Las aves pueden ser una de esas claves para interpretar el campo uruguayo. Están presentes en todos los ambientes del país, ocupan distintos niveles de la cadena alimenticia y existe un conocimiento importante sobre su ecología.
Montevideo | Todo El Campo | Hay algo que ocurre cada vez que alguien aprende a reconocer las aves que habitan un lugar: el paisaje empieza a contar otras cosas. Un pastizal, un monte o un humedal dejan de ser solamente parte del escenario y pasan a revelar, a través de las especies que los ocupan, cómo funcionan esos ambientes y qué transformaciones están atravesando.
Las aves pueden ser una de esas claves para interpretar el campo uruguayo. No porque sean el grupo más importante para el funcionamiento de los ecosistemas, dado que todos cumplen un papel, sino porque están presentes en todos los ambientes del país, ocupan distintos niveles de la cadena alimenticia y existe un conocimiento importante sobre su ecología. Esa combinación las convierte en buenos indicadores para comprender el estado de los ecosistemas.
“La gente que vive y trabaja en el campo muchas veces conoce por observaciones propias, al menos parcialmente, la diversidad silvestre, pero no sabe sus nombres, preferencias ambientales y, sobre todo, qué se puede hacer en la gestión para conservar esa riqueza”, resume Oscar Blumetto, investigador del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA).
“Para conservar hay que conocer”, señala Oscar; pero conocer de aves no significa solamente aprender los nombres de las especies. También implica entender dónde viven, de qué se alimentan, cómo se reproducen, cómo se desplazan y qué necesitan para desarrollarse. Esa información permite, a su vez, comprender cómo las decisiones de manejo pueden afectar a las comunidades de aves y, en definitiva, a los ambientes que sostienen a los sistemas productivos.
Esta mirada forma parte del trabajo de investigación que INIA desarrolla sobre biodiversidad y sistemas productivos. En ese marco, las aves son estudiadas como indicadores ecológicos por su sensibilidad frente a los cambios ambientales y por el conocimiento disponible sobre sus necesidades. El objetivo no es solamente saber qué especies están presentes, sino utilizar esa información para comprender mejor cómo funcionan los sistemas y qué tan sostenibles y resilientes pueden ser.
La investigación también ha puesto el foco en la biodiversidad, en la medida que puede convertirse en un atributo capaz de diferenciar sistemas y productos. En colaboración con la industria, INIA ha trabajado en la incorporación de indicadores de riqueza y diversidad de aves en establecimientos proveedores de lanas de alta calidad. Según Blumetto, “estos indicadores ya son reportados por empresas exportadoras que acceden a mercados exigentes, con más de 20 marcas internacionales de alto perfil”.
En el sector cárnico, por otra parte, se trabaja en las bases para explorar el agregado de valor ambiental de la carne, incluyendo el ensamble de aves entre los indicadores que podrían utilizarse para diferenciar sistemas productivos. En paralelo, “en INIA avanzamos en el desarrollo de un esquema de certificación de ‘naturaleza positiva’, que también contempla a las aves como indicadores clave”, detalló Oscar.
Para que todo esto sea posible, primero hay que aprender a mirar. Ese fue uno de los motivos que llevó a INIA a desarrollar el curso “Aves del campo uruguayo”, una propuesta donde Blumetto buscó acercar este conocimiento a productores, técnicos, estudiantes y personas interesadas en la naturaleza. La convocatoria superó las 500 inscripciones, entre ellas más de 150 productores y más de 100 técnicos asesores, además de estudiantes y participantes vinculados a actividades como el paisajismo y el turismo.
“Con el curso apuntamos a compartir herramientas para que conozcan las aves y sus necesidades. Los sistemas productivos tienen que ser económicamente viables, pero tanto productores como técnicos, quieren hacer las cosas bien, y eso implica entender las estrategias que están a su alcance para cuidar el capital natural que las aves y el resto de la biodiversidad habitan”, detalló el investigador.
A lo largo del curso se abordaron la diversidad de aves del Uruguay y su relación con los principales ambientes bajo uso agropecuario —pastizales, bosques y humedales—, además de aspectos como alimentación, reproducción, migraciones y otras adaptaciones ecológicas. “Una de las instancias estuvo dedicada especialmente a lo que la investigación ha permitido conocer sobre la influencia del manejo agropecuario en las comunidades de aves, particularmente en los sistemas ganaderos”, explicó Oscar.
Incorporar esta mirada trata de sumar información para entender mejor el capital natural sobre el que esos sistemas se apoyan y las estrategias disponibles para cuidarlo. También puede abrir oportunidades para demostrar que determinadas formas de producir contribuyen a conservar los ecosistemas y, eventualmente, diferenciar los productos que provienen de ellos.
(INIA).

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