“Hablar de agricultura es hablar de trabajo, de esfuerzo y de compromiso, pero también de futuro”.
Fernando Sanabia Viscoski | Canelones | Todo El Campo | El pasado 9 de setiembre se conmemoró el Día Mundial de la Agricultura, una fecha que invita a reconocer y valorar la tarea de quienes trabajan diariamente con la tierra para producir uno de los recursos más importantes para la humanidad: los alimentos.
Hablar de agricultura es hablar de trabajo, de esfuerzo y de compromiso, pero también de futuro. Detrás de cada cultivo, de cada cosecha y de cada alimento que llega a nuestra mesa, existe una persona que tomó la decisión de producir, muchas veces enfrentando condiciones climáticas adversas, dificultades económicas, incertidumbre y mercados cada vez más exigentes.
La agricultura ocupa un lugar fundamental en la seguridad alimentaria mundial. Y ese rol se vuelve todavía más importante frente a una población que continúa creciendo y a un escenario productivo marcado por el cambio climático, la disponibilidad limitada de agua y otros recursos naturales y la necesidad de producir más, pero de una manera responsable.
Por eso, el desafío de la agricultura actual no puede ser solamente aumentar los rendimientos. El verdadero desafío es producir de manera sostenible, cuidando los recursos que harán posible seguir produciendo mañana.
CUIDAR EL SUELO PARA SEGUIR PRODUCIENDO.
Dentro de las herramientas que hoy adquieren mayor importancia se encuentra la agricultura de conservación, basada fundamentalmente en tres pilares: la mínima perturbación del suelo, la cobertura permanente y la diversificación de los cultivos.
Reducir la labranza y los movimientos mecánicos permite conservar mejor la estructura del suelo y disminuir la pérdida de humedad. Mantener la superficie cubierta mediante rastrojos, residuos orgánicos o cultivos de cobertura ayuda a protegerla frente al sol, el viento y las lluvias intensas.
A su vez, diversificar los cultivos, mediante rotaciones y asociaciones, contribuye a mejorar la fertilidad, favorecer la biodiversidad y reducir determinados problemas sanitarios.
No se trata simplemente de incorporar una nueva técnica. Se trata de entender que el suelo no es un recurso inagotable, sino el patrimonio productivo sobre el cual se construye el futuro de la agricultura.
A esto debemos sumar un uso cada vez más eficiente del agua, la incorporación de tecnologías, la agricultura de precisión, la genética, la digitalización y todas aquellas herramientas que permitan tomar mejores decisiones y utilizar los recursos de manera más eficiente.
La innovación, entonces, no debe ser entendida como un reemplazo del productor, sino como una herramienta para que pueda producir mejor.
UNA AGRICULTURA PREPARADA PARA NUEVOS DESAFÍOS.
El cambio climático ya forma parte de la realidad productiva. Sequías, excesos de lluvias, temperaturas extremas y cambios en los ciclos productivos obligan a repensar muchas de las decisiones que durante generaciones fueron tomadas de determinada manera.
La agricultura tendrá que adaptarse.
Pero adaptarse no significa abandonar lo que sabemos, sino combinar el conocimiento acumulado por generaciones de productores con la ciencia, la tecnología y la innovación.
En nuestra región, y particularmente en Uruguay, esto adquiere una importancia enorme. La agricultura y la producción agropecuaria no solamente generan alimentos: generan empleo, movimiento económico, arraigo y oportunidades para miles de familias.
Por eso, cuando hablamos de agricultura, también estamos hablando de país.
¿QUIÉN VA A PRODUCIR DENTRO DE 20 O 30 AÑOS?
Sin embargo, hay una pregunta que considero imprescindible hacer.
¿Quién va a producir dentro de 20 o 30 años?
Podemos hablar de agricultura de precisión, inteligencia artificial, nuevas variedades, maquinaria cada vez más eficiente, conservación de suelos, manejo responsable del agua y producción sostenible.
Todo eso es necesario.
Pero existe un recurso que muchas veces queda fuera de la discusión y que es tan importante como el suelo, el agua o la tecnología: las personas.
Si no logramos que nuevas generaciones encuentren en la agricultura y en el medio rural una verdadera oportunidad de vida, todos esos avances corren el riesgo de quedarse sin quienes los lleven adelante.
El relevo generacional no puede ser un tema secundario. Tiene que formar parte de cualquier discusión seria sobre el futuro de la agricultura.
Porque no alcanza con cuidar el suelo si no cuidamos también a quienes lo trabajan.
No alcanza con incorporar tecnología si no conseguimos que haya jóvenes dispuestos a aprender, innovar y producir.
No alcanza con hablar de soberanía alimentaria si cada vez son menos las familias que encuentran condiciones para continuar produciendo alimentos.
EL FUTURO DE LA AGRICULTURA TAMBIÉN SE CONSTRUYE HOY.
El Día Mundial de la Agricultura debe servir para homenajear a quienes producen, pero también para reflexionar sobre qué agricultura queremos para las próximas generaciones.
Una agricultura que produzca más, pero que cuide el suelo.
Que utilice el agua de manera responsable.
Que incorpore innovación y tecnología.
Que sea capaz de adaptarse al cambio climático.
Que genere oportunidades económicas.
Y, fundamentalmente, que sea capaz de ofrecer un proyecto de vida para quienes vienen detrás.
Porque la sostenibilidad no es solamente ambiental. También debe ser económica, social y generacional.
El gran desafío es lograr que producir alimentos siga siendo una actividad viable, digna y atractiva para las nuevas generaciones.
En definitiva, cuidar la agricultura es cuidar el suelo, el agua, los alimentos y también a las personas que hacen posible que todo eso exista.
Y quizás ese sea uno de los mayores desafíos que tenemos por delante: no solamente producir para alimentar al mundo de hoy, sino construir las condiciones para que alguien quiera seguir produciendo mañana.
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EL AUTOR. Fernando Sanabia Viscoski es licenciado en Gestión Agropecuaria. Posgrado en agronegocios. Productor agropecuario

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