En este editorial, Horacio Jaume se refiere al proyecto Casupá que cada vez más parece un capricho y cada vez menos una solución seria y definitiva al problema del agua potable.

Horacio Jaume | Montevideo | Todo El Campo | Hay cosas que a uno le llaman la atención y que son preocupantes.

En los últimos días y por diferentes fuentes hemos escuchado las discrepancias surgidas entorno a las obras que se van a realizar respecto a la represa de Casupá, una obra que se pretende hacer para abastecer de agua a la zona metropolitana.

Pero, ¿qué es lo que llama la atención y preocupa de ese proyecto? Hemos escuchado a los vecinos de la zona que ya se han expresado por diferentes medios; hemos escuchado a políticos como Pablo Mieres sobre el incumplimiento de normas que son obligatorias; tampoco se justifica la posición que ha asumido el Poder Ejecutivo frente a ese hecho en particular, partiendo de la base de algo que también es un argumento de mucho peso: la obra planeada no es una solución definitiva, sino que es momentánea. Hasta los propios impulsores de la obra sostienen que su utilidad será hasta determinada fecha y después nuevamente estaríamos frente al mismo problema que otra vez el país y la sociedad debería solucionar.

Se argumenta también que si OSE repara la infraestructura y cañerías ya existentes se solucionarían las pérdidas actuales de agua, lo que podría llegar a evitar hacer la inversión que Casupá requiere.

Pero más allá de cualquiera de las opciones que se manejan, es la gente la que merece tener respuestas.

Como si fuese poco, también se pronunció el presidente de la Federación Rural, Rafael Normey, diciendo directamente que eso no va a ocurrir.

O sea, tenemos agremiaciones rurales aglutinadas en la Federación Rural y teniendo una sola opinión; la gente del lugar que hace sentir su voz; y políticamente Pablo Mieres con el respaldo de todos los partidos políticos, todos ponen sobre la mesa las discrepancias que tienen con la represa de Casupá.

EL PODER EJECUTIVO NO DA RESPUESTAS.

Del otro lado, del lado de quienes proponen Casupá, lo único que se escucha es el silencio. Frente a esa reacción contraria tan unánime que se ha escuchado en los últimos días debería haber una respuesta con argumentos sólidos exponiendo cuáles son los motivos que llevaron a asumir esa posición, además de responder a las inquietudes planteadas. Eso no ha acontecido.

Pablo Mieres, que es una persona que se ha caracterizado por ser muy juiciosa en sus en sus opiniones y definiciones, ha tildado este tema como capricho, como algo que responde al empecinamiento.

Ante todo eso, lo que uno saca como conclusión es que todo el tema de Casupá es poco claro y que apareció como enmendando la plana a la obra en Arazatí.

Al mismo tiempo, si Arazatí no gusta, se puede correr el lugar hacia Juan Lacaze o Puerto Sauces en Colonia. Hay que ser bien claros: el Río de la Plata abastece la ciudad de Buenos Aires a través de tres tomas, y no hay dudas es que el Río de la Plata tiene el agua suficiente para abastecer a las ciudades sin ningún tipo de problema, particularmente sin problema de volumen, pero si seguimos sacando del río Santa Lucía es repetir sobre una cuenca que ya ha sido sumamente explotada, además de que se estará perjudicando a otras producciones. Y lo más importante es que no es una solución definitiva.

Si hiciéramos esta obra y nos olvidamos del tema, tendría otra lógica y sería un problema de posición, de si es más barato o no, pero esa eventualidad no se maneja y vamos a seguir con la espada de Damocles porque a la larga vamos a tener que buscar otra alternativa. Nadie ha sabido responder eso.

LA AUTORIZACIÓN QUE NO APARECE.

Como si fuera poco a todo lo dicho hasta ahora hay que agregar que no aparece el informe del Ministerio de Ambiente autorizando la obra que causará perjuicios graves sobre un monte nativo que está en esa zona, y este Ministerio siempre ha sido muy celoso ante los perjuicios que se pueden ocasionar.

Yo siempre digo lo mismo: si hay que perjudicar un monte nativo por una solución que favorezca a la mayoría, perdamos el monte nativo. Por el bien mayor, sacrifiquémoslo.

Ese no es el caso, y en definitiva estamos ante un problema que se arrastra y con una propuesta de solución que no termina de convencer porque los encargados de dar las explicaciones y defender la iniciativa, terminan en una gran nebulosa. Y lo que es peor, ese juicio de capricho va tomando cada vez más fuerza.

Editorial de Horacio Jaume | Diario Rural, CX4 Radio Rural.

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