Perú nos enseña que instituciones económicas sólidas pueden sostener la estabilidad en medio de una crisis política crónica, y que se puede ser lo suficientemente responsable para que la inestabilidad no golpe la economía del país y de sus ciudadanos.

Hébert Dell’Onte Larrosa | Montevideo | Todo El Campo | América del Sur tiene 12 países, que son -por orden alfabético-: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela. Guayana Francesa está en el territorio de América del Sur, sobre Brasil y pegado a Surinam, pero técnicamente es un territorio de ultramar de Francia, no un país independiente por lo que no corresponde incluirlo en el listado.

Un informe de la revista Forbes basado en datos del Banco Mundial reveló que entre 1960 y 2024, Uruguay se encuentra entre los países de menor crecimiento (282,2%), solo por encima de Venezuela que prácticamente no ha crecido (28,4%).

El país que más creció en ese período fue Paraguay, cuyo Producto Interno Bruto (PIB) tuvo un salto de 1.519,9%.

En orden decreciente el top 10 se conforma así: Paraguay creció 1.519,9%; y le siguen Colombia (1.086,0%); Chile (996,7%); Brasil (976,1%); Ecuador (890,9%); Perú (734,6%); Bolivia (699,7%); Argentina (287,1%); Uruguay (282,5%) y Venezuela 28,4%).

INESTABILIDAD POLÍTICA PERUANA.

Países que no suelen estar en el radar del ciudadano uruguayo, como Perú, donde la inestabilidad política parece ser frecuente y asumida por sus ciudadanos, resulta que ha tenido un mejor desempeño que el nuestro.

Merece especial atención Perú, donde este domingo (12/04) se realizaron elecciones presidenciales y parlamentaria con la participación de unos 30 candidatos de 8 partidos para el período 2026-2031. Realizada la votación no surgió un candidato ganador, debiéndose resolver en una segunda vuelta (domingo 7 de junio de 2026) entre los más votados, los derechistas Keiko Fujimori (Fuerza Popular) y Rafael López Aliaga (Renovación Popular). La izquierda ha quedado sin posibilidades de disputar la Presidencia.

Perú, sexto en top 10 del Banco Mundial, sufre una profunda inestabilidad política institucional, sin embargo su economía es estable y sólida. Un fenómeno que desde Uruguay, con mucha estabilidad política e institucional pero escaso crecimiento, deberíamos mirar con más atención.

En los últimos diez años, Uruguay tuvo tres presidentes electos democráticamente y según se establece en la Constitución de la República (2015 a 2020, Tabaré Vázquez; de 2020 a 2025, Luis Lacalle; y de 2025 a la fecha Yamandú Orsi aún en funciones hasta 2030). Sin embargo, Perú tuvo ocho y ninguno llegó a completar el mandato.

Pedro Pablo Kuczynski, también conocido como PPK (gobernó entre 2016–2018). Renunció por escándalos de corrupción vinculados a Odebrecht.

Martín Vizcarra (2018–2020). Destituido por el Parlamento por “incapacidad moral permanente”.

Manuel Merino (noviembre de 2020, apenas gobernó 5 días). Renunció tras protestas masivas.

Francisco Sagasti (2020–2021). Presidente de transición hasta elecciones.

Pedro Castillo (2021–2022). Destituido tras intento de disolver el Parlamento; encarcelado.

Dina Boluarte (2022–2025). Fue la primera mujer presidenta; enfrentó protestas y acusaciones de represión.

José Jerí (2025–febrero de 2026). Destituido por el Congreso en medio de crisis política.

José María Balcázar (Desde febrero de 2026 al presente). Actual presidente, elegido por el Parlamento tras la salida de Jerí.

El último presidente que completó su período de gobierno fue Ollanta Humala que gobernó desde julio de 2011 –a julio de 2016.

INESTABILIDAD POLÍTICA Y CRECIMIENTO ECONÓMICO.

El caso peruano es interesante de análisis. Un país inestable políticamente que no deja de crecer y contener la inflación, a pesar de algunos altibajos importantes.

En los últimos diez años, el PIB de Perú ha mostrado un crecimiento promedio cercano al 3% anual. En 2020, debido a la pandemia tuvo una caída histórica (-11,0%) de la que se recuperó rápidamente con un rebote extraordinario en 2021 (+13,3%). Desde entonces sus tasas han sido más moderadas (del 3%–4%) hasta 2025. Para 2026 se proyecta un crecimiento del 2,4%.

La solidez de la economía se explica gracias a una combinación de disciplina macroeconómica, instituciones económicas fuertes y un sector exportador diversificado (minerales, agroindustria y energía), sostienen periodista y analistas.

La disciplina macroeconómica se debe a la presencia y el rol que desempeña el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), que se regie de manera autonomía y desarrolla políticas monetarias antiinflacionarias con un rango meta entre 1%–3%.

El Ministerio de Economía y Finanzas también juega un papel protagónico (no podría ser de otra forma), con reglas fiscales prudentes y sin caer en déficits excesivos.

Por otra parte, Perú posee en reservas internacionales más de US$ 70.000 millones lo que ayuda a la estabilidad cambiaria.

La diversificación exportadora es otra herramienta fundamental que explica el fenómeno. Perú exporta productos de minería como cobre, oro y zinc (en conjunto representan más del 60% de las exportaciones).

La agroindustria también es clave, con exportaciones de frutas y productos de pesca reconocidos en el mercado global.

Además, el país se asegura suministro interno y exportación de gas natural.

LO QUE LOS POLÍTICOS DEBEN APRENDER.

Hay un fuerte respeto a las reglas fiscales por parte de los políticos peruanos, lo que hace que el cambio permanente de mandatarios no impacte en el desarrollo económico del país.

Perú nos enseña que instituciones económicas sólidas pueden sostener la estabilidad en medio de una crisis política crónica, y que se puede ser lo suficientemente responsable para que la inestabilidad no golpe la economía del país y de sus ciudadanos. Si los gobernantes y la sociedad uruguaya lo entendieran tendríamos todo para ser un polo de crecimiento destacado en la región y el mundo, sin embargo, en el top 10 del Banco Mundial, estamos al final de la tabla.

Cabe aclarar que lo dicho hasta aquí no niega los problemas graves que tiene Perú y que el próximo mandatario deberá solucionar, entre ellos la informalidad laboral. A comienzos de 2025 esa informalidad, según datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), era del 71% de trabajadores, y no hay nada que indique que haya habido un cambio sustancial para bien.

Otro problema es la desigualdad regional, con la capital, Lima, concentrando gran parte del crecimiento, mientras que zonas rurales y amazónicas enfrentan rezagos en servicios básicos y productividad. En 2025, el Índice de Competitividad Regional (Incore), elaborado por el Instituto Peruano de Economía (IPE), indicó que Lima, Moquegua y Tacna lideran con economías robustas y sistemas de salud y educación avanzados, pero regiones como Madre de Dios y Apurímac (al sur) enfrentan informalidad, conflictos sociales y rezagos estructurales.

El siguiente gráfico muestra el índice de competitividad de las diversas regiones de Perú.

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