Mientras Uruguay y varios países de la región reducen el hambre a menos del 2,5%, Haití y Cuba siguen atrapados en la inseguridad alimentaria.
Montevideo | Todo El Campo | Permanentemente escuchamos hablar de la seguridad alimentaria, de lo importante que es y cuánto deberíamos valorarla. En este portal de noticias solemos hacer referencia a ese concepto porque creemos que la capacidad de producir y acceder a los alimentos es fundamental a la hora de satisfacer las necesidades de la población.
Entendemos por seguridad alimentaria aquella situación en la que todas las personas tienen acceso en todo momento a alimentos suficientes, seguros y nutritivos, adecuados a sus costumbres y necesidades, para llevar una vida saludable y activa.
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), la seguridad alimentaria requiere el cumplimiento de cuatro dimensiones principales, estas son: disponibilidad, acceso, utilización bilógica y estabilidad.
Disponibilidad, es que haya alimentos en cantidad y calidad suficiente, pero (y esto es clave) dependiendo principalmente de la producción nacional y las reservas. También de las importaciones, sin embargo, esto último constituye un talón de Aquiles.
Se entiende por acceso que todas las personas puedan comprar o producir esos alimentos; en este punto influyen otras variables como los precios, el ingreso y las condiciones sociales imperantes.
La utilización biológica es que cada consumidor, su organismo, debe poder aprovechar los nutrientes, entrando a regir el acceso y uso de agua potable, la higiene de los productos y la diversidad en la dieta, además de la buena salud de quien consume.
Estabilidad es mantener en el tiempo las dimensiones anteriores, y que cualquier situación adversa no la rompa, como por ejemplo sequías, inundaciones, crisis económicas, problemas sanitarios o cualquier tipo de conflictos.
Nuestro país cumple con la seguridad alimentaria y lo hace de verdad, porque ante diferentes crisis los alimentos no dejan de estar en la mesa de los hogares uruguayos. Esto es mérito de todos.
En la región no hay país que sufra inseguridad alimentaria, aunque no se puede decir lo mismo cuando ampliamos la mirada e incluimos Centroamérica y el Caribe.
El 3 de agosto, el Ec. Máximo Torero Cullen, economista jefe de la FAO, escribió en un artículo (*) que “Brasil, Chile, Costa Rica, República Dominicana, Guyana y Uruguay han reducido el hambre a menos del 2,5%”.
Otros países han tenido mejoras considerables, aunque superan ese 2,5%: “Desde mediados del decenio de 2000, Bolivia ha reducido su tasa del 27,6% al 19,5%; Colombia, del 11,0% al 4,1%; el Perú, del 17,9% al 5,7% y Panamá, del 14,8% al 4,7%.
En el párrafo siguiente Torero agregó: “El hambre disminuye cuando las políticas agrícolas, económicas y sociales se refuerzan mutuamente. La protección social preserva el poder adquisitivo. Las inversiones en el sector agrícola incrementan la productividad. Las infraestructuras rurales conectan a los agricultores con los mercados. Las comidas escolares y las transferencias monetarias protegen a las familias vulnerables al tiempo que generan demanda de alimentos producidos localmente”.
INSEGURIDAD ALIMENTARIA EN EL CONTINENTE: HAITÍ Y CUBA.
En el continente, los problemas más serios de inseguridad alimentaria están en el Caribe, y Haití es el caso más serio con el hambre que pasó del 47,7% al 51,4% y más del 50% de la población enfrenta una inseguridad alimentaria aguda.
También Cuba arrastra inseguridad alimentaria desde hace décadas. Un informe de la BBC (**) publicado el 25 de agosto puntualiza que la isla “cuenta con abundante tierra fértil, temperaturas cálidas, frecuentes lluvias, acceso al mar por los cuatro costados y una población relativamente pequeña”, sin embargo casi no tiene alimentos propios.
En Uruguay hay miles de cubanos que se han instalado y han asumido muchas de nuestras costumbres y formas de vida, pero cuando uno habla con ellos, muchos expresan que al llegar una de las cosas que más les llamó la atención es la libertad de poder comprar los alimentos que desean consumir en cualquier supermercado y sin ningún tipo de libreta que los limite.
Sin decirlo claramente, lo que expresan es que aquí ven -quizá por primera vez en sus vidas- la seguridad alimentaria de la que tanto hablamos y de la gozamos sin valorarla debidamente.
Nuestro país ha demostrado que asegurar los alimentos en la mesa de las familias es posible, mientras que otros países nos recuerdan que sin políticas coherentes, sin voluntad política, y sobre todo sin productores trabajando en el campo, eso nunca será posible.

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