Las instituciones de investigación no siempre son valoradas debidamente. No lo son por la población en general, ni por quienes gobiernan.
Hébert Dell’Onte Larrosa | Montevideo | Todo El Campo | Quienes siguen Todo El Campo saben que este portal web suele compartir con frecuencia información de carácter científico y de investigación científica. La decisión editorial de traer a los lectores artículos que se difunden a través de importantes revistas de ciencia cuyo prestigio y seriedad es reconocida en el mundo, como de centros de comunicación de diversas universidades de distintos países, no fue caprichosa y obedece al valor que desde aquí se le da a la ciencia, los científicos y la investigación científica.
Difundir ciencia es altamente positivo en tiempos en que todo se relativiza hasta el extremo de aceptar la ignorancia como un valor en sí mismo; tiempos en que la opinión de influencers con simpatía y sonrisa bonita suele ser más valorada que la opinión del estudioso que profundiza los temas y expone su trabajo con argumentos.
Por Todo El Campo han pasado y pasan artículos e investigaciones de universidades de todo el mundo.
Son más de 30 las universidades que hemos publicado, muchas de ellas en más de una vez con temas diferentes desarrollados por investigadores también diferentes. Siempre abordando temas que de alguna manera se vinculan directa o tangencialmente con la agropecuaria.
Lo rural no solo se limita a los temas diarios del ganado, los cultivos, el mercado, el clima y las políticas que desarrollan los gobiernos. Es un mundo infinitamente mayor, y en esa inmensidad se encuentra la investigación.
Es correcto decir que la agropecuaria crece y evoluciona positivamente por la investigación que diferentes actores científicos de todo el mundo desarrollan solos o en equipo, siempre en silencio, haciendo pruebas o ensayos de campo un día, o análisis de laboratorios frente a un microscopio y con una computadora en otros.
La investigación también se lleva a cabo por fuera de las universidades, en instituciones públicas o privadas en las que sus profesionales ponen toda su capacidad para alcanzar resultados asombrosos, como asombrosa es la evolución genética vacuna que nos da una mejor carne, el afinamiento de la lana que nos coloca en mejores condiciones para comercializar, o el cultivo resistente que rinde más y logra un producto mejor a pesar de la sequía. Los ejemplos son tantos como imposible de enumerar aquí.
Si nos detenemos a pensar tan solo un segundo, todos sabemos bien cuales son, en lo local, esas instituciones o empresas que generan conocimientos. Nos cruzamos con ellas todos los días.
Severo Ochoa de Albornoz, el famoso médico y científico español nacionalizado estadounidense, ganador del Premio Nobel de Medicina en 1959 junto a Arthur Kornberg (estadounidense), afirmó que “la ciencia siempre vale la pena porque sus descubrimientos siempre se aplican”, reflexión que este portal comparte a plenitud.
Sin embargo, las instituciones de investigación no siempre son valoradas debidamente. No lo son por la población en general, ni por quienes gobiernan. La rendición de cuentas que el Poder Ejecutivo envió al Parlamento para su análisis recorta 18 cargos presupuestados del Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable (IIBCE),
La media no es buena señal teniendo en cuenta que el Instituto ya sufre una caída de personal; y tampoco lo es por el valor mismo de la investigación científica que desarrolla.
Teniendo un Estado tan gordo y pesado, no parece justo que en lugar de eliminar burocracias que encarecen, se recorte en un sector que impulsa y genera conocimiento, que es el principal activo, el principal legado que una generación puede dejar a los que vienen detrás.
Artículo vinculado: Recorte de vacantes amenaza al Clemente Estable. | Todo El Campo

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