Presidente de ARU comprometió el apoyo A las políticas de crecimiento económico que ayuden a solucionar los desafíos sociales de nuestro país, y que pongan a las personas como eje del desarrollo nacional.

Hébert Dell’Onte Larrosa | Montevideo | Todo El Campo | El presidente de la Asociación Rural del Uruguay (ARU), Rafael Ferber, dio comienzo al acto inaugural de la 15ª Expo Melilla que se desarrolla desde el jueves 16 al domingo 18 de abril. También hicieron uso de la palabra la secretaria general de la Intendencia de Montevideo, Viviana Repetto, y el ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, Alfredo Fratti.

El presidente de ARU cuestionó los dogmas del ambientalismo que la ciencia, el tiempo y la realidad se han encargado de desmentir, y criticó al Estado por sus acciones que van en contra de la producción y desencadenan una serie de perjuicios que acaban incidiendo negativamente en las políticas sociales que ese mismo Estado debe y quiere desarrollar.

También comprometió el apoyo de la ARU a las políticas de crecimiento económico que ayuden a solucionar los desafíos sociales de nuestro país, y que pongan a las personas como eje del desarrollo nacional.

LAS POLÍTICAS AMBIENTALISTAS RESTRICTIVAS Y LOS DOGMAS ENGAÑOSOS.

“Algo que han hecho en Uruguay, algo que han hecho realmente bien, es que han cambiado su matriz eléctrica a renovable: en 2008, el 50% eran combustibles fósiles, y hoy el 99% se basa en energía renovable”. Con esa frase del ingeniero suizo Mathis Wackernagel, creador del concepto de la huella ecológica, comenzó Rafael Ferber su discurso en el acto de inauguración de la Expo Melilla 2026.

El presidente de ARU agregó que, en función a los dichos de Wackernagel, “nada tiene que ver (el cuidado del ambiente con) este proceso con las políticas restrictivas ambientalistas que nos han impuesto”.

Si esa afirmación del ingeniero de 63 años y nacido en la ciudad de Basilea (Suiza) la trasladamos a la producción agropecuaria nacional, lo que cabe subrayar -agregó Ferber- es que “es una injusticia enorme” decir que en Uruguay se produce “en contra del ambiente”, porque “nosotros estamos, vivimos y nos desarrollamos en el ambiente”, es algo que “precisamos en las mejores condiciones posibles, por lo tanto lo cuidamos y lo potenciamos todo lo que podamos”, utilizando “criterios técnicos que cuidan del suelo y de la calidad del agua, de lo contrario nos quedaríamos sin sustento”.

Sin embargo, desde las últimas décadas del siglo pasado, la academia “nos ha querido imponer distintos dogmas, por ejemplo: ‘la forestación va a secar los acuíferos’, ‘la agricultura extensiva va a terminar con los suelos’, ‘el veganismo es sustentable para la salud humana y debemos dejar de producir alimentos de origen animal’, ‘los transgénicos provocan enfermedades, alergias y un sinfín de problemas más’”.

Son ejemplos que “tienen varios patrones en común: el primero es que explotan la buena fe de las personas” porque “es muy difícil no escuchar a alguien que dice que está envenenando el ambiente”.

El segundo, “esos dogmas son como las mentiras, calan más cuanto tienen una parte de verdad”, observó Ferber, “porque es obvio que los árboles consumen agua, como lo hacen los árboles de la Amazonas. En la agricultura claro que hay un impacto sobre los suelos, pero más de 20 años después del boom agrícolas en nuestro país, esos mismos suelos producen cada vez más cuando se les da las condiciones climáticas favorables. Ni hablar que no hay ningún fundamento agronómico que diga que el cultivo de soja es de mayor impacto que muchos otros cultivos, por lo pronto no precisa fertilizaciones nitrogenadas porque es una leguminosa y la presión de fitosanitarios usada es similar a la de cualquier cultivo extensivo”.

“Son indiscutibles los beneficios de una dieta fuerte en frutas y verduras, lo otro que es indiscutible es que no es suficiente nutricionalmente, sobre todo para el desarrollo normal de niños y de niños por nacer, los dos colectivos que no pueden decidir su propio destino”, continuó.

Por otra parte, “lo de los transgénicos, solo se puede explicar desde el miedo provocado por entidades financiadas por los que perdieron la carrera tecnológica. La insulina se produce con técnicas transgénicas desde 1982 (…), y con ese argumento, (el expresidente) Tabaré Vázquez terminó con la prohibición de siete años de ingresos de nuevos elementos transgénicos. Discutir el impacto enormemente positivo del glifosato y los transgénicos, es como discutir los antibióticos”, enfatizó.

“No negamos el calentamiento global. El tema es que las miradas apocalípticas tienen consecuencias que han repercutido en la cantidad y calidad del alimento disponible” y las instituciones que se encargan de la alimentación en el mundo, como la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), no reparan en ello.

“EL NEGOCIO AMBIENTALISTA”.

En noviembre del año pasado, en Brasil, el representante de la FAO dijo que desde 2015 a 2025 “hay más hambre en el mundo, y a partir de ahí solo habló de emisiones y cálculos ambientales. No se dan ni cuenta de la responsabilidad que les cabe”, acusó, para agregar: “Pusieron por delante (del hambre) sus intereses o sus dogmas”, y ratificó la expresión “intereses” argumentando que “no se puede negar el negocio ambientalista enorme que hay detrás de todo esto”.

En lo local ARU apoya “fuertemente al gobierno en su estrategia de crecimiento económico para solucionar los desafíos sociales que tenemos. En un país donde el 78% de las exportaciones de bienes son de origen agropecuario, tenemos la obligación moral y empresarial de producir la mayor cantidad posible, gestionando como ha sido siempre el impacto ambiental”.

Reclamó que “no puede seguir pasando que la estructura estatal parece que quisiera detener la producción constantemente en vez de ayudar a gestionar su impacto para beneficio de todos los uruguayos. Lo otro que no puede pasar es que se provea de información sesgada o incompleta a los que tienen que tomar las decisiones trascendentales”.

En el tramo final explicó cómo las prohibiciones o complicaciones tienen efectos negativos en el trabajo de los uruguayos y en el desarrollo de las políticas sociales que el gobierno desarrolla.

En ese sentido apuntó que “cuando se prohíbe o complican hasta el hartazgo a un empresario que quiere invertir en un nuevo emprendimiento” se está provocando “un daño permanente” que “también es muy grande para el estudiante de tornería, de electricidad, de taller mecánico, de la escuela agraria y un montón de oficios que precisan puestos de trabajo, pero se lo niega esa estructura estatal dura”.

Las consecuencias no terminan ahí. Esas políticas de limitaciones y prohibitivas “también lo sufre de forma innegable y considerable las arcas del Estado, que no recibe los aportes de ese empresario ni de todos esos oficios, por lo tanto también lo sufren los beneficiarios de las políticas sociales que es mismo Estado debe atender”.

Como frase final expresó: “Nos ponemos a la orden del gobierno para apuntalar con trabajo las políticas que ponen a las personas como eje del desarrollo nacional”.

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