Preocupa la sostenibilidad ambiental y la seguridad alimentaria América Latina y el Caribe.

Preocupa la sostenibilidad ambiental y la seguridad alimentaria América Latina y el Caribe.

En la región se observa un patrón común: durante la última década, el crecimiento agrícola se ha fundamentado principalmente en un uso intensivo de insumos y capital, más que por mejoras en la eficiencia.

Montevideo | Todo El Campo | ¿Sabías que América Latina y el Caribe multiplicó por cinco su producción agrícola desde 1960?  Sin embargo, en los últimos años, gran parte de este crecimiento se ha sostenido más en el uso intensivo de insumos -tierra, trabajo y agroquímicos- que en mejoras reales de eficiencia o innovación tecnológica. De hecho, entre 2010 y 2020, la productividad total de los factores (PTF) se desaceleró de manera significativa.

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) está analizando esas tendencias en 25 países, combinando datos y evidencia para repensar el futuro de la agricultura en la región. 

Uno de esos países es Uruguay, y el estudio realizado por el BID ofrece una evaluación que incluye nuestro país el cual muestra, entre 1995 y 2021, valores de PTF relativamente estables; desde 2008 sin grandes aumentos ni caídas, contrastando con el crecimiento sostenido de Brasil, Chile y Paraguay, que han mejorado su productividad agrícola.

Para Uruguay todos los índices coinciden en que ha habido poca variación, lo que refuerza la idea de una productividad estable, pero sin dinamismo. Eso se traduce en una madurez estructural de la agricultura uruguaya, pero también podría indicar falta de innovación tecnológica o inversión en eficiencia productiva.

Uruguay aparece con una posición conservadora en comparación con Paraguay o Perú en cuanto a mejoras en eficiencia y transformación estructural.

El siguiente artículo de la doctora en Economía PhD. Lina Salazar y la Ec. Diana Tadeo ayuda a contestar esa pregunta. Salazar es la economista líder de la División de Medio Ambiente, Desarrollo Rural y Gestión del Riesgo de Desastres del BID, en tanto que Toledo es consultora de la División de Agricultura y Desarrollo Rural del BID.

¿Por qué se desacelera la productividad agrícola en América Latina y el Caribe?

PhD. Lina Salazar y la Ec. Diana Tadeo | Durante las últimas seis décadas, la productividad agrícola ha sido un motor esencial del crecimiento económico en América Latina y el Caribe (ALC). En este período, la región multiplicó por más de cinco veces su producción agrícola (USDA, 2024). Sin embargo, en los últimos años, este aumento ha dependido cada vez más del uso intensivo de insumos -como tierra, trabajo y agroquímicos- en lugar de mejoras en eficiencia o innovación tecnológica. Esta tendencia genera preocupaciones sobre la sostenibilidad ambiental y pone en riesgo la seguridad alimentaria y los medios de vida de las poblaciones rurales a largo plazo.

Para apoyar a los países de la región a aumentar la productividad agrícola y, de esta manera, impulsar el sector agropecuario y mejorar la seguridad alimentaria, el BID está desarrollando una serie de estudios, tanto a nivel regional como nacional, que examinan cómo diversos factores inciden en el crecimiento de la productividad agrícola.

El primer estudio de la serie, Agricultural Productivity in the Latin America and Caribbean Region (1961-2021) (1), analiza las dinámicas y los factores determinantes del crecimiento de la producción y la productividad agrícolas en 25 países de la región durante seis décadas, a partir de datos de USDA, Faostat y la OIT. En un contexto de creciente vulnerabilidad ambiental, pobreza persistente e inseguridad alimentaria, comprender estos patrones es clave para el diseño de políticas públicas eficaces y sostenibles.

¿QUÉ ES LA PRODUCTIVIDAD TOTAL DE LOS FACTORES (PTF) EN LA AGRICULTURA?

La productividad total de los factores (PTF) utilizados en la producción agrícola es un indicador que permite evaluar qué tan eficientemente se utilizan los recursos en esta actividad. A diferencia de métricas más simples -como el rendimiento por hectárea o la productividad del trabajo-, la PTF considera de forma conjunta los principales insumos: tierra, trabajo, capital y materiales. Esto la convierte en una herramienta más integral para entender la eficiencia del sector agrícola.

Siguiendo la metodología propuesta por Fuglie (2012) (2), el estudio descompone el crecimiento de la producción agrícola para identificar la contribución específica de cada insumo (utilizando ponderaciones variables por década). La mejora en la eficiencia productiva se calcula por diferencia, como el residuo no explicado por el uso de insumos. Esta aproximación no solo facilita la evaluación del desempeño agregado del sector, sino que también permite comparaciones entre países y subregiones, algo fundamental dada la heterogeneidad de ALC.

A nivel regional, se observa que la expansión del uso de tierra para fines agrícolas y el empleo de mano de obra han perdido relevancia como factores que explican el crecimiento de la producción agropecuaria. En contraste, el aumento de capital (como maquinaria y activos ganaderos) y el uso de insumos (como fertilizantes y agroquímicos) han tenido un impacto positivo en dicho crecimiento.

REGIÓN HETEROGÉNEA, PERO DESAFÍOS COMPARTIDOS.

El análisis muestra que el crecimiento de la productividad en ALC ha registrado variaciones importantes a lo largo del tiempo. Entre 1961 y 1980, y nuevamente entre 1991 y 2010, la región experimentó aumentos significativos en la PTF, probablemente impulsados por la adopción de tecnologías agrícolas, y mayor inversión en investigación (Ludena, 2010) (3). En cambio, la década de 1980 -conocida como la “década perdida”- marcó una ruptura, ya que la crisis económica que afectó a la región redujo la inversión pública y privada, debilitando la capacidad de los países para sostener avances en productividad.

Sin embargo, lo más preocupante es la desaceleración observada en la década más reciente, entre 2010-2020. En este período, tanto el crecimiento de la producción agrícola como el de la PTF disminuyeron significativamente. De hecho, solo el 26,5% del crecimiento agrícola se explicó por mejoras en eficiencia, una proporción incluso menor a la registrada en los años ‘80. Esta caída fue generalizada en todas las subregiones.

Al mismo tiempo, el estudio revela una marcada heterogeneidad entre países. Mientras Chile, Brasil y Costa Rica lograron sostener un crecimiento constante en la productividad agrícola, otros han mostrado un desempeño más modesto. Estas diferencias refuerzan la necesidad de avanzar hacia estrategias diferenciadas, adaptadas a las condiciones y capacidades de cada país.

A pesar de las trayectorias contrastantes, se observa un patrón común en toda la región: durante la última década, el crecimiento agrícola se ha fundamentado principalmente en un uso intensivo de insumos y capital, más que por mejoras en la eficiencia. Esta dinámica no es sostenible en el largo plazo y podría intensificar los desafíos ambientales y sociales ya existentes.

CÓMO IMPULSAR LA PRODUCTIVIDAD AGRÍCOLA DE FORMA SOSTENIBLE.

El estancamiento reciente de la productividad agrícola en ALC ocurre en un contexto de creciente presión sobre los recursos naturales y mayores riesgos para la seguridad alimentaria. Aunque la producción total ha seguido en aumento, la creciente dependencia del uso de insumos y la caída en la eficiencia productiva son señales de alarma. Por ejemplo, se estima que cerca del 90% de la deforestación entre 2000 y 2018 estuvo vinculada a la expansión agrícola, siendo ALC una de las regiones más afectadas por esta tendencia (FAO, 2021) (4), comprometiendo la base natural para el desarrollo futuro del sector.

Frente a este panorama, es fundamental que ALC transite hacia un modelo agrícola más sostenible, resiliente y eficiente. Esto implica invertir en innovación, adoptar tecnologías limpias, fortalecer la asistencia técnica y mejorar la gestión de los recursos naturales. También será clave diseñar políticas públicas adaptadas a las realidades locales, que promuevan mejoras en productividad sin comprometer los ecosistemas, y que, al mismo tiempo, favorezcan la apertura a mercados internacionales y el aprovechamiento de oportunidades de inversión extranjera.

Este estudio ofrece una base sólida para repensar las estrategias de desarrollo agrícola en la región. Si bien hay señales preocupantes en la evolución reciente de la PTF, también hay una oportunidad. Con el diagnóstico adecuado, es posible redirigir los esfuerzos hacia un modelo de crecimiento agrícola más justo, equilibrado y sostenible.

Avanzar hacia una agenda de productividad con enfoque territorial y articulación público-privada permitirá adaptar las intervenciones a los distintos ecosistemas productivos de la región. El BID, a través de programas que promueven la adopción de tecnologías en la región -por ejemplo, las iniciativas implementadas en Argentina (Prodaf) (5), Bolivia (Criar) (6) y República Dominicana (Patca) (7)- puede contribuir a esa transformación desde el conocimiento técnico y la cooperación regional. Mejorar la productividad agrícola no es solo una opción: es una necesidad urgente para el presente y el futuro de América Latina y el Caribe.

Para profundizar la información, descarga el estudio (en inglés) Productividad agrícola en la región de América Latina y el Caribe (1961-2021).

(1) Agricultural Productivity in the Latin America and Caribbean Region (1961-2021)

(2) Crecimiento de la productividad y capital tecnológico en la economía agrícola mundial.

(3) Crecimiento de la productividad agrícola, cambio de eficiencia y progreso técnico en América Latina y el Caribe by Carlos E. Ludena :: SSRN

(4) COP26 – La expansión agrícola causa cerca del 90 % de la deforestación mundial

(5) El impacto de los subsidios inteligentes en la producción agrícola: evidencia innovadora de Argentina utilizando datos de encuestas y teledetección

(6) Efectos directos y secundarios de un programa de adopción de tecnología agrícola: evidencia de Bolivia

(7) Efectos directos y secundarios de los programas de adopción de tecnología agrícola: evidencia experimental de la República Dominicana

Por primera vez se detectó picudo negro de la soja; fue en Córdoba, Argentina.

Por primera vez se detectó picudo negro de la soja; fue en Córdoba, Argentina.

La plaga puede provocar pérdidas de hasta el 70% si no se controla a tiempo. El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) activó un plan de monitoreo y contención para frenar su avance.

Juan Manuel Repetto | Argentina | INTA | | Todo El Campo | El picudo negro de la vaina de soja Rhyssomatus subtilis, una plaga que durante años causó graves daños en los cultivos del NOA (noroeste argentino que abarca las provincias de Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja y Santiago del Estero), fue detectado por primera vez en la provincia de Córdoba. Ante esta situación, el INTA activó un operativo de monitoreo articulado entre investigadores y extensionistas del NOA y del Centro Regional Córdoba de INTA, y empresas de monitoreo, con el objetivo de diseñar un plan de contención para frenar su avance y prevenir su impacto en los cultivos de la región.

“Tomamos conocimiento de la detección del picudo de la soja por parte de Roberto Peralta, de la empresa Halcón, constituyendo el primer registro que hay de esta plaga en territorio cordobés”, informó Eduardo Trumper, coordinador del Programa Nacional de Protección Vegetal del INTA.

La presencia se confirmó en un lote de soja en la zona de Montecristo, cercana a la ciudad de Córdoba. “El lugar del hallazgo llamó la atención porque hasta ahora no hay registros de la plaga en localidades intermedias entre Montecristo y el punto más austral de su detección en las provincias del norte, que es lo que cabe esperar en un escenario de dispersión gradual. De no encontrarse en el norte de Córdoba, la hipótesis sería que el picudo puede haber llegado tan cerca de la ciudad de Córdoba a través de transporte antrópico (causado por la acción humana), como maquinaria agrícola o camiones”, agregó.

El picudo negro de la vaina de soja afecta de forma directa el grano, ya que las hembras colocan huevos en el interior de las vainas y las larvas se alimentan de las semillas, causando daños parciales o totales.

Según Guillermina Socías, entomóloga de INTA Salta y especialista en el complejo de picudos asociados a la soja en el NOA, “en el norte es un problema muy importante porque afecta directamente el grano. Cuando se registran altas densidades del insecto, las pérdidas pueden ser muy importantes, ya que es una plaga difícil de manejar porque los adultos son de hábitos crepusculares y nocturnos y se refugian durante el día, y sus huevos y larvas se encuentran protegidos dentro de las vainas”.

En el NOA, donde la plaga se expandió en las últimas dos décadas, las pérdidas pueden llegar al 70-100% si no se realiza un control adecuado.

La especialista explicó que, en etapas vegetativas, el picudo negro ataca brotes tiernos para alimentarse, pudiendo secarlos y causar que las plantas queden petisas si daña el brote apical, con impactos en el potencial de rendimiento. Durante la fase de llenado de grano, el daño es crítico: las larvas consumen directamente el grano, mientras que las perforaciones realizadas por los adultos para colocar huevos facilitan el ingreso de agua y patógenos que terminan afectando la calidad de las semillas.

La primera detección en Córdoba fue realizada por la empresa Halcón Monitoreos. “Hacia el final de la campaña 2024/25, encontramos mucho daño en vainas que fueron atacadas por larvas en campos en Montecristo”, explicó Roberto Peralta, socio gerente de la firma. “Afectó aproximadamente el 70 % del lote, con fuertes pérdidas de rendimiento. Una soja con una expectativa de 32 quintales rindió 15”, lamentó.

Ante este hallazgo, en marzo de 2025 la empresa realizó un reporte ante el Sistema Nacional de Vigilancia y Monitoreo de Plagas (Sinavimo) del Senasa (Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria de Argentina). “Luego comenzamos a rastrear la zona, para ver dónde más podíamos encontrar la plaga, pero la ubicamos únicamente en algunos lotes sobre la ruta que va de Córdoba a Montecristo. Hacemos muchos monitoreos en Jesús María y en otras localidades más hacia el norte, pero no encontramos absolutamente nada. Por ahora está localizada únicamente allí”, señaló.

“Ante estas apariciones, las instituciones nos suelen llamar, por nuestra actividad de asesoramiento privado. Como recorremos permanentemente los campos, buscan tener otra mirada y una información más completa de lo que va ocurriendo”, destacó, y recordó que, “en enero de 2024, cuando empezamos lotes de maíz afectados por la chicharrita, nos comunicamos con la Secretaría de Agricultura de Córdoba y, junto con el Grupo Río Seco, convocamos a otras instituciones, como el INTA, la Universidad Nacional de Córdoba y la Universidad Católica de Córdoba, para armar una mesa de achaparramiento, y trabajar sobre la problemática de manera articulada”.

A partir de la reciente aparición del picudo, se está planteando la posibilidad de conformar una mesa técnica global de sanidad vegetal, con la Secretaría de Agricultura, el INTA, las universidades y actores privados, como Halcón Monitoreo, que abarquen la problemática desde diferentes ángulos, como la investigación, la extensión y el monitoreo. “La idea es facilitar la interrelación de trabajo institucional”, indicó Peralta.

RED DE MONITOREO Y CONTENCIÓN.

En el marco de la aparición del picudo en Córdoba, el INTA ya activó un plan de acción para determinar si se trata de un foco puntual o de una plaga ya instalada en otras zonas. “Nos visitó Guillermina Socías, de la Estación Experimental Agropecuaria (EEA) de Salta, quien es la profesional del INTA con más experiencia en la biología y ecología de este insecto. Ella recorrió el lote donde se detectó el picudo y compartió sus conocimientos con extensionistas de Río Primero y Jesús María, para conformar un equipo de trabajo que amplíe la capacidad de detección”, explicó Trumper.

La estrategia consiste en articular capacidades entre los Centros Regionales Salta – Jujuy, Tucumán – Santiago del Estero y Córdoba para construir una red de monitoreo y contención junto al sector privado. “Con Socías propusimos comenzar a construir una red, tomando como epicentro este campo en Córdoba, para realizar muestreos en lotes de soja vecinos y determinar si existe expansión. Se activará un anillo de monitoreo circundante para identificar focos y definir la mejor estrategia de manejo”, agregó.

El INTA también prepara recomendaciones de manejo para productores ya que el problema podría expandirse por el transporte de maquinaria. “Debemos generar capacidades con todos los actores para acompañar al sector con monitoreo y manejo, buscando evitar que esta plaga avance y cause pérdidas significativas en la provincia de Córdoba”, concluyó Trumper.

LA EXPERIENCIA DEL NOA

Socías, investigadora del Grupo Innovación Sistemas Agrícolas de la EEA INTA Salta, explicó que el picudo negro de la soja forma parte de un complejo de curculiónidos que tiene unos 30 años de presencia en el norte argentino. En los años 80 comenzó a detectarse Promecops sp., una especie defoliadora de brotes de soja, y hacia finales de esa década apareció Sternechus subsignatus, un picudo deshilachador de tallos, sumamente dañino, originario de Brasil.

“En 2006 detectamos por primera vez a Rhyssomatus subtilis en La Fragua, Santiago del Estero”, relató Socías, quien en ese momento era becaria doctoral del Conicet (Consejo Nacional de Innovación, Ciencia y Tecnología) con lugar de trabajo en la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres, y participó en la identificación del insecto junto a investigadores de Brasil y Estados Unidos.

Esta especie fue descripta en 1937 en el municipio de Jataí, Estado de Goiás, Brasil, pero recién en Argentina se la asoció por primera vez a un cultivo de importancia económica como la soja, donde se convirtió en plaga. Socías señaló que se trata de un insecto univoltino (tiene una cría al año), con una sola generación anual, que divide su ciclo en una fase activa asociada al cultivo de soja y una fase hibernante en el suelo, donde permanece como larva durante el invierno a profundidades de entre 3 y 10 centímetros.

“Para setiembre u octubre comienza el período de metamorfosis, donde pasa a pupa y luego a adulto preemergente, hacia finales de octubre, que espera las precipitaciones de verano para salir del suelo y reiniciar el ciclo con alimentación, cópula y postura de huevos”, explicó, y subrayó que las lluvias juegan un rol clave al permitir la salida de los adultos y la continuidad de su ciclo.

El avance del picudo en el norte argentino fue gradual. Se expandió desde Santiago del Estero al este de Tucumán, el oeste de Santiago, Catamarca y luego hacia el norte salteño. En 2013 se reportó en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, y en 2017 volvió a detectarse en Tartagal, Salta. En las últimas campañas, profesionales del INTA de Quimilí, Santiago del Estero, comenzaron a registrar su presencia y daño, hasta llegar recientemente a Córdoba.

Socías detalló que el insecto posee hábitos crepusculares, con mayor actividad durante la tarde, noche y primeras horas del día, y permanece oculto durante las horas de calor en rastrojos o dentro de brotes de soja. Este comportamiento dificulta su detección temprana. “Cuando te das cuenta de que está presente en el lote, es porque ya tenés una densidad poblacional elevada”, advirtió.

DAÑOS SEVEROS

Los daños que provoca el picudo negro de la soja dependen del momento en que ataca el cultivo. Durante la etapa vegetativa, el ataque a los brotes tiernos puede secarlos y dejar plantas más bajas y con menor potencial de rendimiento. En la etapa reproductiva, puede perforar vainas en formación y provocar su caída, mientras que si el ataque ocurre en la etapa de llenado de grano, las larvas consumen directamente los granos, generando pérdidas totales en la producción. “Una vez que el adulto pone huevos dentro de la vaina, ya no se puede controlar de ninguna manera”, explicó Socías.

Respecto a las estrategias de manejo, la investigadora señaló que en el norte del país se logró controlar la plaga, pero no erradicarla, utilizando curasemillas para proteger la implantación del cultivo y aplicaciones foliares sucesivas. “El problema es que las emergencias de adultos se producen en camadas, tras cada precipitación, por lo que un solo tratamiento químico no alcanza, ya que los productos actuales no tienen residualidad”, aclaró.

De no realizarse controles, los daños directos pueden alcanzar entre el 70 y el 100% del cultivo, debido al consumo de la larva del grano, sumado a un daño indirecto por la entrada de agua y patógenos a través de las perforaciones realizadas por el insecto, deteriorando la calidad del grano. “Muchas veces, todo termina siendo para descarte”, concluyó Socías.

Artículo de Juan Manuel Repetto. Fotos Guillermina Socías | INTA.

Brasil. Los drones ganan espacio en la agricultura.

Brasil. Los drones ganan espacio en la agricultura.

El uso de drones en la agricultura está cada vez más presente, tanto en cantidad como en diversidad de aplicaciones

Brasilia, Brasil | Todo El Campo | ¿Comprar su propio dron para la fumigación agrícola o contratar a un proveedor de servicios? ¿Qué cultivos agrícolas ya están utilizando esta tecnología? ¿Son prometedores los resultados?, son preguntas que se hace todo productor antes de invertir en drones para incorporar esa tecnología en su predio.

En Brasil, expertos investigaron sobre todas esas interrogantes y elaboraron un documento, “Uso de drones agrícolas en Brasil: de la investigación a la práctica, Documento 474” (*) cuyos autores son Rafael Moreira Soares, investigador de Embrapa Soja (PR), y el empresario Eugênio Passos Schröder. El documento presenta los aspectos regulatorios, el uso de la tecnología por parte de los proveedores de servicios y los agricultores, analiza los resultados de investigaciones nacionales e internacionales y describe ejemplos prácticos de su aplicación en varios cultivos relevantes, informó Embrapa.

El uso de drones en la agricultura está cada vez más presente, tanto en cantidad como en diversidad de aplicaciones.

Rafaél Moreira explicó: “Los modelos más comunes son los multirrotores y los modelos de ala fija, con motorización eléctrica por baterías”.

Agregó que “se clasifican según su peso y altura máxima de vuelo permitida, disponiendo de numerosos tipos de hardware, software, cámaras y sensores, que permiten la ejecución de diversos procesos, como, por ejemplo, el mapeo georreferenciado, la monitorización, la producción de imágenes y, en el caso de los drones agrícolas, la aplicación de productos líquidos y sólidos de forma automatizada”.

El investigador expresó que los drones agrícolas tienen sus propias características en su proceso de fumigación, diferenciándose tanto de los pulverizadores terrestres como de los aviones agrícolas, lo que representa una tecnología intermedia entre estos sistemas. “Por lo tanto, es fundamental un análisis cuidadoso antes de su adopción, asegurando que la tecnología agregue beneficios a la actividad agrícola”.

Explicó que todavía faltan datos e investigaciones para determinar, por ejemplo, la tasa de aplicación de la pulverización, la velocidad y la altura del trabajo, el rango de pulverización, la deposición y la uniformidad de las gotas, la deriva, la mezcla de productos y el control del objetivo biológico. “Algunas ventajas inherentes de la fumigación con drones no requieren pruebas mediante la investigación, aunque la medición de algunas de estas ventajas puede proporcionar información valiosa sobre el uso de la tecnología”.

El científico también destacó que la zona aún necesita muchos ya que el equipamiento está en plena evolución y se moderniza cada año. “Es un trabajo incesante, porque, además de actualizar las máquinas, la diversidad de cultivos, productos y objetivos involucrados es cada vez mayor”, evaluó Soares.

Un ejemplo de cambio en la tecnología es la tendencia de adoptar boquillas rotativas en los principales modelos de drones utilizados en el mercado, reemplazando las tradicionales puntas hidráulicas. “La boquilla giratoria consta de una punta con un disco giratorio de alta velocidad que divide el líquido en gotas y ofrece la opción de controlar el tamaño de las gotas generadas, lo que puede aumentar la uniformidad del espectro de gotas en comparación con las puntas hidráulicas, ya que elimina las gotas muy finas que causan deriva”, sostuvo, al tiempo que enfatiza que la mayoría de las boquillas rotativas pueden operar desde gotas finas hasta ultra gruesas.

EL DRON COMO NEGOCIO.

Con el lanzamiento de modelos de drones con tanques de 40 litros o más, a partir de 2022, se permitió fumigar más de 100 hectáreas por día con un solo dron, lo que aumentó su atractivo en el campo. Según Soares, la inversión en la estructura de apoyo para el uso del dron por parte del agricultor suele ser menor que la de un proveedor de servicios. “Esto se debe a que es probable que el agricultor ya tenga un vehículo para transportar el dron, un empleado o familiar para ayudar, un mezclador de pulverización de suelo para adaptarse al uso con el dron, entre otras cosas”.

Según el empresario Eugênio Passos Schröder, la inversión necesaria para montar un negocio de drones para fumigación requiere inversión no solo en el dron, sino también en la adquisición de accesorios, vehículos para atender la operación; estructura administrativa y capital de trabajo. “Esto significa que, en un cálculo aproximado, la inversión total equivale a unas tres veces el valor del equipo de drones que se pretende comprar”.

“Es necesario hacer una planificación detallada de sus necesidades y un análisis financiero cuidadoso para determinar la inversión necesaria para comenzar a proporcionar servicios de fumigación”, añadió.

(*) Infoteca-e: Uso de drones agrícolas en Brasil: de la investigación a la práctica.

Fuente: Portal Embrapa

Preocupación en Brasil por falta de capacidad logística.

Preocupación en Brasil por falta de capacidad logística.

Solo el 59% de la cosecha de Brasil cuenta con capacidad de almacenamiento. La falta de infraestructura genera pérdidas y limita la competitividad del agro brasileño, que este año proyecta una cosecha histórica.

Brasilia, Brasil | Todo El Campo | Brasil vuelve a enfrentar un viejo problema estructural en su agroindustria: el déficit de capacidad de almacenamiento. Según datos actualizados, solo el 59% del volumen total cosechado en el país puede ser adecuadamente almacenado en la infraestructura disponible, generando preocupaciones en medio de una zafra que se perfila como una de las mayores de la historia.

Este desequilibrio provoca que millones de toneladas de granos tengan que ser despachadas de inmediato, muchas veces a precios desfavorables, o queden expuestas a condiciones climáticas adversas que comprometen su calidad. La falta de silos, depósitos y centros de acopio se convierte así en un cuello de botella para la competitividad del campo brasileño, especialmente en regiones donde la producción creció de forma acelerada pero la infraestructura no acompañó el ritmo.

Productores de estados clave como Mato Grosso, Goiás y Paraná manifestaron su preocupación ante la imposibilidad de almacenar sus cosechas en momentos estratégicos, obligándolos a vender a valores por debajo del mercado o asumir elevados costos logísticos para transportar los granos a instalaciones distantes.

Especialistas advierten que esta situación impacta no solo en el bolsillo del productor, sino en toda la cadena agroalimentaria, generando sobreoferta estacional que deprime los precios internos y reduce márgenes de ganancia. Al mismo tiempo, la carencia de infraestructura adecuada dificulta cumplir con exigencias de calidad y trazabilidad cada vez más estrictas en los mercados internacionales.

340 MILLONES DE TONELADAS PARA UNA CAPACIDAD DE 200 MILLONES.

Según cifras oficiales, Brasil posee una capacidad total de almacenamiento de alrededor de 200 millones de toneladas, mientras que la producción proyectada para este ciclo agrícola ronda los 340 millones de toneladas. Este desfasaje de 140 millones de toneladas expone la urgencia de políticas públicas, incentivos e inversiones privadas para ampliar la red de silos y centros de acopio.

Organizaciones rurales y cooperativas han reclamado al gobierno federal líneas de financiamiento con tasas accesibles y plazos largos para fomentar proyectos de infraestructura en zonas productoras, argumentando que la mejora del almacenamiento permitiría no solo proteger la calidad del grano, sino también ordenar la logística y optimizar la comercialización.

A su vez, el crecimiento sostenido de la producción de soja, maíz y trigo en Brasil, impulsado por la expansión tecnológica y el buen desempeño de las exportaciones, requiere de soluciones de largo plazo para evitar que los cuellos de botella terminen desincentivando nuevas inversiones.

En paralelo, se estudian iniciativas para promover la construcción de unidades de almacenamiento dentro de las propias propiedades rurales, reduciendo la dependencia de estructuras externas y aumentando la autonomía de los productores. Sin embargo, estas soluciones aún son incipientes y requieren mayor apoyo técnico y financiero.

Analistas del sector coinciden en que la infraestructura de almacenamiento será clave para sostener el liderazgo de Brasil como potencia agrícola global, garantizando la calidad de sus commodities y mejorando su posición frente a la competencia internacional. (AgroLatam)

Secretaria de Agricultura de EE.UU. elogia a Trump por evitar que China y Brasil inunden en mercado local.

Secretaria de Agricultura de EE.UU. elogia a Trump por evitar que China y Brasil inunden en mercado local.

Rollins dijo que es “el Proyecto de Ley Grande y Hermoso (así se le ha dado en llamar) marca el inicio de una nueva era dorada para Estados Unidos y la agricultura estadounidense”.

Washington, EE.UU. | Todo El Campo | La secretaria de Agricultura de Estados Unidos, Brooke L. Rollins, elogió la ley One Big Beautifull, una ley promulgada por el presidente Donald Trump que evita que países como China y Brasil inunden el mercado compitiendo con productos locales. La norma se trata de un extenso proyecto de presupuesto, ahora ley, ya que fue aprobado por el Parlamento.

Rollins dijo que es “el Proyecto de Ley Grande y Hermoso (así se le ha dado en llamar) marca el inicio de una nueva era dorada para Estados Unidos y la agricultura estadounidense”.

Es una ley “histórica” que “proporciona un alivio fiscal inmediato a agricultores, ganaderos y habitantes rurales de Estados Unidos al aumentar el límite de gastos para pequeñas empresas”.

Se “refuerza la red de seguridad agrícola, facilita el acceso a seguros de cosechas y protege a dos millones de explotaciones agrícolas familiares del impuesto a las sucesiones”, agregó la titular del USDA.

Continúa afirmando que “prioriza a los agricultores estadounidenses al evitar que países como China y Brasil inunden nuestros mercados con materias primas para biocombustibles que compiten con la soja, el sorgo y el maíz cultivados en Estados Unidos”, además de extender un crédito fiscal “para combustibles limpios para mejorar nuestra seguridad energética nacional”.

También “amplía los programas de apoyo a los agricultores que alimentan, abastecen de combustible y visten a Estados Unidos, esta legislación también combate el fraude y el despilfarro generalizados en el Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria (SNAP)”.

Según Rollins, el proyecto de ley “es una victoria para los agricultores, ganaderos, comunidades rurales y contribuyentes estadounidenses”, y se basa en la promesa “Estados Unidos Primero”, la cual fue “fue hecha y está cumplida”.

OBJECIONES.

Desde la oposición se ha dicho que con esa nueva ley, el Gobierno de Trump aumentará la riqueza de primer nivel, erosionará la atención médica para los pobres y aumentará el déficit en 3 billones de dólares. Es una iniciativa que combina reducciones de impuestos, aumentos del gasto en defensa y seguridad fronteriza, y recortes a las redes de seguridad social. Quienes defienden en SNAP aseguran que es una herramienta de ayuda a las personas pobres para que puedan pagar los alimentos. 40 millones de estadounidenses reciben actualmente beneficios a través de ese programa, que desde el Ejecutivo se señala como un despilfarro.

Foto de portada: AP.

La UE autoriza el uso de soja modificada genéticamente como alimento humano y animal.

La UE autoriza el uso de soja modificada genéticamente como alimento humano y animal.

A pesar de garantizarse la salud humana y animal, la Comisión sólo permite la importación, pero no el cultivo en la UE de esta soja modificada genéticamente.

Bruselas, Bélica | Todo El Campo | La Comisión Europea ha autorizado este viernes 4 el uso de soja modificada genéticamente en la alimentación humana y animal, tras la evaluación científica de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), que ha concluido que es tan segura como su homóloga convencional.

Bruselas, capital de la Unión Europea, ha afirmado que este “exhaustivo y riguroso” procedimiento de evaluación garantiza un alto nivel de protección de la salud humana y animal, así como del medio ambiente.

No obstante, la decisión de la Comisión sólo permite la importación de esta soja modificada genéticamente para su uso en alimentos y alimento animal, pero no su cultivo en la UE.

La autorización es válida durante 10 años, y cualquier producto producido a partir de esta soja modificada genéticamente estará sujeto a las estrictas normas de etiquetado y trazabilidad de la UE.

El Ejecutivo comunitario tenía la obligación legal de decidir sobre esta autorización después de que los Estados miembro no alcanzaran una mayoría cualificada ni a favor ni en contra de la autorización. (Europa Press).

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