Por encima del debate político ideológico electoral sobre las elecciones en Brasil, Uruguay no puede perder de vista sus objetivos y trabajar para conseguirlos.

Hébert Dell’Onte Larrosa | Montevideo | Todo El Campo | El domingo 4 de octubre Flavio Bolsonaro logró posicionarse mejor que Luiz Lula da Silva de cara a la segunda vuelta que tuvo lugar el domingo 25 de octubre.

Aquel día 4, todo análisis objetivo era favorable al opositor que no sólo había superado a su contrincante -levemente, pero lo superó al fin- en el número de votos obtenidos, sino que también ganó la mayoría parlamentaria, y los candidatos minoritarios les eran más afines o cercanos política e ideológicamente.

Para sorpresa de todos no solo ocurrió lo contrario y Lula fue reelecto, sino que la diferencia de votos fue amplia.

El resultado final con el total de votos contabilizados fue: Lula obtuvo 64.256.232 votos (51,79%); en tanto que Bolsonaro 59.826.041 votos (48,21%), son datos oficiales del Tribunal Superior Electoral (TSE).

Los números hablan por sí solos, la remontada de Lula requiere de un análisis detenido y quedará en la historia de Brasil como un hecho inédito considerando que tres semanas antes Bolsonaro había ganado con 56.104.503 votos (47,03%) contra 53.879.538 votos (45,16%) de Lula.

Mientras que uno incrementó su caudal en más de 10 millones de votos, el otro no llegó a los 4 millones.

¿Qué paso? Varias cosas incidieron: los debates, la estrategia de comunicación, la sintonía con el electorado indeciso como con el votante menos politizado y definido. Además, Lula hizo uso de su condición de presidente y anunció o promovió medidas claramente electoralistas como la reglamentación de videojuegos, subsidios a los combustibles, ayudas para sectores de menores ingresos y alivios a pequeños empresarios.

Un punto para tomar nota y que fue decisivo fue el lugar que uno y otro candidato tomó en el abanico político ideológico brasileño. Mientras Bolsonaro se abrazaba a Javier Milei y su estilo provocador, Lula tuvo un corrimiento hacia el centro y mostró mesura.

Por otra parte, el acto eleccionario se desarrollo normalmente hasta las 17.00 horas, momento en que los locales de votación debían cerrar, pero en ese momento y a instancias del Dr. Cristiano Zanin de la Suprema Corte Federal se decidió extender la votación por dos horas más en algunas de las mesas.

Para entender la magnitud de lo decidido hay que tener en cuenta que el organismo electoral en Brasil es el Tribual Superior Electoral y no la Suprema Corte Federal, y que el Dr. Zanin fue el abogado defensor de Lula en los casos de corrupción de Lava Jato logrando en 2011 que la Suprema Corte anulase las condenas por asuntos de procedimiento, y luego de las elecciones Lula lo nombró ministro del Supremo Tribunal Federal de Brasil.

Nadie duda de la preferencia política del magistrado. Tampoco hay dudas que extender la hora de votación pasadas las 17.00 horas cuando algunas mesas ya habían cerrado generó suspicacias y enturbió las elecciones al punto tal que Bolsonaro no reconoce la derrota y pedirá anular el resultado final.

De todas formas, hay dos hechos que no pueden dejar de mencionarse. El primero: la diferencia de votos entre Lula y Bolsonaro (4,4 millones) es demasiado amplia para señalar que la extensión del horario de votación favoreció a uno y perjudicó a otro. El segundo: el Partido Liberal que lidera Bolsonaro, reconoció este lunes 26 los resultados de los comicios del domingo 25.

Como fuere, ahora corresponde que los organismos brasileños se expidan sobre el tema, pero los señalamientos de fraude ya están sobre la mesa, y eso no le hace bien a la democracia cuyo principio fundamental es la transparencia.

¿QUÉ ESPERAR DEL CUARTO MANDATO DE LULA?

Más allá de las consideraciones electorales, políticas o ideológicas sobre el resultado, en Uruguay deberíamos profundizar en un pensamiento más pragmático en términos de conveniencia para nuestro país, el Mercosur y el continente.

Ignacio Bartesaghi, doctor en Relaciones Internacionales y director del Instituto de Negocios Internacionales de la Universidad Católica (INI-UCU), entiende que “no se esperan grandes cambios en la política interna, tampoco en sus posicionamientos internacionales”.

“Para Uruguay, esto obliga a cuidar con mayor atención el proceso que nos interesa en el Mercosur”, escribió en sus redes sociales.

Agregó que “con una visión más proteccionista desde Brasilia, no será fácil terminar de avanzar en la flexibilización del bloque, algo clave para nuestra inserción internacional, especialmente en lo que nos estamos jugando con algunas negociaciones en curso como la del CPTPP”.

Por otra parte, “preocupa la mala relación entre Lula y (el presidente argentino Javier) Milei, lo que naturalmente no favorece los debates que necesita la región”.

Con ese panorama, “Uruguay debe actuar con pragmatismo, sostener su agenda de apertura y tender puentes, sin quedar atrapado en esa tensión”.

Alfredo Lago, productor arrocero y expresidente de la Asociación de Cultivadores de Arroz (ACA) mencionó dos temas concretos en los proyectos binacionales que Uruguay y Brasil están trabajando desde hace tiempo: “El segundo puente sobre el (río) Yaguarón, y la hidrovía de las lagunas” en referencia a las lagunas Merin y De los Patos, lo cual permitiría acceder al sur de Brasil y al puerto de Río Grande.

Desde otro ángulo, el Ec. Aldo Lema remitió su opinión a un artículo que escribió en diciembre de 2025, “Más de lo mismo. El Brasil que viene”, donde afirmó que nuestro vecino “continúa atrapado entre problemas estructurales de bajo crecimiento y restricciones cíclicas por desequilibrios macro, que prolongan su pobre desempeño económico. Por eso sigue a merced del entorno externo y de su ciclo político, pero sin mejorar su mediocre potencial”.

Pin It on Pinterest

Compartir

Comparte este contenido en tus redes sociales!