta ni traspasar sus límites en el uso de los recursos naturales.

“Esta labor nos ayuda a entender lo que está sucediendo a nivel de los países y la manera en la que estos pueden alcanzar sus objetivos de desarrollo sin sacrificar las metas en materia de biodiversidad o cambio climático”, dijo Richard Damania, economista en jefe de Desarrollo Sostenible del Banco Mundial.

“Los países pueden tomar determinadas medidas ahora para brindar a sus habitantes una vida mejor y, al mismo tiempo, mantener un planeta habitable”, aseguró Damania.

En el informe, preparado por el Banco Mundial, el Natural Capital Project (Proyecto de Capital Natural) y el Instituto Internacional de Análisis de Sistemas Aplicados (IIASA), se concluye que casi todos los países presentan importantes brechas de eficiencia en el uso de sus recursos naturales. Superar estas diferencias puede servir de ayuda para enfrentar muchos de los problemas económicos y ambientales más apremiantes del mundo: el cambio climático, la productividad económica, la seguridad alimentaria e hídrica, y la salud. En general, los países tienen la capacidad necesaria para casi duplicar su desempeño, ya sea en términos de rentabilidad económica o de resultados ambientales al mejorar en una dimensión sin sacrificar la otra.

Dado que los países enfrentan necesidades contrapuestas y tienen presupuestos limitados, abordar las ineficiencias sigue siendo una de las formas más eficaces en función de los costos y más atractivas desde el punto de vista económico para alcanzar los objetivos mundiales de sostenibilidad. Asignar y gestionar la tierra, el agua y otros recursos naturales de una mejor manera podría aumentar el total de los ingresos anuales de alrededor de US$ 329.000 millones en todo el mundo, que se derivan de la agricultura, el pastoreo y la silvicultura, y producir una cantidad de alimentos suficiente para la población mundial hasta 2050, sin una pérdida neta de bosques y hábitats naturales.

“Este trabajo novedoso ayudará a integrar el valor que la naturaleza proporciona a la sociedad en las decisiones importantes”, señaló Steve Polasky, profesor de Economía Ecológica/Ambiental de la Universidad de Minnesota e integrante del Natural Capital Project.

“En las herramientas innovadoras que se desarrollaron para este informe, se aprovechan los datos ambientales y económicos a nivel mundial, con el fin de proporcionar información práctica para la toma de decisiones políticas, financieras y de gestión por parte de los responsables de esta tarea”, señaló.

Según el informe, evitar la deforestación podría ayudar a secuestrar 85.600 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono adicionales (o hasta 1,7 años de emisiones mundiales), sin afectar el crecimiento económico. Además, gastar los montos actuales en la prevención de la contaminación atmosférica de una manera más eficiente podría ayudar a salvar 366.000 vidas más cada año. Muchas de estas oportunidades se encuentran en países de ingreso bajo y mediano, es decir, los que más se beneficiarían con estas medidas.

No hay una solución única para todos, dadas las enormes diferencias que existen entre los países y los desafíos que enfrentan. En el informe, por tanto, se identifican los cambios necesarios y en qué parte de un país es preciso implementarlos. Asimismo, se proporcionan indicadores para evaluar las ventajas relativas y se identifica la combinación de políticas más adecuada para el país. El resultado es una hoja de ruta detallada que puede ayudar a los países a seleccionar el enfoque más viable y asequible para satisfacer sus necesidades ambientales y de desarrollo. (BM)

El informe Nature’s Frontiers se puede descargar aquí (en inglés): Aquí.

Agroecosistemas ganaderos, importante hábitat para las aves: análisis cualitativo del efecto del manejo productivo en especies prioritarias para la conservación en Uruguay.

Agroecosistemas ganaderos, importante hábitat para las aves: análisis cualitativo del efecto del manejo productivo en especies prioritarias para la conservación en Uruguay.

INIA aporta elementos para comprender la relación entre los pastizales y las aves, orientando a la vez sobre condiciones de pastoreo y gestión del campo natural que permiten una relación ganar – ganar entre productividad y conservación.

Ing. Agr. Oscar Blumetto* | Montevideo | INIA | Todo El Campo | El sistema de producción ganadera pastoril, basado en campo natural, es un ecosistema potencialmente muy rico en términos de especies de aves. Este artículo de la revista del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), N° 72, de marzo de 2023, aporta elementos para comprender la relación entre los pastizales y las aves, orientando a la vez sobre condiciones de pastoreo y gestión del campo natural que permiten una relación ganar – ganar entre productividad y conservación.

INTRODUCCIÓN.

La biodiversidad de plantas, animales y otros organismos vivos es esencial para el sostenimiento de diversos servicios ecosistémicos que contribuyen al bienestar, como por ejemplo la producción de biomasa; el ciclado de nutrientes, la formación del suelo, la fijación de nitrógeno, la polinización, el control de plagas y enfermedades, la regulación del clima, etc.

Uruguay alberga un elevado número de especies de animales y vegetales (2.750 especies de plantas superiores y alrededor de 859 vertebrados) que habitan una gran variedad de ambientes como pastizales, bosques, sabanas arboladas, humedales y dunas arenosas. Entre estos ambientes, los pastizales, conocidos como campos naturales, son los más importantes en cuanto a extensión y, a su vez, son el principal recurso forrajero de la ganadería.

La ganadería, al igual que otras actividades agropecuarias, genera impacto ambiental a través de la modificación de los hábitats naturales y de las emisiones de gases de efecto invernadero que contribuyen al cambio climático.

Sin embargo, la ganadería basada en pastizales naturales y manejada con adecuado ajuste de intensidad de pastoreo, puede tener también impactos positivos y mitigar varios efectos negativos. La producción extensiva mantiene hábitats de pastizales seminaturales que sustentan a un gran número de especies silvestres y que proveen importantes servicios ecosistémicos.

El sector ganadero enfrenta el desafío de aumentar la producción y limitar sus impactos negativos sobre la biodiversidad. En el caso de los impactos positivos, para que estos sean tenidos en cuenta, es necesario cuantificar el impacto de la actividad productiva y generar información científica válida que pueda ser utilizada para comprender qué opciones existen para mejorar la sostenibilidad general de la producción ganadera.

El presente artículo es una adaptación de la reciente publicación “Los agroecosistemas ganaderos, importante hábitat para las aves: análisis cualitativo del efecto del manejo productivo en especies prioritarias para la conservación en Uruguay” (Blumetto, 2022) de la Revista Recursos Rurais, al cual puede accederse libremente. Para agilizar su lectura, hemos realizado una síntesis y minimizado las citas bibliográficas (**).

El objetivo es dar una referencia de la riqueza de especies que utilizan hábitats dentro de estos sistemas productivos y realizar un análisis cualitativo de la presencia de algunas especies especialistas de pastizal, prioritarias para la conservación, en función de condiciones de manejo ganadero.

¿DE DÓNDE PROVIENE LA INFORMACIÓN?

Este trabajo resumió los datos obtenidos en 30 establecimientos ganaderos y cuatro campos experimentales del INIA distribuidos por el territorio uruguayo (Figura 1). Los estudios se efectuaron en el transcurso de siete proyectos de investigación realizados durante 15 años. Los establecimientos dedicados a la ganadería representaron varios sistemas de producción, desde criadores a ciclo completo, con producción mixta de bovinos y ovinos y superficies entre 18 y 5.500 hectáreas. La base de alimentación del ganado es el campo natural, con la presencia variable de siembras de leguminosas en cobertura y pasturas sembradas. La sustitución de campo natural por estas pasturas sembradas osciló entre un mínimo de 0% a un máximo de 30%.

Por tratarse de un análisis cualitativo del uso de hábitat por diferentes especies, se pudieron considerar diferentes metodologías empleadas en los diferentes proyectos (desde listados a conteos).

Se consideró la presencia de las especies que utilizan hábitat dentro de los límites de los establecimientos y, dentro de estas, se determinaron las especies prioritarias para la conservación (Soutullo et al, 2013). Esa prioridad para la conservación está definida por nueve criterios: (1) Especies globalmente amenazadas según la Lista Roja de la UICN, (2) Especies nativas de Uruguay cuya distribución global no exceda los 175.000 km2, (3) Especies migratorias que utilizan parte del territorio nacional en alguna etapa de su ciclo anual, con una fracción mayor al 10% de su población global o biogeográfica presente en Uruguay, (4) Especies con área de distribución restringida en Uruguay (menos del 10 % del territorio), (5) Especies que han sufrido una disminución significativa en el tamaño de su población nacional, (6) Especies únicas desde el punto de vista taxonómico (únicas de una familia u orden, especies únicas de un género en el mundo) y/o ecológicas (papel destacado en el funcionamiento del ecosistema) con problemas de conservación, (7) Especies con valor cultural y/o económico (actual o potencial) con problemas de conservación, (8) Especies raras (pero de presencia regular) con problemas de conservación y (9) Especies amenazadas a nivel nacional según la Lista Roja de aves de Uruguay.

ANALIZANDO LOS RESULTADOS.

En la totalidad de sitios de estudio se registraron 274 especies de aves, de las cuales, 37 cumplen al menos uno de los criterios de prioridad. En el cuadro 1 se presenta la totalidad de especies prioritarias para la conservación registradas.

De esta lista, las especies marcadas con asterisco son consideradas especialistas de ambiente de pastizal. De estas especies, en función del conocimiento ecológico disponible, enfatizando en sus preferencias de hábitat, se analiza la posibilidad de lograr las condiciones de hábitat necesarias para estas especies en sistemas ganaderos.

Para simplificar el análisis se clasifica las especies en tres grupos por sus necesidades de hábitat. El grupo “A” se refiere a aquellas que requieren tapices herbáceos bajos, menores a 10cm de altura promedio, el grupo “B” son especies que pueden alimentarse de pastizales relativamente bajos, pero necesitan perchas y parches de pastizales de matas altas para refugiarse y anidar y el grupo “C”, especies que necesitan pastizales altos (altura de 0,8 a 1,5m) donde cumplen todo su ciclo biológico.

En el grupo A se encuentran el Ñandú (Rhea americana) y varios chorlos como el Chorlo cabezón (Oreopholus ruficollis), Chorlo pampa (Pluvialis dominica), Playerito canela (Tringites subruficollis) y el Batitú (Bartramia longicauda). Son especies que prefieren pastizales naturales con pasto corto (Aldabe et al, 2019), situación muy común en los sistemas ganaderos tradicionales. Todos pueden utilizar eventualmente pasturas sembradas para alimentarse cuando la altura del tapiz es baja, pero algunas como el ñandú prefiere los pastizales naturales para nidificar.

Las especies de chorlos mencionadas son especies migratorias, no nidificantes en Uruguay, y solo requieren esas condiciones específicas para alimentarse (insectos y otros pequeños invertebrados).

En el grupo B se incluyen especies que requieren otro tipo de condiciones ambientales. Por ejemplo, el Dragón (Xanthopsar flavus) y la Viudita blanca grande (Xolmis dominicanus) son especies que pueden alimentarse de pastizales relativamente bajos, pero necesitan perchas y parches de pastizales de matas altas o caraguatales para refugiarse y anidar. Las comunidades de caraguatá de bañado (Eryngium pandinifolium), son muy importantes para la nidificación del dragón; estas comunidades son comunes en zonas húmedas y la especie es tolerante al pastoreo. Sin embargo, en sitios donde no se dan las condiciones para este caraguatá, puede nidificar en pastizales altos, condiciones que necesitan de pastoreo de baja intensidad. En el caso de la viudita blanca grande la nidificación se produce mayoritariamente en matas de especies de gramíneas cespitosas como, por ejemplo, las pajas mansas (Paspalum spp.) o paja estralladora (Erianthus angustifolius).

Las condiciones aptas para estas especies de aves pueden alcanzarse en sistemas ganaderos, cuyo manejo procure mantener disponibilidades de forraje altas en el campo natural la mayor parte del año. Esto es lograble con la aplicación de tecnología de procesos disponible (Jaurena et al, 2021), con bajos costos y resulta además en un aumento de la productividad ganadera (Aguerre y Albicette, 2018). En la evaluación de este proceso, denominado intensificación ecológica, se detectó una gran heterogeneidad en la estructura y esta heterogeneidad era aún mayor a medida que aumentaba la altura media del tapiz, acompañando la mejora de los resultados productivos (Aguerre y Albicette, 2018). Este manejo implica el aumento de matas, parches de pasto alto y arbustos, lo cual probablemente es el efecto más importante para este grupo de aves. Estas condiciones ambientales son las ideales para otras especies prioritarias como la martineta (Rynchotus rufescens), ratonera aperdizada (Cistothorus platensis) y monterita de cabeza gris (Donacospiza albifrons).

Existe un caso particular que podríamos considerar en este grupo que es la Loica pampeana (Leistes defilipii). Esta especie es considerada en peligro de extinción y su población ha disminuido dramáticamente en las últimas décadas. La permanencia de los pastizales naturales con buena conservación es la principal determinante de la presencia de la Loica Pampeana (Aspiroz et al, 2017).

Según nuestras observaciones, las necesidades de anidación de la Loica pampeana, que es colonial, implican pastizales densos con alturas de pasto superiores a 10 cm en áreas amplias y homogéneas. Aunque hay menos información, es asumible que dichas condiciones son las que requiere también la Cachirla dorada (Anthus nattereri), especie considerada vulnerable.

Estas características del campo natural son raras en los sistemas ganaderos tradicionales de la cuesta basáltica, donde hoy se encuentran las escasas poblaciones de ambas especies. Normalmente, las condiciones se logran en planicies no inundables de suelos profundos, con pastoreo de baja intensidad. Esta situación tradicionalmente solo se observaba en potreros reservados para categorías de ganado de engorde (novillos) y en condiciones de buena disponibilidad de humedad en el suelo en primavera. Las nuevas propuestas de manejo de baja intensidad de pastoreo en campo natural, podrían lograr esas condiciones en forma más amplia.

Por último, podemos considerar un tercer grupo de especies “C” que necesitan pastizales altos (altura de 0,6 a 1,5 m) en donde cumplen todo su ciclo biológico. Un ejemplo son el grupo de los Capuchinos (Sporophila spp.), el Volatinero (Volatinia jacarina), Tachurí canela (Polystictus pectoralis) y los Coludos (Emberizoides herbicola y Emberizoides ypiranganus).

Estas características del pastizal son muy raras en las áreas de pastoreo y se encuentran en parches aislados, zonas de humedales o exclusiones de mediano plazo. Como estas especies pueden usar parches relativamente pequeños y en el caso de los capuchinos y volatinero son migradores estivales, pueden aprovechar oportunidades de relictos de pastizales altos que producen rinconadas naturales o provocada accidentalmente por la infraestructura. Sin embargo, dado lo aleatorio que pueden ser la ocurrencia de estos ambientes, se constituye en otra presión adicional sobre las aves que pueden arribar de su migración y no encontrar ambiente propicio.

La razón de la poca frecuencia de la situación de pastizales requerida, es que suele implicar pastos altos y espigados. Estos pastizales tienen una gran disponibilidad de forraje, pero su calidad es menor por lo cual los productores no promueven esas situaciones.

CONSIDERACIONES FINALES.

El sistema de producción ganadera pastoril, basado en campo natural, es un ecosistema muy rico en términos de especies de aves, al incluir muchos tipos de pastizales, árboles dispersos y bosques asociados. Entre ellas se destacan un gran número de especies prioritarias para la conservación.

El manejo tradicional, con alturas del tapiz bajas, puede proporcionar un hábitat adecuado para varias especies prioritarias para la conservación clasificadas en el grupo A, como el ñandú o varias especies de chorlos. Sin embargo, hay algunas especies, principalmente las que dependen de pasto alto o parches de vegetación cespitosa (grupo B), que son favorecidas por manejos ganaderos tendientes a aumentar la disponibilidad media de biomasa herbácea (trabajar con más pasto). Esta condición de menor intensidad de pastoreo genera condiciones que permiten una relación ganar-ganar entre productividad y conservación, generando oportunidades a las aves tanto del grupo A como el B.

Para el caso del grupo C con necesidades de hábitat con pastizales altos, aunque fueron detectadas en algunos establecimientos, es difícil pensar que las mismas se den en un manejo que propenda a aumentar la productividad. Estas condiciones necesitan medidas especiales como exclusiones parciales o temporales, lo que podría tener un costo de renuncia productiva que debería considerarse para poder favorecer su ocurrencia. Para este grupo particular de aves deben generarse manejos especiales, y ello solo puede ocurrir con políticas públicas que contribuyan a generar esos ambientes, ya que estas especies están declinando en forma importante. Otra posibilidad, es generar esas “pequeñas reservas” en esquemas de certificación de los sistemas, de manera de poder permitir la valorización comercial de ese manejo.

En la actualidad se viene realizando investigación nacional para mejorar el conocimiento de las relaciones entre el desempeño productivo y la biodiversidad, de modo de poder orientar la toma de decisiones de productores, técnicos y autoridades.

BIBLIOGRAFÍA

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(*) Ing. Agr. PhD. Oscar Blumetto del Área de Recursos Naturales, Producción y Ambiente.

(**) Para accede al artículo de Blumetto en Recursos Rurais  (Universidad de Santiago de Compostela): Los agroecosistemas ganaderos importante hábitat para las aves: análisis cualitativo del efecto del manejo productivo en especies prioritarias para la conservación en Uruguay | Recursos Rurais (usc.gal)

Artículo original revista INIA: Los agroecosistemas ganaderos, importante hábitat para las aves (inia.uy)

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