Una de las diferencias está en los bancos centrales de cada país, en su independencia frente al gobernante de turno y la seriedad instituciona, además de la determinación de no emitir dinero para cubrir gastos el Gobierno del momento.
Hébert Dell’Onte Larrosa | Montevideo | Todo El Campo | Uno de los problemas que tiene el Mercosur es la heterogeneidad en sus indicadores. No parecemos un bloque económico, más bien una unión de países de profundas diferencias y escasa capacidad para ponerse de acuerdo de hacia dónde ir.
En los últimos días se conocieron los índices de inflación de los cuatro países que integran el Mercosur, pero la asimetría que muestran Argentina y Paraguay son más que suficientes para entender el abismo que hay entre los países que lo integran.
En Argentina, la inflación de junio fue del 7,8%, en el año el dato inflacionario trepó 42,2% y en análisis interanual el guarismo llega al 114,2%.
Desde hace meses Argentina tiene graves problemas de estabilidad con una inflación galopante que no encuentra su techo y se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza para quien dirige la economía del país, el ministro Sergio Massa que además divide su tiempo al frente del Ministerio como precandidato en las elecciones PASO (primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias).
Cabe agregar que Argentina con el 114% ocupa el tercer lugar por la inflación más alta a nivel global, solo por detrás de Líbano (268%) y Venezuela que lidera con 458%.
En el otro extremo está Paraguay, que en junio tuvo una inflación de -0,3%; en el año es de 2,2% y en la medición interanual 4,2%.
La analista económica de CNN Radio Rosario, Yayi Morales, que a través de las redes sociales se desempeña como divulgadora de temas económicos, destacó que Paraguay tuviera guarismos tan bajos y se preguntó a qué se debe que eso sea así.
La respuesta la ubicó en un comparativo del Banco Central de Paraguay (BCP) y su igual argentino (BCRA).
“Para empezar el BCP es relativamente independente o al menos lo suficiente para no financiar sistemática y discrecionalmente los gastos de la política, y los objetivos de la Carta Orgánica de esa institución se acota a preservar el valor de la moneda y la eficacia del sistema financiero, nada más”, dijo.
“Paraguay tiene problemas similares a los de Argentina”, continuó, “pero en materia económica tiene una moneda estable. ¿Podría Argentina aprender de su país vecino o estamos condenados a no poder confiar en el BCRA y se deberá buscar una solución de alternativa para evitar una inflación descontrolada?”, se preguntó.
Luego agregó que “el presidente del BCP ha cambiado en los últimos años, pero desde 2008, se respetan estrictamente sus años de mandato”, mientras que en Argentina ocurre que “desde ese mismo año, hemos tenido ocho presidentes en el BCRA. ¿Qué implica eso? Básicamente que, de haberse respetado la Carta Orgánica, es la cantidad que hubiese correspondido a ¡48 años de historia!”.
EMITIR MONEDA GENERA INFLACIÓN.
En otras oportunidades y también desde las redes sociales, Yayi Morales opinó que “la inflación puede ser un interesante debate intelectual”, y sí, lo es, “pero en casi todos los países del mundo, los porcentajes delirantes que vivimos en Argentina son inexistentes”, porque “tienen en claro qué origina el fenómeno y no están dispuestos a desafiarlo”.
Sin embargo, añadió -y con esto vuelve a poner en el centro al Banco Central de ese país: “Salvo en Venezuela, Líbano y Argentina, ya nadie discute que la emisión monetaria descontrolada, necesariamente genera inflación”.
Los comentarios de Yayi Morales se pueden seguir en Twitter @yayi_morales_
No es que China no sea un buen cliente, aclaró el Ing. Montes, sino que tiene dos proveedores como Argentina y Brasil que pueden desplazarnos.
Montevideo | Todo El Campo | Ing. Agr. Esteban Montes del Instituto Plan Agropecuario (PA) comentó la situación del mercado chino y cómo inciden nuestros vecinos respeto a las colocaciones de carne, también cuestionó la falta de resultados sobre el ingreso a países asiáticos.
China representa el 58% de las exportaciones de Uruguay; por otro lado están Estados Unidos y Canadá con el 21%, y la Unión Europea con el 8%. Tanto Estados Unidos como Canadá y la Unión Europea son mercados cuantificados, tanto es así que “hoy festejamos que se está mandando (a Estados Unidos) carne por fuera de la cuota pero son apenas 4.000 toneladas”, comentó.
En cuanto a Argentina, Montes dijo que ese país envía a China el 80% de sus exportaciones a US$ 3.600 la tonelada, por tanto “el mercado nuestro está bastante topeado”, porque China que es nuestro mayor destino tiene un proveedor como Argentina que ofrece su mercadería “a un precio bastante bajo”.
¿POR QUÉ NO ACCEDEMOS A MERCADOS ASIÁTICOS?
En otro orden, el técnico del Plan Agropecuario se preguntó qué está pasando que Uruguay tiene problemas para acceder a diferentes mercados.
“Cuando miramos países cercanos a China, por ejemplo Malasia, lo que se menciona es que hay estados sanitarios que se están acordando y que insumen tiempo, pero qué es lo que está pasando porque nosotros no tenemos problemas sanitarios para acceder a diferentes mercados, incluso llegamos Japón y Corea que son megaexigentes”.
Asimismo, destacó lo importante que sería para nuestro país lograr vender a esos destinos asiáticos: Hay países como Malasia “que tienen un bajo consumo per cápita, pero sus poblaciones son elevadas” además de que “están aumentando el consumo de carne”. Por tanto, “cualquier nivel de aumento que tengan es mucha carne para Uruguay” y eso lo hacen interesantes para tenerlos como mercado de destino.
De todas formas, deberíamos saber qué es lo que está pasando, insistió el Ing. Montes. En un momento se dijo que había “un problema de papeleos y que esos papeles llevan traducción, pero cuesta creer que sea un problema de ese estilo el que impide abrir esos mercados que nos permitirían ser un poco menos dependientes de China”.
No es que China no sea un buen cliente, aclaró, sino que tiene dos proveedores como Argentina y Brasil que pueden desplazarnos.
MANTENER LOS NIVELES DE EXTRACCIÓN.
Otro punto de preocupación mencionado por el Ing. Montes tiene que ver con la extracción.
“Sería bueno mantener los niveles de extracción”, porque “si es similar a la del ejercicio 2021/2022, o sea 2,7 millones de reses en faena y casi 200.000 de exportación en pie, el stock apenas caería a 11,5 millones de cabezas, lo que no sería nada raro ni complicado”, pero “enseguida habrá una reacción para producir los terneros necesarios que mantendrían el stock constante”.
Los comentarios del Ing. Montes fueron realizados en el programa Diario Rural (radio Rural).
¿Qué les pasa a las autoridades, acaso desconocen la gravedad de lo que está pasando?, ¿es negligencia?, ¿o simplemente no interesa?
Pedro Scremini | Tacuarembó | Todo El Campo | En la estancia Barracas, en Caraguata, una majada fue atacada por perros, por lo menos 16 ovinos (borregos y corderos) fueron muertos, varios resultaron lastimados y siguen encontrando más al momento de escribir estas líneas.
Perros, ¿de quién? Imposible saberlo, hay más de 2 millones de perros, un descontrol, y donde haya una oveja siempre está el peligro latente. Y allí donde no hay ovejas, los atacados son los terneros.
Todos los días algún productor se encuentra con esta desagradable novedad que genera desaliento, impotencia, miedo del “hasta cuándo seguiremos así”, sabiendo que están solos, que dependen de que puedan identificar y matar los perros ellos mismos.
Así es muy difícil. ¿Qué nos pasa que no somos capaces de encarar el tema?
La estrategia del Gobierno claramente no da resultados y no es de recibo que es a largo plazo, sino explíquenle a los que diariamente sufren el problema.
¿Qué les pasa a las autoridades, acaso desconocen la gravedad de lo que está pasando?, ¿es negligencia?, ¿o simplemente no interesa?
Me inclino por lo último y es lamentable, porque se perjudican personas, familias, fuentes de trabajo y expectativas que se truncan.
El “Plan de acción para el relanzamiento de la alianza estratégica Argentina – Brasil” firmado por los presidentes de ambos países no considera al agro.
Hébert Dell’Onte Larrosa | Montevideo | Todo El Campo | Los presidentes de Argentina y Brasil, Alberto Fernández y Luis Lula da Silva, respectivamente, parecen desconocer la realidad de sus países.
Los mandatarios de dos potencias mundiales en la producción agropecuaria mantuvieron este lunes 26 de junio un encuentro en Brasil, en cuyo marco emitieron un comunicado titulado “Plan de acción para el relanzamiento de la alianza estratégica Argentina – Brasil” de 18 páginas, 30 ítems y casi 4.500 palabras que, si uno busca, no encuentra ni una sola vez la palabra “agro”, “agricultura”, “ganadería”, “agropecuaria” ni nada referente a esa importante actividad productiva y económica. Tampoco aparece la expresión “seguridad alimentaria”, “TLC”, ni libre comercio.
Sí se puede leer 50 veces la palabra “Comercio”, pero sólo para mencionar, al argentino “Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto”, nada más.
El texto comienza señalando que el lunes 26 Alberto Fernández visitó Brasil por invitación de Luis Lula da Silva conmemorando los 200 años de las relaciones diplomáticas entre los dos países. En esa oportunidad ambos “acordaron acciones a desarrollar en el marco del compromiso asumido en la Declaración Conjunta del 23 de enero último, del Relanzamiento de la Alianza Estratégica”.
Entre los ítems tratados se encuentran, entre otros: “Infraestructura y transporte”, “Energía y minería”, “Ciencia, tecnología e innovación”; “Cooperación espacial”; “Cooperación nuclear”; “Defensa”; “Seguridad”; “Paz y seguridad”; “Educación”; “Cultura”; “Deporte”; “Turismo”; “Medio ambiente”; “Recursos hídricos”; Derechos humanos”; “Mujeres”; “Igualdad racial”; “Desarrollo social”; y “Desarrollo urbano”.
No hay ni una sola mención a la agropecuaria, en ningún sentido, a pesar de que en 2022 Argentina tuvo un récord de exportaciones agroindustriales de casi US$ 60.000 millones, un 8,5% más que en el 2021.
Respeto a Brasil, en 2022 tuvo un superávit en su balanza comercial de US$ 62.310 millones, lo que fue un nuevo récord anual y un 1,47% superior al saldo positivo de 2021. De acuerdo con los datos del Gobierno de Lula, el año pasado las exportaciones brasileñas subieron 19,3%, totalizando US$ 335.007 millones, marcando un nuevo récord. Las exportaciones del sector industrial saltaron a US$ 181.870 millones de dólares, y las del sector agropecuario fueron por US$ 75.050 millones, 36,1% más que en 2021.
¿Cómo es posible que en la región agropecuaria del mundo, que países como Argentina y Brasil elaboren un “plan de acción” para relanzar una “alianza estratégica Argentina – Brasil” prescindiendo del agro? Difícil de responder, pero real.
Para los australianos la denominación de origen tiene un componente emocional que no se puede soslayar. Otro tema de negociación es el de los minerales críticos, donde también Brasil tiene algunas cartas que jugar.
Hébert Dell’Onte Larrosa | Montevideo | Todo El Campo | Australia y la Unión Europea negocian un tratado de libre comercio (TLC) desde 2018. Este mes el país oceánico y el bloque del viejo mundo mantuvieron una nueva ronda de contactos en la cual Australia se posicionó fuertemente frente a asuntos de denominación de origen y los minerales críticos.
Una de las divergencias principales surge a partir de que Australia defiende férreamente la denominación de algunos de sus productos, un vino blanco y un queso.
Australia entiende que son denominaciones de origen protegidas, pero el ministro de Agricultura, Murray Watt, dijo que su país necesita que la UE comprenda la posición australiana porque hay nombres que tienen una carga “emocional” dado que la historia se remonta a los emigrantes que llegaron a Australia empujados la Segunda Guerra Mundial y con ellos trasladaron esos productos con los mismos nombres que conocían en sus países de nacimiento. Emigrante, productos y sus denominaciones fueron aceptados y asumidos como propios en un claro ejemplo de integración con el extranjero, sus tradiciones y su cultura.
“Tenemos prosecco, feta, parmesano y otros productos de muy alta calidad. Y queremos asegurarnos de que la UE también reconozca la importancia de nuestros productores desde una perspectiva económica y emocional”, argumentó.
MINERALES CRÍTICOS Y BRASIL.
Otro punto destacado de la agenda tiene que ver con los llamados minerales críticos (por ejemplo, manganeso, litio, cobalto, grafito) que Australia posee y que los países desarrollados tecnológicamente usan en alta tecnología en áreas como energía limpia, teléfonos inteligentes, vehículos eléctricos y sistemas militares.
La UE tiene interés en esos “minerales críticos”, y Australia sabe la importancia de tales materiales. Watt expuso al respecto que actualmente hay varios “fabricantes de automóviles estadounidenses que han podido obtener un acceso preferencial” de los minerales críticos australianos; por tanto, “si la UE quiere acceder de igual forma, esperamos que puedan entender nuestra posición en otros aspectos”, como los vinculados a las restricciones por denominación de origen.
Pero hay algo más y que no es menor: Australia está en condiciones de quebrar la primacía de China como proveedor de minerales críticos a la UE, lo que genera un ingrediente estratégico clave que los europeos no querrán desperdiciar.
¿Qué tiene que ver Brasil con todo eso?, pues, que algunos países europeos lo miran con atención como proveedor interesante de minerales críticos, lo cual descomprimiría aún más la dependencia de la UE de China, y es un argumento que tienen al momento de negociar con Australia.
En el mundo, el total de los subsidios agrícolas y de otros rubros, implícitos y explícitos, suman más de US$ 7 billones anuales, el 8% de la economía mundial.
Hébert Dell’Onte Larrosa | Montevideo | Todo El Campo | Axel van Trotsenburg (foto), el director gerente sénior de Políticas de Desarrollo y Alianzas del Banco Mundial (BM), propuso que los subsidios que ahora se destinan a la agropecuaria, entre otros, sean destinados a la lucha contra el cambio climático.
La lucha contra el cambio climático obliga a los países a desembolsar millones de dólares, al punto que es una preocupación de muchos la forma en que se financiarán las acciones que esa campaña exige.
Trotsenburg escribió en Voces, uno de los blogs que posee el Banco Mundial, que los países más ricos se comprometieron en invertir por mes “al menos US$ 100.000 millones para ayudar a los países en desarrollo a adaptarse al cambio climático, invertir en energías renovables y lograr un desarrollo con bajas emisiones de carbono”, sin embargo, es un monto que aún no está claro de donde saldrá: “Conseguirlo es una tarea en curso”, agregó.
Pero el autor del artículo entiende que el mundo tiene “una manera de movilizar grandes sumas de dinero para el clima: los subsidios”, porque anualmente “el mundo destina enormes montos de dinero para subsidios a la agricultura, la pesca y los combustibles fósiles, a menudo ineficientes y perjudiciales para el medio ambiente. ¿De qué cantidad estamos hablando? Se trata de una cantidad gigantesca”, afirmó.
Pero esa no es una idea de un jerarca aislado, sino que el propio BM elaboró el informe Detox Development: Repurposing Environmentally Harmful Subsidies, en español: Desarrollo depurativo: Reorientación de los subsidios perjudiciales para el ambiente, en el cual “se plantea la oportunidad de reorientar” esas sumas que los países usan con otros fines. “Reorientar estas subvenciones podría liberar, como mínimo, medio billón de dólares anuales, una cantidad que se puede destinar a propósitos más productivos y sostenibles”, escribió Trotsenburg.
La reorientación de los subsidios a los combustibles fósiles y el gasto público directo en agricultura y pesca daría la posibilidad de obtener “una cifra de US$ 1,25 billones al año, aproximadamente el tamaño de una economía grande, como la de México”.
“También se deben incluir los subsidios implícitos” que “representan los efectos en las personas y en el planeta, como la contaminación, las emisiones de gases de efecto invernadero, la congestión vial y la destrucción de la naturaleza, que no son pagados por quienes los causan”, agregó, y resume: “Los subsidios implícitos y explícitos, en conjunto, suman más de US$ 7 billones anuales”, un total gigantesco que representa “el 8% de la economía mundial”. Una suma que según el citado funcionario del BM se malgasta porque termina causando “daños no deseados y socavan nuestros esfuerzos para combatir el cambio climático”.
EN AGRICULTURA EL SUBSIDIO GLOBAL SUPERA LOS US$ 635.000 MILLONES ANUALES.
Refiriéndose a la agricultura, Trotsenburg agregó que sus subsidios “superan los US$ 635.000 millones al año, conducen al uso excesivo de fertilizantes que deterioran el suelo y el agua, y perjudican la salud de los seres humanos. Las subvenciones destinadas a productos como la soja, el aceite de palma y la carne de vacuno provocan que los agricultores avancen sobre los límites de las zonas forestales, y son responsables del 14% de la pérdida de bosques cada año”.
La teoría dice que los subsidios deberían ayudar a una mayor productividad y respaldar los medios de subsistencia rurales, pero “en la práctica suelen producir el efecto contrario. Al distorsionar las decisiones sobre los cultivos y los insumos, los subsidios reducen la eficiencia, en otras palabras, conducen a que más insumos produzcan menos alimentos. Y dado que las subvenciones agrícolas suelen estar vinculadas a la producción, benefician en su mayoría a los agricultores más ricos”, razonó.
Cualquier paso que se en el sentido expresado por Trotsenburg, “no puede hacerse a expensas de los pobres”, y “la reforma debe implementarse en etapas” de modo tal que evite “grandes perturbaciones de los precios como consecuencia de la eliminación excepcional de los subsidios”. Eso “permitiría a los hogares y las empresas adaptarse gradualmente”.
El mensaje para los gobiernos es que “deben promover la aceptación pública a través de una comunicación transparente”, y es “especialmente necesario” hacerlo así porque hay un riesgo importante de que “grupos de interés poderosos intenten desbaratar las reformas, que es casi siempre el caso”.
NO ES EL CASO DE URUGUAY.
Trotsenburg no dice qué países subsidian la agropecuaria, pero ciertamente Uruguay no está en esa lista, por lo que su planteamiento podría ser beneficioso para nuestro país ya que eliminaría los beneficios que un productor europeo o estadounidense tiene frente a un uruguayo, y nos dejaría en inmejorables condiciones de competencia.
Pero la propuesta tiene una falla grave: aunque lo menciona no se detiene en que los subsidios de los países desarrollados son para evitar que quienes producen alimentos y por eso garantizan la seguridad alimentaria de los países, dejen el medio rural para mudarse a las ciudades.
¿Están los gobiernos y la ciudadanía en general dispuesta a correr el riesgo de perder la seguridad alimentaria y por tanto depender de otros países a cambio de destinar más dinero para el cuidado del medio ambiente en un programa que muchos ni siquiera sienten como propio sino una imposición de las Naciones Unidas?
Por otra parte, en su análisis, Trotsenburg da por hecho que el apoyo al agro es malgastar dinero en una actividad que “deteriora el suelo y el agua, y perjudica la salud de los seres humanos”, además de generar deforestación, una serie de señalamientos que no se deben generalizar para la agricultura mundial, poque aquí tampoco entra Uruguay. En lo que sí tiene razón e incluye a Uruguay es cuando afirma que la “destrucción de la naturaleza” y otros problemas “no son pagados por quienes los causan”. En este punto, ni siquiera debería incluirse a la agropecuaria en general, ya que son otras las ramas de actividad más contaminantes.