El relato de María Elena subraya la importancia de la familia, el legado rural y la creciente presencia femenina en la producción.
Montevideo | Todo El Campo | 2026 es el Año Internacional de la Mujer Agricultora y el Instituto Nacional de Carnes (INAC) está divulgando en su página web como redes sociales testimonios de productoras de nuestro país. Es el caso de María Elena, cuya experiencia ha sido difundida en un video de YouTube.
María Elena, una productora que creció en el medio rural y encontró en el campo su proyecto de vida. Su historia refleja cómo las mujeres asumen tareas, responsabilidades y aportan conocimientos.
El relato subraya la importancia de la familia, el legado rural y la creciente presencia femenina en la producción, mostrando que el campo también es un espacio de oportunidades para ellas.
DATOS.
La ONU declaró 2026 como el año dedicado al rol de la mujer en la agricultura.
María Elena es productora rural que representa el aporte femenino en el agro, destacándose cómo las mujeres han pasado de roles secundarios a asumir responsabilidades clave en la producción. (A modo de ejemplo la Federación Rural tuvo una presidenta mujer, también asociaciones rurales del interior; actualmente Hereford es presidida por una mujer y Normando la tiene desde hace años. La mujer está ocupando cada vez más espacios de relevancia, ya sea al frente de instituciones o de establecimientos).
El relato de María Elena subraya la importancia del legado rural y la transmisión de valores en el campo; y enfatiza que el agro es un espacio de desarrollo y crecimiento para las mujeres, con impacto social y económico.

EL TESTIMONIO DE MARÍA ELENA.
Crecer rodeada de animales, aprender del trabajo en familia y encontrar en el campo una forma de vida. Desde muy chica, su historia estuvo vinculada al medio rural y a los valores transmitidos de generación en generación.
Su principal referencia fue su familia. Cuatro hermanos que crecieron en el campo, continuaron el trabajo de su padre y construyeron juntos un proyecto que también marcó a las siguientes generaciones.
“La familia es lo principal y, a la vez, la vida en el campo y aprender a valorar todo lo que puedo sacar de él”, destaca.
Ese vínculo estuvo presente desde la infancia. Recorrer el campo, encontrar un ternero o un cordero para criar y llevarlo a su casa en Minas eran situaciones habituales. Por eso, cuando llegó el momento de elegir qué estudiar, para su madre la respuesta parecía evidente: “¿Pero qué duda vas a tener si vivís arriba del bicho?”.
Hoy continúa ese vínculo desde el trabajo cotidiano. Sola o junto a su padre, realiza las tareas habituales del establecimiento: ensillar, recorrer, juntar los animales, vacunar y atender lo que el campo requiera.
Como mujer, valora especialmente haber encontrado su lugar en una actividad históricamente asociada a los hombres. Reconoce que esa realidad está cambiando y que cada vez son más las mujeres que eligen desarrollarse profesionalmente y permanecer en el medio rural.
“Hay un montón de cosas que sí podemos hacer y rendir lo mismo”, afirma.
Su experiencia refleja una transformación que atraviesa al agro: más mujeres que encuentran en el campo un espacio para aportar conocimientos, asumir responsabilidades y construir su propio camino.
“Está bueno que se aporten también técnicas y mujeres que tengan ganas de quedarse en el campo y no volver a la ciudad”.

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