Una vida dedicada a la tierra, el rol de la mujer en la producción familiar y la compleja realidad de la rentabilidad y el arraigo juvenil en el medio rural.
Canelones | Todo El Campo | A pocos kilómetros de la capital departamental, en la zona de San Antonio, departamento de Canelones, el pulso del campo se mide en esfuerzo diario, constancia y una profunda vocación por la tierra. En el marco del Día Internacional de la Mujeres Rurales, celebrado cada 15 de octubre, el diálogo fue con Andrea Vidal, una productora rural que ha hecho de la avicultura su forma de vida y el sustento de su hogar.
Su historia es la de muchas mujeres del medio rural. Sin la posibilidad de cursar estudios secundarios en su juventud, Andrea volcó desde muy joven su labor a las tareas de la tierra. Posteriormente, junto a su esposo, con quien comparte la vida y el trabajo desde hace tres décadas, apostaron al sector avícola.
“Comencé como façonera primero por varios años y después nos dedicamos a tener gallinas propias”, relató Andrea. Ese salto significó asumir responsabilidades mayores: coordinar los ciclos de postura, asegurar la alimentación aún durante meses críticos y enfrentar las fluctuaciones de un mercado exigente donde los márgenes de error se pagan caros. “Fue una lucha, una cuesta arriba muy grande, pero el día a día nos fue mejorando, a veces con tiempos malos, pero así es el día a día de la familia rural: ir luchando para poder sostener esa empresa”, contó.
LA LIBERTAD FRENTE AL VÉRTIGO URBANO.
“Esa libertad no la pagas con nada”, reflexionó con orgullo, destacando además la satisfacción de haber criado a sus hijos en el campo, inculcándoles la cultura del trabajo y viendo a la siguiente generación apostar también por la producción avícola.
Destacó que se siente “afortunada de haber criado sus hijos en el campo, de poder enseñarles a trabajar y ser libres, porque en el campo se vive de otra manera, sin esos miedos del medio urbano”.
Asimismo, a pesar de las dificultades económicas y las exigencias de la labor agropecuaria, Andrea no dudó al responder que siempre elegiría ese camino: “No lo cambiaría”, dijo.
LOS DESAFÍOS ESTRUCTURALES Y LA FALTA DE RENTABILIDAD.
Sin embargo, el panorama no está exento de nubarrones. Cuando se le consultó sobre la realidad actual del sector y el futuro del campo, Andrea fue directa y planteó una preocupación central: la falta de rentabilidad y las dificultades para asegurar el relevo generacional.
Hoy en el campo faltan manos y falta apoyo estructural, advirtió.
Los costos fijos -movilizar maquinaria, el combustible, la energía eléctrica monofásica o trifásica, los seguros, los insumos para los criaderos y la alimentación de los animales- configuran una carga financiera muy pesada. A esto se suma una brecha comercial histórica que golpea al productor primario.
“¿Cuánto cuesta producir un huevo y cuánto vale después en la góndola? El consumidor lo paga bien, pero nosotros, los que asumimos todos los riesgos y costos, lo vendemos muy barato. Esa brecha entre el productor y el consumidor es muy larga; los intermediarios se llevan una rentabilidad mejor, mientras que el productor va remando el día a día”, señaló con preocupación.
Esta ecuación económica compleja impacta directamente en los jóvenes. En la actualidad, las nuevas generaciones exigen condiciones de vida diferentes, con mayores espacios de ocio, estabilidad salarial y previsibilidad. “Los gurises quieren tener un sueldo, cumplir un horario y después poder disfrutar de un descanso, comprarse algo, sin el peso constante de la incertidumbre climática o sanitaria. Hoy en el campo, si no hay rentabilidad ni apoyo, la juventud no se puede quedar”.
UN LLAMADO A POLÍTICAS DE ARRAIGO.
Antes de finalizar la entrevista, Andrea dejó un mensaje reflexivo sobre el futuro del campo uruguayo. Para ella, el gran interrogante es qué sucederá cuando la generación actual de productores cese en su actividad.
“¿Qué va a pasar cuando veamos que los productores tradicionales desaparecen?”, se preguntó. Por ello, insiste en la necesidad urgente de diseñar políticas públicas, herramientas estratégicas y proyectos concretos que incentiven el arraigo y garanticen una rentabilidad justa para las familias rurales.
Ojalá se busquen herramientas para que los jóvenes puedan quedarse, para que no tengan que amontonarse en las ciudades sin oportunidades. El campo no solo produce alimentos; el campo es tejido social, economía y vida. Y las mujeres rurales, desde nuestras chacras y galpones, somos parte fundamental de ese motor que no puede apagarse, concluyó.
ENTREVISTA COMPLETA.
Producción periodística: Gustavo Clavijo.

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