China cubrió cientos de kilómetros de desierto con paneles solares para producir electricidad. Una década después, debajo creció tanta vegetación que necesita 20.000 ovejas para controlar las pasturas y mantener la limpieza del predio.

Montevideo | Todo El Campo | En China, el gigantesco parque fotovoltaico de Talatan, en Qinghai, nació para aprovechar uno de los lugares más soleados y áridos de China. Más de diez años después los paneles, además de producir energía, han cambiado el microclima del suelo: frenan el viento, reducen la evaporación y han favorecido el regreso de la vegetación.

El gigantesco complejo solar situado en el condado de Gonghe, en la provincia de Qinghai, se extiende sobre unos 609 kilómetros cuadrados. Allí, en 2012, China comenzó a desarrollar una gran base fotovoltaica que continúa ampliando con cada vez más recursos y esperan superar los siete millones de paneles, capaces de producir electricidad suficiente para unos cinco millones de hogares.

Lo curioso es que al instalar los paneles, debajo o detrás de ellos comenzaron a crecer pastos en lo que ha sido un desierto árido por muchos años. Ese crecimiento de pasturas llevó a que se necesitaran miles de ovejas para mantener la limpieza del predio.

El proyecto solar Talatan se encuentra a casi 3.000 metros de altitud y presenta condiciones especialmente duras, que incluyen precipitaciones escasas, elevada radiación solar y una evaporación anual que multiplica varias veces la cantidad de lluvia. Un estudio de Scientific Reports sitúa la precipitación media anual de la zona en unos 246 milímetros frente a una evaporación de más de 1.700 milímetros.

A finales del siglo XX, la tasa de desertificación de la zona alcanzaba el 98,5%. Los fuertes vientos levantaban arena que, además de dificultar el crecimiento vegetal, se temía pudieran dañar las instalaciones solares. Para combatir el problema, los responsables del parque comenzaron a sembrar hierba y otras especies capaces de estabilizar el suelo.

Sin que los ingenieros que trabajaron en el tema se lo esperaran, los paneles se convirtieron en aliados claves de la desertización de la zona al actuar como cortavientos y proyectar sombra sobre el suelo, reduciendo la radiación directa y la pérdida de agua.

Según datos de teledetección de un equipo formado por State Power Investment Corporation y la Universidad Tecnológica de Xi’an, citados por Xinhua, la velocidad del viento cayó un 50%, la evaporación de humedad del suelo se redujo un 30% y la cobertura vegetal llegó al 80% en las zonas estudiadas del parque.

Además, el agua empleada periódicamente para limpiar los equipos termina humedeciendo el suelo, lo que es de gran utilidad a la vegetación, con efectos positivos sobre la humedad, las propiedades físicas y químicas del suelo y las comunidades vegetales y microbianas

Los investigadores de la zona han descubierto que generan mejores condiciones ambientales dentro del parque, con efectos sobre la humedad, las propiedades físicas y químicas del suelo y las comunidades vegetales y microbianas. En conjunto, el desarrollo fotovoltaico ha tenido un gran impacto positivo sobre las condiciones ecológicas locales.

Un estudio de Scientific Reports sobre sistemas agrovoltaicos en el desierto de Hobq descubrió que había mayor humedad, materia orgánica, nitrógeno y actividad microbiana en los terrenos donde los paneles se combinaban con vegetación.

Por otro lado, contra todo plan o pronóstico, la vegetación comenzó a crecer demasiado, haciéndose necesario trasladar ovejas para mantener el lugar limpio, además de proporcionar alimento a las majadas. El círculo virtuoso es claro: los animales comen la vegetación entre las estructuras sin necesidad de herbicidas ni maquinaria, mientras sus excrementos aportan materia orgánica al terreno.

En base a La Vanguardia. Foto de CGTN.

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