Existen en el país sistemas invernadores, que realizan el engorde de corderos previamente adquiridos de sistemas de cría que venden su producto en torno al destete o durante la recría.
José Francisco Ramos | Todo El Campo | En Uruguay, a grandes rasgos, se pueden identificar cuatro sistemas de producción ovina, en general localizados en determinadas zonas y en particular con diferentes posibilidades, desde el punto de vista agroecológico, de mejoras en el ambiente.
En un extremo, están los esquemas de ciclo completo, que son los sistemas más extensivos donde el producto principal es la lana fina, la mayoría de ellos con venta de borregos tras la esquila de los dos primeros vellones y una composición del stock donde existen categorías solteras y donde las ovejas de cría representan una proporción del total tal que aseguren la reposición. Estos sistemas predominan en las zonas de mayor concentración ovina del país.
En el otro extremo, se ubican sistemas de cría con venta de corderos al destete, a industria, o bien previo al inicio de un nuevo ciclo productivo, que tienen un énfasis claramente carnicero, con razas especializadas en producción de carne, biotipos maternos y también las razas tradicionales laneras, pero manejadas de forma intensiva. En estos sistemas la mejora ambiental es un ingrediente importante del sistema, y las principales características que determinan el ingreso son prolificidad, velocidad de crecimiento y peso de venta de los corderos.
Además, existen sistemas de cría con venta de corderos pesados en torno al año de edad, con utilización de diversas razas (productoras de lanas finas, medias o gruesas) e incluso con utilización de cruzamientos con razas carniceras y con una composición del stock más criadora. En estos sistemas, desde una perspectiva cultural y económica la contribución de la lana es aún importante y es de interés para los productores valorizar esa fuente de ingreso, aunque en la actualidad la mayor proporción del ingreso proviene de la carne ovina.
Finalmente, existen en el país sistemas invernadores, que realizan el engorde de corderos previamente adquiridos de sistemas de cría que venden su producto en torno al destete o durante la recría. Estos esquemas funcionan en zonas no tradicionales y en muchos casos asociados a semilleros, puentes verdes de la agricultura o verdeos invernales sobre laboreos de verano de arroz.
ESQUEMA GENERAL SOBRE SISTEMAS DE PRODUCCIÓN OVINA EN URUGUAY
En estos artículos se pretende examinar la realidad de estos distintos enfoques productivos y resumir en un único concepto los múltiples desafíos a los que se ven enfrentados. Si bien esto constituye una simplificación de la realidad, puede contribuir a identificar más claramente, jerarquizar y priorizar áreas de mejora para los diferentes sistemas de producción.
Sistemas de invernada, con venta de corderos pesados.
Desafío: Disponibilidad de corderos para invernar.
Pocos negocios en el agro ofrecen tanto retorno por capital invertido y en tan corto período de tiempo como el engorde de corderos. El Excel así lo prueba. La pregunta es, ¿por qué no se aprovechan más, las grandes áreas de verdeos de invierno, pasturas sembradas, laboreos de verano en campos de arroz o puentes verdes de la agricultura con el negocio de invernada de corderos? La primera respuesta que surge es, porque no hay suficientes corderos de invernada para abastecer esa eventual demanda. Y aquí está uno de los elementos que hace al componente riesgo de estos planteos productivos. ¿Cómo asegurarse contar con corderos de buen nivel y sanos para realizar el proceso de invernada? Para el criador no hay peor negocio que vender corderos livianos. La terminación de los corderos propios mejora el negocio de manera integral. Los productores comprenden claramente esto. De este modo, la mayor oferta de corderos para invernar, en términos generales y simplificando, está representada por animales chicos, livianos o con problemas sanitarios tal que sus propios propietarios deciden venderlos y no invernarlos. Esta característica de nuestro sector ovino donde no parece haber espacio por escala, volumen y percepción del riesgo para estratificar o especializar la producción representa una diferencia clara con el más claro competidor de la ganadería ovina, que es la ganadería vacuna y su dinamismo. En los vacunos hay criadores, recriadores, invernadores y combinaciones varias de todas estas alternativas. Cualquier vacuno en cualquier momento de su vida tiene demanda de parte de otro sistema de producción y/o la industria.
Por otra parte, la realidad de los precios en la venta de ovinos para el campo, que habitualmente no se corresponde con lo que uno podría pensar que deberían valer, de acuerdo al mercado y precio final esperado, representa ocasionalmente y dependiendo de la coyuntura una oportunidad para compradores astutos y sagaces. Sin embargo, estos casos son una referencia aislada y no constituyen la norma. El negocio de invernada de corderos tiene múltiples ventajas, por citar algunas de ellas: es predecible, hay estrategias de engorde diversas y validadas y tiene alto retorno por capital invertido; pero para asegurarse contar con corderos de buen peso y desarrollo, sanos y prontos para ganar muchos kilos el mejor respaldo es criarlos uno mismo.
Consideraciones finales.
El objetivo de estos artículos es animar el intercambio y suscitar la reflexión de los productores respecto a los principales desafíos que enfrentan de acuerdo al sistema de producción en el que se inscriban. Si bien es cierto que el rubro ovino tiene enorme versatilidad y multiplicidad de enfoques, la mayoría de la producción ovina nacional podría ubicarse en alguno de los sistemas descriptos en este texto. Es buena cosa poner el foco en aquellas cosas que están más al alcance de los productores para hacer que sus sistemas de producción ovina sean más rentables. Siempre, en última instancia, hay que jerarquizar y priorizar. Los productores deciden qué espacio y entidad le dan al rubro ovino en sus empresas agropecuarias. Hay espacio para que crezcan en número y cantidad de ovinos todos los sistemas de producción aquí reseñados. Una correcta definición de los sistemas de producción y comercialización y sus objetivos parece ser un buen puntapié inicial para que ocurra ese crecimiento.
Hay planteos productivos, que se desarrollan en general en pequeña escala, muestran la versatilidad del rubro ovino y su complementariedad.
José Francisco Ramos | Todo El Campo | En Uruguay, a grandes rasgos, se pueden identificar cuatro sistemas de producción ovina, en general localizados en determinadas zonas y en particular con diferentes posibilidades, desde el punto de vista agroecológico, de mejoras en el ambiente.
En un extremo, están los esquemas de ciclo completo, que son los sistemas más extensivos donde el producto principal es la lana fina, la mayoría de ellos con venta de borregos tras la esquila de los dos primeros vellones y una composición del stock donde existen categorías solteras y donde las ovejas de cría representan una proporción del total tal que aseguren la reposición. Estos sistemas predominan en las zonas de mayor concentración ovina del país.
En el otro extremo, se ubican sistemas de cría con venta de corderos al destete, a industria, o bien previo al inicio de un nuevo ciclo productivo, que tienen un énfasis claramente carnicero, con razas especializadas en producción de carne, biotipos maternos y también las razas tradicionales laneras, pero manejadas de forma intensiva. En estos sistemas la mejora ambiental es un ingrediente importante del sistema, y las principales características que determinan el ingreso son prolificidad, velocidad de crecimiento y peso de venta de los corderos.
Además, existen sistemas de cría con venta de corderos pesados en torno al año de edad, con utilización de diversas razas (productoras de lanas finas, medias o gruesas) e incluso con utilización de cruzamientos con razas carniceras y con una composición del stock más criadora. En estos sistemas, desde una perspectiva cultural y económica la contribución de la lana es aún importante y es de interés para los productores valorizar esa fuente de ingreso, aunque en la actualidad la mayor proporción del ingreso proviene de la carne ovina.
Finalmente, existen en el país sistemas invernadores, que realizan el engorde de corderos previamente adquiridos de sistemas de cría que venden su producto en torno al destete o durante la recría. Estos esquemas funcionan en zonas no tradicionales y en muchos casos asociados a semilleros, puentes verdes de la agricultura o verdeos invernales sobre laboreos de verano de arroz.
ESQUEMA GENERAL SOBRE SISTEMAS DE PRODUCCIÓN OVINA EN URUGUAY
En estos artículos se pretende examinar la realidad de estos distintos enfoques productivos y resumir en un único concepto los múltiples desafíos a los que se ven enfrentados. Si bien esto constituye una simplificación de la realidad, puede contribuir a identificar más claramente, jerarquizar y priorizar áreas de mejora para los diferentes sistemas de producción.
Sistemas de cría, con venta de corderos al destete o post destete inmediato
Desafío: Comprender las claves del negocio ovino – Escala
Los sistemas de cría, que venden corderos al destete o inmediatamente post destete antes del inicio de un nuevo ciclo productivo, a industria o venta particular, son muy populares en zonas no tradicionales, en los departamentos del litoral oeste y sur del país, y de modo general en los ejidos de las ciudades o centros poblados. Estos planteos productivos, que se desarrollan en general en pequeña escala, muestran la versatilidad del rubro ovino y su complementariedad con una enorme cantidad de actividades como lechería, agricultura, fruticultura y horticultura, entre otros. Han experimentado un crecimiento importante en cuando a cantidad de productores, involucrando una proporción menor de la majada nacional. Varias instituciones, entre ellas SUL, han trabajado intensamente en los últimos años, en varios puntos del país, con productores de este segmento a través de convenios con DGDR / MGAP (Dirección General de Desarrollo Rural – Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca) y Ruralidad de Mides (Ministerio de Desarrollo Social). Con frecuencia es una dificultad adecuar la propuesta tecnológica a estos sistemas de producción por sus particularidades, restricciones de infraestructura y objetivos comerciales. Un ejemplo de ello es la definición de la época de servicios y la necesidad en muchos casos de contar con producción a lo largo de todo el año, o al menos durante varios meses.
Estos sistemas hacen gala del alto beneficio económico que puede ofrecer el rubro ovino, en relación a los activos utilizados, en un corto período de tiempo. El negocio suele ser muy atractivo por oveja encarnerada, pero para que impacte decididamente en el monto de los ingresos, se precisan más animales en el sistema. Por otra parte, la escala, supone además impedimentos para acceder a los canales más formales de comercialización. Actualmente el camino de la faena artesanal predial formal se ha facilitado y cuenta con una normativa clara y accesible, aunque para muchos productores los trámites y requerimientos siguen siendo una restricción. En estos sistemas es fundamental que se comprendan las claves del ingreso ovino: queremos muchos corderos, que crezcan rápido, que alcancen el mayor peso de venta posible, lo antes posible y, sobre todo, antes de que inicie un nuevo ciclo productivo (típicamente con 6 o 7 meses de edad máximo). El ambiente, en particular los niveles de alimentación deben corresponderse con estos objetivos. El mantenimiento de los corderos durante el verano puede ser una dificultad, por lo que constituye un valor en sí mismo más allá de precios y otras consideraciones comerciales, “salir” de los corderos antes del advenimiento de “lo duro” del verano (con 3 a 5 meses de edad de los corderos). Entender las claves de los ingresos del rubro ovino en estos esquemas implica comprender que la lana tendrá inexorablemente un rol testimonial en estos sistemas y así debe considerarse. Basta con comparar una eventual mejora del precio por kg de lana con una mejora de un punto de señalada o de una unidad en el peso de venta de todos los animales, para comprender esta realidad. En estos esquemas los ovinos no son lanares, son fundamentalmente productores de carne. La expectativa respecto de la lana, debería ser esquilar por el menor precio posible y tratar de obtener un precio tal que se cubran los costos de esquila y poco más. Los volúmenes de lana que se manejan y las dificultades para una buena presentación de los lotes son razones que se suman para sostener este último punto. La excepción a esta noción ocurre únicamente en el caso que se utilicen madres productoras de lana fina de alto valor en esquema de cruzamiento terminal con razas carniceras, procurando vender toda la progenie cruza resultante con hasta 7 meses de edad como cordero pesado precoz y las madres antes del inicio de los servicios del siguiente año en verano – otoño. Esto sería un caso donde el esquema de cruzamiento constituye un subsistema de venta de corderos post destete dentro un sistema de ciclo completo con producción de lana fina de alto valor.
Recientemente, se observa que es creciente el interés de productores de sistemas de producción intensiva de carne ovina por razas deslanadas, lo que de algún modo refleja la consideración de subproducto de la lana. Puede constituir un riesgo querer resolver con un determinado recurso genético todo un sistema de producción. Son alternativas válidas siempre y cuando se tenga claro el objetivo de producción. Las razas son herramientas al servicio de los sistemas de producción. Si los resultados reproductivos son pobres y el peso de venta deficiente, no tener que esquilar no hace la diferencia. Idealmente, buscaríamos para estos sistemas de producción una oveja que se destaque por prolificidad, velocidad de crecimiento y conformación carnicera.
Por último, la tentación de querer ser cabaña puede hacer que se pierda el foco respecto a las claves del negocio ovino en estos planteos productivos. Si bien es cierto que hay espacio para gustos y preferencias, entre los cuales puede considerarse la posibilidad de producir genética, desde un punto de vista objetivo y hasta poblacional no parece muy sensato que haya más cabañas que productores comerciales. Esto ocurre o puede ocurrir en el futuro para varias razas carniceras presentes en el país. La tentación surge cuando se compara el precio de vender un cordero entero como reproductor versus un cordero para faena a industria, pero cabe preguntarse caso a caso si esto es duradero sobre todo si no hay demanda genuina y fluida.
Consideraciones finales.
El objetivo de estos artículos es animar el intercambio y suscitar la reflexión de los productores respecto a los principales desafíos que enfrentan de acuerdo al sistema de producción en el que se inscriban. Si bien es cierto que el rubro ovino tiene enorme versatilidad y multiplicidad de enfoques, la mayoría de la producción ovina nacional podría ubicarse en alguno de los sistemas descriptos en este texto. Es buena cosa poner el foco en aquellas cosas que están más al alcance de los productores para hacer que sus sistemas de producción ovina sean más rentables. Siempre, en última instancia, hay que jerarquizar y priorizar. Los productores deciden qué espacio y entidad le dan al rubro ovino en sus empresas agropecuarias. Hay espacio para que crezcan en número y cantidad de ovinos todos los sistemas de producción aquí reseñados. Una correcta definición de los sistemas de producción y comercialización y sus objetivos parece ser un buen puntapié inicial para que ocurra ese crecimiento.
Todo El Campo publica hoy la segunda entrega de una serie de cuatro artículos del Ing. Agr. José Francisco Ramos en los que el autor pone el foco en la producción ovina.
José Francisco Ramos | Todo El Campo | En Uruguay, a grandes rasgos, se pueden identificar cuatro sistemas de producción ovina, en general localizados en determinadas zonas y en particular con diferentes posibilidades, desde el punto de vista agroecológico, de mejoras en el ambiente.
En un extremo, están los esquemas de ciclo completo, que son los sistemas más extensivos donde el producto principal es la lana fina, la mayoría de ellos con venta de borregos tras la esquila de los dos primeros vellones y una composición del stock donde existen categorías solteras y donde las ovejas de cría representan una proporción del total tal que aseguren la reposición. Estos sistemas predominan en las zonas de mayor concentración ovina del país.
En el otro extremo, se ubican sistemas de cría con venta de corderos al destete, a industria, o bien previo al inicio de un nuevo ciclo productivo, que tienen un énfasis claramente carnicero, con razas especializadas en producción de carne, biotipos maternos y también las razas tradicionales laneras, pero manejadas de forma intensiva. En estos sistemas la mejora ambiental es un ingrediente importante del sistema, y las principales características que determinan el ingreso son prolificidad, velocidad de crecimiento y peso de venta de los corderos.
Además, existen sistemas de cría con venta de corderos pesados en torno al año de edad, con utilización de diversas razas (productoras de lanas finas, medias o gruesas) e incluso con utilización de cruzamientos con razas carniceras y con una composición del stock más criadora. En estos sistemas, desde una perspectiva cultural y económica la contribución de la lana es aún importante y es de interés para los productores valorizar esa fuente de ingreso, aunque en la actualidad la mayor proporción del ingreso proviene de la carne ovina.
Finalmente, existen en el país sistemas invernadores, que realizan el engorde de corderos previamente adquiridos de sistemas de cría que venden su producto en torno al destete o durante la recría. Estos esquemas funcionan en zonas no tradicionales y en muchos casos asociados a semilleros, puentes verdes de la agricultura o verdeos invernales sobre laboreos de verano de arroz.
Esquema general sobre sistemas de producción ovina en Uruguay
En estos artículos se pretende examinar la realidad de estos distintos enfoques productivos y resumir en un único concepto los múltiples desafíos a los que se ven enfrentados. Si bien esto constituye una simplificación de la realidad, puede contribuir a identificar más claramente, jerarquizar y priorizar áreas de mejora para los diferentes sistemas de producción.
Sistemas de cría, con venta de corderos pesados
Desafío: Comprender las claves del negocio ovino – Moderar expectativas
Bajo la denominación de sistemas de cría, con venta de corderos pesados referimos a sistemas que pueden producir lana fina, media o gruesa que venden corderos pesados tipo SUL, cercanos al año de edad, luego de la cosecha de su primer vellón. En este amplio espectro, podrían ubicarse sistemas que utilicen razas tales como Merino Dohne, Ideal, Merilín, Corriedale y hasta Romney Marsh. Históricamente la variante más popular de estos planteos productivos ha sido el enfoque “doble propósito” con lanas medias y corderos pesados. De hecho, Corriedale ha sido desde mediados del siglo XX la raza más numerosa del país. Los últimos datos objetivos, que tienen ya algunos años (2016), reflejan una disminución en su participación relativa dentro del stock, en un escenario de caída de la majada nacional. La realidad del mercado lanero en el último lustro ha golpeado duro en estos sistemas de producción. Desde una perspectiva cultural e histórica, los productores de este segmento de la producción ovina siempre tienen expectativas de ingresos satisfactorios por concepto lana. En los últimos años, las expectativas no se condicen con la realidad. Estos esquemas productivos concentran en la actualidad a una proporción importante de productores desanimados o frustrados con el rubro ovino. Estos sistemas están jaqueados si producen lana de poco valor, tienen desempeños reproductivos magros (señaladas menores al 100 %) y venden corderos livianos.
En estos últimos años, para estos esquemas, la carne ovina ha explicado la inmensa mayoría de los ingresos del rubro ovino. Esto es mucho más evidente conforme aumenta el diámetro promedio del lote de lana. Comprender esta realidad significa entender que producir carne supone mayores niveles de intervención respecto a la producción de lana. Se debe trabajar más fuertemente en nutrición, manejo y sanidad para lograr mayor cantidad de kilos de corderopor kilo de oveja que se destina a la reproducción. Y este esfuerzo debe recrearse todos los años. La alternativa genética puede contribuir a mejorar los ingresos por carne ovina, por ejemplo, a través de cruzamientos terminales con razas carniceras. La mejora de la competitividad de los lotes de lana pasa claramente por el afinamiento y representa una dificultad mayúscula si se parte de micronajes altos (mayores a 26 micras) y se pretende avanzar exclusivamente a través de selección. Las tasas de progreso genético anual por selección dentro de una raza, podrían alcanzar en el mejor de los casos, registros de hasta un 2 % anual, lo que representaría descender 6 micras en 10 años, para un sistema que parte, por ejemplo, de las 30 micras. Por supuesto, que hay variantes, como la compra de hembras finas o los cruzamientos, que podrían acelerar este proceso, pero consideramos, siempre y en todo lugar, respuestas a mediano y largo plazo.
Existen en el país productores que obtienen muy buenos ingresos a partir de buenos niveles reproductivos y destacados pesos finales en sus animales de venta, aprovechando por otra parte la reconocida rusticidad y adaptación al ambiente de algunos de los recursos genéticos más utilizados en estos sistemas de producción (por ejemplo, Corriedale). Algunos otros productores, han decidido cambiar y de algún modo “mudarse” a otros sistemas de producción, a través de decisiones tales como los cruzamientos por absorción, hacia razas productoras de lanas mucho más finas o razas carniceras o incluso tomando decisiones más drásticas como es el cambio de majada.
En definitiva, para estos sistemas de producción una estrategia inteligente para sostener buenos ingresos económicos es potenciar la producción de carne ovina, a través de aumentos en la señalada, peso de venta y velocidad de crecimiento de los corderos. Esto puede tener impactos positivos en el corto plazo, pero implica más trabajo. Además, iniciar procesos de afinamiento del lote de lana, es una urgencia, ya sea a través de selección o cruzamientos. Esta vía de mejora del ingreso implica menor intensidad en el uso de los recursos, pero sus impactos positivos son a mediano y largo plazo.
La buena noticia es que estos caminos no son antagónicos. Una secuencia lógica que permite operar con orden y comprender más cabalmente las claves del negocio ovino, es plantearse las siguientes preguntas:
¿Cuál es la contribución relativa de carne ovina y lana?
¿Qué posibilidades hay de mejorar señalada y peso de venta?
Respecto al lote de lana:
¿Cuál es el punto de partida?
¿A qué diámetro se quiere llegar?
¿A qué velocidad?
Consideraciones finales
El objetivo de estos artículos es animar el intercambio y suscitar la reflexión de los productores respecto a los principales desafíos que enfrentan de acuerdo al sistema de producción en el que se inscriban. Si bien es cierto que el rubro ovino tiene enorme versatilidad y multiplicidad de enfoques, la mayoría de la producción ovina nacional podría ubicarse en alguno de los sistemas descriptos en este texto. Es buena cosa poner el foco en aquellas cosas que están más al alcance de los productores para hacer que sus sistemas de producción ovina sean más rentables. Siempre, en última instancia, hay que jerarquizar y priorizar. Los productores deciden qué espacio y entidad le dan al rubro ovino en sus empresas agropecuarias. Hay espacio para que crezcan en número y cantidad de ovinos todos los sistemas de producción aquí reseñados. Una correcta definición de los sistemas de producción y comercialización y sus objetivos parece ser un buen puntapié inicial para que ocurra ese crecimiento.
A partir de hoy, Todo El Campo publicará una serie de cuatro artículos del Ing. Agr. José Francisco Ramos en los que el autor pone el foco en la producción ovina.
José Francisco Ramos* | Todo El Campo | En Uruguay, a grandes rasgos, se pueden identificar cuatro sistemas de producción ovina, en general localizados en determinadas zonas y en particular con diferentes posibilidades, desde el punto de vista agroecológico, de mejoras en el ambiente.
En un extremo, están los esquemas de ciclo completo, que son los sistemas más extensivos donde el producto principal es la lana fina, la mayoría de ellos con venta de borregos tras la esquila de los dos primeros vellones y una composición del stock donde existen categorías solteras y donde las ovejas de cría representan una proporción del total tal que aseguren la reposición. Estos sistemas predominan en las zonas de mayor concentración ovina del país.
En el otro extremo, se ubican sistemas de cría con venta de corderos al destete, a industria, o bien previo al inicio de un nuevo ciclo productivo, que tienen un énfasis claramente carnicero, con razas especializadas en producción de carne, biotipos maternos y también las razas tradicionales laneras, pero manejadas de forma intensiva. En estos sistemas la mejora ambiental es un ingrediente importante del sistema, y las principales características que determinan el ingreso son prolificidad, velocidad de crecimiento y peso de venta de los corderos.
Además, existen sistemas de cría con venta de corderos pesados en torno al año de edad, con utilización de diversas razas (productoras de lanas finas, medias o gruesas) e incluso con utilización de cruzamientos con razas carniceras y con una composición del stock más criadora. En estos sistemas, desde una perspectiva cultural y económica la contribución de la lana es aún importante y es de interés para los productores valorizar esa fuente de ingreso, aunque en la actualidad la mayor proporción del ingreso proviene de la carne ovina.
Finalmente, existen en el país sistemas invernadores, que realizan el engorde de corderos previamente adquiridos de sistemas de cría que venden su producto en torno al destete o durante la recría. Estos esquemas funcionan en zonas no tradicionales y en muchos casos asociados a semilleros, puentes verdes de la agricultura o verdeos invernales sobre laboreos de verano de arroz.
ESQUEMA GENERAL SOBRE SISTEMAS DE PRODUCCIÓN OVINA EN URUGUAY.
En estos artículos se pretende examinar la realidad de estos distintos enfoques productivos y resumir en un único concepto los múltiples desafíos a los que se ven enfrentados. Si bien esto constituye una simplificación de la realidad, puede contribuir a identificar más claramente, jerarquizar y priorizar áreas de mejora para los diferentes sistemas de producción.
SISTEMAS DE CICLO COMPLETO, CON VENTA DE LANA FINA DE ALTO VALOR.
DESAFÍO: PRODUCTIVIDAD.
Estos sistemas de producción, que son muy populares en la zona más ovejera del país (Salto, Artigas y Paysandú) sustentan su ingreso fundamentalmente en la producción de lanas finas, superfinas y ultrafinas. Referimos de manera general a esquemas que producen lanas de menos de 21 micras, o más precisamente en el eje de 17 – 19 micras (aunque hay lotes más finos). Producen lana en el segmento de mayor valor, con posibilidades de mejora de precios conforme reduzcan el diámetro, aseguren una buena presentación del lote (Grifa Verde y romaneo) y accedan a certificaciones. La posibilidad de acceder a mayores precios por kilo de lana es relativamente más una oportunidad que una urgencia. Una de las fortalezas de estos esquemas, donde el Merino Australiano es el recurso genético predilecto, es que no se pierden el negocio de la carne ovina, siempre y cuando tengan buenos niveles reproductivos, adecuados pesos de venta y alcancen la terminación requerida por la industria.
El principal producto que ofrecen estos sistemas de producción en el mercado de carne ovina es el borrego de 2 a 4 dientes, que se comercializa luego de la esquila de su segundo vellón, alcanzando precios muy similares – cuando no, iguales – a los del cordero pesado. Esta particularidad del sistema de precios de la carne ovina en Uruguay representa una gran oportunidad para todo este universo de enfoques productivos con lana fina de alto valor: pueden vender carne ovina a precios iguales a los que obtienen productores de razas más especializadas en la producción de carne ovina, o los que se obtienen por animales de categorías más jóvenes. Además, las ventas de carne ovina de estos sistemas de producción suelen darse entre julio y octubre, asociada a la cosecha de lana, y en momentos donde, en el promedio de los años los precios se maximizan, al igual que la agilidad de comercialización. Al mismo tiempo, la posibilidad de construir carga ovina con categorías solteras, que requieren menos atención y no suelen exceder los pesos de carcasa que demanda la industria, es una ventaja. En el contexto de la producción ovina nacional, la variable precios es favorable a estos sistemas de producción que definimos como de ciclo completo con venta de lana fina de alto valor. Su gran desafío pasa por la producción física. Es decir, lograr más kilos de producto tal que puedan capitalizar los buenos precios a los que habitualmente acceden, tanto en lanas como en carne ovina. En este sentido, sobrevivencia de corderos o desempeño reproductivo en sentido amplio, recría y terminación, constituyen sus principales áreas de mejora. Estos sistemas de producción pueden, con mejoras de la productividad, lograr ingresos muy similares por lana y carne ovina.
CONSIDERACIONES FINALES
El objetivo de este artículo es animar el intercambio y suscitar la reflexión de los productores respecto a los principales desafíos que enfrentan de acuerdo al sistema de producción en el que se inscriban. Si bien es cierto que el rubro ovino tiene enorme versatilidad y multiplicidad de enfoques, la mayoría de la producción ovina nacional podría ubicarse en alguno de los sistemas descriptos en este texto. Es buena cosa poner el foco en aquellas cosas que están más al alcance de los productores para hacer que sus sistemas de producción ovina sean más rentables. Siempre, en última instancia, hay que jerarquizar y priorizar. Los productores deciden qué espacio y entidad le dan al rubro ovino en sus empresas agropecuarias. Hay espacio para que crezcan en número y cantidad de ovinos todos los sistemas de producción aquí reseñados. Una correcta definición de los sistemas de producción y comercialización y sus objetivos parece ser un buen puntapié inicial para que ocurra ese crecimiento.
(*) EL AUTOR. José Francisco Ramos es técnico del Secretariado Uruguayo de la Lana (SUL).
El promedio en los 10 años pasados es de US$ 3,67 para el cordero y US$ 3,12 para la oveja. La última referencia es de US$ 5,75 el cordero y US$ 4,83 la oveja.
Montevideo | Todo El Campo | Cuando circulaba por la ruta 26, sobre el Km 125 entre Paysandú y Tacuarembó dirigiéndose a un establecimiento ovejero en esa zona, el Ing. Agr. Francisco Ramos hizo una pausa para informar al Diario Rural (CX4 Rural) sobre las novedades de la jornada y plantear reflexiones que hacen los sistemas y las producciones ovejeras.
Estamos con días que anuncian la proximidad del verano, el viento que seca y la lluvia que siempre regresa, expresó. Destacó “la disponibilidad de pasto que es impresionante”, lo cual es positivo “sobre todo pensando en los corderos que en su mayoría están al pie de la madre creciendo” y soportando “algún contratiempo” de casos puntuales de flechilla.
Agregó que “la recomendación es reservar un potrero 90 días antes del destete, y si no se puede 90 que sean 60 días, que es mejor que 30 y 30 es mejor que nada, sobre todo por la susceptibilidad de la categoría del cordero destetado”.
La práctica del potrero reservado “es una tecnología que ha funcionado muy bien”, aseguró.
El objetivo es tener “la mayor cantidad de kilos de cordero destetado por oveja encarnerada, o la mayor cantidad de kilos de corderos destetado por kilo de oveja”.
PARÁSITOS Y MEDICAMENTOS NO DISPONIBLES.
Continuó diciendo que los monitoreos de parasitosis gastrointestinal a través del HPG (conteo de huevos de parásitos por gramo de materia fecal) están dando que en la mayoría de los casos se necesita alguna dosificación antes del destete.
La situación actual del rubro, con la caída del stock y las dificultades de escala que tenemos, ha repercutido en que productos de control químico sin resistencia como Startect o Zolvix no estén disponibles en plaza, por lo que los productores están buscando, con el asesoramiento veterinario, diferentes herramientas para atender una categoría particularmente sensible, agregó.
El destete se plantea realizarlo “entre los 3 y 4 meses de edad” de los corderos, aunque hay casos -por el sistema de alimentación o razas destacadas- en que el destete coincide con la comercialización a fin de año, mientras que otros sistemas más tradicionales tienen como objetivo que los corderos pesen al menos 20 kilos, y en caso de tener menos deberían ser tratados para evitar muertes posdestete”.
Añadió que “a partir de la semana 14 de edad los la leche tiene una participación muy menor en la dieta del animal, además de que necesitamos recuperar a la oveja para el ciclo siguiente”.
PRECIOS Y MERCADO.
En materia de precios, Ramos dijo que hay firmeza “rompiendo la trayectoria que habitualmente ocurre con caída de precios a esta época del año”, pero eso no se ha dado sino que sigue subiendo el cordero y la oveja, con las últimas referencias en US$ 5,75 y US$ 4,83, los corderos y las ovejas, respectivamente.
Para entender la dimensión de los valores mencionados, Ramos observó los promedios en 10 años y en ese tiempo son de US$ 3,67 para el cordero y US$ 3,12 para la oveja. “O sea que estamos en el 55% arriba de ese promedio de los últimos 10 años”, un salto que “hoy lo están capturando los productores que mantuvieron sus sistemas de producción operativos cuando no eran buenos”.
“Cada productor decide qué escala le da al rubro en su establecimiento, pero hay espacio para que crezcan los sistemas con ovinos, en todo el país”, consideró.
CRUZAMIENTO TERMINAL
Ramos también se refirió al uso de cruzamientos terminales con razas Texel y Hampshire Down sobre animales provenientes del sistema de lana fina del Merino Australiano.
Sobre ese punto opinó que “es una de las enormes posibilidades que hay de utilización de las razas carniceras en ese tipo de sistemas, donde está la mayor cantidad de ovejas; y deberíamos pensar por qué no se usa con más asiduidad”.
Hay muchos productores que ven y valoras la herramienta, pero “entienden que le agrega complejidad y un componente de riego al sistema”. Lo cierto es que para que los sistemas de lana fina no pierdan la producción de carne pueden tener en el cruzamiento la posibilidad de levantar el nivel vendiendo animales en otro momento del año.
Por otro lado, el precio “no hace distinción sobre los distintos tipos de corderos, y hay animales laneros bien terminados y con peso carcasa acceden a excelentes precios y es una mercadería muy apetecible por la industria”.
ENTREVISTA COMPLETA.
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Foto del SUL al participar de la jornada de divulgación realizada en el establecimiento Lourdes de Richard Avelino, ubicado en el departamento de Soriano.