Un nuevo máximo histórico de agua precipitable en setiembre confirma la aceleración del cambio en el clima y anticipa fenómenos extremos más frecuentes.
Hébert Dell’Onte Larrosa | Montevideo | Todo El Campo | La gráfica de hoy, publicado por el profesor Eliot Jacobson en sus redes sociales, muestra que el total global de agua precipitable alcanzó un récord histórico en setiembre. Este indicador mide la cantidad de vapor de agua presente en la atmósfera sobre un punto de la superficie terrestre y constituye un parámetro clave para entender la dinámica climática.
Más vapor no implica lluvias inmediatas, pero sí mayor inestabilidad. Cuando la humedad se condensa, puede generar precipitaciones torrenciales y provocar inundaciones repentinas.
En contraste, cuando no se transforma en lluvia, intensifica las sequías al elevar la demanda hídrica de los suelos y cultivos. En ambos casos, el impacto sobre la producción agrícola y la seguridad alimentaria es significativo.
Este récord se suma a otros signos de aceleración del calentamiento global, como el fortalecimiento del fenómeno El Niño y el incremento sostenido de las temperaturas oceánicas.

La gráfica difundida por Jacobson refleja una tendencia clara: la atmósfera está cada vez más cargada de humedad, consecuencia directa del aumento de la temperatura global. Más energía disponible en el sistema climático significa lluvias más intensas en algunos lugares y sequías más prolongadas en otros.
El récord de setiembre y que muestra la gráfica del día es un síntoma de un planeta cambiante y en proceso hacia escenarios más volátiles.
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