Producir lana Merino Australiano superfina de calidad no depende únicamente del potencial genético animal. Es el resultado de un sistema de decisiones integradas.
Gianni Bianchi Olascoaga | Montevideo | Todo El Campo | En las últimas semanas he venido compartiendo intervenciones que pueden realizarse en momentos estratégicos del ciclo productivo ovino. Antes de continuar con la próxima entrega, dedicada al parto, quisiera hacer una pausa para referirme a un sistema de producción que, por su creciente importancia en Uruguay y por sus características particulares, merece un abordaje específico: el Merino Australiano superfino.
Durante las últimas dos décadas, este tipo de producción ha tenido un desarrollo creciente en Uruguay, asociado a la búsqueda de una fibra de alto valor, destinada a un nicho específico dentro de la industria textil internacional. La producción de lanas de muy baja finura ha permitido posicionar nuevamente a la lana en segmentos de mercado de alto valor, particularmente aquellos vinculados a prendas livianas y de contacto directo con la piel, donde la calidad de la fibra resulta determinante.
La lana Merino superfina representa una categoría muy particular dentro de las fibras textiles. Su valor no radica solo en la reducción de finura, sino en la combinación de características que la hacen única: suavidad, confort térmico, capacidad de regular la temperatura corporal, absorción y liberación de humedad, resistencia natural a los olores, elasticidad, durabilidad y su condición de fibra natural, renovable y biodegradable. Estas propiedades le han permitido competir en los segmentos más exigentes de la industria textil, conservando atributos que ninguna otra fibra logra reunir en conjunto.
Sin embargo, producir lana Merino Australiano superfina de calidad no depende únicamente del potencial genético de los animales. Es el resultado de un sistema de decisiones integradas que comienza con la definición del objetivo productivo y continúa con el mejoramiento genético, la formación y manejo del plantel, nutrición, sanidad —con especial énfasis en enfermedades podales— y estrategias destinadas a maximizar el valor de la lana, incorporando además alternativas para potenciar el ingreso por carne sin comprometer el progreso genético ni la reposición del sistema. En el esquema, las ovejas destinadas al cruzamiento terminal son el remanente del total luego de asegurar las 68 ovejas Merino paridas, de modo que una fertilidad global del 90–95% genera las 22–27 ovejas paridas con Southdown (ver lámina 2).
Las láminas que comparto tienen el objetivo de integrar aquellos aspectos que contribuyen significativamente al resultado económico de un sistema Merino Australiano fino.
La mayor parte de esta información no es nueva. Sin embargo, pocas veces aparece reunida en un mismo material. La intención es ordenar conceptos y mostrar cómo interactúan los distintos componentes de un sistema que requiere precisión en cada una de sus decisiones.
Espero resulte útil para productores, técnicos, estudiantes, y que sirva como punto de partida para el intercambio de experiencias y discusiones técnicas que contribuyan a seguir mejorando este tipo de sistemas productivos.


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EL AUTOR. Gianni Bianchi Olascoaga es ingeniero agrónomo doctor técnico en producción ovina.
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