El movimiento invita a “revisar con rigor la burocracia innecesaria, las regulaciones excesivas, el costo laboral, las tarifas, el costo financiero y, sobre todo, el tamaño y el costo de funcionamiento del Estado”.
Montevideo | Todo El Campo | El movimiento Un Solo Uruguay (USU) dirigió una carta abierta al ministro de Economía y Finanzas, Ec. Gabriel Oddone, en la que plantea que se debe discutir “cuánto cuesta producir en este país” y “qué necesita Uruguay para generar trabajo, producción, inversión y competitividad”. Nada de eso “se logra pidiendo al empresario que trabaje más”.
En la misiva (publicada completa al pie del artículo) USU expresa su “desacuerdo con sus recientes declaraciones sobre el papel de los empresarios y la necesidad de trabajar más para que el país crezca”.
LO QUE DIJO ODDONE.
El martes 6 de octubre, Oddone fue el orador principal del Foro Económico de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE), donde expresó que para que Uruguay crezca se necesita del sector y la inversión privada: “Son los privados quienes deben mover la aguja”, no hacerlo “es un derecho legítimo, pero no digamos después que el país no crece y que es caro”.
Agregó que “sin un crecimiento superior al 2,5%, nuestro modelo de convivencia no es sostenible”, y apeló a fortalecer la competitividad y la productividad para evitar un estancamiento económico.
LA CARTA ABIERTA DE UN SOLO URUGUAY.
La carta de USU afirma que “los productores uruguayos no necesitamos que nos digan que debemos trabajar más. Hace décadas que lo hacemos: invertimos, asumimos riesgos y competimos en los mercados internacionales”.
Los que “producimos para exportar sabemos que producir más no alcanza. Debemos vender a precios internacionales mientras afrontamos costos nacionales que, en la mayoría de los casos, superan ampliamente a los de nuestros competidores”.
Por varias razones “el problema del crecimiento de Uruguay no puede recaer únicamente sobre quienes producen”, ya que acá no se fijan los precios internacionales de la carne, de la leche, de los granos ni de la lana; tampoco los precios de los fertilizantes, los combustibles, los fletes o la maquinaria. Sin embargo, el productor “debe absorber todos esos costos en un país donde producir, transportar, contratar, invertir y cumplir con las exigencias del Estado resulta extraordinariamente oneroso”.
Si lo que se busca es el crecimiento, hay que ver “cuánto cuesta producir y por qué”, para lo cual invita a “revisar con rigor la burocracia innecesaria, las regulaciones excesivas, el costo laboral, las tarifas, el costo financiero y, sobre todo, el tamaño y el costo de funcionamiento del Estado”.
El agro es el “principal generador de divisas del país”, y la pesca podría estar en igual condición “si se le otorgaran las condiciones adecuadas”, pero “el Estado no puede exigir que estos motores aceleren mientras les sigue cargando más peso”, entiende USU.
No hay discrepancia en que es de una “necesidad impostergable” generar crecimiento, “pero para lograrlo se requiere un Estado consciente de que, para distribuir riqueza, primero hay que producirla, y producirla exige condiciones adecuadas, no parches”.
“El sector productivo no reclama privilegios ni prebendas. Solo pide poder trabajar”, apunta la carta abierta que sobre el final aclara que no se busca confrontar, sino hacer “un llamado a la racionalidad”, pero “el Estado debe hacer su parte: reducir el costo de su funcionamiento, eliminar regulaciones inútiles y burocracia innecesaria, y alcanzar un gasto público eficiente. Sin esas condiciones mínimas, no seremos competitivos”.
CARTA COMPLETA.
CARTA ABIERTA AL SEÑOR MINISTRO DE ECONOMÍA Y FINANZAS
Señor ministro:
Con el mayor respeto institucional, pero con profunda preocupación, quienes integramos los sectores productivos de Uruguay expresamos nuestro desacuerdo con sus recientes declaraciones sobre el papel de los empresarios y la necesidad de “trabajar más” para que el país crezca.
Los productores uruguayos no necesitamos que nos digan que debemos trabajar más. Hace décadas que lo hacemos: invertimos, asumimos riesgos y competimos en los mercados internacionales.
Quienes producimos para exportar sabemos que producir más no alcanza. Debemos vender a precios internacionales mientras afrontamos costos nacionales que, en la mayoría de los casos, superan ampliamente a los de nuestros competidores.
El productor agropecuario no fija el precio de la carne, de la leche, de los granos ni de la lana. Tampoco determina el precio internacional de los fertilizantes, los combustibles, los fletes o la maquinaria. Sin embargo, debe absorber todos esos costos en un país donde producir, transportar, contratar, invertir y cumplir con las exigencias del Estado resulta extraordinariamente oneroso.
Por eso, el problema del crecimiento de Uruguay no puede recaer únicamente sobre quienes producen. El Uruguay productivo no pide trabajar menos: pide que lo dejen trabajar.
Para crecer es imprescindible preguntarnos cuánto cuesta producir en este país y por qué. Debemos revisar con rigor la burocracia innecesaria, las regulaciones excesivas, el costo laboral, las tarifas, el costo financiero y, sobre todo, el tamaño y el costo de funcionamiento del Estado.
Cuando los números no cierran, ningún discurso puede sustituir la realidad económica.
El sector agroexportador es el principal generador de divisas del país. Lo mismo podría ocurrir con la pesca si se le otorgaran las condiciones adecuadas. El Estado no puede exigir que estos motores aceleren mientras les sigue cargando más peso.
La verdadera discusión, señor ministro, es otra: qué necesita Uruguay para generar trabajo, producción, inversión y competitividad. Eso no se logra pidiendo al empresario que trabaje más.
Coincidimos en la necesidad impostergable de crecer y dejar atrás décadas de estancamiento. Pero para lograrlo se requiere un Estado consciente de que, para distribuir riqueza, primero hay que producirla. Y producirla exige condiciones adecuadas, no parches.
El sector productivo no reclama privilegios ni prebendas. Solo pide poder trabajar. Detrás de cada empresa hay personas que arriesgan y familias que dependen de ese trabajo para su sustento.
Esto no es una confrontación, sino un llamado a la racionalidad. El Estado debe hacer su parte: reducir el costo de su funcionamiento, eliminar regulaciones inútiles y burocracia innecesaria, y alcanzar un gasto público eficiente. Sin esas condiciones mínimas, no seremos competitivos.
Entre todos podemos construir un país donde vivir y producir vuelva a valer la pena.
Muchas gracias.
Un Solo Uruguay.

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