La acción de Conaprole y de Urulact pueden definirse como dos respuestas distintas dentro del ecosistema cooperativo y empresarial uruguayo frente a la crisis de Coleme.
Hébert Dell’Onte Larrosa | Montevideo | Todo El Campo | En el sentido profundo, el cooperativismo es una forma de organización que busca superar la lógica individualista mediante la unión solidaria de sus componentes con el fin de satisfacer necesidades comunes, basada en valores de igualdad, ayuda mutua y democracia. Es un concepto que trasciende lo económico: es una propuesta ética y política de convivencia y producción compartida, que reúne a personas o instituciones.
Actualmente, en Uruguay existen unas 3.200 cooperativas activas, según datos recientes del Instituto Nacional del Cooperativismo (Inacoop), las abarcan múltiples rubros (trabajo, vivienda, ahorro y crédito, agrarias, sociales y de consumo).
Filosóficamente el cooperativismo expone y practica cuatro principios fundamentales: solidaridad, democracia, equidad y ayuda mutua.
La solidaridad se sustenta en aquello de que el trabajo unido multiplica la capacidad de acción frente a la vulnerabilidad individual; la democracia, porque cada miembro tiene voz y voto que es igual a la del resto, quebrando con el orden jerárquico que tienen otras formas de vinculación; la equidad apunta a distribuir beneficios y responsabilidades de manera equitativa; y la ayuda mutua refiere a la cooperación en sustitución de la competencia.
Nota al margen: en el mundo, la primera cooperativa fue la Sociedad Equitativa de los Pioneros de Rochdale, fundada en Inglaterra en 1844 por 28 obreros textiles; en Uruguay las primeras experiencias cooperativas datan del tramo final del siglo XIX, pero la cooperativa pionera nace en 1909, la Sociedad Cooperativa de Consumo La Unión, en Juan Lacaze.
COLEME Y CONAPROLE PUSIERON EL COOPERATIVISMO EN EL CENTRO DE ATENCIÓN.
En las últimas horas, el cooperativismo uruguayo volvió a ocupar los titulares: el cierre de la Cooperativa de Lechería de Melo (Coleme), señalado por muchos como una “muerte anunciada”, contrastó con la reacción inmediata de Conaprole (Cooperativa Nacional de Productores de Leche). La principal cooperativa láctea del país envió camiones a retirar la producción de los tambos afectados, no por necesidad propia, sino porque en momentos críticos es la lógica solidaria del cooperativismo la que prevalece.
Conaprole sabe que de esa manera no solo está apoyando a los productores, está sustentando la cuenca lechera de esa zona y conservando al productor en el campo. Uruguay ha visto cerrar muchos tambos, no puede darse el lujo de seguir en ese camino.
Por otra parte la empresa Urulact -que no es una cooperativa- y Coleme llegaron a un acuerdo por noventa días que permite a la cooperativa de Melo continuar en el mercado y mantener la planta activa con algunos de sus trabajadores.
Marcos González de Urulact explicó a la prensa que el contrato implica el “uso y mantenimiento de la fábrica, de la empresa, y el uso de la marca” Coleme. Aclaró que ésta comenzará el proceso judicial y se iniciará el concurso con la designación de un síndico. “Dependerá del síndico qué continuidad se le da, por supuesto que puede haber otros interesados que puedan surgir, entiendo que los hay y pueden presentar propuestas iguales o mejores”, agregó.
DOS RESPUESTAS FRENTE A LA CRISIS.
La acción de Conaprole y de Urulact pueden definirse como dos respuestas distintas dentro del ecosistema cooperativo y empresarial uruguayo frente a la crisis de Coleme.
Por un lado, la decisión de Conaprole de retirar la leche de los productores de Coleme es un gesto de solidaridad cooperativa. No lo hace por necesidad de volumen, sino para garantizar que los tamberos no queden sin destino para su producción. Es una acción que encarna el principio filosófico del cooperativismo: ayuda mutua y sostén en momentos críticos.
La firma de Urulact con Coleme responde a una lógica de alianza estratégica empresarial. Busca aprovechar la marca y la infraestructura para mantener presencia en el mercado, asegurando continuidad comercial y valor agregado.
Es aprendizaje es claro. Conaprole actuó como garante de la institucionalidad cooperativa, mientras que Urulact buscó capitalizar la oportunidad de negocio. Ambas acciones, aunque diferentes, muestran cómo el cooperativismo y las alianzas privadas pueden coexistir en la reconfiguración del sector lácteo uruguayo.

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