Se aconseja revisar contratos y costes ante nuevos aranceles.
Montevideo | Todo El Campo | KPMG elaboró una guía práctica sobre qué deben atender las empresas y los sectores que podrían ser afectados por los aranceles que Estados Unidos está imponiendo a varias economías del mundo. Lo primero que se debería hacer es identificar los aranceles que se podrían afrontar, su importe y determinar sobre quién se devengan. Otra posibilidad para reducir la factura aduanera, o bien para reducir riesgos futuros, consistiría en la determinación del país de origen del producto a importar.
La guía práctica de KPMG fue elaborada para España, pero algunos conceptos podrían ser de utilidad para otros países. La firma difundió su trabajo en un comunicado.
“Lo primero que deberían hacer las empresas es identificar los aranceles que se podrían afrontar, su importe y para determinar sobre quién se devengan, es decir, quién lo paga y, para ello será necesaria una revisión exhaustiva de los contratos entre exportador e importador para, en su caso, negociar una revisión de los mismos”, manifestó KPMG.
En la misma línea, la compañía indicó que “se debe identificar de forma correcta el valor, la clasificación o el país de origen de los productos en aras de optimizar los aranceles que se tienen que pagar y evitar riesgos, siempre respetando el cumplimiento de la regulación aduanera del país”.
De acuerdo con KPMG, un ejemplo de cómo llevar a cabo este análisis relativo al valor de un producto es “estudiando las condiciones de entrega de dichos envíos y, si procede, desglosar costes como el transporte o el seguro internacional”.
La firma señaló que “en algunos países estos elementos no deben tenerse en cuenta como base para el cálculo del valor en aduana en el país de importación y por ello supone una posible vía de reducción de los correspondientes aranceles, lo que permitiría reducir la carga arancelaria en destino”.
LA DETERMINACIÓN DEL PAÍS DE ORIGEN DEL PRODUCTO.
Desde KPMG resaltaron que otra posibilidad para reducir la factura aduanera, o bien para reducir riesgos futuros, consistiría en la determinación del país de origen del producto a importar “ya que, por regla general, hoy en día es habitual que los productos sufran varias transformaciones en diferentes países o áreas geográficas antes de su importación, considerándose el producto originario de aquél en el que experimenta su última transformación sustancial previa a la importación”.
Por ello, la firma sostuvo que el análisis y estudio de los acuerdos comerciales que puedan existir o firmarse entre los diferentes países o áreas “se convierte en una tarea prioritaria con importantes impactos en la cadena de suministro de los importadores y fabricantes”.
Asimismo, remarcó que el aumento de los costos que supone una subida de los aranceles “también puede ocasionar una caída de las ventas”, lo que “obliga” a las empresas a hacer un análisis de costes de sus cadenas de valor, “dado que los aranceles varían en función de los mercados en los que se aprovisionan de materias primas, de donde se fabrican sus productos y el lugar donde los venden”.
“Este ejercicio no debe realizarse solamente desde el punto de vista logístico de proveedores, sino también desde la óptica fiscal y estratégica. Además, y por si todo lo anterior fuera poco, y dado que la ofensiva proteccionista es un proceso en curso, las empresas deberán trabajar con diferentes escenarios a corto, medio y largo plazo para lo que se impone el uso de la tecnología para automatizar procesos y analizar grandes volúmenes de datos”, expresó la empresa.
Respecto a la cuestión temporal, a modo de ejemplo KPMG destacó las “fuertes inversiones” realizadas por empresas españolas de componentes de automoción en plantas de producción en México o Canadá para ganar cuota en el mercado estadounidense. Para la empresa, “se imponen las estrategias a largo plazo dado el montante invertido”.
En relación con las filiales, la compañía recalca que la subida de los aranceles incrementa los costes de importación y reduce los márgenes, lo que “distorsiona el equilibrio interno de reparto de beneficios o la rentabilidad de algunas filiales”.
En este contexto, KPMG sugirió que las empresas deben revisar las políticas de precios de transferencia entre las filiales de un grupo multinacional, “siempre con el doble enfoque de los aspectos económicos-operativos con los fiscal-tributarios”.
“Es evidente que algo estamos haciendo mal”, posteó el Ec. Milton Ramallo en sus redes sociales.
Montevideo | Todo El Campo | El Ec. Milton Ramallo, asesor de la Federación Rural escribió en sus redes sociales que el prestigioso semanario económico inglés The Economist utiliza un indicador estandarizado a nivel global para estimar si una moneda está sobrevaluada o subvaluada en relación al dólar estadounidense.
Ese indicador es Big Mac, y a través de él, con una comparación simple pero efectiva, se busca captar desequilibrios en el poder adquisitivo entre países.
Según el informe de enero de 2025, el peso uruguayo estaría sobrevaluado en un 20%, escribió Ramallo. Agregó que en ese momento, el valor del dólar en Uruguay era de $ 43,27, pero según el índice, debería valer $ 51,64 para reflejar su justo valor.
Eso coincide con lo que publicó recientemente la Federación Rural, en el mes de junio, donde se indicó que el atraso del dólar desde comienzo de 2022 y que el valor de equilibrio estimado está en los $ 54 por dólar.
Por tanto, Uruguay está en una situación en la que los “exportadores pierden competitividad (reciben menos pesos por cada dólar exportado)”; el “sector agropecuario y otras industrias transables se ven perjudicadas”; y las “importaciones se abaratan, incentivando el consumo externo y afectando a la producción nacional”.
Además -continúa el economista, asesor de la Federación Rural-, “el informe destaca que Uruguay se posiciona como el tercer país con la moneda más sobrevaluada a nivel mundial”, situación que “no solo afecta gravemente la competitividad de nuestro sector agropecuario, sino que también evidencia un desequilibrio que no puede sostenerse en el tiempo sin consecuencias económicas relevantes”.
“Es evidente que algo estamos haciendo mal”, subrayó en su posteo en X; y agregó: “Mantener una moneda artificialmente apreciada genera distorsiones profundas en la estructura productiva”. Por lo tanto, “es momento de repensar seriamente la estrategia cambiaria y su impacto sobre la economía”.
Al respecto, la Federación Rural comentó: “Mientras el peso se mantiene artificialmente caro, el agro paga la cuenta y la competitividad del país se evapora”.
Para Uruguay los impactos son negativos, sin que tengamos nada que ver ni podamos hacer nada para cambiarlo. Lo que sí podemos hacer es “diversificar mercados, mejorar la competitividad y reforzar alianzas estratégicas”.
Montevideo | Todo El Campo | La Ec. Laura Raffo -también directora de Antel y dirigente política de Partido Nacional- afirmó que el cruce entre Brasil y Estados Unidos con amenazas o anuncios de subas de aranceles entre ellos, puede afecta a la zona, por tanto también a Uruguay.
En un hilo de X Raffo señaló que el conflicto entre ambos países “está escalando y puede tener efectos concretos sobre el comercio bilateral y la estabilidad regional”.
Comenzó explicando que “no es solo un conflicto comercial. Es un caso claro de cómo decisiones políticas pueden tener consecuencias económicas profundas para toda la región”, y esa situación en particular debería importarnos a los uruguayos.
Recordó que el presidente de Estados Unidos, Donald “Trump anunció aranceles del 50% a todas las importaciones desde Brasil”, lo que Raffo definió como “una medida de alto impacto porque hasta ahora nuestra región era de las menos afectadas por la guerra comercial”.
El argumento que da Estados Unidos es que “Brasil aplica medidas que afectan a empresas tecnológicas estadounidenses”, pero más allá de la posición oficial “en los hechos, la decisión parece una represalia política por el juicio a Jair Bolsonaro, aliado de Trump” y expresidente de Brasil entre el 1° de enero de 2019 y el 31 de diciembre de 2022.
La respuesta de Brasil fue “con firmeza”, continúa la economista. “Si EE.UU. cobra 50%, ellos harán lo mismo. También evalúan llevar el caso ante la OMC (Organización Mundial del Comercio)”.
Por tanto “el conflicto está escalando y puede tener efectos concretos sobre el comercio bilateral y la estabilidad regional”. Las consecuencias inmediatas ya se han hecho sentir: “El real se depreció, el precio del café se disparó en los mercados internacionales y los sectores exportadores en Brasil están bajo tensión por la incertidumbre”.
¿CÓMO AFECTARÁ A URUGUAY?
Pero ¿qué impacto tendrá en Uruguay? Raffo advierte que puede golpear de cuatro formas diferentes.
Primero, “se puede generar un redireccionamiento comercial: si Brasil exporta menos a EE.UU., tratará de colocar más productos dentro del Mercosur o en terceros mercados, compitiendo con nosotros”.
En segundo lugar, “si se concretan las medidas, habrá más de 10.000 empresas brasileñas afectadas y una caída de actividad en ese país. Al ser nuestro segundo socio comercial, el impacto en nuestra actividad se sentirá”.
“Tercero, Uruguay también se ve afectado por los movimientos de tipo de cambio en Brasil. Una mayor depreciación del real abarata productos brasileños, algo que ya venimos sufriendo, y presiona a la industria y al comercio local”.
Y cuarto, “este nuevo anuncio de Trump confirma que entramos en una era donde el comercio internacional está cada vez más influido por factores políticos e ideológicos”, y “las reglas multilaterales pierden peso frente al poder de decisiones unilaterales”.
¿QUÉ PUEDE HACER URUGUAY?
Concluye que “cuando las potencias usan el comercio como arma política, los países más chicos sufrimos las consecuencias sin haber movido una pieza”, de ahí la importancia de “actuar con inteligencia, diversificar mercados, mejorar competitividad y reforzar alianzas estratégicas”.
En 2024 Estados Unidos se convirtió en un importante mercado para el arroz de Brasil adquiriendo el 19% del valor exportado de arroz blanco.
Río de Janeiro, Brasil | Todo El Campo | La economía brasileña y todos sus actores están atentos a cómo golpeará en cada eslabón de la cadena, la implementación de aranceles por parte de Estados Unidos.
El arroz sería uno de tantos sectores que saldría perjudicado si no se para la tensión ente Estados Unidos y Brasil. Pero, ¿cómo podría detenerse cuando el mensaje que nos llega por diversas fuentes es el contrario?
La información que llega a los medios de comunicación y que éstos reproducen a su público, dan cuenta de una cada vez más distante relación, pero sabemos que en política hay por lo menos dos niveles básicos de actuación (y este es un conflicto político aunque utilice armas económicas): uno es el que todos conocemos porque se plantea en los medios, a través de diversos debates públicos haciendo partícipe a la sociedad; y dos, el nivel de la discreción, lejos de los periodistas, lejos de los debates abiertos, con negociadores de primer nivel y mucho de diplomacia. ¿Quién sabe si en ese momento no se están tejiendo soluciones que eviten la imposición de aranceles que siempre perjudican a los más desfavorecidos?
Así y todo, no parece haber una salida sencilla, y mientras en los altos niveles políticos buscan una salida decorosa (Donald Trump no puede retroceder en sus dichos y no hacer nada para no quedar como un hablador sin carácter; mientras Lula da Silva no puede ceder a las presiones sin dar la imagen de sumisión y pérdida de soberanía política), los trabajadores brasileños analizan las consecuencias que deberán afrontar.
Ayer (viernes 11), la Asociación Brasileña de la Industria del Arroz (Abiarroz), destacó que Estados Unidos se ha convertido en “uno de los mercados más importantes para el arroz”, comprando en 2024 “el 19% del valor exportado de arroz blanco”.
Con esos porcentajes, es evidente de Brasil depende de ese mercado, y cualquier distorsión sería altamente perjudicial. No ocurre lo mismo visto desde el lado estadounidense, porque este país sí podría reemplazar el arroz brasileño, importándolo desde otro país. ¿Uruguay podría ser una opción?, cabe preguntar, pero la realidad es que en un mundo tan interconectado lo mejor es que todos los países se fortalezcan y no uno en perjuicio de otro.
Volviendo a Abiarroz, esta institución estimó en US$ 25 millones la pérdida anual a nivel de la industria del arroz, solo por los aranceles anunciados (del 50%).
El comunicado concluye instando a la prudencia y la inteligencia: “Es fundamental que las autoridades adopten una postura diligente y orgullosa, pero también cautelosa, considerando la vulnerabilidad de segmentos como el cultivo de arroz frente a una importante relación comercial”.
Una devaluación de la moneda no resuelve los problemas de competitividad, además que genera problemas colaterales. La forma es buscar la manera de ayudar a la producción nacional a mejorar sus costos.
Montevideo | Todo El Campo | El ministro de Economía Gabriel Oddone anunció el miércoles 9 un paquete de medidas que apuntan a mejorar el comercio exterior e inversiones, reduciendo y eliminando gravámenes, la sustitución de certificados por declaraciones y la digitalización y optimización de instrumentos.
La Unión de Exportadores del Uruguay expresó que varias de las medidas están en línea total o parcial con propuestas que ha planteado esa institución, pero que hay otras que se deben profundizar o comenzar a trabajar por ejemplo en temas de competitividad.
LAS MEDIDAS DEL MINISTERIO DE ECONOMÍA.
Oddone explicó que las acciones anunciadas buscan eliminar o disminuir regulaciones o requisitos considerados redundantes e innecesarios y que le significará un ahorro, para el sector privado, de unos US$ 20 millones.
Ese es “el rumbo que este Gobierno pretende poner sobre la mesa, claramente marcado a la mejora de la regulación de la administración pública”, dijo, y enfatizó que el país está “en un proceso de desburocratización”.
Se alcanza un número importante de empresas que involucran a 50.000 empleos.
Ese proceso de una mejor eficiencia del Estado fortalece el clima de negocios y favorece al sector importador y exportador.
HAY PROBLEMAS CON LA COMPETITIVIDAD.
El ministro no eludió uno de los puntos débiles de Uruguay, la falta de competitividad.
Reconoció que en esa materia tenemos un problema, producto de un conjunto de factores, pero no se resuelve con política macroeconómica. “Una devaluación de la moneda no va a resolverlo” porque además de no generar los resultados buscados desataría efectos que afectarán colateralmente. La forma es buscar la manera de ayudar a la producción nacional a mejorar sus costos y que las medidas anunciadas coinciden con ello. No son de efecto inmediato, pero son mucho más sostenibles.
El paquete de medidas consta de siete principios: 1) revisar gravámenes; 2) sustituir certificados por declaraciones; 3) eliminar licencias administrativas; 4) digitalizar; 5) optimizar instrumentos; 6) mejorar procesos de registro de productos regulados; y 7) cambiar intervenciones preceptivas por optativas.
LAS 12 MEDIDAS ANUNCIADAS.
Las 12 medidas anunciadas por el ministro, quien agregó que marcan el inicio de un conjunto de otras que se anunciarán durante el período y se originaron luego de más de 40 reuniones de trabajo en las que se detectaron unos 500 procesos para mejorar.
Batería de medidas:1) Elaborar una propuesta de reducción de la tasa por servicios del Laboratorio Tecnológico del Uruguay (LATU); 2) eliminar de la tasa de la Administración Nacional de los Servicios de Estiba (ANSE) a importaciones vía marítima; 3) eliminar el anticipo especial del impuesto a la renta de las actividades económicas (IRAE) para importación; 4) sustituir certificados por declaraciones juradas en casos específicos; 5) implementar la autocertificación de origen; 6) eliminar licencias de algunos alimentos para su importación desde Argentina; 7) digitalizar certificados fitosanitarios de exportación e importación y de carga terrestre; 8) incorporar documentos digitalizados a la Ventanilla Única de Comercio Exterior; 9) elaborar un decreto para agilizar una prórroga de admisión temporaria; 10) mejorar el procedimiento de reclamo de pago de impuestos por insumos (drawback); 11) facilitar procesos para registrar productos de vigilancia sanitaria; 12) elaborar normativa para eliminar la intermediación perceptiva de despachantes de Aduanas.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, dijo el jueves que confiaba en que se pudiera alcanzar un “principio de acuerdo”.
Montevideo | Todo El Campo | En su letanía de amenazas, Estados Unidos apuntó ahora contra la Unión Europea, bloque al que advirtió que pondrá un arancel del 17% a los productos agroalimentarios. El anuncio se entiende como una escalada comercial de última hora y cuando faltan pocas horas para cumplir el plazo del 9 de julio que dio el presidente Donald Trump para que entren en vigor los gravámenes comerciales suspendidos en abril.
Según publicó Financial Times haciéndose eco de tres fuentes conocedoras de las negociaciones, de no firmarse un acuerdo para entonces, Washington procederá a penalizar con un arancel del 20% todas las importaciones de la UE.
El objetivo de Trump sería arrancarle a Bruselas exenciones regulatorias para las grandes empresas norteamericanas y cerrar el déficit comercial mantenido entre ambas potencias.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, dijo el jueves 3 de julio que confiaba en que se pudiera alcanzar un “principio de acuerdo” que diera paso a uno completo más tarde. Sin embargo, siempre según Financial Times, el comisario de Comercio, Maros Sefcovic, ya recibió el viernes 4 las nuevas exigencias de la Casa Blanca.
Por otra parte, Estados Unidos dijo que aplicará, a partir del 1° de agosto, aranceles a aquellos países con los que no haya alcanzado acuerdos, incluyendo Taiwán. Este último anuncio fue realizado por el secretario del Tesoro, Scott Bessent.