¿Cómo se posiciona Brasil, el principal proveedor mundial de carnes de cara a un cambio de ciclo ganadero?

¿Cómo se posiciona Brasil, el principal proveedor mundial de carnes de cara a un cambio de ciclo ganadero?

El dato más llamativo de Brasil, es la elevada participación de hembras que se registró a lo largo del año, lo que lleva a una caída de los terneros.

Rosario, Santa Fe, Argentina | Rosgan | Todo El Campo | Brasil es el segundo productor mundial de carne vacuna, detrás de Estados Unidos, y primer exportador colocando 1 de cada 4 toneladas de carne vacuna se comercializan en el mundo.

En 2023, su producción marcó un nuevo récord por segundo año consecutivo. De acuerdo a la evaluación de investigadores del Cepea (Centro de Estudios Avanzados en Economía Aplicada), de la Esalq (Escuela Superior de Agricultura de Queiroz), los datos preliminares de faena y producción publicados por el Instituto Brasilero de Estadísticas (IBGE) confirman la percepción de que en 2023 la oferta efectivamente resultó superior a la demanda, lo que determinó el comportamiento predominantemente bajista de los precios del ganado y de la carne, a lo largo de todo el año.

En efecto, de acuerdo a estas estadísticas, el volumen de carne producido durante 2023 aumentó en 900.000 toneladas respecto de 2022, mientras que las exportaciones aumentaron apenas unas 23.000 toneladas. Por tanto, este “excedente” se volcó al mercado interno generando un importante ajuste por precios. Según el Indicador de Ganado en Pie Cepea/B3 fue, en términos reales, del 12% anual.

Aun con datos preliminares del IBGE, el nivel de faena muestra para 2023 unos 33,9 millones de cabezas sacrificadas, cifra 13,2% superior a la registrada en 2022 y cercana al récord de 2013, con un muy fuere incremento durante el último trimestre del año.

Pero el dato más llamativo es la elevada participación de hembras que se registró a lo largo del año. Según el IBGE, las vacas y vaquillonas representaron más del 40% del total en varios meses, alcanzando el 49% en marzo, período en el que se produce el pico estacional de faena para estas categorías. Si bien la sequía influyó mucho al igual que en gran parte de la región, en el caso de Brasil también jugaron en contra los bajos precios que se vienen registrando en los terneros, lo que impulsa a muchos productores a descartar una mayor cantidad de hembras.

En efecto, esta tendencia de precios en baja para los teneros se viene registrando en los últimos tres años, perdiendo casi un 20% en dólares desde febrero de 2021 a la fecha.

Como consecuencia de ello, la elevada extracción de hembras que se ha registrado con mayor fuerza durante el último año, se espera, reducirá la producción de terneros durante el 2024 impactando en una menor oferta de hacienda de 2025 en adelante.

Esto marcaría un punto de quiebre en el ciclo ganadero de Brasil, a medida que los precios comiencen a reflejar una reducción en la oferta alimentando, a su vez, una mayor retención de hembras. En efecto, muchos analistas consideran que la fase de liquidación ya ha tocado un piso dentro del ciclo, a partir del cual Brasil debería comenzar a mostrar señales de mayor retención.

De momento, para el presente año, las proyecciones siguen marcando un muy fuerte nivel de producción, pero a diferencia del año pasado, una ligera recuperación del mercado interno producto de un nivel de inflación más controlado, restaría cierta presión sobre sus saldos exportables pese a que seguirán siendo elevados, al menos durante la primera mitad del año.

De acuerdo a las últimas proyecciones del USDA publicadas en enero de este año, en 2024 Brasil incrementaría su producción de carne vacuna en unas 275.000 toneladas anuales alcanzando los 10,835 millones de toneladas. Sin embargo, el consumo doméstico absorbería 198.000 toneladas de dicho crecimiento, incrementando solo 77.000 toneladas su saldo exportable a unos 2,975 millones de toneladas.

 Dentro de la región, Brasil representa el 60% de las exportaciones totales que salen del Mercosur por lo que la mayor o menor presión que pueda generar en el mercado de exportación resulta sumamente relevante. Los primeros datos del año muestran un inicio muy fuerte, con embarques durante enero registrando una cifra récord de 181.700 toneladas, un volumen 13,4% superior a las 160.200 toneladas del primer mes de 2023. En tanto que, en la primera mitad de febrero, según datos de la Secretaría de Comercio Exterior (Secex), los envíos diarios promediaban unas 10.500 toneladas contra 7.020 toneladas en febrero pasado. Si este ritmo se mantiene hasta fin de mes, las exportaciones podrían acercarse a las 200.000 toneladas en febrero lo que supondría un nuevo récord para el segundo mes del año.

Si bien en algún momento de este año, el cambio de ciclo debería empezar a reflejarse en una menor oferta de hacienda llegando a faena, de momento esto aún no se está plasmando y Brasil sigue imponiendo un nivel de competencia muy fuerte en la región.

Los valores para el novillo pesado tipo exportación muestran un Brasil sumamente competitivo. Desde el comienzo de año a la fecha, la referencia para el novillo gordo en San Pablo retrocedió un 6% en dólares para ubicarse en torno a los US$ 3,13 por kilo en gancho y consolidarse con el valor más bajo de la región, 25% por debajo de lo que se paga por el novillo argentino, actualmente en US$ 4,13 el kilo.

En relación a esta brecha, es importante señalar que, más allá de la mayor o menor competencia que pueda ofrecer Brasil a partir de la segunda mitad del año, Argentina sigue teniendo fuertes condicionantes endógenos que restan competitividad a sus exportaciones, en especial lo que refiere a políticas cambiarias e impositivas.

En este sentido, el efecto conseguido en diciembre pasado con la devaluación del peso, claramente ha perdido impacto y lo seguirá perdiendo en la medida que el tipo de cambio oficial continue atado a un esquema de devaluaciones progresivas que resultan muy inferior a los niveles en lo que flota la inflación, sin olvidar por supuesto el 9% de ‘costo adicional’ que generan los derechos a la exportación.

Claramente son nuestras propias políticas cambiarias e impositivas las principales causantes de la pérdida de competitividad argentina respecto a nuestros vecinos. Sin embargo, en contextos tan competitivos como los actuales, sus efectos tienen a profundizarse pudiendo resultar determinantes para el desenvolvimiento de la industria local.

Foto de portada AACH.

A pesar de la pérdida del poder de compra, en 2023 los argentinos aumentaron la ingesta de carnes.

A pesar de la pérdida del poder de compra, en 2023 los argentinos aumentaron la ingesta de carnes.

El informe Rosgan de esta semana analiza cuánta carne consumen los argentinos y cuánto pagan por ella. En un escenario de aumento de precios y inflación, el resultado sorprende, pero tiene su explicación.

Rosario, Santa Fe, Argentina | Rosgan | Todo El Campo | En una primera mirada, muchas de las teorías de consumo quedarían invalidadas al analizar el comportamiento del consumidor argentino ante la ingesta de carnes. A priori, podríamos esperar que en un contexto de fuerte pérdida del poder adquisitivo de los salarios como el que se viene registrando en los últimos años, se observaría una restricción significativa en la ingesta de carnes, en particular de los cortes más caros.

De acuerdo a los últimos datos publicados por el Indec (Instituto Nacional de Estadísticas y Censos) el índice general de salarios en Argentina aumentó en 2023 un 152,7% contra un aumento general de precios al consumidor (IPC) que en el mismo período se incrementó en un 211,4% anual, lo que denota un claro deterioro del poder de compra de los consumidores.

Si bien esta situación se agudizó en el último año, se trata de una brecha que se viene ampliando más significativamente desde finales de 2021.

Aun así, el conocido efecto de sustitución de bienes que suele observarse en contextos de fuerte pérdida real de los ingresos parece no estar dándose en el consumo de carnes, en particular con la carne vacuna que, siendo más cara en relación a otros tipos de carne como pollo o cerdo fue, a su vez, la que mayor incremento porcentual de precios registró en el último año.

Según el relevamiento de precios minoristas que realiza el IPCVA (Instituto de Promoción de Carne Vacuna), mientras que el precio de la carne de pollo aumentó en 2023 un 240% y la carne de cerdo lo hizo en un 254% anual, la carne vacuna registró un aumento del 307% en esos doce meses. Si bien los tres tipos de carne ajustaron por encima del promedio general de precios, los precios de la carne vacuna aumentaron 3 veces desde diciembre de 2022, mientras que las otras carnes lo hicieron en 2,5 veces, lo que amplia aún más la brecha de valores. En efecto, en diciembre de 2023, con el equivalente en pesos a 1 kilo de carne vacuna ($ 4.969) era posible comprar 3,5 kilos de pollo fresco ($ 1.448) cuando un año atrás se compraban 2,9 kilos y algo semejante sucede con la carne de cerdo.

Aun así, el consumo de carne vacuna en Argentina parece haber encontrado un piso, del cual se resiste a caer. Diez años atrás, el consumo total de carnes en Argentina -según datos registrados- se ubicaba en torno a los 110 kilos de carne por habitante por año. En aquel entonces, compuesto en promedio por unos 60 kilos de carne vacuna, 40 kilos de pollo y 10 kilos de carne de cerdo.

Desde entonces, sucedieron años de mayor y menor consumo de carnes, pero sin variaciones significativas en la ingesta total. En 2023, las cifras oficiales suman un consumo total de los tres tipos de carnes de 113 kilos per cápita, aunque en la composición la carne vacuna perdió desde entonces unos 10 kilos mientras que, el pollo y el cerdo aumentaron en promedio entre 6 y 7 kilos, respectivamente.

Sin embargo, este proceso de sustitución que se fue dando paulatinamente en los últimos años no se asocia exclusivamente a un efecto ingreso, sino que involucra además una tendencia a la incorporación de carnes alternativas, respondiendo a su vez al fuerte crecimiento registrado en la producción y comercialización interna de estas otras carnes.

Lo que resulta curioso observar, en una primera mirada, es la inelasticidad general que ha presentado el consumo de carnes en los últimos dos a tres años, frente a un proceso de fuerte deterioro real de los salarios. En este sentido, a pesar de los aumentos sostenidos en los precios, el consumo de carnes no solo no cayó, sino que aumentó ligeramente. En efecto, en 2023 el aumento general de 111 a 113 kilos per cápita se explica casi íntegramente por un aumento en el consumo de carne vacuna puesto que el resto de las carnes, tanto pollo como cerdo, se mantuvieron estables.

Pero, analizando más detenidamente los números, si medimos el gasto promedio mensual destinado al consumo de carnes en Argentina, descontando la inflación acumulada a diciembre de 2023, vemos que el gasto total, lejos de crecer, en términos reales ha disminuido ligeramente en los últimos tres años.

Sucede que, a pesar del fuerte aumento de precios registrado durante el último año en los tres tipos de carne, en términos reales, los precios en general siguen estando más baratos que hace tres años.

En particular, la carne vacuna, que es la que mayor incidencia tiene en nivel de gasto general al representar el 65% del presupuesto total de compra, en promedio se encuentra un 11% más barata que lo que costaba en 2021, llevado a moneda actual.

Claro está que, durante el último año, la abundante oferta de carne que se dio en un contexto de elevada salida de hacienda producto de la sequía y un consumo, tanto interno como externo, sumamente debilitado, contribuyó a mantener los valores de la carne vacuna relativamente estabilizados.

En adelante, es probable que esta relativa contención de los valores tienda a relajarse a medida comience a percibirse la menor cantidad de hacienda que llegaría a faena en los próximos meses. Será entonces momento de testear verdaderamente cuán inelástico resulta el consumo de carne vacuna, ante un aumento real y sostenido de precios.

Foto de portada: Parrillada Puerto Pichón, ciudad de Rosario.

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