Cuidados y formas de combatir la garrapata.

Cuidados y formas de combatir la garrapata.

Los desafíos de antes y los de ahora. El Dr. Salada ofrece una clase con explicaciones claras sobre uno de los problemas más serios de la sanidad animal que tiene nuestro país.

Montevideo | Todo El Campo | Hay gente que ha vivido todo el tiempo entre la garrapata y cree que por eso sabe mucho de ella, dijo el Dr. Daniel Salada en el programa Diario Rural (CX4 Rural). Agregó que “es difícil” educar a la gente cuando ésta está convencida que sabe sobre el asunto, y “así estamos” sobre el tema, añadió.

De todas formas el profesional no cede en su decisión y voluntad de seguir aportando al tema, ofreciendo explicaciones en base a sus años de estudios y experiencia en el campo.

Recordó que en los años 80 la garrapata se atendía con baños de inmersión, “y la gente generalmente los hacía bien”, más allá de algunos errores que se pudieran cometer en el procedimiento. Pero esos baños fueron “sustituidos por otras formas que parecieron mucho más fáciles y eficaces”.

Esas otras opciones eran “inyectables que duraban 45 días o purones de períodos largos. La tarea se facilitaba y el resultado era bueno, aunque tal vez no tan impactante como el baño”, especificó.

“Por facilidad la gente fue pasando a esas otras opciones”, dejando el baño como herramienta para el combate de la garrapata.

Explicó que cuando el animal está en el agua se empapa con el producto y cuando sale al escurridero es un agua tiene menos principio activo (droga) porque queda retenido en el pelo. Ese animal después de escurrir se va al campo y el agua queda con menor eficacia, por lo que hay que mantener el suministro de producto para que tenga el efecto deseado y buscado. También explicó como corregir ese procedimiento equivocado (audio al pie del artículo)

Otra forma son los baños de aspersión, en donde “es mucho más difícil hacer una recomendación genérica respecto a cuándo hay que hacer reposición y en qué cantidad, porque depende de cada equipo de baño en sí”. Algunos son muy eficientes y otros no tanto, por lo que cada equipo debe ser estudiado para evitar generalidades que nunca nos dan la certeza de si están bien o no según la ocasión.

Consultado si hay resistencia como se dice o mal manejo, el Dr. Salada contestó que hay “de las dos cosas” y profundizó sobre cómo el desconocimiento puede llevar a tomar conclusiones equivocadas.

ENTREVISTA COMPLETA.

Nueva edición del Archivo Veterinario del Uruguay: el primer registro nacional de enfermedades animales.

Nueva edición del Archivo Veterinario del Uruguay: el primer registro nacional de enfermedades animales.

El MGAP destacó el valor del material: información dispersa ahora adquiera una lógica nacional, comparable y analíticamente consistente.

Montevideo | Todo El Campo | Durante años, miles de diagnósticos veterinarios en Uruguay existieron como historias clínicas aisladas: un brote en un tambo, una muerte repentina en el campo, una lesión inesperada en un potrillo. Eventos dispersos, separados por kilómetros y sistemas productivos, pero unidos por una misma pregunta: qué está pasando en la salud animal del país.

La nueva edición del Archivo Veterinario del Uruguay 2025 transforma esa dispersión en una imagen más amplia y, por primera vez, verdaderamente nacional. El informe, elaborado por la División de Laboratorios Veterinarios (Dilave) “Miguel C. Rubino” del MGAP, integra en un único reporte los registros del Laboratorio Central de Montevideo y de las regionales de Paysandú, Tacuarembó y Treinta y Tres.

La publicación representa algo más que una compilación técnica.

Es, en los hechos, una radiografía de la casuística sanitaria observada en vacunos, ovinos y equinos a lo largo del territorio. Enfermedades metabólicas, infecciosas, tóxicas y congénitas aparecen no como episodios aislados, sino como patrones que dialogan con el clima, el manejo productivo, la nutrición y la ecología de cada región.

La clave de este salto no es únicamente editorial, sino estructural. La consolidación del reporte fue posible mediante Uniradd, la plataforma desarrollada por Dilave para unificar y estandarizar los registros diagnósticos en tiempo real. El sistema permite que la información generada en distintos laboratorios deje de ser fragmentaria y adquiera una lógica nacional, comparable y analíticamente consistente.

El resultado es un documento que cumple una doble función. Para el ejercicio profesional veterinario, ofrece referencias diagnósticas, descripciones patológicas y contexto epidemiológico. Para el sistema sanitario, se convierte en una herramienta de vigilancia que permite identificar recurrencias, emergencias y riesgos productivos con una perspectiva más amplia.

En un país cuya economía y territorio están profundamente vinculados a la producción animal, estos registros adquieren una dimensión que trasciende lo estrictamente clínico. Cada diagnóstico no solo explica una muerte o una enfermedad individual; también aporta una pieza al entendimiento colectivo de la sanidad nacional.

El Archivo Veterinario 2025 refleja, en definitiva, la transformación silenciosa de los datos en conocimiento. Un proceso menos visible que un brote o una campaña sanitaria, pero central para anticipar problemas, ajustar estrategias y comprender cómo evolucionan las enfermedades en los sistemas productivos del Uruguay. (MGAP).

Una cuota chica que no es inocente.

Una cuota chica que no es inocente.

Para entender el impacto que tendrá el acuerdo EE.UU. – Argentina hay que encontrar el verdadero punto de análisis.

Ing. Agr. José Manuel Mesa Cacheiro | Lavalleja | Todo El Campo |  La decisión de Estados Unidos de otorgarle a Argentina una cuota de importación de carne vacuna, aunque acotada y por ahora limitada en el tiempo, merece algo más que una lectura superficial. Escuché decir que “no mueve la aguja” porque el volumen es chico. Yo no coincido. En mercados regulados, los movimientos marginales importan, y mucho.

Estados Unidos no está buscando volumen. Eso es lo primero que hay que entender. Produce mucha carne y consume todavía más, pero cuando importa lo hace para ajustar su sistema: carne magra, procesos claros, regularidad y previsibilidad. La cuota a Argentina no es una apertura estructural ni un cambio de estrategia. Es una herramienta de ajuste.

Ahora bien, esa carne que Argentina vende a EE.UU. sale de algún lado. Y sale, en buena medida, del circuito chino. Ahí está el verdadero punto de análisis.

China no es un mercado libre en el sentido clásico. Opera con salvaguardas, con límites por origen y con decisiones administrativas que pesan tanto como el precio. Cuando China pierde oferta de un proveedor y no puede compensar libremente aumentando volúmenes desde otros países, el mercado se tensa.

¿Eso genera un shock de precios? No.

¿Genera efectos? Sí, claramente.

Lo que se ve no es una suba explosiva, sino algo más sutil y, para el productor, muy relevante: pisos de precios más firmes. Mayor competencia por la carne habilitada. Más dificultad para que los valores se deslicen hacia abajo. En un mercado limitado por salvaguardas, eso es mucho.

Por eso creo que minimizar este tipo de decisiones es un error. No porque cambien el mapa mundial de la carne, sino porque ajustan el equilibrio fino. Y en ganadería, muchas veces, ese equilibrio es el que define el resultado del negocio.

También se habla de política. Es evidente que el contexto político argentino facilita este tipo de acuerdos. No hay que ser ingenuos. Pero tampoco hay que exagerarlo. Estados Unidos no pone en riesgo su mercado interno por afinidades ideológicas. La política puede abrir la puerta, pero la carne y los sistemas productivos son los que la mantienen abierta.

En definitiva, la cuota de Estados Unidos a Argentina no es un hecho aislado ni inocente. Es un movimiento pequeño que ocurre en un mercado rígido, con límites y salvaguardas. Y por eso tiene impacto.

No cambia el mundo.

Pero endurece el piso. Y en la ganadería real, la que vivimos todos los días, muchas veces no se gana por las grandes subas, sino por los precios que no se caen.

Uruguay puede transformar las exigencias europeas en ventaja competitiva.

Uruguay puede transformar las exigencias europeas en ventaja competitiva.

La producción uruguaya se basa en pastizales naturales, donde la deforestación no forma parte de la lógica del sistema agrícola ni ganadero.

Montevideo | Todo El Campo | La Unión Europea estableció un nuevo marco regulatorio para las materias primas y productos derivados que ingresen a ese mercado, y lo hizo a través del Reglamento de la Unión Europea sobre Cadenas de Valor Libres de Deforestación, conocido también por sus siglas en inglés, EUDR.

El objetivo de la norma es garantizar que dichos productos sean libres de deforestación y degradación forestal, y que hayan sido producidos conforme a la legislación pertinente del país de origen, contribuyendo así a los compromisos de la UE en materia de clima, bosques y biodiversidad, explica el documento “Ganadería sin deforestación: La situación de Uruguay frente a la EUDR”, el cual fue desarrollado en el marco de un proyecto de la Mesa Uruguaya de Carne Sostenible (MUCS) junto a Solidaridad, y elaborado por el Ing. Agr. Nicolás Gremminger.

En la introducción del texto se destaca que EUDR “prohíbe el ingreso de productos asociados a deforestación posterior a la fecha de corte del 31 de diciembre de 2020”, y “se aplica a siete materias primas globales: soja, ganado vacuno, aceite de palma, cacao, café, caucho y madera”.

Para el caso de Uruguay, la mayor relevancia económica directa está en la carne vacuna, la soja y la madera. El estudio citado “se enfoca exclusivamente en la cadena cárnica”, advierte.

Los países exportadores se deberán enfrentar a “desafíos significativos”, por ejemplo, tendrán que “mostrar trazabilidad completa, cumplimiento legal y ausencia de deforestación en sus cadenas productivas”.

EL CASO URUGUAYO.

Uruguay es “un caso de especial interés por sus sistemas consolidados de trazabilidad ganadera, la existencia de un marco legal forestal de larga data y una base productiva predominantemente sustentada en pastizales naturales”, lo que explica que Uruguay esté catalogado como “bajo riesgo”.

Pero “la implementación del reglamento plantea desafíos operativos y normativos que requieren ser analizados con mayor profundidad”.

CONCLUSIÓN.

En el capítulo dedicado a las conclusiones se destaca que en Uruguay la producción es un “ecosistema basado casi íntegramente en pastizales naturales, donde la deforestación no forma parte de la lógica del sistema agrícola ni ganadero”.

No se desconoce que “el país enfrenta desafíos puntuales -principalmente de carácter documental, vinculados a insumos importados y a la interpretación futura de la normativa europea-, pero no se compromete “la capacidad estructural de Uruguay para cumplir con los requerimientos”.

Comparativamente, la posición de Uruguay es “muy favorable para transitar esta nueva regulación y adaptarse a sus ajustes en el tiempo”.

Nuestro país “no solo está en condiciones de cumplir, sino que puede capitalizar esta regulación como una ventaja competitiva estructural frente a otros exportadores. Sin embargo, el cumplimiento no es estático; es un proceso dinámico que exigirá adaptación continua”, precisa el texto.

Frente a eso, “la clave será consolidar lo que Uruguay ya hace bien, cerrar brechas documentales e institucionales y anticiparse a la evolución del marco regulatorio europeo. De este modo, EUDR puede pasar de ser percibida únicamente como una exigencia externa a convertirse en un vector adicional de diferenciación y posicionamiento estratégico para la carne uruguaya”, finaliza.

ACCEDA AL DOCUMENTO COMPLETO.

Acceda al documento completo (está disponible la versión en español: Deforestation-free livestock farming: Uruguay’s position on the EUDR – Team Europe Iniciativa sobre Cadenas de Valor libres de Deforestación

MGAP: A la fiebre aftosa se le gana con rapidez.

MGAP: A la fiebre aftosa se le gana con rapidez.

Por qué la detección temprana y un sistema veterinario articulado siguen siendo la mejor defensa sanitaria.

Montevideo | Todo El Campo | El Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) difundió un artículo en su página web en la que remarca la importancia de actuar con celeridad frente a la aftosa, partiendo de una detección temprana como acción clave en la estrategia preventiva de la enfermedad.

Destaca que el estatus sanitario del que goza Uruguay no es producto del azar. Es el resultado de un sistema que combina vacunación, vigilancia permanente y capacidad de respuesta, basado en una articulación constante entre el Estado, los productores y los veterinarios y veterinarias que trabajan en el campo.

NADA ES POR AZAR.

En ese entramado, la fiebre aftosa ocupa un lugar particular: es una enfermedad conocida, erradicada en gran parte de la región, pero que continúa definiendo las políticas sanitarias de los países por su impacto directo sobre el comercio internacional de animales y productos de origen animal. Aunque la región mantiene un estatus sanitario privilegiado, con todos los países libres de fiebre aftosa excepto Venezuela, los brotes ocurridos en países libres de Europa demuestran que la clave es estar preparados para detectarla rápidamente y actuar de forma inmediata ante una emergencia.

El director de Servicios Ganaderos, Marcelo Rodríguez, definió que “a la fiebre aftosa se le gana con rapidez”, una afirmación que condensa una lógica central de la política sanitaria, y es que el tiempo importa.

En definitiva, cuanto antes se detecta una sospecha, más rápido se puede actuar y menor es el impacto.

Las experiencias históricas en las Américas muestran que los brotes de fiebre aftosa fueron un punto de inflexión. Empujaron a los países a fortalecer sus sistemas veterinarios, invertir en recursos humanos, técnicos y financieros, y construir esquemas de vigilancia capaces de anticiparse a los problemas. Hoy, la enfermedad está erradicada en la mayoría de los países del continente, pero los escenarios internacionales recuerdan que la prevención sigue siendo una tarea activa, no un logro cerrado.

La Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) señala que los países libres de fiebre aftosa deben seguir invirtiendo en prevención para evitar su reintroducción. En ese marco, el concepto de “servicios veterinarios” no se limita a la acción del Estado, sino que abarca al conjunto de actores que sostienen la sanidad animal en el territorio: autoridades oficiales, productores, laboratorios, y especialmente los veterinarios y veterinarias de libre ejercicio, que cumplen un rol central como primera línea de observación y notificación.

En Uruguay, la fortaleza del sistema sanitario descansa en esa corresponsabilidad. La presencia territorial de profesionales, su vínculo cotidiano con los productores y su articulación con los servicios oficiales permiten que la detección de una sospecha active rápidamente los mecanismos de evaluación y respuesta.

Cuando ese engranaje funciona, la contención es rápida, la propagación se limita y el impacto económico se reduce En el caso de la fiebre aftosa, el tiempo es determinante: detectar una sospecha en forma temprana puede marcar la diferencia entre un evento contenido y un impacto sanitario, productivo y comercial de gran magnitud.

El MGAP finaliza asegurando que hablar de fiebre aftosa hoy no es hablar de crisis. Es hablar de prevención, de sistemas que funcionan y de un compromiso compartido entre el Estado, los veterinarios y veterinarias de libre ejercicio y los productores. Como muestra la experiencia regional, a esta enfermedad no se les gana con silencio, sino con información, preparación y rapidez.

Foto de portada: Zona Campo.

Director de Servicios Ganaderos: “La garrapata no es un problema nuevo, es un problema estructural”.

Director de Servicios Ganaderos: “La garrapata no es un problema nuevo, es un problema estructural”.

La garrapata: un desafío sanitario que impulsa nuevas líneas de investigación en Uruguay. El tema fue abordado en Agro en Punta.

Punta del Este | Todo El Campo | Durante décadas, la garrapata fue un problema conocido, manejado y, en muchos casos, naturalizado dentro del sistema productivo uruguayo. Sin embargo, el escenario actual -marcado por la multirresistencia a los productos químicos, el cambio climático, la creciente movilidad del ganado y mayores exigencias sanitarias de los mercados- obliga a mirarla de otra manera.

Ese fue el punto de partida del conversatorio “La garrapata como desafío sanitario y productivo del país”, realizado en el marco de Agro en Punta, donde autoridades, científicos y académicos coincidieron en una idea central: las respuestas del pasado ya no alcanzan para los desafíos del presente.

El encuentro reunió al director general de Servicios Ganaderos del MGAP, Marcelo Rodríguez; al decano de la Facultad de Veterinaria, José Pasarini; al director de la Plataforma de Salud Animal del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), Alejo Menchaca; y al investigador del Institut Pasteur de Montevideo, Matías Machado. La moderación estuvo a cargo de Patricia Santos.

UN PROBLEMA QUE NO SE RESUELVE CON UNA SOLA HERRAMIENTA.

“La garrapata no es un problema nuevo, es un problema estructural”, señaló Rodríguez al abrir el intercambio. Recordó que las campañas sanitarias tienen más de medio siglo y que, en ese recorrido, el país también acumuló errores y aprendizajes.

Hoy, explicó, el impacto del parásito va mucho más allá del daño sanitario. Afecta la productividad, eleva costos y pone en riesgo mercados estratégicos. Estudios recientes de la Oficina de Planificación y Política Agropecuaria (Opypa) estiman pérdidas del orden de US$ 92 millones de dólares anuales, equivalentes a 3,4 % de la producción primaria de carne, sin contar efectos más difíciles de medir, como los episodios de residuos que pueden derivar en restricciones comerciales.

“El problema no se arregla con una sola herramienta”, insistió. Ni con más productos, ni con decisiones aisladas. Desde la gestión pública, agregó, ya está claro que no funciona más tomar decisiones sin respaldo científico ni postergar medidas necesarias por temor a que no sean populares. “Algunas decisiones no son simpáticas, pero son inevitables si queremos preservar el estatus sanitario del país”, afirmó.

LA CIENCIA COMO BASE PARA DECIDIR.

Desde el Institut Pasteur, Matías Machado aportó una mirada que conecta la sanidad animal con la salud humana y la inocuidad alimentaria. Bajo el enfoque de Una Sola Salud, explicó cómo la investigación permite salir de percepciones individuales y avanzar hacia decisiones basadas en datos.

En ese camino, detalló el desarrollo de una nueva vacuna contra la garrapata, con ensayos a campo iniciados en 2022 y un plan piloto nacional acordado con el MGAP. También subrayó el potencial de nuevas herramientas de diagnóstico, tanto para multirresistencia como para residuos en carne, que permitan anticipar riesgos antes de que un problema llegue al mercado.

“La ciencia no dice qué hacer por intuición; permite saber qué funciona, dónde y en qué condiciones”, resumió.

INNOVAR CUANDO EL CONTROL YA NO ALCANZA.

Alejo Menchaca, desde INIA, fue aún más directo. “Si seguimos haciendo lo mismo, la garrapata nos va a seguir ganando”, advirtió. Controlar el problema con las herramientas actuales puede permitir convivir con él, pero no revertir su expansión.

Por eso, explicó, además de mejorar el uso de los instrumentos disponibles, Uruguay debe apostar a soluciones nuevas, algunas de corto plazo y otras más ambiciosas. Entre ellas, mencionó avances en diagnóstico de multirresistencia, desarrollo de vacunas, alternativas a los químicos y líneas de investigación de frontera, como la modificación genética de la garrapata, orientada a reducir su capacidad reproductiva.

Son procesos largos, aclaró, pero necesarios si el país quiere aspirar a algo más que administrar el problema.

DEL CONOCIMIENTO AL CAMPO.

Desde la Facultad de Veterinaria, José Pasarini llevó el foco al territorio. Recordó que la institución es la única que forma veterinarios en Uruguay y que su responsabilidad central es preparar a quienes, todos los días, toman decisiones en los predios.

El desafío, coincidió con el resto del panel, no es solo generar conocimiento, sino lograr que ese conocimiento se traduzca en prácticas efectivas. Para eso, señaló, son clave la formación continua, la acreditación profesional, la extensión y la capacidad de comunicación.

“Pequeñas prácticas individuales pueden tener consecuencias grandes a nivel país”, advirtió, al subrayar que sostener mercados y políticas sanitarias exige comprender que la sanidad es un esfuerzo colectivo.

UN DESAFÍO QUE EXCEDE LO TÉCNICO.

Más allá de las diferencias de rol, el conversatorio dejó una conclusión compartida: la garrapata no es un problema técnico aislado, sino un desafío de sistema, que involucra ciencia, decisiones políticas, formación profesional y prácticas en el territorio. No hay soluciones mágicas ni atajos. Pero sí hay un rumbo: avanzar con evidencia, sostener decisiones en el tiempo y asumir, como país, que enfrentar la garrapata es también proteger la producción, la sanidad y los mercados que Uruguay ha construido durante décadas.

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