Invertir en ciencia e innovación hace la diferencia productiva.

Invertir en ciencia e innovación hace la diferencia productiva.

La experiencia brasileña demuestra que la ciencia aplicada al agro puede modificar radicalmente la estructura productiva de un país.

Montevideo | Todo El Campo | Solemos asumir que la ciencia y la innovación son buenas por naturaleza. Es obvio que sí, sin embargo, muchas veces se hace el enunciado a favor de invertir en esas disciplinas pero no siembre se lo acompaña con pruebas tangibles.

El economista jefe de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), Máximo Torero, destacó en un reciente posteo en su cuenta de X @MaximoTorero el papel decisivo de la inversión en ciencia e innovación para transformar la agricultura.

En su mensaje puso como ejemplo el caso de Brasil y la labor de la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa), que logró convertir el Cerrado, una región considerada durante décadas improductiva, en una de las regiones agrícolas más productivas.

Gracias a esa apuesta sostenida por la investigación, Brasil pasó de ser un importador neto de alimentos a consolidarse como uno de los principales exportadores globales, sostuvo el Ec. Torero en su posteo.

Este tipo de transformaciones no ocurren de manera espontánea, sino que requieren visión de largo plazo, financiamiento estable y políticas públicas que prioricen la generación de conocimiento.

La experiencia brasileña demuestra que la ciencia aplicada al agro puede modificar radicalmente la estructura productiva de un país, ampliando su capacidad de abastecer tanto al mercado interno como al externo.

En un segundo mensaje, también publicado en X, el economista anunció que la FAO y Embrapa acordaron fortalecer su colaboración para impulsar sistemas agroalimentarios resilientes, especialmente en regiones tropicales; sitios en los cuales la presión demográfica y la exposición al cambio climático hacen aún más urgente la inversión en investigación, históricamente limitada, sostuvo.

La reflexión de Torero adquiere relevancia en un contexto global marcado por la inseguridad alimentaria y la necesidad de producir más con menos recursos. Su llamado apunta a que los países en desarrollo, particularmente aquellos con vastos territorios agrícolas, comprendan que la innovación no es un lujo, sino una condición indispensable para garantizar sostenibilidad, competitividad y seguridad alimentaria en el futuro.

LA GRÁFICA: EL CONTRASTE ENTRE DOS REALIDADES.

La publicación de Máximo Torero en X está acompañada por una gráfica (publicada a continuación) que busca ilustrar el mensaje central: la importancia de invertir en ciencia e innovación para transformar los sistemas agroalimentarios, especialmente en regiones tropicales. 

La gráfica muestra la evolución de la productividad total en agricultura de Brasil, los países de altos ingresos y el mundo.

Allí se muestra claramente el cambio sustancial de Brasil a partir de la invención y de la intervención de Embrapa (fundada en abril de 1973), logrando un avance que supera a los países de altos ingresos y a la media del mundo.

En conclusión: la gráfica funciona como un llamado de atención, porque si no se incrementa la inversión en ciencia aplicada al agro, los sistemas alimentarios de las zonas difíciles corren el riesgo de volverse insostenibles.

Invertir en ciencia e innovación no es opcional, es una condición indispensable para garantizar seguridad alimentaria, resiliencia en el futuro y seguir creciendo en el país.

¿Cuánto invierten los países del continente, y los Mercosur?; ¿cuánto invierte Uruguay?

HISTORIA DE EMBRAPA SEGÚN EMBRAPA.

En los años 70, la agricultura se intensificó en Brasil. El crecimiento acelerado de la población y del ingreso per cápita, así como la apertura al mercado exterior, demostraron que, sin inversiones en ciencias agrícolas, el país no podría reducir la diferencia entre el crecimiento de la demanda y la oferta de alimentos y fibras.

Dentro del Ministerio de Agricultura, un grupo debatió la importancia del conocimiento científico para apoyar el desarrollo agrícola. En ese momento, los profesionales de la extensión rural comenzaron a plantear la cuestión de la falta de conocimientos técnicos generados en el país para transmitir a los agricultores.

El entonces ministro de Agricultura, Luiz Fernando Cirne Lima, creó un grupo de trabajo para definir los objetivos y funciones de la investigación agrícola, identificar limitaciones, sugerir medidas, indicar fuentes y formas de financiación, y proponer legislación adecuada para asegurar la dinamización de este trabajo.

El 7 de diciembre de 1972, el entonces presidente de la República, Emílio Garrastazu Médici, sancionó la ley Nº 5.851, que autorizaba al Poder Ejecutivo a establecer una empresa pública bajo el nombre de Corporación Brasileña de Investigación Agrícola (Embrapa), vinculada al Ministerio de Agricultura. El artículo 7 estableció un plazo de 60 días para la emisión de los estatutos y determinó que el decreto fijaba la fecha de constitución de la sociedad. El decreto Nº 72.020, de fecha 28 de marzo de 1973, aprobó los estatutos de la Compañía y determinó su instalación en un plazo de 20 días. Esto fue actualizado el 4 de agosto de 1997 mediante el decreto Nº 2.291.

Instalado provisionalmente en el Edificio Palácio do Desenvolvimento, en Brasilia, DF, el consejo de administración de la nueva empresa buscó en el mercado personal que pudiera liderar las actividades de la nueva estructura de investigación.

A finales de 1973, una ordenanza ejecutiva puso fin a la existencia del Departamento Nacional de Investigación y Experimentación (DNPEA), que coordinó todos los organismos de investigación existentes hasta la creación de Embrapa. Como resultado, la Compañía heredó de DNPEA una estructura compuesta por 92 bases físicas: 9 sedes de institutos regionales, 70 estaciones experimentales, 11 propiedades y 2 centros nacionales. A partir de entonces, Embrapa inició su fase operativa, gestionando todo el sistema de investigación agrícola a nivel federal.

En 1974 se crearon los primeros centros nacionales de productos: trigo (en Passo Fundo, RS), arroz y frijoles (en Goiânia, GO), ganado de carne (en Campo Grande, MS) y caucho (en Manaus, AM).

“No basta con investigar: hay que transferir conocimiento a la sociedad”.

“No basta con investigar: hay que transferir conocimiento a la sociedad”.

Científico chileno se refirió a uno de los problemas de la ciencia: que el conocimiento logrado sea transferido a la sociedad para que ésta la valore en su justo término.

Montevideo | Todo El Campo | En los últimos tiempos la ciencia ha ido perdiendo valor en la visión que las sociedades tienen de ella, sustituyendo muchos de sus principios básicos y fundamentales por una visión acorde a lo que cada uno quiere creer de sí mismo, del mundo y de los temas científicos-objetivos que tienen años y siglos de estudios e investigación acumulada, con conocimientos transmitidos, probados y mejorados permanentemente. Esa actitud de asumir como ciertos conocimientos y opinar sobre ellos sin tener idea de nada se llama ultracrepidarianismo, una palabra rara para definir una actitud que vemos todos los días y cada vez más frecuentemente.

Pero todos sabemos que no ha sido la religión, tampoco la superstición y mucho menos la magia la que ha mejorado la calidad de vida de las personas, sino una serie de avances científicos tecnológicos que tienen a la investigación por detrás. Los científicos y la ciencia en la que trabajan son todo lo contrario al ultracrepidarianismo, y detrás de cada avance (una vacuna, por ejemplo) está el conocimiento de quienes se han dedicado a estudiar con seriedad y fundamento.

En la producción agropecuaria ocurre lo mismo.

Uno de los eslabones claves de la cadena productiva en general, en todas sus facetas, es la investigación. En Uruguay, detrás de cada cultivo que vemos cuando recorremos las rutas del país, detrás de cada producto de granja que encontramos en el puesto de la esquina o en cualquier feria barrial, detrás de cada vaca pastando y o corte en alguna carnicería, en todos los casos, siempre hay un científico o un equipo de ellos aportando sus conocimientos y adquiriendo otros para lograr una producción más efectiva y eficiente como amigable con el medio ambiente.

Sin que sea una exageración podemos decir que el corte de carne que tenemos en nuestro plato y la ensalada que lo acompaña son el resultado de conocimiento acumulado y transmitido de generación y generación, y mejorado con nuevas investigaciones y descubrimientos. Eso lo saben quienes producen y trabajan en la elaboración de los productos finales, el problema es que no siempre se traslada a la sociedad.

Todo El Campo ha abordado en varias oportunidades ese desfasaje entre ciencia y sociedad.

En una entrevista publicada por Ciencia en Chile, el docente e investigador Rommy Zúñiga Pardo (foto) dijo que “no basta con investigar: hay que transferir conocimiento a la sociedad”, apuntando a una de las falencias de la investigación en todas partes del mundo, también en Uruguay.

Rommy Zúñiga Pardo es ingeniero de Alimentos, doctor en Ciencias de la Ingeniería con mención en Ingeniería Química y Bioprocesos, y actual director del Doctorado en Bioprocesos y Bioproductos de la chilena Universidad Tecnológica Metropolitana (UTEM). También es académico del Departamento de Biotecnología con una vasta trayectoria que combina investigación aplicada y formación doctoral con un estrecho vínculo con el sector productivo.

HACER CIENCIA CON IMPACTO EN LA SOCIEDAD.

En la citada entrevista se refirió a la biotecnología y los bioprocesos, y también mencionó la importancia de hacer ciencia con impacto en la sociedad.

Por definición -explicó- “los bioprocesos tienen una fuerte connotación ambiental, ya que muchos buscan reemplazar procesos químicos tradicionales por alternativas basadas en materias primas de origen natural, uso de microorganismos para generar productos de alto valor agregado, minimizar productos contaminantes o derechamente orientadas a la descontaminación”.

A eso se suma la responsabilidad social: “La investigación debe ser pertinente al entorno, al territorio, y generar impactos positivos en plazos acotados, no solo a largo plazo”, subrayó.

Los programas de biotecnolgía de UTEM trabajan “principalmente en tres grandes áreas” que son: ambiental, energética y la salud. En lo ambiental, lo hace “a través de procesos de remediación y biorremediación”; respecto a la energía, dijo que la dedicación se da “especialmente la generación de biocombustibles a partir de desechos”; y en cuanto a la salud, se “abordada desde el desarrollo de bioprocesos alimentarios y bioproductos que impacten positivamente en la nutrición y el bienestar de las personas”.

“Nuestro foco es la investigación aplicada con impacto real”, resumió el científico.

VÍNCULO INVESTIGACIÓN – INDUSTRIA.

Consultado sobre los campos de acción de los estudiantes, dijo que realizan trabajo de laboratorio, por ejemplo en “biorremediación de aguas” como la “generación de bioproductos y biocombustibles a partir de residuos”.

A nivel de claustro hay “investigaciones en biorremediación, fitorremediación, diseño de nanopartículas proteicas, digestión in vitro, desarrollo de alimentos saludables y optimización de procesos alimentarios, entre otros”.

“Las líneas del programa son bioprocesos sustentables y bioprocesos alimentarios”, anotó Zúñiga Pardo.

Aclaró que aunque el programa de la universidad sea académico, es de “mucho interés el vínculo (que se pueda formar) con la industria. Varios académicos trabajan directamente con empresas de tratamiento de aguas, alimentos y farmacéuticas”.

La “principal motivación” de la ciencia y las investigaciones que lleva a cabo “es mejorar la calidad de vida de las personas, especialmente desde la alimentación y la salud”, enfatizó Zúñiga Pardo.

Concluyó refiriéndose a la ciencia aportando directamente en la sociedad: “Hacer ciencia con impacto social es lo que me mueve”, y es en este punto donde la afirmación del título adquiere una relevancia mayor y necesaria: no es solo mejorar la vida de las personas sino que las personas también sepan a qué se debe.

En el caso de Chile, “el gran desafío es la baja inversión en I+D (investigación y desarrollo) y la excesiva competencia por recursos. Necesitamos cambiar el switch: dejar de competir y empezar a colaborar mucho más”, concluyó.

Varios países del continente, entre ellos Uruguay, usarán la genómica para salvar sus cultivos y evitar una crisis alimentaria.

Varios países del continente, entre ellos Uruguay, usarán la genómica para salvar sus cultivos y evitar una crisis alimentaria.

A través del uso de tecnologías genómicas y la cooperación entre 17 instituciones, la región da un paso decisivo para blindar su seguridad alimentaria ante el cambio climático.

Montevideo | Todo El Campo | 17 organizaciones de 13 países (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Paraguay, Perú y Uruguay) apuestan a los cultivos estratégicos como el frijol, el maíz y la papa.

Una red científica sin precedentes está transformando la forma en que América Latina y el Caribe conservan y utilizan la diversidad genética de cultivos como el maíz, el frijol y la papa. A través del uso de tecnologías genómicas y la cooperación entre 17 instituciones, la región da un paso decisivo para blindar su seguridad alimentaria ante el cambio climático.

La revista Science Direct publicó el artículo científico “Fortalecimiento de los bancos genéticos nacionales a través de la genómica y la colaboración regional: Lecciones de América Latina y el Caribe” (*) que analiza la estrategia: utilizar la genómica y la colaboración regional para salvar la biodiversidad agrícola de América Latina y el Caribe.

Son 17 instituciones de 13 países que trabajan coordinados con la mira en los cultivos mencionados.

El trabajo de todos estos países a través de sus instituciones apunta a un desafío real y de necesaria atención: la desconexión entre la conservación de recursos fitogenéticos y su uso real en el desarrollo de variedades adaptadas a nuevos desafíos climáticos, sociales y económicos. La genómica es la herramienta clave.

COMUNIDAD DE PRÁCTICA.

La Comunidad de Práctica (CoP) fue establecida en 2022 como una red de bancos nacionales de germoplasma, con el objetivo de fortalecer las capacidades regionales en la generación e interpretación de información genómica (DSI, por sus siglas en inglés).

Desde entonces, sus miembros han comenzado a trabajar en la caracterización genética de cultivos esenciales, compartiendo datos, conocimientos técnicos y buenas prácticas.

El proyecto representa “una oportunidad histórica para cerrar la brecha entre conservación y uso”, permitiendo que los bancos de germoplasma no solo preserven semillas, sino que se conviertan en aliados clave en programas de mejoramiento genético orientados a la adaptación climática y la seguridad alimentaria.

IMPLICACIONES DIRECTAS PARA LA AGRICULTURA Y LA GANADERÍA.

Estas investigaciones tienen implicaciones directas para los sectores agropecuario y ganadero, pues aunque los bancos de germoplasma suelen estar asociados a la agricultura, la ganadería también se beneficia de la disponibilidad de cultivos más resilientes y nutritivos, que pueden ser utilizados en sistemas silvopastoriles o como forraje, especialmente en zonas vulnerables al cambio climático.

El estudio demuestra que una política regional coherente y colaborativa no solo fortalece la ciencia, sino que también facilita el acceso a recursos genéticos para pequeños productores, mejorando su capacidad de adaptación frente a fenómenos como sequías, plagas o enfermedades.

Uno de los principales aportes del estudio es visibilizar cómo la genómica puede revolucionar el trabajo de los bancos de germoplasma. Al permitir un conocimiento más profundo de las características genéticas de cada variedad, se facilita la selección de materiales más resistentes, nutritivos o adaptados a condiciones extremas.

Compartir datos genómicos entre países, capacitar al talento humano local y trabajar con metodologías comunes permite dar un salto cualitativo en la gestión de la diversidad agrícola y en el fortalecimiento de los bancos de germoplasma.

En otras palabras, el ADN deja de ser un concepto abstracto para convertirse en una herramienta tangible que puede impactar directamente la productividad de los cultivos y la sostenibilidad de los sistemas agroalimentarios de la región.

Pese a ser un centro de origen y domesticación de cultivos globales, América Latina y el Caribe aún enfrenta barreras técnicas, financieras y normativas que limitan la conservación efectiva de su biodiversidad agrícola. Si no se adoptan estrategias como la promovida por la CoP, existe el riesgo de perder variedades nativas que podrían ser clave para enfrentar futuras crisis alimentarias.

UN LLAMADO CIENTÍFICO Y POLÍTICO.

Por eso, el llamado de esta investigación no es solo científico, sino también político: fortalecer los bancos de germoplasma nacionales es una inversión estratégica para la seguridad alimentaria y nutricional del continente.

DATO.

El banco de germoplasma de la Facultad de Agronomía de Uruguay (Udelar), fue fundado en 1978 con colecciones del Prof.  Rosengurtt y su equipo.

Entre sus objetivos se destacan: conservar las colecciones de investigadores, caracterizar y actualizar la información de las colecciones conservadas y el soporte de la conservación in situ.

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Artículo en base a Contexto Ganadero y Agrosavia con adaptaciones para Todo El Campo; también información propia. Foto de Agrosavia.

(*) Artículo científico completo publicado en Science Direct: Fortalecimiento de los bancos de genes nacionales a través de la genómica y la colaboración regional: Lecciones de América Latina y el Caribe – ScienceDirect

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Hay que generar canales de comunicación entre la ciencia y la política.

Hay que generar canales de comunicación entre la ciencia y la política.

En un congreso sobre ciencia realizado en Colombia se incluyó un panel sobre la comunicación, el acceso y el entendimiento de la ciencia. Los panelistas coincidieron en que el mensaje científico debe llegar a la política de forma clara.

Hébert Dell’Onte Larrosa | Montevideo | Todo El Campo | Se realizó en Bogotá, Colombia, el XII Encuentro RedBio 2025, evento que convocó a científicos, no científicos y periodistas especializados en esa temática, y desarrollo diversos paneles, uno de ellos titulado “Políticas públicas para la ciencia, investigación e innovación” que hizo foco sobre el vínculo de la ciencia y la política.

Participaron de la mesa diálogo la diputada colombiana Yulieth Sánchez Carreño, integrante de la comisión de ciencia y tecnología del Parlamento de ese país; Pedro Rocha Salavarrieta, coordinador de biotecnologia y bioseguridad del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura; Diego Villanueva-Mejía, investigador y docente de la Universidad EAFIT; y Alejandra Sánchez Zuluaga, politóloga vinculada al asesoramiento científico en el Parlamento colombiano.

La moderación estuvo a cargo de María Andrea Uscategui, directora ejecutiva de Agro-Bio Colombia.

LA CIENCIA DEBE DAR UN MENSAJE MÁS CLARO.

Sánchez Carreño abrió la participación de la mesa destacando la importancia de que la política y la ciencia puedan trabajar en conjunto, y planteó la necesidad de que los científicos bajen al llano en sus conceptos y terminología para poder ser entendidos.

Dijo que en la ciencia hay personas demasiado estudiosas con aspectos muy técnicos y “los políticos a veces sentimos que debemos bajar toda esa técnica y términos para que la gente pueda entender”, y eso incluye a los políticos que muchas veces son los que trasladan el mensaje.

“La invitación es que los investigadores bajen ese mensaje para que nosotros podamos entender, enamorarnos en los proyectos científicos en los que ustedes trabajan, y nosotros podamos acompañarlos desde el Parlamento, y poder decir que determinado proyecto de ley, trabajado en conjunto entre la investigación la educación y el parlamento, puede convertirse en ley”.

La legisladora reiteró el concepto: “Trabajemos de la mano, pero necesitamos que los científicos nos bajen el mensaje más claro con términos que sean entendibles por la gente. Estamos dispuestos a escucharlos y aprender muchísimo, porque ustedes con la investigación nos ayudan con el desarrollo en nuestro país, y queremos seguir trabajando juntos”.

DIFUNDIR CIENCIA CON SENCILLEZ Y SIN PERDER EL RIGOR TÉCNICO.

Pedro Rocha dijo que “los políticos tienen buenas intenciones, pero no son sabios que lo saben todo, y es ahí donde puede haber una gran desconexión entre la política, la ciencia y los científicos. No hay que dejar solos a los que hacen las políticas y toman las decisiones, porque no necesariamente tienen el conocimiento técnico sobre las cosas donde muchas veces hay que tomar decisiones sobre asuntos específicos”.

Muchas veces cuando uno habla con investigadores, éstos toman distancia de lo político por entender que es “muy burocrático”. En eso “hay un error, porque la burocracia debe existir, aunque hay algo que no se le puede perdonar a la burocracia, y es que no funcione”. Lo correcto es “que la burocracia exista para que las cosas funcionen”. Pero lo importante aquí es que “no se debe dejar solos a los hacen la política y toman las decisiones”, enfatizó.

Comunicar la ciencia en un lenguaje simple es lo que se debe hacer, “pero hay que establecer los canales de comunicación”, planteó. “Cuando se trata de ciencia hay que ser muy consciente del rigor técnico, pero sabiendo traducirlo y entregarlo a los que toman decisiones”.

El trabajo científico no siempre tiene notoriedad en el general de la sociedad, ni en las redes sociales que son hoy un vehículo de comunicación importante, y “una iniciativa científica puede truncarse por el impacto político (negativo) que puede tener alguna decisión, y eso no se da porque los políticos sean malos, sino que es una situación que existe relacionada con el funcionamiento de nuestras democracias”.

Además “hay que reconocer la heterogeneidad de los diferentes miembros de la sociedad y de los distintos países. Es necesario tomar en consideración que hay múltiples grupos, y una de las características de los parlamentos es que deben tomar decisiones, hacer política, incluyendo muchos grupos” de interés o de opinión.

GENERAR MESAS DE TRABAJO ENTRE CIENTÍFICOS Y POLÍTICOS.

Villanueva-Mejía fue consultado sobre las barreras que impiden que la ciencia fluya en lo político, y contestó que esa respuesta “quizá no la tenemos tan clara por parte de los científicos ni de los políticos”.

“Sí hay una limitación en la comunicación científica, pero la ciencia no puede ser un accesorio en la toma de decisiones. La ciencia tiene que ser el pilar fundamental y estructural en la toma de esas decisiones públicas”.

Un problema es que los políticos “son muy reactivos y responde en el corto plazo, cuando hay otros intereses y muchas veces no se piensa en la globalidad o integralidad, sino en lo que está ocurriendo. Eso pasa mucho en Latinoamérica”. En cambio, reflexionó que “la ciencia permite tomar decisiones que nos lleven a un desarrollo oportuno en el mediano y largo plazo, y por eso hay que trabajar juntos y para eso es necesario estar muy conectados”.

Para esa conexión no es necesario hacer foros, aunque “son ejercicios muy valiosos”, pero “una de las cosas que debería institucionalizarse es la existencia de mesas trabajo permanente, en la que los científicos y los políticos conversemos, para que salgan programas, proyectos, declaraciones oportunas”.

Cuando se lanzan “proyectos que regulan y permiten el desarrollo de la región basado en ciencia, no hay tanta restricción ni prohibición, hay más entendimiento sobre lo que hacemos, y por lo tanto el conocimiento, las starup, los emprendimientos y las innovaciones pueden desarrollarse en la región”.

Por el contrario, “cuando los políticos nos asfixian con regulaciones, lo que ocurre es que la starup y los innovadores se van porque no pueden generar desarrollo en la región, y eso nos frena. Es un cuello de botella que hay que atacar, porque la innovación y la ciencia deben permitir el desarrollo de la región”.

INSTITUCIONALIZAR EL ASESORAMIENTO CIENTÍFICO EN EL PARLAMENTO.

Alejandra Sánchez Zuluaga busca institucionalizar la asesoría científica en el legislativo trabajando junto a la diputada Jennifer Pedraza. Al intervenir en el panel, dijo que “el acceso al conocimiento es una disputa en el mundo, porque para miles de comunicades el conocimiento sigue siendo un privilegio, y por eso la necesidad de una divulgación científica y la apropiación social del conocimiento. Pero eso no sucede sin lo mínimo que se precisa para lograrlo que es el presupuesto”.

Advirtió que “hoy en el mundo están triunfando discursos anticientíficos, y es un auge que los políticos han usado para retroceder en la inversión en ciencia, tecnología y educación; y ese auge de discursos populistas y demagogos que está tomando fuerza en América Latina lo tenemos que parar. ¿Cómo?, a través de evidencia científica porque la ciencia, el conocimiento y la educación transforman vidas y resuelven problemas sociales. Ahí está la función social de la ciencia”, enfatizó.

Por esas razones, desde el Parlamento “hemos promovido la creación de una Comisión permanente para hablar, discutir y hacer control político sobre todos los temas de ciencia”.

En Colombia “no ha habido políticos que se dediquen a la ciencia, que pongan la lupa en el presupuesto de la ciencia, y tampoco hay control político”. Sin embargo, no es solo controlar, sino también “generar un puente de interlocución” entre científicos y políticos.

Otro reto es que los parlamentarios no siempre son los que toman decisiones, por tanto “ahora necesitamos que la figura que ya está en el Parlamento como control político, llegue a la rama ejecutiva” con alcance a los alcaldes, los intendentes y por supuesto ministros e incluso el presidente.

Es muy “dramático” y se debe corregir, que “la política llega tarde a la ciencia; necesitamos pasar a la acción”, finalizó.

Montossi sobre los relatos falsos respecto a la carne: deben abordarse desde un perfil “científico y técnico”.

Montossi sobre los relatos falsos respecto a la carne: deben abordarse desde un perfil “científico y técnico”.

“Ojo los países que no apoyan la investigación con buenos recursos”, porque si no se investiga “se están condenando sectores tan importantes como el agro y en particular la ganadería de carne”.

Montevideo | Todo El Campo | Convocado por Cooperativas Agrarias Federadas (CAF) para participar de su Asamblea Anual, el Ing. Agr. Fabio Montossi, investigador del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) presentó el estudio “Construyendo un enfoque regional de Ganadería Bovina Sostenible: una primera experiencia en el Cono Sur y Bolivia”, realizado en el marco de un proyecto del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Entrevistado en el programa Diario Rural (CX 4 Rural), sobre cómo se sentaron las bases para trabajar en medir ganadera en los países involucrados y los resultados alcanzados, Montossi explicó que IICA y el BID poseen “una plataforma de ganadería bovina sostenible, que trata junto con el CAS (Consejo Agropecuario del Sur, integrado por Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay), para generar un ámbito que permita contribuir al desarrollo de un modelo sostenible”.

En ese marco se estudiaron algunos grandes temas, entre ellos la búsqueda de “información sobre las brechas tecnológicas para cuatro servicios ecosistémicos, que son balance de agua, balance de carbono, biodiversidad, y bienestar” para “conocer en esos países cuál es la información y la tecnología disponible para los productores, y también para las políticas de Estado. Por otro lado, se quería saber cuál era la demanda del sector público como privado. Ese fue un trabajo específico”, explicó.

Además, hubo “otro trabajo que también fue importante”, donde Montossi no estuvo directamente involucrado, que trató sobre el desarrollo de indicadores a nivel país para sostenibilidad ganadería”.

Un tercer trabajo, realizado sí por el entrevistado, estuvo vinculado a “cómo están funcionando los inventarios nacionales de gases de efecto invernadero”; los inventarios, “donde se generan todos los indicadores de emisión de cada país, y en algunos casos también se registra la captura de carbono que están generando esos países, para los informes que se hacen en el marco del Acuerdo de París”.

RESPONDER DESDE LA CIENCIA.

Agregó que hay “una estrategia que trata de ponerle a la producción de carne y a las proteínas de origen animal, una serie de elementos diciendo que la producción de carne está generando problemas ambientales, en la salud humana, problemas de bienestar animal, falta de ética, que es una producción que va contra la biodiversidad, que contamina el agua, que es desencadenante del cambio climático. Toda retórica y ese relato que se está tratando de generar hay que abordarlo desde el punto de vista científico y técnico”, y esa es una acción que “venimos tomando desde hace 15 años”.

Pero “ahora hay dos elementos importantes”, enfatizó: “Primero, la ciencia está demostrando que eso no es así”; y “segundo, es que hoy somos más de 1.200 científicos en todas partes del mundo nucleados, detrás de las declaraciones de Dublín primero y Denver después (ver ambas declaraciones al pie del artículo), desarrollando una estrategia de poner elementos sólidos y robustos desde el punto de vista científico y tecnológico, demostrando que para todos esos problemas la ganadería es parte de la solución y no del problema”.

En cuanto al informe sobre los países del Cono Sur, Montossi dijo que hasta ahora “no había un trabajo que juntara todo lo que se había hecho en ciencia en esas cuatro áreas y menos con una mirada, desde el Cono Sur más Bolivia” y eso “es un primer logro”.

Añadió que “tenemos mucha información científica generada en toda el área de carbono y balance de carbono; podemos seguir con bienestar animal, pero viene bastante retrasado todo lo que es el balance del agua en los sistemas ganaderos y lo que tiene que ver con la biodiversidad. Esa es una primera gran conclusión”.

Asimismo, a nivel global hay “temas claves vinculados a los inventarios de los países: Cuando los países tratan de mostrar las reducciones de las emisiones, hay elementos claves que son contabilizar esas emisiones con factores de emisión. A pesar de los avances hay serios problemas de tener buenas fuentes de información y fundamentalmente que esa información que esté se pueda utilizar”, reclamó, “porque no necesariamente se puede por un problema de diálogo entre las políticas públicas y la investigación que se está haciendo”. En ese sentido, Uruguay, “está mejor posicionado”.

Otro punto “importante es que la lógica de los procesos de certificación de carbono reducido o neutro en la ganadería de carne, es parte de la realidad, pero tiene una lógica desde el predio. Se certifican al predio, no al país”.

Esas son área de mejora, “porque todavía nos falta información en la región y ponernos de acuerdo de cuánto es la captura que tenemos de carbono producto, por ejemplo, de distintos tipos de pastura, y ni qué hablar del campo natural. Ese es un desafío en el que tenemos que apurarnos”, aunque “reconozco que no se hace de un día para el otro, porque mover la materia orgánica del suelo necesita por lo menos cinco años”, por lo que también debemos pensar “en el tipo de experimento para generar la información. Y ahí queda claro que se necesitan plataformas de largo plazo”.

En ese aspecto “estoy muy orgulloso del Uruguay, porque el primer experimento a largo plazo que tiene la región sur y el continente, lo tuvo Uruguay en 1964, con las rotaciones agrícolas ganaderas en (INIA) La Estanzuela que implantó (el Ing. Agr. José) Lavalleja Castro”, y a partir de allí “supimos qué pasaba con el carbono si además de la agricultura poníamos dos hasta cuatro años de pastura. La noticia fue muy buena y terminó hasta en una política de uso y manejo del suelo, con la que Uruguay se diferencia del resto del mundo”; y hoy “tenemos otras seis plataformas más. Y la última es la de campo natural que es el experimento de largo plazo en Glencoe sobre campo natural y sistemas de manejo del pastoreo para poder ver qué pasa con la biodiversidad, con el bienestar animal, el carbono, y también podemos medir agua. Esas plataformas deberían estar en todos los países”.

Esos son temas que “hacen, no solo a la competitividad, hacen a la socioeconomía de estos países, porque esta zona tiene el 25% del ganado del mundo. Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay, se llevan un tercio de la exportación mundial de carne, entonces, todo lo que pasa en estos países marca la agenda productiva y socioeconómica, porque la ganadería es muy importante para la economía de cada uno de estos países”.

“Tener ese mapa y ese estado de situación es lo mínimo que uno debe tener para empezar a cambiar cosas”, enfatizó.

OJO CON LOS PAÍSES QUE NO APOYAN LA INVESTIGACIÓN.

En la entrevista Montossi hizo referencia a “la credibilidad de la sociedad o lo que se llama la licencia social de cada uno de los actores de la sociedad”.

Destacó que “la ciencia y la tecnología tienen un lugar destacado” porque son disciplinas a las que la opinión pública “todavía le cree” en contraste con “otros actores de la sociedad” a los que “no necesariamente le creen”, entre los que están “los políticos y la prensa”.

“Ojo los países que no apoyan la investigación con buenos recursos, porque en el fondo se están condenando sectores tan importantes como es el agro y en particular en este caso a la ganadería de carne”.

En el caso de Uruguay, “estamos preparados”, pero con mucho por hacer en algunas áreas específicas. Si se analiza el bienestar animal, “hay cosas que todavía tenemos que mejorar a nivel de los sistemas productivos”. Si analizamos la biodiversidad, “sí, somos biodiversos, tenemos una cantidad de biodiversidad, pero tenemos que medirla y utilizarla a favor del productor”. Y “en el tema agua se tiene mucha información, pero en el sector ganadero es un área donde debemos trabajar más”.

LA CIENCIA CON UNA ACTITUD PROACTIVA.

“Esto es continuo, dinámico y va cambiando con el tiempo. Porque van cambiando los umbrales que nos ponen y la manera en que ponen los umbrales, tanto a nivel de políticas públicas como en el mercado. Continuamente hay que tener la información antes que hagan el siguiente movimiento, y eso requiere muy buena planificación y los recursos necesarios”.

Por último, observó que “sobre estos temas” planteados “hay cierta reticencia en distintos sectores de la agropecuaria nacional, desde el punto de vista de decir: ‘Ahora vienen con otra política paraarancelaria, nos quieren achicar los mercados, nos quieren hacer pagar más plata, hacer protocolos’. En eso hay algo de cierto, y esa es la pelea que es importante”.

Sin embargo, “también está la actitud proactiva, y realmente estoy convencido que el desarrollo de una ganadería sostenible es posible en Uruguay”.

Nuestro país se “juega mucho en desarrollar este modelo para el futuro de la ganadería y para el futuro de la generación que está entrando nueva en el sector”.

En resumen, “el mensaje positivo siempre y cuando nos hagamos cargo, cada uno de los actores de la cadena, de contribuir hacia ese modelo”.

Video de CAF: ¿Cómo se prepara Uruguay para la COP30? Presentación de Fabio Montossi y la subsecretaria de Cancillería, Valeria Csukasi. La presentación la hizo el presidente de CAF, Pablo Perdomo, y la moderación es de Fernando Bide, también  de CAF.

Artículo relacionado: Construyendo la ganadería sostenible, trabajo publicado por el BID e IICA con la participación de Uruguay. – Todo El Campo

Declaración de Dublín: La declaración de Dublín de los científicos

Declaración de Denver: El llamado a la acción de Denver

Glencoe, campo natural: Cocreación de una estrategia de comunicación para el manejo sostenible del campo natural: el caso Glencoe Experimento a Largo Plazo (GELP). | INIA

ENTREVISTA COMPLETA.

Fabio Montossi | Diario Rural | CX4 Rural

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