Un nuevo estudio revela que la falta de acceso estable a alimentos durante la adultez no solo impacta en la salud física, sino que también aumenta el riesgo de deterioro cognitivo.
Montevideo | Todo El Campo | Ayer Todo El Campo publicó el artículo titulado “Seguridad alimentaria, el tesoro que Uruguay no valora o valora mal” donde, entre otras cosas, en uno de sus párrafos se hacía referencia a la salud humana en relación a la capacidad y acceder a alimentos, lo que amplía la importancia de la seguridad alimentaria a aspectos sanitarios: no es solo no pasar hambre.
Casualmente (o no), avanzada la tarde del viernes llegó a la mesa de redacción de Todo El Campo una nota de la Universidad de Michigan sobre una investigación realizada por científicos de ese centro de estudios en el cual se expresaba que “más allá de hambre” la inseguridad alimentaria se vincula a aspectos sanitarios, en este caso no referente a los casos tipos de malnutrición que solemos ver sino a la demencia en adultos.
“Los adultos mayores que experimentaron inseguridad alimentaria tanto en la mediana edad como en la edad avanzada tenían casi cuatro veces más riesgo de demencia probable que aquellos que mantuvieron la seguridad alimentaria”, afirma una nueva investigación de la Universidad de Michigan.
El estudio científico fue publicado en The American Journal of Clinical Nutrition (*). Allí se afirma que hay un vínculo fuerte entre personas que experimentan inseguridad alimentaria en la etapa adulta y la demencia profundizando nuevos resultados sobre una línea de trabajo que avanza: la inseguridad alimentaria no es solo un tema de hambre y acceso a nutrientes como suele interpretarse, también es determinante de la salud a lo largo de la vida.
Los investigadores lograron rastrear la inseguridad alimentaria dentro de las mismas familias durante décadas y examinar si el momento de la inseguridad alimentaria estaba asociado con la salud cognitiva en años posteriores.
“No solo podemos ahora seguir los cambios que experimenta una familia, sino que al recopilar esta información durante décadas, también podemos examinar diferentes partes del curso vital”, dijo Noura Insolera, científica asistente de investigación en ISR.
“Sabemos desde hace tiempo que el hambre y las deficiencias nutricionales dificultan que los niños aprendan en la escuela, por ejemplo, pero solo recopilando esta información año tras año durante muchos años podemos analizar algo como las conexiones entre la inseguridad alimentaria y el riesgo de demencia”, agregó.
Se estudiaron 2.051 adultos y se analizó si experimentaron inseguridad alimentaria en dos periodos diferentes: la mediana edad y la vida posterior. Del total de adultos estudiados, el 3% experimentó inseguridad alimentaria solo en la mediana edad, el 5,2% solo en la edad adulta y el 5% la experimentó en ambos periodos.
Las familias que han pasado por períodos de inseguridad alimentaria son minoría, de todas maneras, el momento en que ocurrió importó. La asociación con la probable demencia se concentró entre quienes experimentaron inseguridad alimentaria en la edad adulta.
Por tanto, puede sugerirse que la inseguridad alimentaria en la edad adulta avanzada puede ser especialmente importante para la salud cognitiva.
No obstante, el estudio no puede determinar si la inseguridad alimentaria en sí misma contribuye a la demencia o si otros factores asociados a la inseguridad alimentaria ayudan a explicar la relación.
“La inseguridad alimentaria tiene diferentes impactos adversos a lo largo de la vida”, afirmó Insolera. “Si has ido al médico recientemente, a menudo hay preguntas de control sobre la seguridad alimentaria al consumir, pero los profesionales sanitarios suelen quedarse perdidos cuando se les encarga ayudar a sus pacientes. A menudo, como médicos, no están preparados para resolver estos problemas. El primer paso es identificar el problema haciendo preguntas, pero el siguiente paso es mucho más complicado”.
INSEGURIDAD ALIMENTARIA EN LA VIDA POSTERIOR.
Las personas que experimentaron inseguridad alimentaria tanto en la mediana edad como en los posteriores tienen una probabilidad estimada de demencia del 40% en comparación con el 11% de quienes fueron seguros alimentarios tanto en la mediana edad como en la edad adulta. Quienes solo reportaron inseguridad alimentaria en la edad adulta vieron una probabilidad estadísticamente significativa aumentada del 34%.
“A medida que las personas envejecen, hay muchos factores, como la seguridad financiera, la comunidad, la familia y los programas gubernamentales que ayudan a garantizar que se cubran las necesidades”, dijo Insolera.
“El desgaste físico que la falta de nutrición causa en el cuerpo es un problema de salud tangible, pero la tensión mental de la preocupación y la ansiedad sobre la próxima comida también es un problema muy real. La inseguridad alimentaria causa ambas cosas, y la combinación de estas condiciones físicas y mentales adversas puede crear un problema mayor que la suma de sus partes”, profundizó.
Los resultados también plantean preguntas sobre cómo los proveedores sanitarios y los responsables políticos pueden responder a la inseguridad alimentaria, según los investigadores.
“Si hay algo que podría cambiar, sería volver a la generosidad de beneficios que SNAP pudo ofrecer durante la pandemia”, dijo la científica en referencia a Supplemental Nutrition Assistance Program, el principal programa de asistencia alimentaria de Estados Unidos. Gracia a ese programa, “el gobierno federal pudo intervenir rápidamente y ayudar a las familias estadounidenses de una manera muy exitosa. Si esos niveles de beneficios se hubieran mantenido, quizá no veríamos el aumento de la inseguridad alimentaria que hemos visto desde que expiraron esos beneficios”.

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