En Argentina detectan plaga forestal/frutal: la polilla del álamo.

En Argentina detectan plaga forestal/frutal: la polilla del álamo.

Se detectó en la provincia de Río Negro. No es un peligro inminente para Uruguay, pero es importante estar informados y atentos sobre el comportamiento y la evolución de la plaga, como el éxito de las medidas que tomen las autoridades argentinas.

Río Negro, Argentina | Todo El Campo | En la provincia de Río Negro, que dista unos mil kilómetros de Uruguay, se detectó “el avance de la polilla del álamo”, según lo corroborado por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA).

En Uruguay no hay registros confirmados de la polilla del álamo (Leucoptera sinuella) que se registró recientemente en Río Negro (Argentina), con foco en alamedas cercanas a Campo Grande, y se encuentra en monitoreo activo por INTA y el Servicio de Sanidad (Senasa).

Aunque las probabilidades actuales de llegada de la plaga a Uruguay son menores, las autoridades sanitarias no deberían ignorar la situación en Río Negro y estar atentas.

Las posibles vías de entradas a Uruguay son, fundamentalmente, el movimiento de material vegetal contaminado; el transporte y logística que faciliten el traslado accidental de pupas o capullos; y la dispersión natural a corta distancia entre masas de álamos/sauces en corredores ribereños, como ha sucedido en algunos casos de expansión regional.

Por tanto, la probabilidad de llegada de la plaga a Uruguay desde la provincia de Río Negro, es bastante moderada y está condicionada al intercambio de material vegetal y al tránsito, que no es abundante ni fluido.

EN ARGENTINA. “LO FUNDAMENTAL ES MONITOREAR”.

El informe el INTA señala que la plaga forestal apareció “en cercanías de Campo Grande se produce en pleno inicio de la cosecha. El insecto podría afectar la comercialización de frutales que se encuentren cerca de cortinas de salicáceas. Especialistas del INTA Alto Valle trabajan en la identificación, el monitoreo y la gestión de herramientas de manejo a campo”.

El municipio de Campo Grande está situado dentro de la región frutícola de Alto Valle. Es una zona con fuerte presencia de alamedas y cortinas de álamos y sauces, utilizadas como protección de chacras frutícolas dedicadas a las peras y manzanas, entre otras frutas.

Silvina Garrido, especialista del INTA Alto Valle, destacó que “lo fundamental en esta etapa es monitorear las cortinas forestales, realizar una correcta identificación y comunicar rápidamente para iniciar acciones de control inmediatas”.

Agregó que ante la detección o sospecha de la plaga “se debe comunicar al responsable técnico del establecimiento y si se confirma su presencia se recomienda proceder a la eliminación total de los brotes afectados”.

“Si se detecta la presencia de la polilla en zonas altas, de difícil acceso, deberá considerarse una aplicación de insecticidas teniendo en cuenta la actualización de los insecticidas registrados”, aclaró la investigadora. La eliminación implica la destrucción de pupas o larvas detectadas.

Entre otras recomendaciones, se debe tener en cuenta el cuidado en lugares de estiba de fruta cosechada cerca de alamedas, aumentar los controles en los ingresos al empaque, maximizar los monitoreos y controles en caso de detectarse la presencia o dispersión hacia nuevas zonas.

CÓMO IDENTIFICAR A LA POLILLA DEL ÁLAMO.

INTA aportó información sobre cómo identificar la polilla del álamo. “Los ejemplares adultos son pequeñas polillas blancas cuyo primer par de alas presenta una mancha negra y tres franjas anaranjadas. Sus larvas minan el interior del mesófilo de las hojas y sus pupas se encuentran recubiertas por un capullo sedoso blanco con una forma de H, muy característica”.

De acuerdo con el Sistema Nacional de Vigilancia y Monitoreo de plagas (Sinavimo) del Senasa, las larvas son pequeñas, hasta 7 milímetros de largo, aplanadas y de color blanco-amarillento y se alimentan del tejido interno de las hojas.

Por otro lado, la pupa es muy característica, mide unos 3 milímetros de largo, se ubican por fuera de las hojas, grietas de troncos y otros refugios, estando protegidas por un capullo blanco sedoso pequeño.

El adulto de la polilla del álamo es pequeño, de unos 3 a 4 milímetros de largo, con una envergadura alar de 9 a 10 milímetros; es de color blanco brillante con escamas plateadas.

El primer par de alas tiene el extremo distal coloreado con 3 franjas anaranjadas y una gran mancha negra en su parte interior. Sus alas son aguzadas y presentan unas franjas características de color naranja en sus extremos. Las antenas son largas cubriendo casi toda la longitud corporal.

Buffel Grass: una alternativa forrajera para recuperar áreas degradadas.

Buffel Grass: una alternativa forrajera para recuperar áreas degradadas.

Puede convertirse en una herramienta clave para determinadas producciones.

Buenos Aires, Argentina | Todo El Campo | Con el objetivo de mejorar la producción, un equipo de investigación del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) Quines evaluó el comportamiento del Buffel Grass como recurso forrajero en San Luis. Los resultados aportaron datos sobre producción, receptividad y manejo.

El Buffel Grass (Cenchrus ciliaris L.) es una gramínea perenne de origen africano, ampliamente utilizada en regiones áridas y semiáridas por su capacidad de adaptación a suelos y climas con marcada escasez de lluvias. Se caracteriza por su resistencia a la sequía, su rápido rebrote y su buen aporte forrajero, lo que lo convierte en una alternativa estratégica para la recuperación de áreas degradadas y el sostenimiento de la ganadería en este tipo de ambientes.

“El Buffel Grass puede convertirse en una herramienta clave para los productores de la región, siempre y cuando se implante y maneje de manera responsable”, señaló Héctor Andrada, investigador de la Agencia de Extensión Rural del INTA Quines, San Luis.

De acuerdo con esto se determinaron densidades de siembra a recomendar (7 – 8 kg), importancia de las precipitaciones en el éxito de la siembra, manejos sustentables tales como dejar arraigar un periodo de crecimiento, evaluación de acuerdo con el número de plantas por metro y definir su aprovechamiento forrajero y/o dejar semillar para su correcta implantación y su posterior aprovechamiento. Esta metodología permitió contrastar el rendimiento bajo manejo con la producción acumulada del ciclo, con el objetivo de mostrar las diferencias en la eficiencia del aprovechamiento.

En relación con la receptividad, el trabajo aplicó un modelo de parcelamiento que ajusta la carga animal de acuerdo con la disponibilidad forrajera. “Este sistema permite optimizar el uso del recurso, evitando el sobrepastoreo y asegurando el equilibrio entre oferta y demanda”, explicó Andrada.

La implantación del Buffel Grass se recomienda al inicio de la temporada de lluvias, con desmonte selectivo, rolo y cajón sembrador. La semilla debe quedar cubierta con una capa fina de suelo, sin excesos de profundidad que limiten la emergencia. Además, se enfatizó que la pastura debe implantarse únicamente en áreas degradadas, sin desplazar pastizales naturales en buen estado, indicó.

Según la evaluación, una implantación exitosa se alcanza con entre 8 y 10 plantas por metro cuadrado, verificadas al año siguiente de la siembra. En esas condiciones, la pastura puede llegar a producir hasta 3.000 kilos de materia seca por hectárea, siempre que se maneje con descansos adecuados, carga moderada y pastoreo rotativo.

“El Buffel Grass no es una solución aislada, sino parte de una estrategia de planificación forrajera a corto, mediano y largo plazo”, indicó Andrada y agregó: “Integrado con el pastizal natural, este recurso contribuye tanto a la recuperación de áreas degradadas como al fortalecimiento de la resiliencia productiva en sistemas ganaderos del semiárido puntano”.

Fuente y foto: INTA.

Argentina desarrolla una herramienta biotecnológica para proteger las abejas.

Argentina desarrolla una herramienta biotecnológica para proteger las abejas.

El enfoque biotecnológico no busca reemplazar las buenas prácticas apícolas, sino complementarlas con soluciones innovadoras que protejan la salud de las colmenas y la sostenibilidad de la actividad.

Buenos Aires, Argentina | Todo El Campo | Mediante el uso de tecnología de interferencia por ARN, un equipo de investigadores del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) logró reducir la mortalidad en las colmenas causada por el virus de la parálisis aguda de la abeja (ABPV), uno de los patógenos más dañinos para la apicultura. El tratamiento demostró disminuir la carga viral y aumentar la supervivencia de las abejas, marcando un avance clave para fortalecer la sanidad apícola, la competitividad productiva y la conservación de polinizadores esenciales.

El virus de la parálisis aguda de la abeja es uno de los patógenos más dañinos para la apicultura, capaz de provocar temblores, pérdida de pelo, incapacidad de vuelo y muerte súbita en las abejas. Ahora, un equipo de científicos argentinos logró reducir su impacto aplicando tecnología de interferencia por ARN (RNAi).

“Demostramos que la administración oral de ARN interferente (dARNi) reduce la carga viral y mejora de manera significativa la supervivencia de las abejas infectadas con ABPV”, explicó Cecilia Ferrufino, investigadora del Instituto de Virología del INTA y responsable del desarrollo.

Durante el ensayo experimental, las abejas infectadas con ABPV que recibieron ARNi específico presentaron una mortalidad significativamente menor en comparación con los grupos sin tratamiento o con ARNi no específico. El ARNi logró disminuir la cantidad de copias virales en los tejidos y permitió que una mayor proporción de abejas sobreviviera a la infección.

“Estos resultados muestran que la interferencia por ARN es una herramienta biotecnológica promisoria para enfrentar infecciones virales en las colmenas”, destacó María José Dus Santos, investigador del INTA.

El trabajo también aporta evidencia clave sobre el potencial de la técnica para otras enfermedades virales que afectan a las abejas, como el virus de las alas deformes (DWV). “Nuestro desafío ahora es escalar esta tecnología y evaluar su aplicación en condiciones de campo”, agregó Dus Santos.

Además, el estudio advierte que los problemas causados por ABPV se intensifican en contextos de estrés, como en la producción de reinas o en la exportación de materia vivo, donde el transporte y las condiciones ambientales adversas incrementan la mortalidad. En ese escenario, contar con una herramienta preventiva podría marcar la diferencia.

La interferencia por ARN (RNAi) consiste en introducir moléculas de ARN de doble cadena que bloquean la replicación del virus dentro de la abeja, activando un mecanismo natural de defensa. este trabajo demuestra su eficacia concreta contra ABPV en abejas adultas.

“El enfoque biotecnológico no busca reemplazar las buenas prácticas apícolas, sino complementarlas con soluciones innovadoras que protejan la salud de las colmenas y la sostenibilidad de la actividad”, concluyó Ferrufino.

UNO DE LOS PRINCIPALES EXPORTADORES.

Con más de 2,5 millones de colmenas, Argentina es uno de los principales exportadores mundiales de miel. La incorporación de herramientas biotecnológicas como esta podría fortalecer la competitividad de la apicultura nacional y, al mismo tiempo, asegurar el rol esencial de las abejas como polinizadoras en los sistemas productivos y en la conservación de la biodiversidad.

El equipo científico del INTA especializado en virus de abeja, está integrado además por Fernanda González del Instituto de Virología y Ricardo Salvador del Instituto de Microbiología y Zoología Agrícola (INTA).

Las plagas evolucionan y redefinen el manejo sanitario en maíz

Las plagas evolucionan y redefinen el manejo sanitario en maíz

“Las plagas no cambian solas, se adaptan y evolucionan de acuerdo con el agroecosistema. El futuro del manejo depende de cómo diseñamos los sistemas agrícolas más que de la plaga en sí misma”

Montevideo | Todo El Campo | Según especialistas del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) de Argentina, el avance de la chicharrita, la resurgencia de la oruga de la espiga en maíces Bt y la situación en Brasil de la resistencia de la cogollera muestran un nuevo escenario sanitario. Esto plantea un Manejo Integrado de Plagas (MIP) con una visión holística proactiva para diseñar sistemas agrícolas más resilientes.

Las plagas de maíz son las mismas, sin embargo, el aumento de la superficie sembrada, el uso extendido de tecnologías Bt y las variaciones climáticas están modificando su comportamiento, lo que genera nuevos desafíos para la producción.

“Las plagas no cambian solas, se adaptan y evolucionan de acuerdo con el agroecosistema. El futuro del manejo depende de cómo diseñamos los sistemas agrícolas más que de la plaga en sí misma”, advirtió Diego Szwarc -investigador del INTA Reconquista, Santa Fe-.

Entre los principales cambios, el especialista destacó que a partir de la adopción de maíces Bt “Diatraea saccharalis o barrenador de la caña pasó de ser una plaga clave a una plaga secundaria o amenaza localizada, aunque persiste en caña de azúcar, sorgo y maíces no Bt, con casos de resistencia documentados en la región”.

A su vez, -detalló- Spodoptera frugiperda, la cogollera “es la gran sobreviviente”, afirmó Szwarc, por su plasticidad alimentaria, con generaciones superpuestas casi todo el año y resistencia múltiple a algunos eventos Bt e insecticidas, documentada en Brasil y Argentina. Esto enciende algunas luces de alarma y exige acciones de manejo proactivo para demorar la aparición de resistencia en nuestro país.

Por su parte, Helicoverpa zea u oruga de la espiga muestra alta incidencia en maíces tardíos con tecnología Bt, con incidencia reportada de hasta el 98 %. Esta plaga es importante, no sólo por los daños directos que ocasiona, sino también por favorecer la proliferación de hongos y la contaminación con micotoxinas.

Además, indicó que la chicharrita del maíz Dalbulus maidis se expandió en la campaña 2023/24 hacia el centro y sur de la zona maicera, favorecida por un invierno benigno y el escalonamiento de siembras. “Es una plaga emergente, sobre la cual todavía tenemos que generar conocimiento para su manejo y el complejo que transmite”, señaló Szwarc.

Frente a este escenario, el investigador remarcó que el camino es un Manejo Integrado de Plagas (MIP) con una visión sistémica u holística: “Necesitamos diversificación de siembras, rotaciones, potenciar y fortalecer el control biológico, no sólo a través de bioinsumos, también naturalmente a través del diseño de paisaje, cultivos de servicio, refugios en cultivos Bt y aplicar fitosanitarios de manera responsable”.

Para Szwarc, el verdadero cambio está en la forma de pensar la producción: “La pregunta ya no es cómo controlar una plaga, sino cómo diseñar sistemas agrícolas que no las favorezcan. Pasar del control al manejo y posteriormente al manejo integrado del agroecosistema, desde una visión integral y sistémica. Ese es el futuro si queremos sistemas productivos, resilientes y sostenibles”. (Artículo de INTA).

Por primera vez se detectó picudo negro de la soja; fue en Córdoba, Argentina.

Por primera vez se detectó picudo negro de la soja; fue en Córdoba, Argentina.

La plaga puede provocar pérdidas de hasta el 70% si no se controla a tiempo. El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) activó un plan de monitoreo y contención para frenar su avance.

Juan Manuel Repetto | Argentina | INTA | | Todo El Campo | El picudo negro de la vaina de soja Rhyssomatus subtilis, una plaga que durante años causó graves daños en los cultivos del NOA (noroeste argentino que abarca las provincias de Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja y Santiago del Estero), fue detectado por primera vez en la provincia de Córdoba. Ante esta situación, el INTA activó un operativo de monitoreo articulado entre investigadores y extensionistas del NOA y del Centro Regional Córdoba de INTA, y empresas de monitoreo, con el objetivo de diseñar un plan de contención para frenar su avance y prevenir su impacto en los cultivos de la región.

“Tomamos conocimiento de la detección del picudo de la soja por parte de Roberto Peralta, de la empresa Halcón, constituyendo el primer registro que hay de esta plaga en territorio cordobés”, informó Eduardo Trumper, coordinador del Programa Nacional de Protección Vegetal del INTA.

La presencia se confirmó en un lote de soja en la zona de Montecristo, cercana a la ciudad de Córdoba. “El lugar del hallazgo llamó la atención porque hasta ahora no hay registros de la plaga en localidades intermedias entre Montecristo y el punto más austral de su detección en las provincias del norte, que es lo que cabe esperar en un escenario de dispersión gradual. De no encontrarse en el norte de Córdoba, la hipótesis sería que el picudo puede haber llegado tan cerca de la ciudad de Córdoba a través de transporte antrópico (causado por la acción humana), como maquinaria agrícola o camiones”, agregó.

El picudo negro de la vaina de soja afecta de forma directa el grano, ya que las hembras colocan huevos en el interior de las vainas y las larvas se alimentan de las semillas, causando daños parciales o totales.

Según Guillermina Socías, entomóloga de INTA Salta y especialista en el complejo de picudos asociados a la soja en el NOA, “en el norte es un problema muy importante porque afecta directamente el grano. Cuando se registran altas densidades del insecto, las pérdidas pueden ser muy importantes, ya que es una plaga difícil de manejar porque los adultos son de hábitos crepusculares y nocturnos y se refugian durante el día, y sus huevos y larvas se encuentran protegidos dentro de las vainas”.

En el NOA, donde la plaga se expandió en las últimas dos décadas, las pérdidas pueden llegar al 70-100% si no se realiza un control adecuado.

La especialista explicó que, en etapas vegetativas, el picudo negro ataca brotes tiernos para alimentarse, pudiendo secarlos y causar que las plantas queden petisas si daña el brote apical, con impactos en el potencial de rendimiento. Durante la fase de llenado de grano, el daño es crítico: las larvas consumen directamente el grano, mientras que las perforaciones realizadas por los adultos para colocar huevos facilitan el ingreso de agua y patógenos que terminan afectando la calidad de las semillas.

La primera detección en Córdoba fue realizada por la empresa Halcón Monitoreos. “Hacia el final de la campaña 2024/25, encontramos mucho daño en vainas que fueron atacadas por larvas en campos en Montecristo”, explicó Roberto Peralta, socio gerente de la firma. “Afectó aproximadamente el 70 % del lote, con fuertes pérdidas de rendimiento. Una soja con una expectativa de 32 quintales rindió 15”, lamentó.

Ante este hallazgo, en marzo de 2025 la empresa realizó un reporte ante el Sistema Nacional de Vigilancia y Monitoreo de Plagas (Sinavimo) del Senasa (Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria de Argentina). “Luego comenzamos a rastrear la zona, para ver dónde más podíamos encontrar la plaga, pero la ubicamos únicamente en algunos lotes sobre la ruta que va de Córdoba a Montecristo. Hacemos muchos monitoreos en Jesús María y en otras localidades más hacia el norte, pero no encontramos absolutamente nada. Por ahora está localizada únicamente allí”, señaló.

“Ante estas apariciones, las instituciones nos suelen llamar, por nuestra actividad de asesoramiento privado. Como recorremos permanentemente los campos, buscan tener otra mirada y una información más completa de lo que va ocurriendo”, destacó, y recordó que, “en enero de 2024, cuando empezamos lotes de maíz afectados por la chicharrita, nos comunicamos con la Secretaría de Agricultura de Córdoba y, junto con el Grupo Río Seco, convocamos a otras instituciones, como el INTA, la Universidad Nacional de Córdoba y la Universidad Católica de Córdoba, para armar una mesa de achaparramiento, y trabajar sobre la problemática de manera articulada”.

A partir de la reciente aparición del picudo, se está planteando la posibilidad de conformar una mesa técnica global de sanidad vegetal, con la Secretaría de Agricultura, el INTA, las universidades y actores privados, como Halcón Monitoreo, que abarquen la problemática desde diferentes ángulos, como la investigación, la extensión y el monitoreo. “La idea es facilitar la interrelación de trabajo institucional”, indicó Peralta.

RED DE MONITOREO Y CONTENCIÓN.

En el marco de la aparición del picudo en Córdoba, el INTA ya activó un plan de acción para determinar si se trata de un foco puntual o de una plaga ya instalada en otras zonas. “Nos visitó Guillermina Socías, de la Estación Experimental Agropecuaria (EEA) de Salta, quien es la profesional del INTA con más experiencia en la biología y ecología de este insecto. Ella recorrió el lote donde se detectó el picudo y compartió sus conocimientos con extensionistas de Río Primero y Jesús María, para conformar un equipo de trabajo que amplíe la capacidad de detección”, explicó Trumper.

La estrategia consiste en articular capacidades entre los Centros Regionales Salta – Jujuy, Tucumán – Santiago del Estero y Córdoba para construir una red de monitoreo y contención junto al sector privado. “Con Socías propusimos comenzar a construir una red, tomando como epicentro este campo en Córdoba, para realizar muestreos en lotes de soja vecinos y determinar si existe expansión. Se activará un anillo de monitoreo circundante para identificar focos y definir la mejor estrategia de manejo”, agregó.

El INTA también prepara recomendaciones de manejo para productores ya que el problema podría expandirse por el transporte de maquinaria. “Debemos generar capacidades con todos los actores para acompañar al sector con monitoreo y manejo, buscando evitar que esta plaga avance y cause pérdidas significativas en la provincia de Córdoba”, concluyó Trumper.

LA EXPERIENCIA DEL NOA

Socías, investigadora del Grupo Innovación Sistemas Agrícolas de la EEA INTA Salta, explicó que el picudo negro de la soja forma parte de un complejo de curculiónidos que tiene unos 30 años de presencia en el norte argentino. En los años 80 comenzó a detectarse Promecops sp., una especie defoliadora de brotes de soja, y hacia finales de esa década apareció Sternechus subsignatus, un picudo deshilachador de tallos, sumamente dañino, originario de Brasil.

“En 2006 detectamos por primera vez a Rhyssomatus subtilis en La Fragua, Santiago del Estero”, relató Socías, quien en ese momento era becaria doctoral del Conicet (Consejo Nacional de Innovación, Ciencia y Tecnología) con lugar de trabajo en la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres, y participó en la identificación del insecto junto a investigadores de Brasil y Estados Unidos.

Esta especie fue descripta en 1937 en el municipio de Jataí, Estado de Goiás, Brasil, pero recién en Argentina se la asoció por primera vez a un cultivo de importancia económica como la soja, donde se convirtió en plaga. Socías señaló que se trata de un insecto univoltino (tiene una cría al año), con una sola generación anual, que divide su ciclo en una fase activa asociada al cultivo de soja y una fase hibernante en el suelo, donde permanece como larva durante el invierno a profundidades de entre 3 y 10 centímetros.

“Para setiembre u octubre comienza el período de metamorfosis, donde pasa a pupa y luego a adulto preemergente, hacia finales de octubre, que espera las precipitaciones de verano para salir del suelo y reiniciar el ciclo con alimentación, cópula y postura de huevos”, explicó, y subrayó que las lluvias juegan un rol clave al permitir la salida de los adultos y la continuidad de su ciclo.

El avance del picudo en el norte argentino fue gradual. Se expandió desde Santiago del Estero al este de Tucumán, el oeste de Santiago, Catamarca y luego hacia el norte salteño. En 2013 se reportó en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, y en 2017 volvió a detectarse en Tartagal, Salta. En las últimas campañas, profesionales del INTA de Quimilí, Santiago del Estero, comenzaron a registrar su presencia y daño, hasta llegar recientemente a Córdoba.

Socías detalló que el insecto posee hábitos crepusculares, con mayor actividad durante la tarde, noche y primeras horas del día, y permanece oculto durante las horas de calor en rastrojos o dentro de brotes de soja. Este comportamiento dificulta su detección temprana. “Cuando te das cuenta de que está presente en el lote, es porque ya tenés una densidad poblacional elevada”, advirtió.

DAÑOS SEVEROS

Los daños que provoca el picudo negro de la soja dependen del momento en que ataca el cultivo. Durante la etapa vegetativa, el ataque a los brotes tiernos puede secarlos y dejar plantas más bajas y con menor potencial de rendimiento. En la etapa reproductiva, puede perforar vainas en formación y provocar su caída, mientras que si el ataque ocurre en la etapa de llenado de grano, las larvas consumen directamente los granos, generando pérdidas totales en la producción. “Una vez que el adulto pone huevos dentro de la vaina, ya no se puede controlar de ninguna manera”, explicó Socías.

Respecto a las estrategias de manejo, la investigadora señaló que en el norte del país se logró controlar la plaga, pero no erradicarla, utilizando curasemillas para proteger la implantación del cultivo y aplicaciones foliares sucesivas. “El problema es que las emergencias de adultos se producen en camadas, tras cada precipitación, por lo que un solo tratamiento químico no alcanza, ya que los productos actuales no tienen residualidad”, aclaró.

De no realizarse controles, los daños directos pueden alcanzar entre el 70 y el 100% del cultivo, debido al consumo de la larva del grano, sumado a un daño indirecto por la entrada de agua y patógenos a través de las perforaciones realizadas por el insecto, deteriorando la calidad del grano. “Muchas veces, todo termina siendo para descarte”, concluyó Socías.

Artículo de Juan Manuel Repetto. Fotos Guillermina Socías | INTA.

Pin It on Pinterest