Horacio Jaume: Aprendamos a regar. No es lo mismo regar pradera, maíces, soja, trigo o zanahoria.

Horacio Jaume | Montevideo | Todo El Campo | Nadie puede dudar de los beneficios que se pueden lograr con el correcto manejo del agua. Pero para ser bien gráficos, hasta el desierto se vuelve fértil y no es antojadizo. Como ejemplo veamos a Israel.

En nuestro país el arrocero, este año de sequía, está logrando rendimientos muy buenos. Pero ese sector tiene además otra condición que es básica: saber regar.

Parece cosa sencilla, pero no lo es. Los que levantan agua de los ríos, arroyos o lagunas saben las bombas a usar; si riegan con represas, saben cuánta agua deben almacenar para el área que quieren plantar. No son cálculos “al ojo”, sino que son muy precisos.

Los aguadores, esos hombres que unos los ve de lejos, con una pala al hombro, son profundos conocedores de su profesión. Saben cuando un cangrejo les pincha una taipa o cuando el cultivo se puede enfermar.

Lo que trato de decir, es que regar no es voluntad solamente, hay que saber.

Creo también en la sugerencia del presidente Luis Lacalle de que el manejo del agua debe ser tratado como la ley de forestación.

Pero mientras todo esto se pone en marcha, y se superan los obstáculos que sin duda van a aparecer, por ejemplo esas represas que ya están estudiadas y que duermen en un cajón.

Mientras todo esto sucede, podemos empezar por mediar los tajamares o azudes, y ver cuánta agua almacenan y cuantos animales podemos atender, sean vacunos, ovinos o equinos; y además por cuanto tiempo, si dos, tres, o cuatro meses, o un año.

Otro tema, es darles la profundidad necesaria para que el agua no se heche a perder por las algas; alambremos los terraplenes para que los animales no los rompan o desmoronen, saquemos el agua con plastiductos para que los animales no se entierren, pongamos bebederos en los campos.  Eso es más fácil.

Mientras tanto, aprendamos a regar. No es lo mismo regar pradera, maíces, soja, trigo o zanahoria.

No echemos a perder una tecnología por no saber usarla. Pero empecemos, porque lo perfecto es enemigo de lo bueno.

Foto MGAP.

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