Un problema que se arrastra desde hace años, y a pesar de las denuncias nunca se actúa en consecuencia.
Montevideo | Todo El Campo | El fallecimiento de Álvaro Hiriart marcó una línea que nunca se debió haber traspasado en el constante insistir de los productores a las autoridades que los protejan del accionar de los depredadores.
El hecho ocurrió en la localidad de Andresito (Flores), cuando el conocido productor rural disparó contra un perro que atacaba a sus ovejas. Al llegar la Policía se le solicitó entregar el arma, pero se resistió al procedimiento por lo que fue reducido y esposado. En ese momento sufrió una descompensación cardíaca.
Trasladado a una policlínica, ésta estaba cerrada, por lo que los policías forzaron la entrada para acceder a un desfibrilador, pero no lograron reanimarlo.
Hiriart ya había denunciado ataques de perros contra su majada y contaba con autorización para portar armas. En cuanto a las denuncias anteriores, por lo que surge de los hechos descriptos, no resultaron de utilidad para el productor, cosa que se reitera en la mayoría -o en todos- los casos en que se acude a la Policía por esa razón: no se encuentran respuestas adecuadas.
FEDERACIÓN RURAL: EL ESTADO NO SE HACE CARGO.
El lunes 27 de abril la Federación Rural del Uruguay emitió un comunicado en el que transmite el sentir de la mayoría de los productores que permanentemente se enfrentan al accionar de los perros de los que nadie se hace responsable: indignación, indefensión y desprotección.
Lo que no puede hacer la sequía, las inundaciones o los malos precios, lo logra la indiferencia el Estado. Varios productores han cambiado el rubro, han dejado la producción o están pensando hacerlo por no tener respuestas a un problema que los golpea en la economía y los rinde anímicamente.
Es un tema que “viene desde hace mucho, desde hace demasiado tiempo” causando pérdidas “parciales o totales” a productores y cabañeros, expresa la Federación Rural.
En el comunicado se interpela a la sociedad y a las autoridades: “¿Cómo debería reaccionar un productor que está harto de que a cada rato entren perros a su campo a hacer destrozos sin ninguna consecuencia?, además de que tampoco hay medidas preventivas que se cumplan al respecto”.
Si el perro “no es nadie” pero habita en nuestro territorio, es el Estado quien debe actuar, no hacerlo es una “clara omisión estatal”, entiende la institución que representa a los productores de todo el país. “Y cuando tiene dueño también da igual, porque tampoco hay consecuencias”.
Frente a eso, “¿qué se supone que se debe hacer entonces? ¿Callarse la boca una vez más, porque quejarse es un grito al vacío? ¿Hasta qué punto de hartazgo tienen que llegar los productores para actuar desde ahí y todavía ser condenados y juzgados?”
“¿Dónde está la solución que se viene reclamando hace años desde el sector? -continúa-. ¿Cuándo van a tomar dimensión de lo grave que es este problema y buscar una solución real? ¿Qué más tiene que pasar?”
Un dato relevante por el sentido de desprotección y soledad que genera, es que ya había denuncias por perros depredadores sin que haya habido respuestas. El perro en cuestión fue identificado, aun así no se hizo nada ni se evitó llegar a este extremo.
La Dra. Georgett Banchero (INIA La Estanzuela) explicó que se busca complementar otras medidas que hoy se pueden adoptar para preservar a las majadas de ataques ante sus depredadores.
San José | Todo El Campo | Una iniciativa del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) y la Facultad de Veterinaria, proyecta colocar sensores en los ovinos para poder seguir su comportamiento en tiempo real.
Se trata de aplicar sensores tipo GPS y acelerómetros para crear un sistema de alarma en tiempo real que registre el comportamiento de los ovinos en condiciones normales o estresantes; como puede ser el ataque de depredadores, informó Procampo (Radio 41).
La Dra. Georgett Banchero, del Sistema Ganadero Extensivo de INIA La Estanzuela, dijo se busca complementar otras medidas que hoy se pueden adoptar para preservar a las majadas de ataques ante sus depredadores.
“Hoy contamos con herramientas como los perros de protección (Maremano), la burra Californiana y hasta tenemos algunos casos exitosos con el uso de llamas”, complementando a esos animales, lo que se trata ahora es de introducir el uso de la tecnología que permitirá, “ante cualquier evento que de alguna manera estrese a los ovinos, nos pueda avisar”.
Puede ser a través de “una aplicación en el celular, una alarma con algún ruido, algo que espante, eso se verá y se irá adaptando”, agregó.
“Cuando las ovejas están tranquilas y aparece algo por lo que ellas cambian su conducta, empiezan a correr, hay una aceleración cardíaca, hay indicadores como la dinámica, el desplazamiento, la velocidad, que nos podrían estar dando información para justamente poner algo a punto que nos permita actuar inmediatamente”, explicó Banchero.
El proyecto está en desarrollo, y “se han hecho pruebas”, dijo la profesional, segura de que es una herramienta que “ayudará a defender el rubro”. “De alguna manera es tener otra herramienta que al productor lo deje producir tranquilo, que lo deje descansar tranquilo”, y “la idea es que siendo el ovino un rubro tan bueno, socialmente tan importante, donde puede trabajar toda la familia, y con todos los beneficios que tiene el rubro, se le puedan ir agregando herramientas para que sea más seguro, para darle garantías al productor de que pueda producir, beneficiarse del mismo y dormir tranquilo”, enfatizó.
¿Cuántos son los establecimientos ovejeros que dejaron de serlo por accionar de los depredadores, y a cuánto llega el total de pérdidas por mordeduras de perros en animales de producción?
Hébert Dell’Onte Larrosa | Montevideo | Todo El Campo | Una de las mayores preocupaciones de los productores ovinos es el de los depredadores, principalmente perros -aunque no son los únicos-, que causan verdaderos estragos en las majadas que se transmiten en pérdidas económicas muy importantes y causan desazón, desánimo e impotencia en el productor que sufre una situación así.
Según dicen son varios los establecimientos que han abandonado el rubro porque no pueden con la acción destructiva de los perros. Analizado el problema desde el lado de la economía, se hace insostenible seguir cubriendo pérdidas.
En realidad no se posee el detalle de cuántos predios ovejeros han dejado de serlo por esa razón, así como tampoco no se han cuantificado las pérdidas. Si esa información existiera se debería dar a conocer: la cantidad de productores ovejeros que ya no lo son por culpa de los depredadores, como los números en miles de dólares de pérdidas por ese motivo.
Contabilizar los establecimientos como cuantificar las pérdidas por ovejas heridas y muertas por acción de los depredadores, discriminando perros de otros animales de campo, sería el comienzo serio para entender la magnitud objetiva del problema que enfrentamos. De lo contrario continuaremos como ahora, que todos sabemos que es un problema preocupante y grave pero desconocemos la dimensión del mismo.
A esos datos hay que agregarle cuánto aporta la sociedad uruguaya a los refugios para perros sin dueños y a qué monto asciende la inversión por las curaciones, castraciones y chipeos a perros con y sin dueño que se está desarrollando en todo el país.
NO SOLO OVEJAS.
Hay que decir que el impacto negativo de los perros implica también a lo vacunos, principalmente animales jóvenes, que se registran en una medida mucho menor pero no por eso se debe despreciar el dato de que ha sucedido.
La foto se explica por las investigaciones que realizó el Ing. Agr. Javier Frade, las que no sólo han tenido eco en Uruguay, también en Argentina.
A fines de marzo el portal argentino Bichos de campo publicó una foto de un burro junto a varias ovejas y se preguntó qué hace ese animal en un lugar que, aparentemente, no es el suyo, o no es el correcto para él. Sin embargo, esa situación tiene una explicación.
El siguiente es el artículo completo con adaptaciones para Todo El Campo.
La foto principal de esta nota muestra un “burro” (así, entre comillas), en medio de una majada de ovejas fue compartida hace un tiempo por el ingeniero agrónomo uruguayo Javier Frade, quien trabajaba para el Secretariado Uruguayo de la Lana (SUL).
En 2019 Frade estaba concluyendo una larga investigación motivada por el aumento de los ataques contra los ovinos de parte de diferentes predadores presentes en Uruguay, como el jabalí, zorro, carancho y perros salvajes. En Argentina esa también es una realidad cotidiana y a esa lista se pueden sumar los pumas.
Preocupado por las denuncias de los productores, el agrónomo uruguayo se puso a buscar diferentes especies protectoras para el ganado ovino. Realizó experiencia con llamas y luego introdujo perros de la raza Maremma. Pero a partir de 2016 también inició una evaluación específica para la utilización de burras como animal de protección del rebaño. De allí las comillas del principio: son burras y no burros.
Hasta ese momento estaba bastante difundida la utilización de diferentes razas de perros como custodios de las ovejas. Pero uno de los contratiempos era que esos animales requerían de un cuidado dedicado, sobre todo en las primeras etapas de crianza desde cachorro. Además los productores que los incorporaban tenían la dificultad de tener que acercarle alimento especial en todo momento, pues los perros no comen lo mismo que las ovejas.
La llama o burra no necesitaban periodos de entrenamiento tan largos y además comen la misma pastura que los ovinos o los vacunos.
El empleo de asnos como sistema de protección de rebaños es una práctica que se ha desarrollado en países como Canadá, Estados Unidos, Australia y algunos países europeos como España. Los burros son más longevos que los caballos, llegando a vivir hasta los 40 años.
Frade escribiría detalles de cómo fue su experiencia para introducir los burros como animales de custodia en el Uruguay. “En el norte de nuestro país encontramos 4 establecimientos con manadas importantes de burros, los cuales fundamentalmente son utilizados para el control del ‘caraguatá o cardilla’”. Se trata de una maleza típica de esa zona.
Una de las primeras decisiones que tomó fue utilizar hembras y no machos. “Información variada indica que es conveniente la utilización de hembras frente a la opción de machos, ya sean enteros o castrados, ya que pueden ser agresivos no solo con los predadores sino también con las ovejas”, avisó. Desde Chile le recomendaron primero ubicar una burra que quede preñada y que tenga una hija hembra: al cabo de 6 a 7 meses hay que destetar ese animal y dejar la burrita con el rebaño de ovinos.
“Con esto se logra una muy buena ‘impronta’ y la burrita toma la posición de líder del rebaño, por lo que lo va a proteger como propio. Las burras tanto por su capacidad de rebuznar, morder o patear, y por su actitud segura, se presentan como un serio problema frente a los predadores, sobre todo los cánidos a los cuales le tienen particular aversión”, explicó Frade.
LA GUÍA CON INFORMACIÓN BÁSICA.
En agosto de 2016, en esta experiencia uruguaya, la técnica se comenzó a probar a campo y se distribuyeron 27 burras preparadas entre 17 productores. “A los productores destinatarios de estas burras se les entregó una guía con una serie de puntos que nos parecieron importantes para que tuvieran una información previa básica”, recuerda el agrónomo.
Esa guía todavía circula entre los productores rioplatenses de ovejas:
Poner de 4 a 6 semanas en un potrero, la burra “no conocedora”, para que se vincule con los ovinos y estos se acostumbren a su presencia.
No conviene usar burros machos enteros ni castrados.
Los burros son más longevos que los caballos, llegando a vivir hasta los 40 años.
Alojarlos aislados de otros burros o caballos.
Cuidado con los perros ya que los aborrecen, aunque se acostumbran a los del establecimiento, siempre que no se sientan presionados.
Algunos individuos rebuznan con mayor frecuencia, por eso los llaman llorones.
Al introducir un burro a la majada es conveniente hacerlo inicialmente en un potrero chico para que se familiarice con los ovinos.
Los burros se defienden dando fuertes patadas con sus patas traseras, mordiendo y gritando “rebuznos”.
Basan sus acciones de detección de amenazas en la vista y en el oído.
Un burro será adecuado para cuidar predadores de agresividad moderada, aunque no extrema como jaurías.
Cuidan áreas chicas, ya que no deambulan como los perros.
Un número aproximado de ovinos a cuidar sería como máximo una majada de 300 a 500 ovejas pudiendo variar según la topografía del terreno.
Es importante que el potrero donde esté tenga un solo dormidero para los ovinos donde también lo hará la burra, ya que la mayoría de los predadores atacan en la noche.
Los burros no protegen contra pequeños predadores como aves de rapiña.
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NOTA AL MÁRGEN.
Establecimiento El Baqueano también tiene su ejemplar. (Foto del 1° de abril).