Para aprovechar esta oportunidad, se requieren condiciones básicas como estabilidad económica, seguridad jurídica, acceso a mercados y mayor competitividad.

Buenos Aires, Argentina | Todo El Campo | Daniel Urcía, vicepresidente de la Federación de Industrias Frigoríficas Regionales de Argentina (Fifra) y de la Unión Industrial Argentina (UIA) escribió una nota de opinión sobre el mercado mundial de la carne donde realiza algunas consideraciones respecto al sector en Argentina pero que, en algunos casos, aplican también a Uruguay y al Mercosur.

Señala que el sector ganadero tiene una gran oportunidad porque la demanda mundial de proteína animal y carne vacuna seguirá creciendo.

Sin embargo, para aprovechar esa oportunidad se requieren condiciones básicas como estabilidad económica, seguridad jurídica, acceso a mercados y mayor competitividad de toda la cadena cárnica.

La industria frigorífica atraviesa dificultades estructurales debido a una menor oferta de hacienda y una caída cercana al 10% en la producción de carne, lo que complica la utilización de la capacidad instalada.

Entre los principales problemas se mencionan la presión impositiva, impuestos provinciales, tasas municipales, cuestiones sanitarias e informalidad laboral, factores que aumentan los costos y reducen la competitividad.

El autor sostiene que Argentina tiene margen para aumentar la producción ganadera gracias a sus recursos agrícolas y que ello podría generar más divisas, actividad económica e inversiones.

Para lograr ese crecimiento es necesario brindar previsibilidad y estímulos que impulsen a los productores a invertir y aumentar el stock ganadero.

Aunque el mercado interno absorbe alrededor del 70% de la carne vacuna, las exportaciones son consideradas fundamentales para sostener la expansión productiva.

Se destacan las oportunidades comerciales en Estados Unidos y Europa, pero se advierte que Argentina debe cumplir estrictamente las exigencias regulatorias de esos mercados.

La trazabilidad, la identificación del origen de los animales y el uso responsable de medicamentos veterinarios son considerados elementos clave para mantener abiertas las exportaciones y preservar la reputación de la carne argentina.

La conclusión es que la demanda internacional existe, pero para transformarla en crecimiento real se necesita una cadena más integrada, menos costos estructurales y un marco estable que favorezca la inversión y la producción.

La idea fuerza del artículo es que la carne vacuna argentina tiene un mercado mundial dispuesto a comprar más, pero el verdadero desafío no es la demanda sino crear las condiciones económicas, jurídicas y competitivas que permitan abastecerla rentablemente.


ARTÍCULO COMPLETO DE DANIEL URCÍA.

EL MERCADO MUNDIAL ESTÁ ÁVIDO DE LA CARNE VACUNA ARGENTINA, PARA APROVECHAR ESA DEMANDA SE REQUIERE DE ESTABILIDAD ECONÓMICA, JURÍDICA Y COMPETITIVIDAD.

La ganadería argentina tiene una oportunidad enorme frente a un mundo que va a demandar cada vez más proteína animal. Pero ese potencial no se transforma automáticamente en producción, inversiones y empleo. Para aprovecharlo necesitamos estabilidad económica, seguridad jurídica, acceso a los mercados y, fundamentalmente, mejorar la competitividad de toda la cadena.

Desde Fifra venimos señalando que la industria frigorífica enfrenta dificultades estructurales que no podemos seguir postergando. La menor oferta de hacienda y la caída de alrededor del 10% en la producción de carne obligan a las empresas a revisar sus costos y reorganizar su actividad. La industria está preparada para procesar un volumen superior al actual y, cuando los kilos disminuyen, sostener esa estructura se vuelve mucho más difícil.

A esto se suman la presión impositiva, los impuestos provinciales, las tasas municipales, los problemas sanitarios y la informalidad laboral. Son sobrecostos que restan competitividad y que debemos abordar si queremos que la industria pueda invertir, crecer y generar trabajo formal.

El horizonte, sin embargo, es alentador. Argentina tiene capacidad para aumentar su producción ganadera y aprovechar sus recursos agrícolas para alimentar más animales. Ese crecimiento podría generar un importante ingreso adicional de divisas y actividad económica. Pero para concretarlo necesitamos reglas previsibles y condiciones que incentiven al productor a invertir y aumentar el stock.

También debemos entender que los mercados externos son fundamentales para sostener ese proceso. El mercado interno continúa siendo nuestro principal destino, con una participación cercana al 70% del consumo de carne vacuna, pero la disponibilidad de hacienda condiciona la oferta. Si queremos aumentar la producción, debemos asegurar tanto el abastecimiento doméstico como la posibilidad de colocar mayores volúmenes en el exterior.

En ese sentido, la apertura de oportunidades en Estados Unidos y la expectativa de renovar y ampliar el acceso preferencial constituyen señales importantes. Lo mismo ocurre con el mercado europeo, donde la calidad de la carne argentina es reconocida y existen posibilidades comerciales concretas. Sin embargo, para aprovecharlas debemos cumplir con las exigencias regulatorias y garantizar la información que necesitan los importadores.

Más allá de que compartamos ese tipo de regulaciones, debemos comprender que, si queremos seguir vendiendo en esos destinos, hay que adaptase y cumplir con esas exigencias. La trazabilidad y la información sobre el origen de los animales son herramientas para preservar el acceso a mercados que, de otro modo, podrían cerrarse para nuestra producción.

Lo mismo vale para el uso de medicamentos veterinarios. Argentina cuenta con un sistema sanitario sólido y ha trabajado junto con el Senasa para responder a las exigencias europeas. Debemos sostener ese trabajo, respetar los períodos de carencia y garantizar un uso responsable de los productos veterinarios. La prevención y el cumplimiento son indispensables para defender la reputación de nuestra carne.

El desafío es construir una cadena integrada, con más producción, industria competitiva y mercados diversificados. No alcanza con tener demanda internacional: necesitamos poder abastecerla y hacerlo en condiciones rentables. Si logramos estabilidad, seguridad jurídica y una reducción de los sobrecostos que arrastra la actividad, la ganadería argentina tiene todo para crecer. El potencial está; depende de nosotros generar las condiciones para aprovecharlo.

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