La lana, noble fibra natural, relegada por sintéticos a partir de 1935 cuando la humanidad se volcó al nailon y al poliéster.
Montevideo | Todo El Campo | Durante diez mil años, las fibras utilizadas por el ser humano fueron naturales: lana, lino, seda, cuero, algodón, cáñamo, pero todo cambió en 1935, escribió Sama Hoole, un creador de contenidos digitales enfocado en fitness, nutrición; posee un fuerte perfil carnívoro y de productos agrícolas.
1935 es clave, porque es el punto de aparición del nailon, luego del poliéster, derivados de carbón y petróleo.
Hoy, el poliéster domina más de la mitad de la producción mundial de fibras, pero su impacto ambiental y sanitario es alarmante: se han detectado microplásticos en el cuerpo humano: placenta, sangre, testículos y en el cerebro.
Mientras tanto, la lana —única fibra que se regenera cada año, no se quema y se degrada naturalmente— vale menos que el costo de esquilarla, aunque este año los precios mejoraron levemente.
La paradoja está en los precios, considera Holle que hasta hace poco el vellón natural no cubría la esquila.
En otra publicación Sama Hoole comentó que ninguna de las personas en que se han encontrado restos de plástico en alguno de los órganos del cuerpo, trabajaba en una fábrica de plástico, lo que explicaría el fenómeno. “Eran donantes de sangre, madres recientes, hombres en la lista de un cirujano y los muertos corrientes”.
Algunas curiosidades de ese hallazgo: en los testículos de los perros también se detectaron plásticos, pero “los hombres llevaban casi 3 veces más que los perros, y los perros lamen el pavimento”.
Los cerebros humanos “contenían de 7 a 30 veces más que los hígados y riñones. El órgano con más seguridad, es el que retiene más” de ese elemento.
Finalmente, cuestiona que no se puedan hacer exámenes para determinar la presencia de esos elementos en el cuerpo humano: “Tu médico puede ordenar una prueba para el colesterol, una molécula que tu hígado produce a propósito, y tiene la receta lista antes de que regrese el resultado”. En cambio, para los plásticos, “no hay prueba que pueda ordenarse; no hay rango de referencia, no hay código, no hay casilla en el formulario”.

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