Para el que no sabe a dónde va, no importa de donde venga el viento. Esa es la verdad y es lo que uno siente cuando aquellos que tienen que marcar la cancha, los que tienen que ponernos en marcha y en rumbo, no lo hacen.
Horacio Jaume | Montevideo | Todo El Campo | Uno muchas veces se pregunta si lo que siente o percibe es particular o si se trata de la temperatura general sobre lo que está sucediendo.
Tomemos, por ejemplo, los dos discursos del Prado, el del presidente de la Asociación Rural del Uruguay (ARU), Rafael Ferber, y del ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, Alfredo Fratti.
El presidente de la ARU no hizo otra cosa que ordenar los temas pendientes: habló de eficiencia, de sanidad, del puerto, de todas las cosas que de alguna manera están allí para ser encaradas y que necesitan que les demos la atención necesaria.
Si alguien toma ese discurso prolijo, detallista y por momentos hasta demasiado minucioso, y lo compara con el discurso del ministro, lo que se desprende de este último es la inacción que tiene su máxima expresión en el puerto de Montevideo, sobre el cual nadie duda de la importancia que tiene para el país.
Ante eso, ¿qué es lo que nos tiene a todos realmente muy preocupados y hasta quizás, y no exagero, desesperados?, es que no se le da la importancia que realmente tiene ni se ataca con la premura que debe tener.
Los barcos pasan y se van, no paran para cargar ni descargar, a pesar de que es la boca de salida del país, y si en algún momento vamos a empezar a caminar, va a ser cuando el puerto funcione a pleno.
Este tema nos tiene atrapados, y no lo digo yo, lo dice el expresidente Julio María Sanguinetti que acuñó la expresión “sindicatos suicidas”, y supongo que el Dr. Sanguinetti alguna experiencia ha de tener, que habrá visto cosas y que sabe perfectamente cuál será el final de esa situación.
Mientras tanto es la agonía permanente por no tener una respuesta en el momento indicado. No arreglamos el puerto, no arreglamos la sanidad, no arreglamos los perros, no terminamos de ver la orilla, no sabemos hacia dónde apuntamos. Es la inacción desesperante del mucho barullo y pocas concreciones.
No se cuál es la palabra, pero esto nos tiene preocupados, molestos, incómodos. Si bien es cierto que la ganadería pasa por un buen momento, también es cierto que somos es un país carísimo y que hacer las cosas cuesta muchísimo.
Otro ejemplo es que subió la lana, sí, pero ¿cuándo vamos a decir, bueno, hagamos un plan para para aprovechar la situación en que estamos? No lo hacemos, no se percibe que lo hagan. Seguimos tirando varitas voladoras como para estar entretenidos pero sin marcan el rumbo.
Para el que no sabe a dónde va, no importa de donde venga el viento. Esa es la verdad y es lo que uno siente cuando aquellos que tienen que marcar la cancha, los que tienen que ponernos en marcha y en rumbo, no lo hacen.
Y lo peor es lo que dijo el ministro Fratti al iniciar su discurso. Dijo que aplica un programa que la gente votó, pero también vemos que quienes votaron a este gobierno también están molestos, quiere decir que tampoco a ellos los conforman, porque el no hacer nada no conforma a nadie. Es simplemente la inacción desesperante de no concretar nada y jugar en la media cancha.
En el puerto pasa eso y en las otras cosas también. Y si no, saque la cuenta.

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