Más plata para el Estado: Fondo de Inspección Sanitaria pasa a Rentas Generales, una decisión que la Federación Rural definió como “atropello a la competitividad”.
Montevideo | Todo El Campo | La Federación Rural definió como “atropello a la competitividad” que el Fondo de Inspección Sanitaria (FIS) pase a Rentas Generales.
En un comunicado público la Federación Rural expresó que el FIS “grava todas las carnes faenadas en Uruguay, además de la carne importada y el ganado en pie” pasará a Rentas Generales.
Es “un tributo creado para fortalecer la sanidad y la transparencia del sistema cárnico”, que con la resolución ya ratificada “pierde su destino específico y pasa a engrosar la caja del Estado”.
La institución que representa a los productores de todo el país considera que estamos ante “un nuevo atropello” a la cadena productiva “que ya carga con múltiples costos y obligaciones”.
“Mientras el sector productivo discute la injusticia del 1% municipal, el Estado consolida en silencio otro 1% que se lleva más de 30 millones de dólares por fuera de la cadena cárnica”, cuando son recursos que “deberían volver al sistema sanitario, a la competitividad y al desarrollo del interior productivo”.
La decisión confirma y profundiza que “Uruguay no solo es un país caro, es un país costoso” que redunda en contra de la competitividad y la producción.
“Un país costoso no le sirve a nadie”, enfatiza la Federación Rural: No le sirve al productor, no le sirve a la industria, no le sirve al trabajador rural, no le sirve al propio Estado.
Concluye que la cadena cárnica de Uruguay es “una de las eficientes y auditadas del mundo”, y como tal “merece reglas claras, respeto institucional y un sistema tributario que acompañe, no que castigue”.
La defensa de la competitividad “no es un capricho gremial”, sino que es “defender el trabajo, la producción y el futuro del país”, cierra el comunicado.
CREACIÓN DEL FONDO DE INSPECCIÓN SANITARIA (FIS).
El FIS se creó en 1970, por ley Nº 13.892, promulgada el 19 de octubre, con la finalidad de financiar los servicios de inspección sanitaria de carnes y productos de origen animal, asegurando la calidad para el consumo interno y la exportación.
La ley estableció un impuesto específico a las exportaciones del 1% sobre el valor de vacunos y ovinos en pie, y de carnes de distintas especies (vacuna, ovina, suina, equina, aves y caza menor), excepto las conservadas. También en el mercado interno, del 1% sobre el precio de la carne vacuna y ovina destinada al consumo nacional.
La ley 13.892, en su artículo 421, establece con precisión: “Las recaudaciones serán vertidas en una cuenta corriente del Tesoro Nacional denominada Fondo de Inspección Sanitaria”, el cual “se destinará a atender el pago de las retribuciones personales y gastos, de cualquier naturaleza, que demande al Ministerio de Ganadería y Agricultura el contralor higiénico, sanitario y tecnológico en los frigoríficos, mataderos, saladeros, fábricas de carnes preparadas, fábricas de embutidos, cámaras frigoríficas y transportes frigoríficos, como así de toda autorización de exportación de carnes y subproductos comestibles, incluso del acto de su realización en los lugares de embarque” según decretos existentes. La ley es clave porque garantiza que la carne uruguaya cumpla con estándares internacionales en materia sanitaria, y sostiene la reputación de Uruguay como exportador de carne de alta calidad.
No se puede atender temas tan delicados y trascendentes como el ambiental sin la presencia activa y protagónica de quienes producen y son responsables de buena parte de la economía del país.
Hébert Dell’Onte Larrosa | Montevideo | Todo El Campo | ¿Qué tan lejos está la institucionalidad rural del Ministerio de Ambiente? La pregunta surge porque aparentemente hay una desconexión importante entre el medio amiente y la producción agropecuaria, sin embargo, ¿hasta qué punto eso es real y cuánto tiene de espejismo surgido por la falta de ámbitos de diálogo permanentes, formales y transparentes entre las partes?
Uruguay es un país agropecuario. Por economía, cultura e identidad, estamos unidos a la producción agropecuaria y esa es una realidad innegable. A nadie en su sano juicio se le puede ocurrir cambiar esa matriz, que sería dejar de ser lo que somos, lo que nos ha dado un lugar en el mundo y prescindir aquello por el cual el mundo nos conoce y valora.
Partiendo de esa premisa incambiable de “Uruguay, país agropecuario”, el desafío es cómo coordinar esa característica con uno de los mayores retos globales: el cuidado del medio ambiente.
Sabemos que el mundo se ha impuesto trabajar en la reducción de emisiones y corregir los altos índices de contaminación humana que se dan en todos los sitios del mundo a los que el ser humano ha tenido acceso. En ese contexto y con una visión equivocada muchos entienden la producción agropecuaria como un serio problema, pero las investigaciones científicas y alejadas de toda acción publicitaria han demostrado que el campo no solo es clave por producir alimentos, sino porque es de las actividades que menor contamina, y además controla sus propias emisiones. En Uruguay hay destacados científicos capaz de exponer claramente sobre esos temas y con absoluta claridad tirar por tierra los prejuicios que se repiten sin sustento.
A tal punto eso es así que ninguna actividad económica del país tiene la importancia de la agropecuaria y además ayuda al cumplimiento de las metas ambientales, y con el avance de las investigaciones esos objetivos se van alcanzando y cumpliendo de forma cada vez más contundente.
Llegados a este punto vamos a lo del título: ¿por qué la institucionalidad rural, el Ministerio de Ambiente y el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca no han conformado una mesa de trabajo o un convenio marco de cooperación con el objetivo de promover acciones que beneficien al sector productivo y el cuidado del ambiente, a la vez?
En Uruguay no hay sector que cuide el medio ambiente más que el rural, y eso ocurre por la básica razón de que el productor necesita de un ambiente sano para lograr los mejores resultados. Cuidar un bien prestado y finito como es el de la naturaleza es clave y el hombre de campo lo sabe, y lo asume cada vez más.
Es verdad que el MA y el MGAP han firmado convenios específicos para coordinar políticas de desarrollo productivo sostenible. Por ejemplo, en 2021, ambos ministerios firmaron acuerdos para promover un desarrollo productivo sostenible en el sector agropecuario; y en 2024 se lanzó el proyecto Ganadería Sostenible Uruguay, financiado por la Unión Europea (a través de Euroclima), y liderado por el MA y MGAP.
Seguramente hay otras iniciativas, pero ¿cuál es el rol que cumple la institucionalidad rural no gubernamental? No se puede atender temas tan delicados y trascendentes como el ambiental sin la presencia activa y protagónica de quienes producen y son responsable de buena parte de la economía del país.
No está clara la integración de instituciones como la Federación Rural (FR), la Asociación Rural del Uruguay (ARU) o Cooperativas Agrarias Federadas (CAF), entre otras, a pesar de que todas ellas han abordado en distintas instancias la importancia de los temas ambientales.
Lo que planteo no es un invento sin sustento. Hace un año (setiembre de 2024) y aquí cerca, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (Mades) de Paraguay y la Asociación Rural de Paraguay (ARP) firmaron un convenio de cooperación con el objetivo de fortalecer el trabajo conjunto, promoviendo acciones que beneficien al sector productivo y al cuidado del ambiente a la vez.
Los puntos fundamentales del acuerdo Mades-ARP pasan por la promoción de prácticas agrícolas sostenibles, la protección de los recursos naturales y la implementación de programas educativos para las comunidades locales. Todos objetivos aplicables a Uruguay, aunque podrían adaptarse o agregarse otros según nuestra idiosincrasia. Se busca así no solo el bienestar ambiental, sino también el desarrollo económico y social de las regiones rurales del país, dice la información oficial paraguaya al respecto.
El cuidado ambiental no es solo responsabilidad del Estado, del MA ni del MGAP, fundamentalmente es responsabilidad de los ciudadanos, de la sociedad, y por eso el clave que se integre a la institucionalidad rural.
Solo hay que tener voluntad política, animarse a dar el primer paso, una llamada telefónica, un mensaje de WhatsApp desde alguno de los ministerios y poner fecha de encuentro, para comenzar a dialogar. Casualmente y por fortuna para Uruguay, el mejor aliado del cuidado ambiental es el principal motor económico del país: el agro. Ojalá nuestros gobernantes puedan verlo con claridad.
Estos escudos no son meros adornos, son relatos visuales de la historia productiva de cada región, donde el agro ha sido motor de desarrollo y cohesión social.
Artigas | Todo El Campo | La agropecuaria es el corazón económico y cultural de Uruguay, y su importancia se refleja no solo en las cifras productivas, sino también en los símbolos que identifican al país y sus departamentos. Los escudos departamentales y el Escudo Nacional son testimonio gráfico de cómo el campo, la ganadería y la agricultura han moldeado la identidad nacional.
LA AGROPECUARIA COMO MOTOR DEL PAÍS.
El sector agropecuario representa un aporte fundamental al producto interno bruto (PIB) y es clave en las exportaciones uruguayas. Uruguay se destaca por su producción de carne vacuna, lácteos, soja, arroz y trigo entre otros, consolidando su reputación como proveedor confiable de alimentos.
La agroindustria ha evolucionado hacia prácticas sostenibles, integrando innovación tecnológica y políticas de cuidado ambiental.
LOS ESCUDOS.
El Escudo Nacional de Uruguay apela a elementos de la producción nacional para reflejar valores superiores que hacen a la Nación. La balanza de justicia representa la equidad. El cerro de Montevideo con su fortaleza simboliza la fuerza. Para expresar la libertad se eligió el caballo negro, y la abundancia es representada por un buey dorado. Aunque indirectamente, estos dos componentes son un reconocimiento directo a la ganadería, columna vertebral de la economía.
También varios escudos departamentales incluyen simbologías agropecuarias. Aquí algunos ejemplos.
El escudo de Artigas incluye caña de azúcar y el cultivo del arroz, además de una vaca, destacando la tradición agrícola del departamento.
Canelones modificó su escudo en 2010, con dos campos claramente diferenciados, uno azul que representa el turismo y otro vere con una espiga que representa la agricultura. Es el único departamento que tiene todas las producciones agropecuarias del país, con la única excepción del arroz. El escudo anterior al actual fue el primero y data de la dictadura (1977), por eso fue cambiado, y como el actual hacía referencia a la agricultura con cuatro espigas de oro.
Además de espigas, un detalle reiterado en otros escudos, Colonia también tiene una abeja, con lo cual simboliza el trabajo.
Durazno exhibe espigas de trigo y vellones de oveja.
El departamento de Florida colocó en su escudo tres caballos en referencia a las batallas por la independencia.
Lavalleja se representa a través de un arado y una parva de trigo; también un toro. Así resume la riqueza productiva del departamento.
Paysandú representa la producción a través del trigo.
Río Negro hace referencias al campo con un vacuno y una espiga de trigo.
Soriano se destaca por el caballo blanco como símbolo de libertad.
El escudo de Tacuarembó tiene la particularidad de presentar la mano de un agricultor lo que refuerza de forma novedosa para los escudos de los otros departamentos, la bondad de la tierra. Además, un ovino y una vaca complementan la riqueza agropecuaria.
PASADO Y FUTURO LIGADO AL CAMPO.
En tiempos de globalización los escudos departamentales recuerdan que el país se construyó sobre la base de la producción agropecuaria y que su futuro sigue ligado al campo, su producción, su innovación, su evolución tecnológica y en su apuesta a la calidad.
En conclusión, la agropecuaria no solo sostiene la economía de Uruguay, sino que también está grabada en sus símbolos patrios y departamentales. Los escudos son un espejo de la historia y un recordatorio de que el campo sigue siendo el alma del país.
Tras un 2025 marcado por la inestabilidad, los agricultores de arroz apuestan por un 2026 con reducción del inventario para reequilibrar el mercado.
Brasil | Todo El Campo | El presidente de la Federación de Asociaciones de Agricultores de Arroz de Rio Grande do Sul (Federarroz), Denis Nunes, presentó una evaluación del desempeño del sector arrocero en 2025 y las expectativas para el próximo ciclo productivo. El funcionario señaló que el año estuvo marcado por una fuerte presión sobre los precios, dificultades para acceder al crédito y intervenciones gubernamentales consideradas fundamentales para evitar un colapso más profundo del mercado.
Nunes destacó la caída del precio del arroz que comenzó a un valor y con el transcurso del año, a medida que avanzaba la cosecha, fue cayendo a pecios mínimos.
“El mercado se vio presionado por la buena cosecha en todo el Mercosur y por la entrada de India en las exportaciones, que bajó los precios internacionales y también afectó a Estados Unidos. Esta cadena acabó teniendo repercusiones aquí”, expresó el presidente de Federarroz
Ante la tendencia a la baja, Federarroz buscó alternativas con el gobierno federal. En junio, la entidad articuló la liberación de fondos para contratos de opción, de unos 300 millones de la moneda local. Eso permitió un alivio que fue parcial. “En julio, con los cambios en el Plan de Cultivos, los bancos empezaron a restringir el crédito, los tipos de interés siguieron siendo altos y muchos productores tuvieron dificultades para financiar el siguiente ciclo”, recordó.
Otro factor de advertencia es la reducción de la superficie plantada. Una encuesta presentada por el Instituto del Arroz del Río Grandense (IRGA) en Expointer indicó inicialmente 920.000 hectáreas en la cosecha 2025/26, aproximadamente un 5,7% menos que en la temporada anterior. Sin embargo, dado que la plantación aún no está completa, Nunes estima que la caída podría acercarse al 10%, llevando la superficie a aproximadamente 880.000 hectáreas. La menor disponibilidad de crédito y la reducción de la fertilización también deberían afectar a la productividad.
Por otra parte, incluso con precios deprimidos, Nunes afirma que Brasil ha demostrado ser muy competitivo en el mercado extranjero debido a la calidad del producto.
“Y esto debería resultar en uno de los volúmenes de exportación más altos de la historia. Con la expectativa de liberar las primas de salida, creemos que podrá acelerar aún más los envíos, reduciendo las existencias para la cosecha de 2026, un punto clave para reequilibrar el mercado”, continuó Denis Nunes.
Señaló que el año próximo será un reto, estimando que “será una cosecha difícil; pero si conseguimos entrar en 2026 con inventarios más pequeños y con los mecanismos de soporte funcionando, podríamos tener un escenario algo más favorable”.
En base a artículo de Artur Chagas/AgroEffective en Agronews. | Foto UPRA.
Científicos chinos eliminaron más de 80 huesos pequeños de la carpa cruciana, y se espera que en 2026 esta variedad del pez esté disponible en el mercado. No se mutila al ejemplar ya que el esqueleto principal continuó desarrollándose con normalidad.
China | Todo El Campo | Un equipo de investigación de la Academia China de Ciencias, dirigido por el académico Gui Jianfang, anunció oficialmente el descubrimiento de un nuevo híbrido de carpa cruciana sin espinas, denominado “Zhongke 6”, en Pekín el 22 de diciembre. Se espera que esta nueva especie se reproduzca masivamente en el futuro.
La especie es de las más importantes y codiciadas en el mercado chino, gracias a su carne tierna, deliciosa y nutritiva. Sin embargo, cada ejemplar contiene más de 80 espinas pequeñas, lo que no solo representa un peligro de asfixia para los consumidores, sino que también limita significativamente su potencial para su procesamiento en albóndigas de pescado, conservas de pescado y otros productos procesados.
Los investigadores decodificaron el complejo mapa genético del pez e identificaron el gen clave que regula el desarrollo de las espinas, pudiendo eliminarlos con precisión. El resultado es una carpa híbrida sin espinas musculares. La idea de crear esta raza de pez surgió en 2021.
Dado que la carpa cruciana posee múltiples conjuntos de cromosomas, el equipo de investigación tuvo que emplear técnicas de edición genética (Crispr-Cas9), que actúan como «tijeras moleculares», para realizar intervenciones precisas. Al cortar genes en la etapa embrionaria, los científicos eliminaron las instrucciones para el desarrollo de las espinas. Esto garantizó que la vía biológica de unas 80 espinas nunca se activara, mientras que el esqueleto principal del pez continuó desarrollándose con normalidad.
El académico Que Kien Phuong afirmó que esta carpa cruciana híbrida sin espinas puede nadar y crecer con normalidad, y su sabor se mantiene inalterado, eliminando las espinas pequeñas desde el principio, lo que facilita su consumo. Además, su esterilidad ayuda a evitar riesgos ecológicos.
Esta especie de pez está optimizada con tres características sobresalientes: alta productividad, buena resistencia a enfermedades en entornos de acuicultura de alta densidad y menores requerimientos de alimento mientras sigue produciendo la misma cantidad de proteína de alta calidad.
Según este científico, la introducción del animal deshuesado cambiará significativamente los patrones de consumo anteriores, abriendo un mercado de cientos de millones de yuanes para el procesamiento profundo y mejorando el consumo de las principales especies de peces de agua dulce en China. “Actualmente estamos debatiendo cómo industrializar el cultivo del carpín deshuesado; ahora solo nos queda el último paso”, enfatizó Gui Jianfang.
Esta investigación pionera es un “proyecto de expansión” en el marco del programa de investigación estratégica de la Academia China de Ciencias titulado “Diseño y mejora de precisión”. La noticia sobre la carpa cruciana sin espinas se convirtió rápidamente en tema de conversación en la red social china Weibo. Algunos internautas expresaron en broma su deseo de que en el futuro haya frutos sin semillas.