La elección en Brasil confirma el giro político ideológico en el continente y el Mercosur. Uruguay debe actuar con ponderación y pragmatismo, poniendo el país delante de cualquier otro interés.
Hébert Dell’Onte Larrosa | Montevideo | Todo El Campo | Como toda elección, lo ocurrido en Brasil el domingo 4 de octubre, el país más importante del continente, un socio clave en el Mercosur y uno de los principales destinos de nuestras exportaciones, nos ofrece varios puntos sobre los que tomar nota, unos más importantes que otros.
LAS ENCUESTAS – Lo más obvio, que no es nuevo, es que las encuestas fallan, pero eso quizá sea lo menos importante, al fin de cuentas las encuestadoras son un negocio y cada ciudadano sabrá si creerles o no. Pero hay que hacer una aclaración, en las elecciones de Brasil, el error de las encuestas no fue generalizado sino de una pocas, lo raro es que los medios de comunicación insistían en publicar y difundir las que daban como ganador a Luiz I. Lula da Silva y perdedor a Flavio Bolsonaro.
A fines de setiembre, de 14 encuestas, 10 daban como ganador a Bolsonaro, y solo 4 a Lula, pero eso fue sistemáticamente negado por los medios de comunicación brasileños como internacionales, también por los uruguayos. Se dirá que las empresas encuestadoras más prestigiosas del país estaban entre las 4 que erraron, pero ese argumento cae naturalmente, el prestigio se debería perder cuando se equivocan en algo tan serio.
LA VENTAJA ES DE BOLSONARO – La elección aún no está definida, eso ocurrirá el 25 de octubre según el calendario electoral, salvo que Lula, ante el desastre electoral que sufrió, de un paso al costado y renuncie a la candidatura. Si eso pasara, Bolsonaro sería proclamo ganador. En el Mercosur hay un antecedente sobre un hecho similar: en Argentina, año 2003, Carlos Menen (que había sido el candidato más votado) dio un paso al costado, no participó de la segunda vuelta y Néstor Kirchner (que había salido segundo) se convirtió en presidente.
Lo que sí está definido es la ventaja de Bolsonaro sobre Lula. La relación es de 47,03% a 45,16%; y la diferencia de 2,2 millones de votos. Ese margen, que para un país como Brasil parase insignificante, es lo que hizo posible el contundente triunfo del opositor, dándole mayoría en el Senado, Diputados y entre los gobernadores. Por lo tanto, Lula tiene que pedir el voto sabiendo que no tendrá mayorías para poder desarrollar su gobierno, con una oposición en la cual el nivel de desgaste en el vínculo y el enfrentamiento no es menor.
LOS VOTOS QUE DECIDEN – Los candidatos que salieron tercero, cuarto, quinto y sexto, tienen un margen de votos reducido, pero suficiente como para dar vuelta la elección, aunque los cuatro son de un perfil ideológico y político afín a Bolsonaro, de derecha o centro derecha, lo que hace verdaderamente difícil que apoyen al izquierdista Lula.
Esos candidatos son Augusto Cury con 3,4 millones (2,89% de los votos); Renan Santos, 2,6 millones (2,24%); Ronaldo Caiado, obtuvo 2,6 millones (2,18%); y Romeu Zema, 326.488 votos (0,27%). Juntos superan el 7,5% de votos.
Un capítulo aparte es que solo votó el 79% de los habilitados, el 21% se abstuvo. Seguramente Lula apuntará a esos ciudadanos, pero también lo hará Bolsonaro, es ahí, en los más desinteresados por la política, donde se jugará el desafío final y para ellos cada candidato deberá presentar una estrategia específica sin que nadie sepa (hasta el 25/10) cómo responderán. A varias encuestadoras no deberíamos creerle.
EL GIRO CONTINENTAL Y LA PRIMERA REACCIÓN DE ORSI – Todos los países del América del Sur, con la excepción de Uruguay y Venezuela, han elegido gobiernos de derecha o centro derecha (con el relativismo que ese etiquetado conlleva), lo que evidencia un cambio en el posicionamiento político.
Ideológicamente muchos han salido a celebrarlo y otros a lamentarlo. Es normal que ocurra, pero a nivel de gobierno Uruguay debe ser pragmático y tener presente que los países no construyen su vínculo internacional en función de una ideología. Eso lo sabemos, pero también lo olvidamos, sino veamos bajo qué gobierno Argentina nos bloqueó los puentes y quién estaba al frente de Brasil y miró para otro lado, mientras el presidente del momento, Tabaré Vázquez, confiaba en el apoyo de George W. Bush. Así de compleja es la política y la realidad.
En sus primeras declaraciones luego del resultado en Brasil, el presidente Yamandú Orsi dijo lo que tiene que decir un gobernante: la afinidad política y personal “no puede interferir en las relaciones entre países”. Ese debería ser el principio rector más básico y elemental de nuestra política internacional, pero es importante que quienes integran el Poder Ejecutivo compartan la ponderación y no hagan zancadillas al gobierno -dejándolo en falso- para sacar alguna ventaja local, partidaria o sectorial. En temas locales graves como el puerto de Montevideo, ya hemos visto que hay firmes voces que no dudan en dar la espalda al gobierno que integran para responder a los intereses de su sector dentro del Frente Amplio. Así, en lugar de ser los dirigentes los indican el camino, son los dirigidos los que condicionan a quienes ocupan un sitio de liderazgo sin asumirlo. Esas cosas no deberían pasar, pero pasan cuando no se tienen claros los valores. El país debe estar antes de todo, siempre.

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